Artistas vs. Inteligencia Artificial: La Gran Demanda y el Futuro de la Creación
Bienvenidos de nuevo a mi canal. Hoy tengo el placer de conversar con un invitado muy especial, el gran artista Santiago Caruso. Para quienes no lo conozcan, les invito a explorar sus redes sociales; lo he mencionado en varios de mis vídeos. Santiago, quien reside en Argentina, nos acompaña para abordar un tema de vital importancia para la comunidad creativa: la demanda colectiva interpuesta por un grupo de artistas contra las principales compañías de Inteligencia Artificial (IA), como LAION, OpenAI y Midjourney, entre otras.
Santiago ha estado investigando este complejo asunto durante varias semanas, compartiendo conmigo un documento revelador que profundiza en la problemática. Mi objetivo es entender cómo se ha gestado esta iniciativa y cuáles son sus implicaciones.
«Antonio, gracias por el espacio para conversar de esto», comenzó Santiago. «Es un tema muy extenso que abarca múltiples aspectos y niveles de complejidad y daño. Intentaremos abordarlo desde las perspectivas que surjan en nuestra conversación, aunque quizás no sea de forma tan ordenada».
Cuando el Arte Propio es Usurpado: El Caso de Santiago Caruso
Hace aproximadamente un mes, Santiago descubrió que su trabajo y su nombre habían sido utilizados en la promoción de herramientas de IA, presentándolo como un artista cuyo estilo podía ser emulado por estas tecnologías. Esto lo llevó a profundizar en la amenaza que la IA representa para ilustradores, historietistas, guionistas y, en general, para cualquier ámbito creativo que implique la reproducibilidad de la obra.
Si bien el arte plástico que genera un objeto físico puede sufrir un daño diferente, la digitalización de una pieza permite su apropiación y reproducción en otros medios. Santiago encontró un «listado monstruoso» de unos 700 artistas de todas las épocas y movimientos artísticos (pictóricos, escultóricos) cuyos estilos estaban siendo catalogados por la IA de Midjourney y DALL-E. La gente debe entender que no se trata de una simple herramienta donde se pide, por ejemplo, «una obra al estilo de Santiago Caruso con un perro ladrando a la luna y una escafandra». La IA utiliza tu nombre y genera imágenes muy similares a tu estilo. Esto no solo afecta a artistas vivos como Santiago, sino también a nombres como Van Gogh o Renoir, quienes, aunque fallecidos, sus obras pueden no tener ya copyright, pero el precedente sienta un riesgo para todos los artistas que publicamos nuestro trabajo en línea.
El problema central, como señala Santiago, es el lucro de estas compañías a partir de la utilización de obras creadas por artistas. Plataformas como Midjourney, Stable Diffusion y DALL-E generan imágenes basadas en nuestro trabajo, sin consentimiento ni compensación.
La Autoridad Moral de los Damnificados: Luchando por la Propiedad Intelectual
Santiago ha estado compartiendo argumentos fragmentarios en redes sociales, difundiendo noticias sobre el impacto de la IA en la vida cotidiana y, especialmente, en el ámbito creativo. «Puedo hablar en este caso porque soy un damnificado directo, pero no hablo en mi nombre, sino en función del problema que ya se está generando para toda la comunidad creativa», afirmó.
Es crucial que quienes han sido directamente afectados alcen la voz, ya que poseen la autoridad moral para litigar con nombre y apellido. La obra publicada de un artista, ya sea en libros impresos o registrada como propiedad intelectual, les pertenece. El consentimiento para cualquier uso derivado es fundamental. En este escenario, se está infringiendo la ley de propiedad intelectual más elemental.
Existe un clima «libertario» que, disfrazado de ultraconservadurismo, busca rebelarse contra la ley de copyright. Sin embargo, esta ley protege a las personas para que su imagen, su voz o su obra no sean apropiadas o utilizadas para derivaciones económicas o mal uso. La apropiación ideológica de la obra, como cuando un político usa la canción de un músico sin su consentimiento, es grave, pero aquí la situación es peor: se licúa la autoría y la procedencia.
El «Lavado de Datos» y los Orígenes Turbios de la IA Generativa
Santiago explicó el concepto de «lavado de datos» (data scrubbing). Normalmente, esto se realiza por asociaciones sin fines de lucro con fines investigativos, a las que se les permite hacer un raspado de datos (data scraping) de internet. En estos casos, los datos suelen ser anonimizados para proteger la identidad de las personas. Sin embargo, la empresa LAION, aparentemente sin fines de lucro, fue fundada por Stability AI, desarrolladora de Stable Diffusion. Stability AI invirtió en LAION para que realizara un data scraping masivo, que luego sería utilizado en una aplicación que, aunque se ofrece como open source, ha crecido enormemente en valor.
Este archivo de LAION contiene más de seis mil millones de imágenes asociadas a texto, un paquete de información indiscriminado. Precisamente por este uso sin filtros, las IA han producido imágenes hipercuestionables, incluyendo ejecuciones públicas, escenas de sexo, violaciones y pedofilia. Esto ha dado lugar a un «lado oscuro» de Stable Diffusion, demostrando el grave problema ético y legal de la recolección de datos.
La usurpación de identidad y el robo de imágenes para entrenar estas IA son preocupantes. Compañías como Adobe, con Photoshop, ya están implementando IA en sus herramientas. Esto pone a los artistas en una situación precaria, donde nuestro trabajo es la base para herramientas que luego nos dejan fuera del proceso y de la compensación económica. Es un ciclo que condena a muchos a la invisibilidad o, peor, a la inanición económica.
Personalmente, no estoy en contra del futuro o de las nuevas herramientas, pero sí de la injusticia. Los artistas deberían ser compensados por el uso de su obra. Si los creadores de contenido en plataformas como YouTube son remunerados, ¿por qué no los artistas cuyo trabajo alimenta estas IA que generan millones de dólares para las corporaciones?
La Verdadera Apropiación: Más Allá de la Compensación
Santiago no cree que el pago sea la solución definitiva. «Esto no es una editorial que toma tu trabajo y hace un libro. Esto es la apropiación absoluta de tu trabajo para ser regenerado artificialmente a perpetuidad. No es un chiste y no se resuelve solamente con una paga, porque esto no es Spotify o Netflix, donde se pone en la plataforma la obra terminada por el artista. Esto es una plataforma donde se puede sintetizar al artista y reemplazarlo».
Los términos de uso de Midjourney, por ejemplo, establecen que todo lo que derive de tu interacción con la herramienta les pertenece. Si publicas algo y surge un problema legal porque usaste el nombre de otro artista, el problema es tuyo, no de Midjourney. Esto demuestra la verdadera calaña de estas tecnologías, que buscan tomar ventaja de la celeridad del daño y la penetración cultural. La meta es no ser útil a esta expropiación.
El progreso es imparable, pero ¿a qué costo? Santiago cree que la única solución definitiva sería disolver estos softwares. Aunque es un camino complicado, ya existe jurisprudencia donde IA han tenido que ser eliminadas judicialmente. Si los programadores no pueden garantizar que la IA «desaprenda» las imágenes de un artista, la disolución del software es la única vía para evitar futuros daños y garantizar que el trabajo de las personas no sea utilizado sin consentimiento.
Entendiendo la Lógica de los Autoencoders y la «Falsificación Creativa»
Los autoencoders, base de estas IA, funcionan comprimiendo una entrada (input) y decodificándola en distintos campos inteligibles para luego relacionarlos como nodos lógicos, comprimiéndolos en un espacio latente. Desde este espacio, se pueden reconstruir y generar nuevas imágenes por difusión. A diferencia de un collage mal recortado, las imágenes se integran de un modo particular, pero no «aprenden» como los humanos. Por eso, a menudo generan errores (como manos con diez dedos), ya que se basan en lo que las cosas «parecen» en determinadas fotografías, no en su esencia inteligible.
El problema no es que un artista use la IA como referencia, como un pintor que proyecta una imagen para calcarla. El problema es que la IA se ha convertido en un atajo para evitar toda experiencia humana. Ya no es «me ahorro dibujar» o «me ahorro investigar», sino «la herramienta sustituyó todo el proceso del trabajo». El usuario solo da comandos, pero el proceso creativo-generativo lo hace el software.
Mucha gente se divierte creando con IA, pero ¿cuál es la aplicación real de esto y si está dañando la obra de otras personas? Claramente lo está haciendo. Existe incluso IA que genera «falsos procesos creativos» en video para justificar una imagen, simulando el boceto, las manchas y el reacomodamiento que haría un artista humano, cuando en realidad todo fue generado por la máquina.
¿Más Valor para el Arte Tradicional o el Abismo de la No-Creatividad?
Surge la pregunta de si esto revalorizará el arte tradicional, hecho a mano, basado en ideas propias. Santiago lo duda, comparándolo con TikTok: «La velocidad y la capacidad de reproducibilidad maquinal de lo mismo termina obturando la capacidad de que vos llegues a acceder a ese otro valor más complejo». Es como comparar una pizza de microondas con una pizza artesanal; el consumidor promedio podría no importarle la diferencia si la rápida es más accesible.
La IA es el «paraíso del vago», donde con poco esfuerzo se obtienen resultados. Defender su uso como «evolución» o «herramienta» es problemático. La herramienta debería ser una extensión de las capacidades del cuerpo para que la persona haga un trabajo. Aquí, la herramienta es la persona. Nos sometemos voluntariamente a un software que renuncia a nuestro proceso autonómico, creativo, interpretativo y crítico.
La ley de copyright, cuyo antecedente más antiguo data del siglo XV-XVI, se creó para proteger a los escritores frente a los dueños de las imprentas que monopolizaban la difusión de obras sin pagarles. Hoy, esta discusión se renueva: ¿quién tiene derecho a copiar el trabajo? La persona que lo hizo. Es hora de hacer valer las leyes que existen hace siglos para proteger a las personas de los monopolios y los tenedores de la tecnología.
Es fundamental comprender que la tecnología ya existe para reconocer el uso de imágenes con copyright. YouTube, por ejemplo, utiliza software para identificar si un vídeo contiene material protegido. Si estas compañías de IA tuvieran buena fe, podrían implementar un sistema similar para compensar a los artistas cuyas obras han sido utilizadas como base. La solución no es anular el progreso, sino asegurar una compensación justa y el respeto por el trabajo creativo.
El Peligro de un Mundo Dócil y Sin Imaginación
Santiago enfatiza la tristeza que siente al ver cómo la sociedad podría estar ingresando voluntariamente en esta renuncia a la autonomía para pensar, interpretar y crear. En un mundo donde la IA genera música «al estilo de» tus cantautores favoritos o cómics con tu cara, se corre el riesgo de una «masturbación infinita de una realidad virtual fabricada por nosotros mismos», sin espejos interactivos con los demás.
La tendencia al facilismo que promueve la IA, al borrar la noción de límite y dificultad en el proceso creativo, puede llevar a que la creatividad sea cooptada por un funcionalismo. La justificación estética se vuelve funcional a los dueños de la herramienta o a la aplicación inmediata de la imagen (periodística, publicitaria).
Hoy en día, muchos artistas como yo, Antonio García Villarán, trabajamos con gran esfuerzo para construir una audiencia y un valor a nuestro trabajo. Si nos obligan a retirarnos del espacio comunicacional de las redes, estaremos a merced de grandes industrias que buscan producir «basura» limitada por discursos superficiales.
Existe incluso una práctica lesiva: si un artista se queja, los fanáticos de estas herramientas pueden tomar todo su trabajo para entrenar un modelo de IA que lo copie perfectamente. Esto es una forma de tortura o aleccionamiento contra quienes buscan cohesión y comunidad para instalar el debate. Santiago Caruso está en contacto con el grupo de ilustradores que lidera esta demanda en Estados Unidos y planea generar un canal de comunicación duplicado para la comunidad de habla hispana. Invita a presidentes y directivas de asociaciones de dibujantes y creativos a unirse a este espacio para compartir información, estrategias y establecer un frente común.
Es un hecho alarmante que, cuando LAION lanzó su primer software, utilizó obras protegidas con copyright a sabiendas. Sin embargo, cuando lanzaron Dance, un software de IA para generar música, solo lo dataron con música de dominio público. Esto demuestra que saben cómo hacer las cosas correctamente, pero no lo hicieron así a propósito en el caso de las artes visuales.
Estamos viviendo un momento de rapiña absoluta, un saqueo a la creatividad hasta que la ley establezca un límite. La discusión y la acción colectiva son más necesarias que nunca.
Este debate es extenso y evoluciona rápidamente. Vuestra opinión es crucial. Os invitamos a dejar vuestros comentarios y, si el interés es grande, podríamos tener un segundo capítulo de esta conversación para seguir de cerca cómo avanza esta lucha.
Si quieres aprender más sobre arte y creatividad, visita nuestra Academia Crea13.
Gracias, Santiago, por este espacio tan útil y necesario. ¡Hasta la próxima!








