Las Tres Fases de la «Enfermedad» del Arte Contemporáneo: Un Análisis Crítico de la Duchampitis
El arte contemporáneo, especialmente tras la irrupción de Marcel Duchamp, ha generado un sinfín de debates, fascinaciones y, para algunos, una peculiar «enfermedad» que afecta a artistas y críticos por igual. Desde la perspectiva aguda de Antonio García Villarán, exploramos las tres etapas clave de este fenómeno, que él denomina, con un toque de ironía, «Duchampitis».
¿Estás preparado para entender cómo se desarrolla esta particular condición en el mundo del arte?
A continuación, desglosamos cada una de estas fases que marcan la evolución de esta «enfermedad» en el panorama artístico actual:
Fase 1: La Iluminación Duchampiana
La primera etapa se inicia con una especie de epifanía: la Iluminación Duchampiana. Sucede cuando el «paciente», generalmente un artista o un aspirante a serlo, descubre la obra y el pensamiento de Marcel Duchamp. De repente, surge una revelación que puede ser liberadora o, a la larga, limitante: «¡Vaya! Por esto me tomarán por genio».
Se instala la idea de que «todo vale» en el arte. El objet trouvé, el objeto encontrado, la simple acción de señalar algo o declararlo como artístico, se convierte en el pilar fundamental. «Esto es arte», se afirma con rotundidad. Esta fase, aunque pueda parecer una apertura de miras, es señalada como la más problemática, ya que sienta las bases para futuras distorsiones del concepto artístico.
Fase 2: El Contagio Institucional
Una vez superada la «iluminación», el individuo avanza hacia la segunda etapa: el Contagio Institucional. En esta fase, el artista comienza a integrarse en el sistema. Participa en exposiciones, consigue becas y, lo más importante, obtiene validación por parte de un círculo de gente que, a su vez, también «padece» la ‘Duchampitis’.
Este reconocimiento institucional alimenta la creencia de que el artista posee la «verdad artística». Convencido de esta posesión, el individuo empieza a creer firmemente que cualquier cosa que haga, produzca o simplemente señale, es, por su mera acción, arte. La autoconvicción se solidifica, y el criterio externo, o incluso el autocrítico, se difumina.
Fase 3: Disonancia Estética o Aturdimiento
La tercera y última fase, que podríamos denominar Disonancia Estética o Aturdimiento, emerge cuando el artista, ya consolidado en su convicción, decide presentar su obra al gran público, fuera de los círculos especializados. La reacción común suele ser de desconcierto: «¿Pero esto qué es?».
Ante la falta de conexión y el aparente rechazo de una audiencia más amplia, el artista se desconcierta al ver que su creación no «le gusta a nadie» o no genera el impacto esperado. Sin embargo, esta disonancia es rápidamente justificada con un argumento recurrente: «Mi arte no es para todos». Esta frase, más que una afirmación de exclusividad, a menudo encubre una incapacidad para entender o aceptar la desconexión con el público general, cerrando el ciclo de la «enfermedad» con una reafirmación de su propia burbuja artística.
Este análisis nos invita a reflexionar sobre los caminos que ha tomado el arte contemporáneo y cómo ciertas ideas, inicialmente revolucionarias, pueden derivar en dogmas que, lejos de enriquecer, encierran el verdadero espíritu crítico y la conexión con el espectador.
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