¡Bienvenidos, queridos amantes de la palabra y exploradores de lo insólito! Hoy, más que nunca, nos reunimos para celebrar la esencia de un universo poético «extraño y verde, híbrido y fantástico». Un brindis por la poesía del extrarradio, la que nace en los márgenes y se alza con voz propia.
En mi copa, y con el espíritu de todos los presentes, levanto un brindis por el verano que se asoma y por todo lo que está por venir. Hermanos poetas, editores que desafían la ruina, rapsodas del sentimiento y lanceros de la palabra que saben que la recompensa no siempre es tangible, prisioneros de una belleza que se esconde entre las ruinas: brindemos.
Nos encontramos en una isla imaginaria, rodeados de vino y libros, un refugio mucho más deseable que cualquier asedio de escalofríos. Es en este ambiente donde celebramos lo auténtico y lo humano, lo que nos hace vibrar y nos conecta.
La belleza de lo imperfecto y lo inusual
Brindo por la osadía. Por aquel que, con la esperanza a flor de piel, envía su novela a una editorial de poesía y se permite la frustración cuando no recibe respuesta. Es un acto de fe en el propio arte que merece ser celebrado.
Y sí, brindo por las faltas de ortografía, por las erratas escurridizas, por ese «digo» que a veces se escapa sin el «Diego» esperado. En definitiva, brindo por todo lo que nos recuerda nuestra imperfección. Porque, ¿no estamos ya saturados de tanta belleza idealizada, tanta matemática precisa, tanto modelo inalcanzable?
Esta es la esencia de la vida, y también de la poesía. Por eso, mi copa se alza también por la señora que, con un corazón sincero, teje sus sentimientos en un blog poético utilizando corazones, claves de sol y delfines. Su expresión es tan válida y conmovedora como cualquier otra, un reflejo de que la poesía tiene mil caras y no se encierra en moldes.
Un homenaje a los custodios de la palabra: los libreros
No podría faltar un brindis por esos seres extraordinarios: los libreros. Son auténticos locos, «extraterrestres», «millonarios virtuales», «Reyes Magos», «procuradores» que quizás no son plenamente conscientes del inmenso regalo que nos hacen. Con cada libro que rescatan de los almacenes centrales y ponen en nuestras manos, nos entregan un tesoro, una nueva aventura, un pedazo de un mundo diferente.
Su labor es fundamental para que la poesía y la literatura sigan vivas, accesibles, y continúen inspirando. ¡Larga vida a los libreros!
La musa, la lucha y la esperanza futura
Esta noche, levanto mi copa por la musa que, a veces, nos deja «a dos velas», vacíos de inspiración. Brindo por las historias y las palabras que nos faltan para esa «penúltima» obra que siempre parece escapar. Y brindo por la lluvia que nos sorprende en el desierto, un símbolo de la inesperada gracia que, a pesar de las dificultades, siempre acaba llegando.
Finalmente, un brindis muy especial por José Manuel Alfaro, ese «caballero suicida» que con su pasión organiza encuentros poéticos llenos de amigos que se sienten como familia. Por el inconfundible sabor del fresón de Huelva, por el «lobito» que nos acompaña en nuestras lecturas, y por el deseo de que vendas mil y un libros, y que todos ellos sean de poesía. Que haya un quinto encuentro y que, cada día, seamos más «verdes» y más «burros» en nuestra entrega a la belleza de las palabras.
¡Larga vida al poeta, a la poesía y a todos los que la hacen posible!
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