¿Un Plátano Pegado a la Pared por 120.000 Dólares? La Comedia del Arte Contemporáneo
¡Hola, amante del arte y del buen gusto! Soy Antonio García Villarán, y hoy te traigo una obra que más que arte, parece un postre… ¡uno muy caro! Estamos hablando de un simple plátano que se ha vendido por la friolera de 120.000 dólares en una de las ferias de arte más famosas a nivel mundial: Art Basel Miami Beach.
¿Quién ha sido la «lumbrera» detrás de esta «maravillosa» obra? Como ya te adelanto, esto es «parte puro». El artista es ni más ni menos que Maurizio Cattelan. Quizás lo recuerdes, porque hace muy poco hice un vídeo en este canal hablando de ese robo del urinario de oro. Si no lo viste, te lo dejo por aquí: Canal de Antonio García Villarán.
A mi juicio, Cattelan es uno de los artistas con más descaro del panorama artístico actual. Y parece que las cosas le salen bien, aunque, sinceramente, a mí me cuesta creer que alguien pague 120.000 dólares por un plátano pegado a una pared.
«Comedian»: Una Crítica al Valor o una Estrategia Maestra
Según las noticias, la obra fue expuesta en la prestigiosa galería Perrotin y adquirida por una coleccionista en Art Basel Miami. Esta feria, por cierto, es un auténtico emporio con sucursales en Hong Kong y la original en Suiza, lo que demuestra el gigantesco negocio que mueve el mercado del arte.
Cattelan ha titulado su obra «Comedian» y la presenta como una crítica para hacernos reflexionar sobre el valor de las cosas y los objetos que valoramos. Sin embargo, esta es una idea bastante pobre y ya muy manida. El propio Cattelan, en declaraciones sobre su urinario dorado, dijo exactamente lo mismo: que nos hacía pensar sobre qué cosas valoramos o no en nuestra sociedad. ¿No es un poco repetitivo?
Tres Plátanos, Más Dinero
La cosa no queda ahí, porque existen ¡tres versiones! de este plátano pegado a la pared. Al principio, Cattelan pensó en hacer la banana de resina de poliéster o de bronce. Pero luego, para que veas lo simple que es el proceso, se fue a una tienda de Miami, compró un plátano cualquiera y cinta adhesiva, y lo pegó a la pared. ¡Y así nació la primera de las tres piezas!
Tengo una teoría sobre esto: todos sabemos que las galerías de arte se llevan entre un 50 y un 60% del valor de la obra. Quizás Cattelan le dijo a Perrotin: «Si me llevo 60.000 dólares de esta banana, ¿por qué no hacemos dos piezas?» Y la galería, ambiciosa, le replicó: «¿Y por qué no tres, así ganamos un poquito más?». ¡Y coló! Dos ya se han vendido, y la tercera ha subido de precio a 150.000 dólares. ¿Por qué no lo hizo de oro macizo como el váter que supuestamente le robaron?
Si quieres jugar, te propongo algo: imagina cualquier objeto, el primero que se te ocurra, y ahora imagínatelo hecho en oro. ¡Felicidades, ya tienes una obra de arte! Creo que Cattelan ha aprovechado el tirón mediático. Recuerda que, con el robo del urinario, todo el mundo acudió a ver la exposición porque el morbo siempre gusta. Cattelan volvió a la palestra después de 15 años sin exponer en Art Basel, y la galería Perrotin debió pensar: «Ya que está de moda, saquemos cualquier idea, ¡esto se va a vender!». Y tanto que se ha vendido.
Antecedentes: Warhol y Manzoni
La simplicidad de esta obra del plátano recuerda a otros artistas muy conocidos, como Andy Warhol, con su famosa portada del disco de Velvet Underground. Este tipo de acciones también evocan a Piero Manzoni, quien, a mi entender, era un verdadero trol del arte. Manzoni hacía arte conceptual con una intención más realista y crítica, mientras que Cattelan, aunque busca presentarse como un «trol del arte», al final acaba cobrando cifras desorbitadas.
De hecho, vender una obra tan simple por este precio tiene una implicación importante: si la obra se vuelve famosa y conocida, se revalorizará en el futuro.
El Valor del Certificado: La Historia de Félix González-Torres
Para ilustrar este punto, te voy a contar una historia real sobre un artista ya fallecido, el cubano Félix González-Torres. Él creó una obra que consistía en una montaña de caramelos puesta en cualquier rincón de una galería o una casa. Los caramelos eran «random», los compraba donde iba. La historia que contaba para explicar su obra era que la montaña de caramelos debía pesar exactamente lo mismo que pesaba su pareja cuando falleció de sida.
Pues bien, esta montaña de caramelos llegó a costar ¡7 millones de euros en 2015! Y te preguntarás: «¿Es la montaña de caramelos original?». No. Lo que te venden es un certificado, un papelito que dice que puedes poner en cualquier sitio una montaña de caramelos con un peso específico, que homenajea a la pareja del señor, y que tú tienes los derechos de esa obra. La idea, además, era que la gente se comiera los caramelos. Es tan absurdo… ¡totalmente absurdo!
Lo que yo creo que persigue Maurizio Cattelan es precisamente eso. A ti no te van a vender un plátano con un trozo de cinta adhesiva. La señora que ha comprado una de estas piezas, seguramente muy rica e «intelectual», se llevará un certificado que le otorgue el derecho a crear esta obra donde ella quiera. Ella pagará sus 120.000 dólares, se llevará el papelito a su mansión y le dirá a su mayordomo: «Tráeme un plátano bonito, un poco de cinta, y pégame el plátano a la pared». Luego, invitará a sus amigas a un cóctel y les dirá: «Mirad qué obra he comprado en Art Basel Miami». Y sus amigas exclamarán: «¡Qué cosa tan inteligente! ¡Qué obra tan conceptual! ¡Qué buen gusto tienes!». Pero si alguien se atreve a decir: «¿Qué has comprado? ¡Si es un plátano pegado a una pared!», esa persona ya no será invitada al cóctel. En fin, en esto consiste un poco el espectáculo del arte.
Este platanito se vendió en el pre-opening, y ahora Perrotin está intentando colocar la última pieza a un museo, porque la compra por un museo la legitimaría. Seguramente algún museo dirá: «¡Yo quiero el platanito de Cattelan!». Así, además del urinario de Duchamp, pronto veremos el platanito de Cattelan en los museos de todo el mundo.
El «Parte Puro» y el Valor Cero
Algunos dirán que al hablar de esto, estoy contribuyendo a que Cattelan sea más famoso. Pero no es así. Lo que te estoy diciendo es que esta obra es parte puro. Al contrario de lo que dicen todas las noticias (no he visto ningún medio digital que diga: «¡Nos están tomando el pelo! Esto es un insulto a la inteligencia humana»), yo sí lo digo. Y digo que es «parte puro» porque, aunque no deje de ser arte, carece de valor económico real. Este plátano pegado a la pared debería costar cero. ¿Por qué? Porque lo puede hacer cualquiera en su casa, porque cualquiera se lo puede imaginar en su casa, porque no tiene ningún tipo de valor intelectual ni manual ni nada. Maurizio Cattelan puede hacerlo y decir que es un artista, pero no debería costar dinero.
Imagina que esta señora rica llegara y le dijeran: «Cuesta cero» o «Cuesta dos euros». ¿Crees que se lo llevaría? Cuando le quitas el valor económico a un objeto, la gente le pierde el interés.
El mundo del arte es enorme y mueve muchísimo dinero. Si exploramos la web de galerías como Perrotin, veremos un sinfín de artistas y mucha obra que, a mi juicio, es «parte puro». Y esto se expande: Art Basel Miami cuenta con más de 200 galerías, cada una con decenas de artistas. No digo que todos hagan «parte puro», pero muchísimos sí lo hacen. Y el mercado que sustenta esto es tan grande, hay tanta gente «engañada», que nadie va a decir: «Efectivamente, este plátano que he comprado es parte puro». ¡Vamos a tener que decírselo nosotros!
Yo te propongo algo: cada vez que veas un platanito pegado con un poco de cinta adhesiva, usa el hashtag #PartePuro. Yo ya me he buscado mi platanito a lo Cattelan, pero me parece un poco soso, insulso. Así que te propongo otra idea, Cattelan, ¡te la regalo!: en vez de un plátano, pon una calabaza bien grande pegada a la pared. ¡Así, al ser más grande, podréis ponerle un precio mayor y ganar más dinero! Luego, invitadme a unas copas a mi salud.
Y a la pregunta: ¿qué le decimos a Cattelan? Efectivamente, absolutamente nada.
Espero que te haya gustado este «postre» que, aunque no es barato, te deja un saborcito agridulce al final.
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