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La Polémica de la Palmera en la Bienal de Santo Domingo: ¿Arte o Duchampitis?
Soy Antonio García Villarán y hoy vamos a desmembrar una polémica que ha incendiado las redes: el premio otorgado a una simple palmera en la Bienal de Santo Domingo. Analizaremos los argumentos a favor, los argumentos en contra, mi propia opinión, y te presentaré incluso un «medicamento» para una peculiar «enfermedad» del arte contemporáneo.
Puedes ver el video completo aquí para acompañar la lectura.
Contexto de la Polémica: La Palmera en la Bienal de Santo Domingo
El punto central de esta controversia es el reconocimiento a una palmera, aparentemente comprada en un vivero, en la Bienal de Santo Domingo. La obra, del artista Karma Davis Pérez, lleva el poético título: «Lo que no se saca de raíz vuelve a crecer».
Tras el fallo del premio, las opiniones se dividieron. Mientras algunos celebraron la pieza como algo «contemporáneo» y «guay», otros, como el CODAP (Colectivo Dominicano de Artistas Plásticos), levantaron la voz para denunciar irregularidades. Y sinceramente, sus argumentos tienen peso.
Argumentos en Contra: Violación del Reglamento y Otras Irregularidades
El CODAP no entró en el debate de si la palmera es arte o no. Su crítica se centró en un aspecto mucho más fundamental: la obra, según ellos, viola el reglamento del certamen, es decir, no cumple con los requisitos técnicos establecidos en las bases.
Específicamente, el Artículo 8 del reglamento prohíbe premiar obras que sean perecederas. Literalmente, el párrafo uno dice:
Toda propuesta cuya instalación museográfica se componga de materiales perecederos y/o pueda comprometer o afectar la estructura física y arquitectónica del MAM u otro espacio museográfico seleccionado para su exhibición será desestimada de manera categórica.
Una palmera, al ser un ser vivo, es intrínsecamente perecedera. Crece, se marchita, cambia. Además, si crece demasiado, podría incluso exceder las dimensiones máximas permitidas para obras tridimensionales (3x3x3 metros y 400 libras de peso). Es evidente que esta obra no fue «desestimada de manera categórica».
Pero las irregularidades no terminan ahí. Según una publicación en el Diario Libre, un artista y profesor de escultura afirmó que la obra fue presentada fuera del plazo reglamentario, incumpliendo así una segunda norma fundamental. Esto nos lleva a una pregunta obvia: ¿para qué existen las bases de un concurso si no van a cumplirse?
Posibles Escenarios Detrás del Premio
Ante estas evidentes transgresiones, uno se pregunta qué pudo haber pasado. Hay varias hipótesis:
- El artista decidió presentar una obra conceptual, quizás sin leer las bases, esperando «que sonara la flauta».
- El artista, por alguna razón, no leyó las bases del concurso.
- Podría haber una relación de amistad entre el artista y el jurado, lo que derivaría en un premio «a dedo» a cambio de algún favor.
- El propio jurado no leyó las bases o, increíblemente, no las comprendió.
- Y la que yo creo más probable: el artista se equivocó de concurso, pensando que era uno de jardinería, y le salió el tiro por la culata… o, en este caso, le salió premiado.
Continuemos el análisis mientras acompañas con el video.
Argumentos a Favor: La Palmera como Escultura Social
En defensa de la obra, se argumenta que es una «escultura social». El artista, a través del título «Lo que no se saca de raíz vuelve a crecer» y un breve escrito, asocia la palmera con la época del dictador Trujillo en República Dominicana. Se dice que la palmera era un símbolo de opresión en aquel entonces, incluso acuñada en monedas, y que la obra es un mensaje sobre la memoria, la injusticia y el autoritarismo.
Sin embargo, esto me parece un poco traído por los pelos. La palmera es un símbolo universal con múltiples significados. Por ejemplo:
- En el cristianismo, simboliza la victoria y la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén.
- En la cultura egipcia, se asocia a Isis y Osiris, representando la inmortalidad y el paraíso.
- También es un símbolo de resiliencia, por su capacidad de soportar tormentas y recuperarse.
Entonces, ¿qué simboliza realmente esta palmera? ¿Lo que el artista nos dice que simboliza o cualquier otra cosa que nuestra imaginación le atribuya? Sin el título, una palmera es solo una palmera. Si le pusiéramos «Jesús victorioso», el significado cambiaría por completo, aunque la obra física fuera la misma. Si la obra de arte es solo el título, entonces estamos ante algo muy distinto.
Cuando miro la palmera en cuestión, y sin querer ser simplista, no veo memoria, ni injusticia, ni autoritarismo. Simplemente veo una palmera. Me recuerda a aquel reel de un curador de museo que decía: «Esto que ves aquí no es un palé… es un palé». Y no, no lo es; es un palé. La palmera, en su esencia, es una palmera.
Una Crítica Constructiva y el Rol del Jurado
Quiero hacer una crítica constructiva, tanto al artista como a los miembros del jurado, que, por cierto, eran Raúl Morilla (presidente), Lilian Carrasco e Iromi Shiva. Si se busca que una palmera simbolice la época de Trujillo, se necesitarían más elementos visuales para vincularla. Quizás un bigotito a la maceta, por ejemplo, o algún otro detalle que evoque claramente esa conexión. O, más importante aún, haber cumplido con las bases del concurso y haberla creado con materiales no perecederos. ¡Hay tantos materiales disponibles: cerámica, plástico, mármol! Es mucho más fácil ir al vivero, comprarla y presentarla, claro.
Si la intención era ser aún más conceptual, se podría haber investigado, por ejemplo, el número de hojas de la palmera, vinculándolo a un evento histórico específico, como el genocidio de 1937. Pero quizás eso sea pedir demasiado a cierto tipo de «artista conceptual».
Propongo un ejercicio: imagina la palmera en otro lugar de la exposición, por ejemplo, donde hay una figura femenina. Y viceversa. ¿Seguiría siendo una «escultura» en el mismo sentido, o simplemente una palmera en un patio y una escultura de fondo?
Hablemos de dinero: por esta «maravillosa obra», el artista recibió 300.000 pesos dominicanos, equivalentes a unos 3.800 €. Comparado con los 5-7 € que cuesta una palmera en un vivero, parece que la jugada salió muy bien.
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Duchampitis: La Enfermedad Intelectual del Arte Contemporáneo
Ante todo esto, he identificado una «enfermedad» que se propaga rápidamente: la Duchampitis. Es una dolencia intelectual que afecta a artistas sin talento, curadores sin criterio y a ciertos círculos artísticos. Es un virus común en universidades, inauguraciones, bienales y ferias de arte. Su nombre, por supuesto, es un homenaje a Marcel Duchamp y al movimiento Dadá. Puedes encontrar muchos de mis videos donde explico este tema a fondo en mi canal.
Síntomas de la Duchampitis:
- El engolamiento al hablar y la cita fácil: Usar teóricos de forma aleatoria para justificar cualquier cosa (Danto, Burke, Heidegger, etc.), a menudo cayendo en falacias.
- La falta de oficio: Para ellos, todo es arte, sin necesidad de técnica o habilidad.
- El discurso teórico anestésico: Un lenguaje complejo que busca aturdir al espectador, haciéndole sentir que el arte es inaccesible si no se comprende el «discurso».
- El rechazo del gusto estético popular: Una falsa superioridad moral que desprecia la opinión del público general, tildándolos de «catetos» o «cutres» por no «entender» su arte.
- El mimetismo institucional: Si algo está en un museo o galería, automáticamente es arte, sin importar lo que sea (una piedra, un boli, una manta…).
Etapas de la Enfermedad:
- La iluminación duchampiana: El paciente descubre a Duchamp y cree que «todo vale», que cualquier objeto señalado con el dedo es arte.
- El contagio institucional: La persona participa en exposiciones, obtiene becas y su trabajo es validado por otros «enfermos» de Duchampitis, convenciéndole de que posee la «verdad artística».
- Disonancia estética o aturdimiento: Al presentar sus obras al gran público, no conmueve a nadie, pero el artista lo atribuye a que «su arte no es para todos».
- Estancamiento creativo: El artista se limita a señalar objetos y declararlos arte, sin una verdadera evolución o creatividad.
La Cura: Lampartina y el Criterio Artístico
¡Pero hay esperanza! Existe una cura: la Lampartina. Son pastillas de placebo que deben tomarse cada 8 horas, acompañadas de una buena dosis de lectura sobre:
- Historia del arte
- Crítica del arte
- Cultura general
- Teoría estética
- Técnicas artísticas
Con este tratamiento, entenderás de dónde viene la enfermedad, quién fue realmente Duchamp, cuál era su contexto histórico y por qué, si hoy reproduces sus gestos, no eres más que «un vago con pretensiones». La Lampartina te ayudará a darte cuenta de que el criterio de dos, tres o cuatro personas, por muy «expertas» que se las considere, no es la verdad absoluta y que ellos también pueden estar equivocados o, de hecho, sufrir de Duchampitis.
El tratamiento puede ser caro y durar años, pero funciona. Yo mismo estuve «infectado» de Duchampitis cuando estudié Bellas Artes, pero he visto la luz.
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Reflexión Final y Llamada a la Acción
Mi intención con este análisis no es solo criticar, sino fomentar el criterio propio. Te animo a que visites las redes sociales del artista Karma Davis Pérez y veas su obra. Si él la ha expuesto al público, está abriendo la puerta a la crítica, tanto positiva como negativa. Y de todo se aprende, siempre.
Si quieres profundizar más en este tema, te recomiendo ver el vídeo de mi amiga Abelina López, titulado «Palmera y dictadura. Analicemos«, donde podrás conocer su opinión.
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