Chillida y Oteiza: La Sombra del Plagio y el Misterio del Reconocimiento Artístico
Soy Antonio García Villarán, y en este artículo te desvelaré una faceta poco conocida de la historia del arte vasco: los supuestos plagios de Chillida a Oteiza. Mientras que Eduardo Chillida es un nombre familiar para la mayoría, Jorge Oteiza, un escultor vasco de inmenso valor, permanece quizás más en la sombra. Es hora de cambiar eso.
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Un Enigma Artístico por Resolver: Chillida, Oteiza y el «Libro de los Plagios»
Mientras estudiaba arte, Chillida era un nombre recurrente. Sin embargo, mi perspectiva cambió una mañana cuando, buscando libros en una librería, me topé con un pequeño libro amarillo, “El libro de los plagios”. Más allá de mi gusto por el color, su título me atrapó. Al leerlo, quedé asombrado.
La historia me recordó inmediatamente a la leyenda del Taj Mahal. Originalmente, se planeó una réplica negra frente al icónico monumento blanco. De la misma manera, Chillida y Oteiza deberían haber sido reconocidos como los dos grandes escultores vascos, equiparables en valor. Sin embargo, la historia nos ha dado solo un “Taj Mahal” blanco, cubierto de mármol: el Chillida que hoy todos conocemos. El supuesto “Taj Mahal” negro, el Oteiza, ha permanecido solo en la leyenda.
Pero la analogía va más allá. Existe un «pequeño Taj Mahal» frente al río, curiosamente construido diez años antes que el gran monumento. Y esto también ocurrió con Chillida y Oteiza.
Jorge Oteiza: El Investigador, el Precursor y su Coherencia Artística
Jorge Oteiza fue un artista multidisciplinar: escultor, dibujante, poeta, ensayista. Pero lo que realmente nos interesa es su profunda investigación en el movimiento constructivista. Oteiza llegó a conclusiones trascendentales en la escultura. Tal fue su convicción que, en 1959, decidió dejar de hacer escultura, creyendo que ya lo había dicho todo en este campo.
«La imaginación, cuando se tiene, hay que aplicarla a una serie… o sea, todo lo que sea preciso pase a la estructura. Dentro de la escultura, empleó la imaginación en encontrar unas herramientas auxiliares con el fin de experimentalmente concluir cuanto antes la escultura. Porque aquí hay un error tremendo: el escultor lo que quiere es saber de escultura, aprender escultura para fabricar esculturas. A mí me sucede totalmente distinto. Yo he hecho esculturas para saber de qué trata la escultura, para ser escultor, y cuando me soy escultor, pues es dejar escultura, ¿para qué las quiero ahí?»
Esta radicalidad me recuerda a Pedro Casariego Córdoba, uno de mis poetas favoritos. Él también dejó de escribir porque pensó que ya lo había dicho todo, e incluso llevó su búsqueda hasta un trágico final. Oteiza, aunque no llegó a ese extremo, sí tuvo una especie de «suicidio artístico» al abandonar la escultura.
El Recuerdo Olvidado: Chillida y Oteiza Más Allá del Brillo
Así, tenemos el «gran Taj Mahal», el blanco, el Chillida. Pero también tenemos el «pequeño Taj Mahal», el que inspiró. Al igual que los arquitectos del Taj Mahal se basaron en esta construcción anterior, Oteiza fue una fuente de inspiración fundamental.
En Agra, donde se encuentran ambos Taj Mahal, las construcciones suelen ser de arenisca roja. El mármol blanco del gran Taj Mahal tuvo que ser traído de una cantera a 200 kilómetros. Esto refleja otra característica que une a Chillida y Oteiza: ambos brillan por encima de los demás, aunque uno con un resplandor más universal.
Tuve la oportunidad de visitar la India y ambos Taj Mahal. El grande es, sin duda, maravilloso. Pero el «pequeño Taj Mahal» es una joya, una síntesis de lo que después se convertiría en la gran obra. Sospecho que Chillida es esa «cubierta de mármol», mientras que Oteiza es la estructura interna de arenisca roja. Por ejemplo, las gigantescas esculturas de Chillida a menudo no nacían de su mano directamente, sino que eran ejecutadas en un taller, sugiriendo un proceso más cercano a la manufactura que a la pura ideación inicial.
A pesar de los intentos de la historia por igualarlos, la realidad es otra. Pregunto a mis alumnos y a la gente en general: «¿Conocéis a Oteiza?». La respuesta suele ser «no me suena». Pero si pregunto por Chillida, la respuesta es inmediata: «¡Sí, claro! El Peine del Viento, el Elogio del Horizonte…».
Os invito a ver entrevistas a Oteiza, a leer sus libros y su poesía. Es un artista fascinante.
La Rivalidad y Reconciliación entre Gigantes
Chillida y Oteiza estuvieron peleados durante más de 30 años. Recuerdo en televisión cuando se anunció su reconciliación, algo que siempre me ha parecido un tanto extraño al final de sus vidas.
En el libro «Cartas al Príncipe», Oteiza relata una serie de coincidencias reveladoras:
* En la Bienal de Milán del 51, Oteiza recibe un diploma de honor; poco después, Chillida lo obtiene.
* En la Bienal de Sao Paulo del 57, Oteiza gana el Premio Internacional de Escultura; al año siguiente, en Venecia, se lo dan a Chillida.
* La Medalla de las Artes, en el 81, a Chillida; y poco tiempo después, a Oteiza.
* El Premio Príncipe de Asturias en el 87 a Chillida; y al año siguiente, a Oteiza.
Era una constante, casi como si se necesitara de dos escultores vascos para legitimar un único «arte vasco» ante el mundo.
La Polémica de los Plagios: Ejemplos Concretos de Oteiza vs. Chillida
Volviendo a «El libro de los plagios», el segundo capítulo, «Formas de apropiarse de la obra ajena», contiene revelaciones estremecedoras. Permítanme describir algunos ejemplos (que se muestran en el vídeo):
* Una escultura de Oteiza de 1957 y, justo debajo, una de Chillida de 1968. El parecido es espectacular. La idea de buscar ese vacío, tan nombrada por Oteiza, se replica.
* Otra de Oteiza de 1958, y a su lado, una de Chillida de 1988. Treinta años después, el parecido es asombroso.
* La «desocupación del espacio» de Oteiza de 1958, junto a una de Chillida de 1988. Las similitudes son innegables. Oteiza no estaba interesado en vender; concluyó su investigación y se negó a repetirse, algo que también criticaba de Tàpies.
* Un «plagio total»: Oteiza de 1972 y Chillida de 1982. Prácticamente la misma escultura, diez años después.
* Otra de Oteiza del 56 y Chillida de 1983. El parecido es aterrador.
* Finalmente, Oteiza del 58 y Chillida de 1988: cubos con huecos que trabajan la idea del vacío. Son tan parecidos que son prácticamente iguales.
Oteiza investigaba con esculturas pequeñas, mientras Chillida tomaba esas investigaciones, las ampliaba a gran escala y las convertía en obras icónicas.
El Legado Silencioso de Oteiza: Del Lenguaje al Vacío
Os animo a buscar «El libro de los plagios» y, sobre todo, a investigar la vida, la obra y el pensamiento de Jorge Oteiza. Para mí, es uno de los artistas españoles más coherentes.
«Es un lenguaje, el más caro y el más lento de todos los lenguajes, y me pasó finalmente, después de atravesar el cine, el teatro, una serie de negocios fabricados y concluido últimamente, en el lenguaje de la escritura de la poesía.»
Estoy seguro de que, si viviera hoy, Oteiza sería un youtuber. Su capacidad de comunicar ideas complejas era única.
Críticos «Lenguado» y la Complejidad del Arte: Una Mirada Personal
Retomando la metáfora del Taj Mahal: en el centro del gran mausoleo, donde reposan los restos de la princesa mogol (Chillida), justo al lado, hay una tumba mayor y descentrada, la del rey mongol (Oteiza), quien hizo posible toda esa belleza. Oteiza, aunque a veces desplazado, permanece en el corazón de la creación.
Pienso que muchos críticos y teóricos del arte han mirado siempre en la misma dirección, como un pez «lenguado», que tiene ambos ojos mirando hacia el mismo lado. Miran el arte de forma unidireccional, sin explorar la profundidad ni las conexiones subyacentes.
Yo mismo, por ejemplo, admiro a Van Gogh pero también lo considero el peor de todos los impresionistas. Me gusta el hiperrealismo, pero reconozco que algunos artistas dentro de él tienen un nivel superior a otros. Así como en Chillida, puedo decir que el Peine del Viento (1976) en San Sebastián es una obra fantástica. Y el Elogio del Horizonte (1990) en Gijón me transmitió una emoción indescriptible.
Sin embargo, en Sevilla tenemos el Monumento a la Tolerancia (1992), una escultura de Chillida que, lamentablemente, ha tenido un destino menos glorioso. Más allá del civismo de la gente, me pregunto si el emplazamiento era el idóneo. Se dice que se planeó más grande y de hierro, no de hormigón. ¡Qué impacto diferente habría tenido! Para una escultura que tenemos en Sevilla de Chillida, en lugar de los típicos toreros y flamencas…
En definitiva, mi objetivo es invitarte a una reflexión más profunda sobre el arte y sus protagonistas.
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En el vídeo anterior me pedíais que hablara de Botero… ¡Pero nos gusta más Yoko Ono o Damien Hirst!
Gracias por acompañarme en este recorrido. ¡Nos vemos muy pronto en mi canal de YouTube!
«Cuando en arte los constructivos y pensamos en mejorar el nombre, lo mejor es asociar nuestros pueblos, tanto rusos como nosotros los vascos. Resulta que, al poco tiempo, esta cultura que podemos hablando de la esperanza, desaparece. Es una cultura de la destrucción, pero lo grave es que destruye los cuatro hombres que había en cada hombre de nosotros: es decir, el hombre prehistórico, que era un hombre del cielo, el hombre de la tierra, el hombre de Dios, que era el de la religión, y finalmente el hombre de la esperanza. Toda expansión, destruir lo que importa, el de enfrente, el de arte, yo no quiero saber nada de astronómicas, absolutamente nada, nada me interesa.»
«Recuerdo que… poetas que han sido de más, hoy en día pues hablan con terror de la página en blanco, cuando se ponen a pensar o a escribir, con terror la página en blanco. Yo la sabía fría de aquí, todo vio la página en blanco y dejó dos palabras: es empezar a combinarlas, lo mismo experto en escultura, unidades binarias, ternarias. Una metáfora surge, todo. Yo soy feliz que hablo de este error de la página en blanco, es el único sitio que vemos, Dios mío, de papel y con eso…»








