Caspar David Friedrich: El Genio Romántico Detrás de los Paisajes Emocionales
Seguramente reconocerás esta imagen de un hombre al borde del abismo, pero quizás no sepas que su autor fue Caspar David Friedrich. Hoy, en Antonio García Villarán, te invito a adentrarte en la vida y obra de uno de mis pintores románticos favoritos, junto a Turner: el fascinante Friedrich.
Hace unos años, durante un viaje a Hamburgo, tuve la oportunidad de encontrarme con sus obras en el museo Kunsthalle. Como buen pintor alemán, Friedrich tenía una presencia imponente en su tierra natal, y me quedé totalmente cautivado por su arte.
Uno de los descubrimientos más sorprendentes que hice al ver en vivo El Caminante sobre el mar de niebla fue el color de su abrigo. Contrario a lo que se suele pensar, no es negro. ¡Es un verde esmeralda que incluso parecía terciopelo! Un detalle que, sin duda, añade aún más romanticismo a la escena: un hombre de espaldas, contemplando el abismo desde una roca, sin un horizonte claro, todo envuelto en neblina. Una poderosa metáfora sobre el horizonte incierto del ser humano.
Pero, ¿por qué pintaba así Caspar David Friedrich? Su vida, además de fascinante, fue super trágica, como veremos.
El Contexto de su Obra: De la Industrialización a la Espiritualidad
Lo primero que influyó en su estilo fue la época en que le tocó vivir, entre finales del siglo XVIII y principios del XIX. Era una sociedad inmersa en una profunda decepción. La industrialización avanzaba a pasos agigantados, las máquinas se erigían como el poder dominante y la gente migraba del campo a la ciudad. En este contexto, los artistas, con su sensibilidad particular, sintieron que se estaba perdiendo toda la espiritualidad. El ser humano, de repente, parecía no importar. Por eso, Friedrich y otros pintores de su tiempo, solían retratar a las figuras humanas pequeñas frente a la inmensidad de la naturaleza.
Una Vida de Traumas y Olvido
Como ya he mencionado, la vida de Friedrich fue tan trágica que, a pesar de haber gozado de cierto éxito en su juventud, murió en el absoluto olvido. Su obra, poco a poco, fue pasando de moda y su personalidad, algo «rarita» según la época, no ayudó.
La muerte lo visitó desde muy temprano. Fue el sexto de nueve hermanos. Cuando tenía tan solo siete años, su madre falleció. Un año después, su hermana Elizabeth murió de viruela. Y la tragedia no paró ahí: otra de sus hermanas, María, murió de tifus.
Pero el suceso que realmente lo marcó y lo atormentó durante toda su vida fue la muerte de su hermano Johan Christopher en 1787. Imagínate la escena: Friedrich, un niño de siete años, jugando en el hielo. El hielo se hunde, y él empieza a ahogarse. Su hermano, de trece años, corre a salvarlo. Lo logró, sí, pero fue él quien murió. Este hecho hizo que Friedrich nunca se lo perdonara, atormentado por la culpa. Veía la vida como algo profundamente trágico y épico, lo que moldeó su personalidad y su arte.
«El Mar de Hielo»: Un Retrato del Alma Rota
Fíjate en esta obra, una de mis favoritas: El Mar de Hielo, también conocido como El Naufragio de la Esperanza, de 1823-1824. Es un cuadro que, a pesar de su magnitud y maestría, Friedrich nunca llegó a vender en vida. Por aquella época, los artistas románticos ya habían dejado atrás el Renacimiento y sus encargos; ahora pintaban lo que les daba la gana, con la esperanza de que alguien lo comprara. Nadie quiso este pedazo de cuadro.
En él, se ven placas de hielo rotas, pintadas con una habilidad brutal. Pero no es solo la belleza del hielo. En la mitad derecha, hay un barco naufragado. Es como un retrato del alma del artista. Conociendo el trauma que tuvo con el hielo, ¿acaso ese barco no podría ser su hermano? El simbolismo en las obras me encanta, pero también hay que saber pintar bien.
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El Redescubrimiento de un Ícono: De lo Olvidado a los Memes
Aunque Friedrich fue olvidado tras su muerte, a principios del siglo XX, los artistas cambiaron de sensibilidad y comenzaron a reivindicarlo. Surrealistas e impresionistas, entre otros, exclamaron: «¡Cuidado, que Friedrich mola!». Volvieron a mirar obras como El Caminante ante un mar de niebla y vieron en ella una ensoñación, la desesperación del ser humano. Además, su composición triangular, tan utilizada por él, es profundamente espiritual. El personaje, de espaldas, podría ser cualquiera de nosotros: puedes ser tú o puedo ser yo.
Pero la vigencia de Friedrich llega hasta el siglo XXI. ¿Sabes por qué? Porque su cuadro se ha prestado a innumerables memes. Y todo el mundo sabe que, cuando te hacen un meme, ¡ya eres famoso! Así, Friedrich sigue efervescente.
Inmersión en sus Obras: Desesperación y Espiritualidad
Para entender aún mejor a Caspar David Friedrich, vamos a meternos en algunas de sus obras. Tomemos, por ejemplo, este Paisaje de invierno. A primera vista, podrías pensar que es una postal navideña, con sus abetos al fondo y una especie de catedral o castillo entre brumas. Pero al fijarte bien, te das cuenta de varias cosas:
Primero, los abetos son árboles de hoja perenne, lo que significa que sus hojas no caen en ninguna estación. Entre ellos, hay una cruz con Jesucristo. Y debajo, si miras de cerca, hay un hombre tumbado en la nieve. ¿Cómo llegó allí? Parece enfermo, ha tirado sus muletas y está rezando, como pidiendo sanación o la muerte. Porque, si nadie lo ayuda, ese hombre se congelará.
Es una obra que muestra la desesperación humana, donde no sabes si estás frente a un idílico villancico navideño o la imagen de una película de terror. Todo muy trágico, muy «intensito», porque Friedrich era así: se atormentaba mucho por dentro y por fuera. De hecho, tuvo un intento de «irse de esta vida mortal» entre 1801 y 1802. Y es que un pintor romántico que se precie, al menos una vez, ha intentado quitarse la vida.
Durante toda su vida sufrió profundas depresiones, siempre atormentado. La gente no lo aguantaba. No quería saber nada de nadie. Realizaba paseos nocturnos solitarios, como si este mundo no lo entendiera. Algunos críticos de la época decían que no pintaba retratos porque no sabía, que solo se le daban bien los paisajes. Pero, ¿alguien que pinta paisajes de esta manera no sería capaz de pintar retratos maravillosos si quisiera? Quizás, simplemente, no le interesaba.
El Retrato del Romántico y su Taller
Este retrato, el más conocido de Friedrich, donde se le ve con el ceño fruncido y una expresión severa, fue pintado por Gerard von Kügelgen. Aquí vemos la imagen típica de un pintor romántico: abrigo, pelo un poco despeinado, patillas grandes, mirada excéntrica y piel muy blanca.
Para entender mejor cómo trabajaba, podemos ver este otro cuadro, no pintado por él sino por su amigo Georg Friedrich Kersting: Caspar David Friedrich en su Estudio. Aquí está nuestro Gaspar, con un tiento (ese palo largo para apoyar el pincel), pintando en su estudio con luz natural, la que entraba por la ventana. Él, a diferencia de los impresionistas, era un pintor de estudio, de buhardilla, un pintor romántico «antiguo» y «guay» para su época.
En su estudio, inmerso en un ambiente espiritual, pintó obras como El Cristo del retablo de Teschen (también conocido como La Cruz en la Montaña). Aunque no sea religiosa, se apreciar la profunda espiritualidad que emana. Fíjate en el Cristo en una cruz de al menos cuatro metros, estilizado como las figuras del Greco, en una montaña con la habitual composición triangular que dirige la vista hacia el cielo. Rodeado de abetos (hoja perenne, recordemos), y tres luces del cielo. ¿Padre, Hijo y Espíritu Santo? Podría ser.
Si tienes un día «tonto» y te pones a mirar las obras de Friedrich, es posible que te dé un poquito de depresión. Tanta niebla, cielos nocturnos, amaneceres trágicos, árboles muertos o ruinas góticas, con ese silencio espectacular que parece que puedes pasear por ellas, pero sabes que un fantasma o un dios aparecerá en cualquier momento. Él pintaba, sobre todo, paisajes emocionales.
Formación Académica y Últimos Días
No creas que Friedrich fue un autodidacta; los autodidactas no existen. Se formó muy bien, dedicándose intensamente al dibujo. A los dieciséis años, se apuntó a las clases de Johan Gottfried Quistorp, profesor de dibujo en la Universidad de Greifswald. Después, de 1794 a 1798, estudió en la Real Academia de Bellas Artes de Dinamarca, una de las más modernas de su tiempo (aunque, si viviese hoy, seguro que hubiese hecho mis cursos en Crea13).
Como todo artista «intensito», sus amigos eran poetas, filósofos, literatos y otros pintores románticos.
A pesar de todo lo que hemos contado, tuvo éxito como pintor. Llegó incluso a ser profesor de la Academia de Dresde, la ciudad donde vivió toda su vida hasta su muerte.
Hablar de Friedrich es algo muy complejo. Su vida estuvo marcada por tragedias y profundas depresiones. A los 44 años, se casó con una joven de 25, tuvo dos hijas y un hijo. También tuvo que afrontar hechos muy duros, como el asesinato de un amigo suyo mientras paseaba con él. Sufría ataques de melancolía y paranoia, no le gustaba la gente, y no sabía comportarse en público. En 1835, sufrió un ataque de apoplejía que lo dejó inhabilitado, apenas pudiendo pintar durante los cinco años previos a su fallecimiento.
La vida de Friedrich fue, sin duda, muy compleja. Nos dejó cuadros espectaculares que, si lo deseáis, podría seguir explorando en un futuro vídeo. Si te ha gustado este contenido, te animo a reventar el botón de «Me gusta», suscribirte a mi canal Antonio García Villarán en YouTube, y apoyarme para que siga creando este tipo de análisis. Déjame un comentario si quieres una segunda parte. ¡Gracias por verme y nos vemos muy pronto!








