Retratos Reales de Carlos III y Camila: ¿Arte o Real Desastre? Un Análisis Crítico
¡Hola! Soy Antonio García Villarán, y hoy vamos a sumergirnos en el reciente revuelo artístico que rodea a la monarquía británica. Se acaban de presentar los retratos oficiales del Rey Carlos III y la Reina Camila, y la pregunta que resuena en el mundo del arte y las redes es inevitable: ¿estamos ante una obra de arte real o un auténtico desastre?
Estos retratos conmemoran el segundo aniversario de la coronación de Carlos III y Camila Parker Bowles. Actualmente, puedes verlos expuestos en la prestigiosa National Gallery, pero su destino final es la colección real del Palacio de Buckingham.
Desde el primer vistazo, lo que salta a la vista es su marcada diferencia: uno recargado, el otro minimalista. Esta dualidad se debe a que fueron encargados a dos artistas distintos, rompiendo con la unidad que uno esperaría de un encargo real tan significativo. ¿El resultado? Dos obras que, a mi juicio, no encajan ni con cola. Pero no te quedes solo con mi opinión, ¡vamos a desgranarlos uno por uno!
El Retrato de Carlos III: Entre lo Clásico y la Contradicción
Empecemos por el retrato del Rey Carlos III, obra del pintor Peter Campfield (o Peter Campford, ¡el inglés no es mi fuerte!). La elección de Campfield no es casual; ya había trabajado para el Rey en varias ocasiones, retratando a sus hijos cuando eran pequeños e incluso siendo el pintor oficial de sus giras, lo que nos recuerda que la figura del «pintor del rey» sigue vigente hoy día.
Si te preguntas cuánto cuesta un retrato de este calibre, la Royal Society of Portrait Painters, una web muy útil, detalla los precios del artista. Por ejemplo, un retrato pequeño de 20×16 pulgadas (aproximadamente 50×40 cm) ronda las 17.000 libras (unos 20.000 €). Si buscas algo más grande, de 50×40 pulgadas, el precio sube a 33.000 libras. Y si te conformas con un «dibujito» de 16×20 pulgadas, te costará unas 8.300 libras (unos 10.000 €). Una transparencia que, como amante del arte, valoro enormemente.
Peter Campfield: Un Clásico sin Profundidad
Como pintor, Campfield es un artista clásico que domina paisajes, figuras humanas, desnudos y, por supuesto, retratos. Pinta bien, es evidente. Sin embargo, para mí, su obra carece de una profundidad o una doble lectura que invite a la reflexión. Es una representación fiel de lo que ve, pero no aporta mucho más allá de eso. Es un buen pintor de oficio, pero no uno que me «mate» o del que desearía una obra.
La Reacción de las Redes: Un Rey que se Mimetiza
Internet, por supuesto, no ha tardado en darle caña al retrato del Rey. Las críticas más recurrentes apuntan a que el rey parece borroso, se mimetiza con el fondo y que el rostro, lo más importante en un retrato, queda relegado a un segundo plano. ¿Están en lo cierto? En parte, sí.
Análisis Compositorio: Detalles Interesantes, Rostro Desatendido
A nivel de composición, el retrato de Carlos III es clásico y sencillo, aunque lleno de elementos. El fondo, con sus ventanas, genera una luz fuerte que crea un contraste interesante y una composición geométrica en el suelo. Sin embargo, el tratamiento del rostro es el gran talón de Aquiles.
- Mimetización del Rostro: El rostro se pierde entre el fondo y los elementos circundantes. Es un retrato de la luz que entra por la ventana más que del propio Carlos III.
- Falta de Volumen: La cara parece prácticamente plana, sin la profundidad que cabría esperar.
- Proporciones: Una observación personal: la cabeza del Rey parece desproporcionadamente grande, casi como una caricatura.
- Simbolismo Perdido: El Rey aparece como una parte más del mobiliario. Su capa real, uniforme y medallas lo rodean de tantos elementos que su figura se diluye. ¿Serviría igual la obra sin él?
- El Rojo Dominante: Si entornas los ojos, todo el retrato se tiñe de rojo. Esto recuerda, en cierto modo, al retrato que le hizo Jonathan Yeo (del cual ya hice un vídeo con mi crítica constructiva), aunque personalmente, el de Yeo me gusta más.
Algunas noticias sugieren que el pintor tardó 18 meses en completar la obra, pero que el Rey solo posó en cinco sesiones. Como pintor, me cuesta creer que un profesional de oficio tarde tanto tiempo con tan pocas sesiones. Es más probable que los 18 meses se refieran al período desde el encargo hasta la finalización, no al tiempo de trabajo efectivo.
Aquí puedes ver el análisis de este retrato en el video:
El Retrato de Camila: Elegancia Sencilla y Empoderamiento
En un contraste absoluto, el retrato de la Reina Camila, obra de Paul Benny, es mucho más definido y con un rostro mejor tratado. Debo admitir que Benny ha logrado capturar una versión más bella de Camila, a diferencia de Campfield con Carlos III. ¿Quizás ella le pidió un «filtro de Instagram» para el cuadro? Nunca lo sabremos, porque lo que pasa en el jardín de Clarence House se queda en el jardín de Clarence House.
Paul Benny instaló su estudio en el salón del jardín de Clarence House durante un año. La Reina posó para él en seis ocasiones, conversaron mucho y Benny describe las sesiones como «geniales», llenas de risas y de una Camila «rápida y divertida».
Paul Benny: Más Allá del Retrato Clásico
Paul Benny es fiel a su estilo: el retrato es lo más importante, y el rostro debe ser el protagonista. Por eso, opta por fondos planos, un recurso clásico pero efectivo. Sin embargo, lo que realmente me atrae de este artista es que no es un pintor al uso; sus obras al óleo pueden ser conceptuales (me encanta la de las manos con fuego), y también se aventura en la música y el videoarte. Tiene más inquietudes artísticas, lo que lo hace, a mi juicio, un pintor más interesante que Campfield.
Camila, en mi opinión, ha demostrado tener mejor gusto en su elección de artista que su marido. Benny ha retratado a otras celebridades como Mick Jagger, Nelson Mandela y la Reina Isabel II, manteniendo siempre su distintivo estilo.
Simbolismo y Actitud: Una Reina Empoderada
Los símbolos en el retrato de Camila, aunque menos numerosos, son más potentes:
- Corona de la Reina María: Ahora, la corona de la Reina María (presumiblemente, de la Reina Camila) descansa a su lado.
- Vestido de Bruce Oldfield: Viste un inmaculado vestido blanco de Bruce Oldfield, con bordados dorados y plateados. Un detalle significativo es una corona bordada a sus pies, un potente símbolo de «la corona está a mis pies».
- Colores Suaves: Los tonos blanco y verde del retrato son amables, evocan la naturaleza, en contraste con el rojo más «violento» del retrato de Carlos III.
A pesar de la ausencia de la pompa y el boato del fondo del retrato de Carlos III, la actitud y la mirada de Camila transmiten un mayor empoderamiento. Él parece un poco intimidado, mientras ella irradia una confianza serena, como diciendo «esto siempre fue lo mío». Incluso, para mí, tiene un aire de «bruja buena» de Disney, con esa fuerza contenida y enigmática.
Puedes ver mi análisis detallado del retrato de Camila en este segmento del video:
Conclusión: Dos Retratos, Ninguna Unidad
Ambas composiciones, tanto la de Carlos III como la de Camila, utilizan una estructura triangular clásica, un recurso que siempre funciona en retratos de cuerpo entero donde la cabeza es el vértice de la pirámide.
Finalmente, estos cuadros se unirán a la colección real en la Sala del Trono del Palacio de Buckingham. Y mi conclusión es clara: el retrato de Carlos III, con su pretensión de complejidad, creo que yerra el tiro. El de Camila, aparentemente más simple, funciona mucho mejor.
Juntos, estos dos retratos simplemente no pegan ni con cola. Deberían haber optado por un solo pintor para mantener la unidad y la coherencia en una representación tan importante del Rey y la Reina. Aunque, por otro lado, ¿qué quieres que te diga? También tiene su punto de rebeldía, ¿no? ¡A mí me parece guay!
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