Antoni Tàpies: ¿Genio o Vendedor de Humo? Un Análisis Crítico de su Obra y el Mercado del Arte
¡Hola! Soy Antonio García Villarán, y hoy vamos a sumergirnos en el controvertido universo de Antoni Tàpies. Hablar de Tàpies no es solo una oportunidad para agradeceros la excelente acogida de mi anterior vídeo sobre Joan Miró (un artista que, como veremos, comparte sorprendentes paralelismos con Tàpies), sino también una reflexión personal sobre cómo nuestro gusto artístico puede ser influenciado y dirigido.
Mi Viaje Personal con Tàpies: Del Encanto Académico a la Decepción
Recuerdo una época en la que Tàpies me fascinaba. Como muchos, mi aprecio por su obra nació en el ámbito académico. Profesores de historia y plástica en la universidad nos hablaban sin cesar de él, analizaban sus «cruces» y filosofaban sobre cada detalle. Íbamos a exposiciones y, armados con esa narrativa, decíamos: «¡Guau, estoy viendo un Tàpies!». Era una experiencia casi impuesta, una manipulación o, al menos, una dirección de nuestro gusto desde la institución.
Sin embargo, con los años, el estudio constante, la lectura y la exposición a innumerables obras de arte de todo tipo, mi perspectiva ha cambiado drásticamente. Hoy, debo confesar que para mí, Tàpies ha «caducado». Su obra ya no me emociona prácticamente nada.
La Inversión Fallida: Mi Propia Obra de Tàpies
Esta confesión me duele, pues en cierto modo, yo mismo caí en esa vorágine. En una época de bonanza económica, no solo pintaba, sino que también coleccionaba. Una galería (ya inexistente) me vendió una pequeña obra original de Tàpies, no un grabado. Era diminuta y me costó un esfuerzo considerable pagarla. Sí, yo tenía una obra de Tàpies. La guardé con orgullo, convencido de que era una inversión, algo que ganaría valor. ¡Qué ingenuo! He llegado a la conclusión de que, sinceramente, perdí el dinero. A veces se gana, a veces se pierde en este mundo del arte.
Tàpies y el Sistema: Política, Fundaciones y el Mito del Autodidacta
Al profundizar en la biografía de Tàpies, encuentro similitudes asombrosas con la de Joan Miró. Ambos crearon sus propias fundaciones, donando gran parte de su obra para el estudio futuro. No digo que esto sea negativo; de hecho, tanto Tàpies como Miró me parecen personas inteligentísimas. ¡Si vivieran hoy, seguramente serían youtubers!
No os parece extraño, por ejemplo, ver cuadros de Tàpies de fondo cuando los políticos catalanes aparecen en televisión? ¿Es posible que le deban algo? Si bien no puedo afirmarlo rotundamente, es un hecho que Tàpies provenía de una familia con fuertes lazos políticos en Cataluña. Su abuelo materno estuvo involucrado en la política catalana, y su padre fue uno de los fundadores de la Primera Esquerra Republicana. Además, su obra está salpicada de banderas catalanas. Esto me lleva a pensar que, quizás, el gobierno catalán haya impulsado considerablemente la difusión de su obra precisamente por su condición de pintor catalán.
¿Autodidacta? Desmontando el Mito
Tàpies se proclamaba autodidacta. Sin embargo, si leemos su autobiografía, encontramos una realidad diferente. Él mismo admite haber asistido a una academia y reconoce su falta de habilidad para el dibujo en sus inicios:
«En la escuela tenía poca maña para obligar al lápiz a que hiciera lo que yo quería y me daba rabia la gracia que observaban algunos de mis condiscípulos.»
Esta negación de lo que no se le daba bien fue una constante. Afirmaba estar harto de la figuración, de todo lo académico, tildándolo de «retrógrado» y de algo que «deberíamos superarlo». Llegó a desarrollar una «alergia total contra la pintura al óleo y los pinceles tradicionales». Lo curioso es que, si hoy día damos un paseo por las facultades de Bellas Artes en España, «lo académico» se ha convertido, paradójicamente, en hacer «crucecitas» y obras al estilo de Tàpies. ¡Es como si su obra se hubiese vuelto el nuevo academicismo!
En su autobiografía, Tàpies también revela una negación constante hacia su padre y hacia muchas cosas que a este le agradaban, catalogándolas de «anticuadas». Una especie de rebeldía que, quizás, marcó gran parte de su trayectoria artística.
Deconstruyendo la Obra de Tàpies: Materiales, Símbolos y Controversias
Al principio de mi carrera, la revista y los dibujos del grupo Dau al Set, del que formaron parte Tàpies y Joan Brossa (un artista que, por cierto, me parece extraordinario), me inspiraron muchísimo. Recuerdo proyectos de juventud como la revista «Activa’t». Pero, viéndolos ahora con distancia, esos dibujos se me quedan «cortos». Quizás, como mencioné, mi fascinación inicial fue inducida.
La Inconsistencia de los Materiales
A diferencia de un artista como Miquel Barceló, quien, como vimos en otro vídeo, cuida meticulosamente la fijación de sus obras, Tàpies se vanagloriaba de no añadir elementos de fijación, le gustaba que sus obras «se cayeran», que fueran «obras vivas». Me pregunto qué diría un cliente al que le informaran que su obra, valorada en miles de euros, se desintegraría en diez años. Es como dar dinero con la condición de que en una década el dinero se disuelva.
Tàpies también incursionó en el collage, pero, desde mi punto de vista, de una forma bastante básica, sin profundidad filosófica. Pegar cuatro periódicos de cualquier manera, sin reflexionar sobre el espacio, no me dice nada. Si lo comparamos con un collage de Picasso, la diferencia es abismal.
Mucho se ha dicho sobre su supuesta influencia Zen, su gusto por la pintura china y japonesa (Sumie). Sin embargo, habiendo estudiado y recibido clases de Sumie, debo decir que lo que hace Tàpies no tiene absolutamente nada que ver. Un profesor de la carrera me lo decía: «Tàpies intentaba hacer lo mismo que los pintores chinos, pero mal.»
El Calcetín Gigante y Otras «Instalaciones»
¿Recordáis la historia del calcetín? Tàpies llegó a pegar calcetines reales en sus obras. Pero lo más sonado fue su propuesta en 1991 para una escultura de 18 metros: un calcetín gigante que se instalaría en el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), y dentro del cual se podría «meditar». Afortunadamente, este proyecto, que distaba mucho de la ambición de un Chillida con su idea de vaciar la montaña de Tindaya (tema para otro vídeo), se redujo. El calcetín, de casi tres metros, se ubicó finalmente en la azotea de la Fundación Tàpies en 2010, pero no fue realizado por él, sino por un taller.
Ese mismo taller fue responsable de esa «cosa horrorosa» que corona el edificio de la Fundación Tàpies: unos alambres enrollados. Estuve allí y, sinceramente, no encuentro una explicación lógica (ni ilógica que me convenza) de que eso sea una obra de arte. Para mí, como gran parte de la obra de Tàpies, es algo aleatorio, sin valor económico real; un juego vacío.
La Sencillez Excesiva de sus Símbolos
Tàpies solía usar letras como la «A» (de Antoni) o la «T» (de Tàpies o Teresa, su mujer), además de sus famosas cruces. Se presentaba esto como algo «moderno», como la «horizontal y la vertical», la cruz de Jesucristo. ¿Pero qué tiene de moderno? Lo horizontal y lo vertical es lo más básico del universo. Desde que nacemos, vemos el horizonte, y nosotros mismos nos erguimos verticalmente por la gravedad. Es tan simple, tan inherente a nuestra existencia, que me pregunto qué valor artístico añadido puede tener.
Analicemos algunas de sus obras:
- «7 de noviembre»: Curiosamente emplazada en el Parlamento de Cataluña. Un siete, el mes de noviembre y una franja roja. Por mucho simbolismo que se le quiera atribuir, la obra habla por sí misma, y a mí se me ocurren fácilmente títulos como «11M», «15M», etc.
- «Paja y madera»: Disponible en la web de la Fundación Tàpies (subvencionada también por el gobierno de España). Una «explicación poética» acompaña una obra que es, literalmente, paja con un tablón de madera en medio, y que el propio Tàpies admite que se desintegrará con el tiempo.
- «Puerta metálica y violín»: Un objeto cotidiano encontrado en la calle (una puerta metálica) al que se le añade un violín. Tàpies se interesaba por objetos sin valor, buscando en ellos un «ritmo» o un «color», una idea de trascendencia. Pero, sinceramente, una X negra en una puerta metálica y un violín pegado abajo… ¿qué es eso?
Y no podemos olvidar las manitas, esas huellas que Tàpies «mancha» y reproduce como algo muy moderno, muy contemporáneo. ¿Acaso no lo hacían ya los hombres de las cavernas?
La Trampa del Estilo y el Mercado del Arte
Existe una anécdota, muy verosímil, sobre Tàpies. Hacia el final de su vida, empezó a ser más figurativo, pintando torsos, manos, pies. Cuentan que un cliente en una galería le preguntó al ver un pie: «¿Y esto qué es?». Tàpies respondió: «Es lo que hago ahora». El cliente, sin embargo, replicó: «No, no, yo no quiero esto. Yo quiero un Tàpies».
Esto demuestra la «trampa del estilo». Tàpies estaba atrapado en su propia jaula; si dejaba de hacer sus crucecitas y rayitas, la gente no lo quería. Un estilo es fácil de conseguir, no es más que la repetición de algo. Si yo pinto ornitorrincos rosas durante cuarenta años, me convertiré en «el pintor de los ornitorrincos rosas», y se dirá que tengo un «estilo inconfundible». Pero el estilo, por sí mismo, no tiene valor.
Aun así, el mercado del arte es un mundo aparte. Muchos de estos pintores, Tàpies incluido, encontraron galeristas en Nueva York que les montaron exposiciones y les dieron éxito. ¿El resultado? Hoy hay cuadros de Tàpies que superan los dos millones de euros. Me pregunto si seguirán valiendo lo mismo cuando, como él mismo preveía, se caigan a pedazos.
He visto vídeos de cómo pintaba Tàpies, utilizando mortero, marmolinas, acrílicos. Aunque decía no usar materiales clásicos, lo vemos pintando sobre lienzos. En mi opinión, he visto desconchones en paredes con muchísima más belleza y expresividad que muchos de sus cuadros. No exagero, no es una broma. Un desconchón es un «objeto encontrado», ¡arte en sí mismo!
Mi Propio Tàpies: Un Acto de Consecuencia
Se podría hablar muchísimo más sobre Antoni Tàpies, pero para cerrar esta reflexión, quiero ser consecuente con lo que he dicho. Si realmente creo que su obra (o al menos mi obra de Tàpies) no tiene valor, ¿qué hago con ella?
¡Atención! Momento decisivo:
Sí, tal como lo hice en el vídeo, he tomado mi propia obra de Tàpies y la he arrojado. Porque, de verdad, considero que tenerla o no tenerla es exactamente lo mismo.
¿Es Difícil Hacer un Tàpies? Mi Intento
Para demostrar lo que pienso, voy a intentar crear un «Tàpies» rápidamente. Utilizaré acrílico barato, un pincel viejo. Dibujaré un pie (debe estar la pintura fresca para que salga bien, como él lo hacía), añadiré una cruz con el mismo pincel, una «T» con lápiz, y quizás algo rojo, como unas galletas. Luego, repasaré el pie con tinta para que se vea bien en el vídeo. Y, por supuesto, la firma de Tàpies, que se puede encontrar fácilmente en internet.
¡Ahí lo tenéis! Un Tàpies «perfecto», hecho por un aficionado, un amateur. Esto refuerza mi idea sobre el valor intrínseco de un estilo basado en la repetición.
Conclusión y Reflexión
Esta reflexión sobre Antoni Tàpies es compleja y, quizás, polémica. Pero mi intención es invitaros a pensar críticamente sobre el arte, sobre cómo se forma nuestro gusto y sobre las dinámicas del mercado.
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Os espero el próximo jueves con más arte y más reflexiones. ¡Hasta pronto!








