El Plátano de Cattelan: ¿Obra de Arte o Estrategia de Marketing e Ingeniería Fiscal?
Durante años, la obra «Comedian» de Maurizio Cattelan, popularmente conocida como «el plátano de Cattelan», ha generado un intenso debate en el mundo del arte. Desde mi punto de vista, aunque pueda ser considerada una «obra de arte del siglo XXI», se inscribe dentro de lo que yo denomino el «amp-arte»: arte con valor cero. Mis detractores quizás pensaron que me estaba quedando con ellos al reconocerla como arte, pero es crucial entender la distinción.
«Amp-Arte»: Cuando el Arte Vale Cero
El «amp-arte» es un tipo de expresión que, a pesar de su reconocimiento social y su presencia en prestigiosos museos o galerías como Art Basel o Perrotin, carece de valor intrínseco. En el caso del plátano, se han llegado a pagar 6,2 millones de dólares por una banana pegada a la pared. Un precio astronómico para algo que, desde mi perspectiva y bajo los parámetros del manifiesto del «amp-arte», vale absolutamente nada. Es una suma arrojada a la basura.
Esta no es mi primera vez abordando este tema. Hace cinco años, expresé mi escepticismo ante la noticia de que se habían pagado 120.000 dólares por este plátano. Ya entonces, sugerí que era una estrategia publicitaria para posicionar la obra en un museo. Efectivamente, un año después, apareció en el Guggenheim, donado por un particular.
No solo eso, la historia del plátano está llena de anécdotas curiosas: un «amp-artista» llamado David Datuna se lo comió durante su exposición inicial en Art Basel Miami, calificándolo de «performance». Más tarde, un estudiante repitió la acción en otro museo. Y la cadena de eventos culmina con Justin Sun, un multimillonario del mundo de las criptomonedas (un «crypto bro», ¡saludos a todos los crypto bros!), quien ha pagado los 6,2 millones de dólares y ha anunciado que, una vez en su poder, también se lo comerá.
La falta de originalidad es sorprendente. ¿Comerlo? ¿Por qué no un pudin, cortarlo en rodajas para 50 monos, casarlo con una pitaya o ponerle ruedas, al estilo conceptual de Ampudia con las piedras? Todo es tan simple y tan vacuo, desde su concepción hasta las acciones subsiguientes.
La Trazabilidad Publicitaria: Un Truco Disfrazado de Arte
Detrás de este fenómeno, lo que realmente presenciamos es una astuta estrategia de marketing disfrazada de «gran arte».
1. Exposición y Donación: La obra fue expuesta en Art Basel Miami y luego donada a un museo. Esto generó un torbellino en redes sociales, con memes y noticias que reavivaron el eterno debate sobre «¿qué es arte y qué no?». Se evocan las ideas trasnochadas del siglo XX sobre cómo un objeto se convierte en arte por la sola intención del artista, como si fuese magia.
2. Viralidad y Valor Económico: Mientras más se habla de ello, más famoso se vuelve. Y en el mercado del arte, como en la música o cualquier otra industria, la fama se traduce en valor económico. Un cantante más conocido cobra más por un concierto; una obra más conocida, atrae más dinero.
3. Estrategia a Largo Plazo:
* **Subastas Futuras:** Es probable que en unos años este plátano se subaste de nuevo, y su precio podría escalar de 6,2 millones a 10, 20 o más.
* **Creación Continua de Noticias:** Se seguirán inventando historias y controversias en torno a la obra de Cattelan para mantenerla en el foco mediático.
* **Fijación de Precios Arbitraria:** Si la sociedad acepta que un plátano pegado a la pared es «arte», su valor puede oscilar entre los 10 y los 10.000 millones. El precio es el que «les dé la gana» de ponerle, siempre que haya consenso. Sin embargo, si la gente en redes sociales, en la calle, dice «esto no es arte, es una tontería», su valor se desvanecerá.
Para mí, el «amp-arte» es un tipo de arte que sí, existe, pero su valor monetario es nulo. Es una inversión de dinero tirada a la basura, llena de lugares comunes y sin originalidad, pues la idea de frutas en la pared ya se ha visto en innumerables ferias y exposiciones. Un cuadro de un principiante también es arte, pero su valor comercial puede ser cero.
Con el tiempo, la gente olvidará este fenómeno. Mi teoría se basa en varios indicios:
* La Pista de Sotheby’s: El subastador de Sotheby’s mencionó la aceptación de pagos con criptomonedas justo antes de la puja, como si supieran que un «crypto bro» como Justin Sun haría su aparición.
* Depósitos Preventivos: Mi querida amiga y crítica de arte Avelina Lésper, ya había señalado que, en estos casos, se suelen depositar sumas significativas (como un millón o millón y medio) en la casa de subastas para asegurar que la obra no quede sin venderse y evitar un desprestigio monumental para la casa.
¿Qué Obtienes al Comprar «Comedian»?
Cuando adquieres «Comedian», lo que realmente recibes es un certificado de autenticidad. Un papelito que te dice que conceptualmente la obra es tuya, y que debes colocar una banana a 1,32 metros del suelo, cambiándola cada siete o diez días. ¡Ni siquiera te envían las bananas de por vida! Tú mismo tienes que reponerlas. Es «arte conceptual», claro.
Algunos defienden que una obra de arte debe invitar a la reflexión sobre el mercado, el consumismo, el capitalismo. Y sí, el plátano de Cattelan lo hace. Pero, ¿acaso mis más de mil vídeos de YouTube no invitan también a la reflexión? ¿Son todos ellos obras de arte de 6,2 millones de dólares? No. Mis vídeos son vídeos, y el plátano es comida. Cattelan no eleva lo banal a lo extraordinario; es un truco publicitario. Gracias a él, Justin Sun es ahora conocido globalmente. La campaña de marketing le ha salido por unos cuantos milloncejos, pero ¿qué es eso para un multimillonario?
El Aura y la Materialización: Pilares del Verdadero Arte
Otro argumento que desmantela la idea de que este plátano sea una gran obra de arte es el concepto del aura. Si visitas el Museo del Prado y contemplas «Las Meninas» de Velázquez, sentirás algo inexplicable, esa energía que el artista imprimió en la obra. Si te dijeran que es una copia, la emoción desaparecería, y querrías ver el original. Las verdaderas obras de arte tienen ese aura especial que nos estremece.
El plátano de Cattelan jamás podrá tener ese aura. El primer plátano que se exhibió ya es, presumiblemente, abono. Una obra de arte que es una idea, si no se materializa, no existe. Yo puedo tener la idea de un coche volador, rosa y que habla, pero si no lo construyo, solo es una idea. Lo mismo ocurre con la poesía: puedo recitar un poema de Leopoldo María Panero, pero lo que se vende es el libro, la materialización de esas ideas.
Ingeniería Fiscal: La Verdadera Obra Detrás del Plátano
Más allá de ser una actividad publicitaria, el plátano de Cattelan es una obra de **ingeniería fiscal**. Los verdaderos ganadores han sido las casas de subasta como Sotheby’s, que se llevan la «prima del comprador», en este caso, un millón de dólares. La galería o persona que vendió el plátano recibe 5,2 millones, menos impuestos.
Pero el beneficio más significativo para el comprador, como Justin Sun, reside en las ventajas fiscales. Si compras la banana por 6,2 millones y la donas a un museo en Estados Unidos dos años después, puedes deducir hasta el 50% de su valor en tu declaración de impuestos. Es decir, si debes pagar 3,1 millones en impuestos, al donar la banana, no pagas nada.
Aún más, si la conservas por cuatro años y un perito valora la banana en 20 millones, al donarla, te deduces 20 millones. Esto convierte la compra en una inversión empresarial que se beneficia de deducciones fiscales aplicadas a bienes culturales. Lo que vemos no es arte, sino contabilidad creativa.
La Democratización del Arte y el Futuro del «Amp-Arte»
Gracias a internet y las redes sociales, el arte se ha democratizado. Ahora, todos y todas podemos opinar. Si colectivamente convenimos que obras como el plátano de Cattelan son «amp-arte» –es decir, arte de valor cero– al final ni las galerías, ni los museos, ni nadie las querrá, a pesar de los esfuerzos de pseudointelectuales por colárnoslas como grandes obras. Ellos lo saben, y están temblando.
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