¡Hola! Soy Antonio García Villarán y estoy emocionado de desvelarte el fascinante universo artístico detrás del último videoclip de Amaya. ¿Sabías que está repleto de referencias a obras de arte del pasado? He realizado un estudio fotograma a fotograma para desvelarte todos sus secretos.
Desde el principio, no me extrañó que Amaya y su equipo eligieran el arte como fuente de inspiración. La misma portada del disco es un claro guiño a las performances de Yves Klein, con el famoso azul Klein que estampaba a sus modelos contra el lienzo. En este caso, Amaya aparece medio pintada de azul, flotando, una imagen que a mí me recuerda a una obra que me encanta: «El castigo de los lujuriosos» del pintor simbolista Giovanni Segantini. ¡Es una maravilla!
Un Viaje a través de los Siglos y los Castillos
El videoclip comienza con la imponente imagen de un castillo, que a los amantes de la historia, como yo, nos fascina. Se trata del Palacio de los Reyes de Navarra de Olite, una construcción cortesana y militar erigida entre los siglos XIII y XIV. La composición de esta toma es muy inteligente: al estar cortada por la parte inferior, no podemos dimensionar el castillo, dándole una apariencia inmensa e infinita. Además, su disposición triangular es un símbolo de espiritualidad, mostrando un trabajo de encuadre muy cuidado a pesar de las múltiples perspectivas que ofrece Olite.
Pero la primera pista sobre la estética general del videoclip no está en el castillo, sino en la tipografía: letras de estilo Art Nouveau. Esto nos lleva directamente a los icónicos carteles de Alfons Mucha. La tipografía misma nos adelanta la estética de los protagonistas y la atmósfera general del vídeo, sugiriendo que las obras de Mucha son una referencia clave.
Atmósferas Románticas y Figuras Andróginas
El ambiente de muchas imágenes evoca la «Epopeya Eslava» de Mucha, pero también me recuerda, y mucho, a los cuadros de mi admirado Caspar David Friedrich. La posición de Amaya, esperando, es casi idéntica a la del famoso «Caminante sobre el mar de nubes». Es como si, mirando por la ventana, se sintiera así. Esta postura también nos remite a la «Muchacha en la ventana» de Salvador Dalí y, por supuesto, a las protagonistas de los cuadros del pintor Alma-Tadema: jóvenes lánguidas rodeadas de flores, sentadas o tumbadas en silencio, con una luz suave. ¡Todo muy romántico y simbolista!
Este escenario floral, con vestidos de gasa blancos y rosas, encajes y una luz etérea, coincide plenamente con la estética simbolista. El rostro de Amaya, por ejemplo, me recuerda a las mujeres pintadas por Fernand Khnopff: con un corte de cara que parece venido de otro tiempo. También me recuerda a las creaciones de Dante Gabriel Rossetti. En el simbolismo, estos rostros se consideraban andróginos, con características de ambos sexos: mandíbulas anchas (símbolo de lo varonil), pelo rojo (fuego, pasión) y una mirada fija y desafiante. De aquí, precisamente, surge la figura de la femme fatale. ¿Es Amaya una femme fatale? ¡Ya lo veremos!
El Galán Andrógino y el Prerrafaelismo
Otro referente visual es John Everett Millais, pintor prerrafaelista del siglo XIX, famoso por su «Ofelia». De nuevo, la estética de Friedrich y el Romanticismo se hacen presentes, con personajes minúsculos frente a una naturaleza abrumadora y un horizonte que simboliza la separación entre el cielo y la tierra.
De repente, en este paisaje romántico y atormentado, aparece el galán. A mi parecer, es una mezcla entre los personajes pintados por Jacek Malczewski y la anatomía de los muchachos de Alfons Mucha: delgados, escuálidos, bellos y aniñados. El amante de Amaya tiene el pelo largo y muy cuidado, labios rosados y carnosos. Confieso que al verlo por primera vez, creí que era una chica. Su androginia es innegable y me parece fantástica, pues invierte o juega con los géneros. Sus mandíbulas son suaves y redondeadas, como las que históricamente se han usado para representar a la mujer, en contraste con su escudero, también delgado pero con algo de barba, aunque no representa al «macho alfa» clásico. ¡Este juego de géneros me encanta!
El Bosque Simbolista y el Famoso Columpio
Los amantes se adentran en el bosque o jardín del castillo. Las imágenes de esta «selva» son puramente simbolistas y prerrafaelitas, muy propias del siglo XIX: luces tenues, personajes que parecen estar en un sueño amable, con una paleta de colores pastel (verdes, rosas, ocres y marrones suaves). Y aquí nos aparece la famosa imagen del columpio, una de las referencias más claras del vídeo. Se trata concretamente del cuadro de Fragonard. La similitud es asombrosa, ¡incluso Amaya lanza el zapato! Este detalle es un guiño directo a la obra rococó del siglo XVIII, demostrando cómo el videoclip salta entre diferentes siglos.
Sin embargo, el fotograma de Amaya es muy puritano. Mientras que en el cuadro de Fragonard la muchacha parece que se le escapa el zapato (un gesto de provocación simbólica en la puritana sociedad del XVIII), en el videoclip Amaya lo lanza claramente, como jugando. El galán del cuadro mira debajo de la falda de ella, mientras que el novio de Amaya está en una rama, a su misma altura, participando del juego. El tercer personaje, el que empuja el columpio, sí coincide en ambos. Los niños que aparecen en el bosque, vestidos de blanco, simbolizan la inocencia y pureza del amor que sienten los personajes, una recurrente iconografía barroca y simbolista.
El Conflicto: Ninfas, Tenebrismo y la Cena
Pero no todo es tranquilidad. El conflicto comienza en un lago, como en el cuadro «Hilas y las ninfas» de Waterhouse o en la obra de la interesante pintora británica Henrietta Rae. Aquí, los directores, Santi Geva Ros y Gabriel Put, no reproducen, sino que interpretan, creando un collage de imágenes para una nueva historia. El mito de Hilas, tan bello que las ninfas lo atrajeron al agua, nos habla de nuevo del género. En el vídeo, esto no ocurre; si no, el «caballero oscuro» se habría ahogado, y la historia terminaría allí.
Este caballero oscuro es un voyeur que irrumpe en la escena. A diferencia del galán, él sí tiene los rasgos clásicos del hombre: barba cerrada, rostro más grotesco, corpulento. Las referencias visuales para este personaje podrían ser «El caballero de la armadura» de Jon Jonsson, el «Retrato de Francesco Maria della Rovere» por Tiziano, o el «Carlos V» de Rubens. Todos comparten la armadura negra, símbolo del mal, en contraste con el blanco del galán, símbolo del bien. ¡Un cliché efectivo!
La escena siguiente, una cena, evoca el tenebrismo, una tendencia pictórica con un gran contraste entre luces y sombras. La iluminación violenta, propia de la luz de las velas, se ve en maestros como Caravaggio y El Greco. Esta «Santa Cena» es un híbrido entre «La Última Cena» de Leonardo da Vinci y las atmósferas de Caravaggio, con referencias a bodegones barrocos por su opulencia y recargamiento. Hay un dato perturbador: 11 personajes en la fiesta, pero 13 en el cuadro de Da Vinci. Cuando llega el caballero oscuro, suman 12. ¿Qué significa? ¡No lo sé!
El Duelo y el Grito
Y entonces llega el duelo, la pelea por la chica. De nuevo, paisajes alejados y personajes pequeños. Aunque algunos dicen que la referencia principal es «Duelo a garrotazos» de Goya, creo que es más generalista, ya que los duelos con espadas son comunes en grabados de los siglos XVI al XVIII. Lo que sí es seguro es que la película «Jamón, jamón» usó la referencia de Goya.
Ante la lucha, Amaya grita con fuerza, como en «El Grito» de Munch, pero con su rostro que a mí se me parece a los que pintaba Khnopff. ¡Un nuevo híbrido! El hecho de que a los duelistas solo se les vea el casco, sin armadura, me hace pensar que todo está ocurriendo en la cabeza de Amaya. Quizás se lo está imaginando, o la armadura era transparente. Esta ambigüedad resalta la importancia de la imaginación en el videoclip.
El Viaje Oscuro y el Mito de Caronte
El «bueno» pierde. Y antes de que el «mal» triunfe, Amaya lo salva, uniéndose al caballero ganador. La imagen del caballero vencido nos recuerda las múltiples y maravillosas representaciones de la Piedad.
Ahora comienza un viaje oscuro hacia su castillo, con referencias a obras muy conocidas como «La isla de los muertos» de Arnold Böcklin o al mito de Caronte, representado en la obra de John Roddam Spencer Stanhope. En la mitología griega, Caronte era el barquero del Hades, encargado de guiar las almas de los difuntos a través del río Aqueronte, a cambio de una moneda. Por eso, en la antigua Grecia, los cadáveres se enterraban con una moneda debajo de la lengua. Este viaje, en la historia del videoclip, lleva a alguien a encontrarse con la muerte. Los colores marrones, verdes y rosas se tornan azules y negros. Amaya aparece muy maquillada, realzando su belleza, pero para mí, también como una máscara, ocultando algo, engañando.
El Giro Argumental: Judith y Holofernes
Mientras tanto, el novio de Amaya se entrena con la espada, pero para nada, porque al final es ella quien lo mata. ¡Un giro argumental inesperado! Aquí aparece el famoso mito de Judith y Holofernes. Judith usó su belleza para salvar a su ciudad de Betulia del asedio asirio, seduciendo y emborrachando a Holofernes para, con ayuda de una criada, cortarle la cabeza. Esto también ocurre en el videoclip: Amaya, como Judith, le corta la cabeza al caballero oscuro. Judith simboliza a la mujer fuerte, al igual que Amaya en este vídeo.
Aquí surge mi mayor conflicto: hay dos referencias muy claras. Por la cortina roja y el vestido blanco de la Judith-Amaya del videoclip, podría decirse que está inspirado en el cuadro de Caravaggio. Pero la composición de los personajes es más parecida a la de Artemisia Gentileschi, donde ambas mujeres agarran con fuerza al caballero oscuro. En Caravaggio, ella está más alejada, como para no mancharse. Me decantaría un poco más por Artemisia por la posición al sujetar al «malo». Así que, de nuevo, un híbrido: ni Caravaggio ni Artemisia, un 50-50.
Conclusión: Una Fantasía de Libertad
Finalmente, Amaya aparece mirando por la ventana de su castillo, satisfecha. Parece que todo ha sucedido en su cabeza, pues aunque la espada está llena de sangre y el casco del caballero oscuro a sus pies, ella está completamente limpia. ¡Ni una salpicadura! Creo que todo es una fantasía que ella misma ha creado. Un travelling hacia ella puede interpretarse como que el espectador se acerca, o como un guiño para decirnos que todo ha ocurrido en su mente y que, al final, todo es una canción. Ella nos sonríe, buscando nuestra complicidad, reforzando esta idea.
Los directores, Santi Geva Ros y Gabriel Put, han hecho un trabajo magnífico. La interpretación que dio Santi en una entrevista en Radio Galega es muy simbólica. Contó que, tras salir de Operación Triunfo, todos esperaban un disco con mucho brillo, chándales y estribillos pegadizos, pero ella hizo lo que siempre hace: ser libre. En cierto modo, el caballero oscuro es la gran industria de la música, a la que ella le «corta la cabeza».
Una de las cosas que más me gusta de este videoclip es que es el contrapunto a la tendencia actual de la industria musical, llena de color y flúor. Este trabajo, en cambio, está repleto de colores oscuros y referencias artísticas de primer nivel. ¡Es un soplo de aire fresco! Le corta la cabeza al mainstream.
Te recomiendo leer los hilos de Twitter de la historiadora Lara González y, sobre todo, de El Barroquista, además de muchos otros que analizan este videoclip. Son interesantísimos. ¡Te los dejo aquí abajo!
Espero de verdad que te haya gustado este análisis. Desde aquí te mando un saludo, Amaya, a ti y a todo tu equipo. Si te ha gustado, ¡revienta el botón de like, compártelo y nos vemos muy pronto en mi canal!








