Carry y la Tempestad Digital: Críticas, Plagio y la Toxicidad en el Arte Contemporáneo
El mundo del arte contemporáneo, vibrante y en constante evolución, se ve cada vez más influenciado y agitado por el ecosistema de las redes sociales. Las plataformas digitales, si bien ofrecen un espacio para la visibilidad y el diálogo, también se convierten en un campo de batalla donde la crítica, las acusaciones y, en ocasiones, la toxicidad personal pueden escalar rápidamente. Un reciente ejemplo de esta dinámica se ha centrado en la artista Carry, cuyas declaraciones y las respuestas que ha generado en línea, han desatado un debate complejo.
«Ni me interesa hablar»: La Paradójica Reticencia de Carry sobre su Práctica Artística
La controversia inicia con una declaración de Carry sobre su propia obra y el arte contemporáneo: «Sobre arte contemporáneo y mi práctica, ni me interesa hablar». Una afirmación que, como bien señala Antonio García Villarán en su análisis, resulta paradójica. Si bien un artista puede elegir el grado de diálogo que desea establecer sobre su trabajo, la naturaleza misma de la expresión artística en la esfera pública a menudo invita a la conversación. El hecho de que se esté hablando intensamente sobre ella y su obra sugiere que, de un modo u otro, el interés por su práctica es innegable.
La Ola de Críticas: Entre el Plagio y el Ataque Personal
La reacción en redes sociales no se hizo esperar, y la artista se convirtió en el centro de una avalancha de comentarios. Las críticas se dividieron en dos vertientes principales:
- Acusaciones de Plagio: Un sector de los usuarios la señalaba por supuestamente haber copiado o plagiado elementos en su obra.
- Ataques Personales: Lamentablemente, otra parte de la crítica trascendió el ámbito artístico para adentrarse en ataques directos a su género y aspecto físico.
Sobre este segundo punto, la postura es inequívoca: estos ataques personales son absolutamente reprobables. «Yo lo condeno. Eso está fatal. Eso me parece que es supertóxico, no debería ocurrir», enfatiza García Villarán. La crítica artística, por muy acerba que sea, jamás debe cruzar la línea del respeto personal ni descender a la agresión basada en características físicas o de identidad.
A continuación, puede ver el fragmento del video donde se aborda este tema:
La Respuesta de Carry: ¿Echando Leña al Fuego?
Sin embargo, el análisis de la situación no puede detenerse únicamente en la condena a los ataques externos. La respuesta de la propia Carry a sus críticos también ha sido objeto de escrutinio. La artista se refirió a quienes la doxeaban con un lenguaje despectivo: «los vírgenes que me doxean no pinchan ni cortan en mi carrera de artista visual».
Este tipo de réplica, si bien podría entenderse como una reacción a la agresión recibida, también contribuye a la escalada de la hostilidad. «Carry hace lo mismo», apunta García Villarán en su canal de YouTube. «Está llamando vírgenes que me doxean a la gente que le ha puesto esos comentarios. Yo creo que ella ha echado mucha leña al fuego y luego se ha recreado en eso mismo.»
La discusión pone de manifiesto una preocupante realidad: la facilidad con la que la crítica, incluso la legítima, puede degenerar en un ciclo de toxicidad mutua en el entorno digital. Mientras que los ataques personales son indefendibles, la respuesta de un artista ante la crítica (sea justa o injusta) tiene el potencial de mitigar o exacerbar el conflicto. En el arte contemporáneo, donde la provocación y el debate son a menudo inherentes a la obra, encontrar el equilibrio entre la firmeza y la contención en el espacio digital es un desafío constante para todos los involucrados.








