Desmontando la Feria de Arte: Democratización, Pasión y el Debate sobre el «Jampart»
En el vibrante mundo del arte contemporáneo, las ferias son puntos de encuentro cruciales para artistas, galeristas y coleccionistas. Pero, ¿qué ocurre tras bambalinas? ¿Qué mueve a quienes las dirigen? Hemos tenido el privilegio de conversar con las directoras de dos importantes ferias de arte, explorando desde sus colecciones personales hasta los desafíos y la filosofía que impulsan estos eventos.
¿Qué es Arte y Dónde Vive? Colecciones Personales de las Directoras
La conversación arranca con una de las preguntas más fundamentales y controvertidas: ¿qué es arte? Y, en un giro más íntimo, si las propias directoras atesoran arte en sus hogares. La respuesta es un rotundo sí, revelando una conexión personal y profunda con las obras que las rodean.
«Me gusta mucho, tiene mucho valor. Pero sí, tengo obra. Me gusta mucho Cristina Almodóvar, una artista que está aquí en la feria. Sus esculturas parecen una cosa y en realidad son botellas de plástico. Lo que hace es pintarlas por el otro lado, usar fluorescentes, y se reflejan contra la pared. Es su forma de utilizar la ‘mierda’ con la que nos bañamos en los mares y darle un sentido estético y artístico, pero al final nos hace pensar que en realidad nos estamos bañando en plástico. ¡Qué bueno!»
Una de las directoras comparte su cariño por una obra de Samuel Nieto, un artista que ha participado en sus ferias desde la primera edición. La otra, con una tradición familiar ligada a galeristas, confiesa haber tenido la fortuna de poseer obras de grandes maestros como Picasso, María Sban, Leticia Celeroso, y otras guardadas en el trastero. Para ellas, el arte en casa no es solo una inversión, sino una extensión de su pasión y, en el caso de una, una forma de apoyar el trabajo de artistas amigos y familiares.
Puedes ver este primer segmento de la conversación a continuación:
Expandir Horizontes: Desafíos y Visión de Futuro de las Ferias
La ambición de las directoras no se detiene en sus colecciones personales. La discusión se centra en cómo mejorar la experiencia de la feria. El principal desafío que ambas identifican es el espacio. Han tenido que dejar fuera a muchos artistas ilusionados por la falta de metros cuadrados.
«Pondría más espacio. Nos gustan mucho estos espacios céntricos, muy bonitos, con mucha luz. Pero es verdad que también nos limitan. Tenemos tres plantas. Me gustaría tener 32 metros cuadrados más.»
Más allá del tamaño, la visión es clara: democratizar el arte y acercar al artista al público. Buscan eliminar la percepción del arte como algo elitista y reservado para minorías. La meta es crear un ambiente donde la sociedad no se asuste del arte, donde los artistas puedan hablar directamente con el público, y donde las obras se puedan contemplar con calma y cariño.
La oferta es variada, apostando por la relación entre artistas emergentes y de media carrera, apoyando a talentos jóvenes (no solo por edad, sino por trayectoria). Un sueño, aunque imposible, sería un mayor poder de atracción, que los jóvenes, en lugar de ir de cañas, vinieran a comprar arte. También mencionan la ventaja de ubicar estas ferias en lugares inusuales, como un centro comercial, para llegar a más gente y ofrecer un «servicio público» al artista.
Descubre los desafíos y la visión de estas ferias aquí:
El Coleccionista del Siglo XXI: Perfiles y Precios Accesibles
¿Quién compra arte en estas ferias? La respuesta es tan diversa como las obras expuestas. Desde grandes coleccionistas hasta jóvenes con un presupuesto limitado, la feria atrae a un espectro amplio de compradores. Se observa un perfil de coleccionista joven que busca obras por 1.000 o 1.200 euros, con gran interés en la obra gráfica, el dibujo y el papel, que «encaja muy bien en las casas de los jóvenes».
Aunque un porcentaje considerable de visitantes solo «viene a mirar» o a disfrutar de la experiencia, cada vez más personas llegan con la intención de comprar, o al menos con la sensibilidad de adquirir una obra para su hogar. La feria es consciente de esta diversidad y ofrece piezas desde los 500 euros en un espacio dedicado llamado «Artistio», hasta obras de 15.000 o 20.000 euros. El objetivo es claro: despertar la sensibilidad al arte en todo tipo de público, desde conocedores hasta profesionales y nuevos coleccionistas.
El perfil es súper amplio, abarcando desde gente muy joven que compra su primer libro de artista, hasta museos y empresas con colecciones corporativas. La clave es la accesibilidad para crear sensibilidad.
Conoce más sobre el diverso público de estas ferias en el siguiente video:
Detrás del Telón: La Pasión y el Trabajo Anual de un Director de Feria
Las directoras comparten sus motivaciones y el arduo trabajo que implica organizar una feria de arte. Una de ellas, proveniente del mundo de la tecnología y gestión de empresas, fusionó su experiencia profesional con una pasión por el arte que le viene desde la infancia, viendo a su galería familiar participar en ferias. La otra es fundadora de su propia feria, dedicada al dibujo en Madrid, con una dimensión más pequeña y un enfoque claro en el feminismo y el arte contemporáneo, que ya celebra su quinta edición.
Dirigir una feria, reconocen, es un trabajo duro. La vida del gestor cultural es a veces precaria, llena de dudas y decisiones difíciles. Hay mucha tensión, especialmente si las ventas no acompañan. Sin embargo, la recompensa es inmensa:
«A mí me merece mucho la pena. Sobre todo porque lo enfoco como una tarea a lo largo del año. No está enfocada en cinco días, para mí sería simplemente un intercambio comercial. La viabilidad de la feria parte de que haya galerías interesadas en participar y puedan costearse esta participación. Pero para mí, el desarrollo a lo largo del año es la clave. Es una satisfacción. Es un proyecto que realmente te gusta.»
La alegría de ver a los artistas contentos, que sus obras se vendan y que tengan ingresos, compensa todo el esfuerzo. Son valores extraeconómicos que priman para estas directoras, quienes, además de gestoras, son artistas y entienden la importancia de que la obra de un compañero sea escuchada y valorada. Es un trabajo intenso de oficina que culmina en esos días de feria, donde, a pesar de la incertidumbre, la satisfacción es profunda cuando las obras encuentran su hogar.
Conoce la dedicación y la pasión de las directoras aquí:
Criterios de Selección y el Debate sobre el «Jampart»
El proceso de selección para participar en estas ferias es riguroso. Existe un comité de selección, mayoritariamente formado por artistas, que evalúa la calidad y profesionalidad de las propuestas. No basta con que una obra «nos guste»; debe haber un trabajo interesante que hable de los tiempos actuales, con un enfoque en temas como el medio ambiente o la igualdad de género.
La feria busca dar voz a artistas que han quedado relegados o intermediados, poniéndolos en primera línea para que sean ellos quienes hablen de su obra. Las galerías, a su vez, deben demostrar un compromiso profundo con sus artistas, trabajando para construir sus carreras, hacerlos conocidos y generar exposiciones y colaboraciones con instituciones. El comité de asesores, compuesto por comisarios de diversos países y artistas, evalúa este trabajo.
Una de las directoras destaca la calidad y trayectoria de los artistas y la galería que los representa, pidiendo un proyecto comisariado con un hilo conductor que se adapte al espacio, a veces tan singular como las habitaciones de un hotel.
Finalmente, se retoma el concepto del «jampart» (arte jamón, como se refiere jocosamente al arte contemporáneo que a veces resulta incomprensible o polémico, como un vaso de agua expuesto). La distinción es clara: un artista consolidado, con una trayectoria de 20 años en museos e instituciones, dando clases y talleres, ha demostrado un proceso y un trabajo detrás de su obra. El vaso de agua de un artista reconocido es parte de un discurso, de una trayectoria, de un proceso. El vaso de agua de alguien sin esa trayectoria, simplemente no tiene ese valor. Es la historia, el proceso y la intención lo que transforma un objeto cotidiano en arte, no el objeto en sí mismo.
«El vaso de agua es parte de un proceso. Eso es más importante en el arte. Aquí no hay ‘jampart’. No, no. Yo interpreto esas obras. Y aunque a veces sean muy criticadas, me parece admirable que haya gente que lo pague. Es un mundo abierto a todo el mundo. Y no hace falta que nadie entre con etiquetas ni títulos.»
Para entender los criterios de selección y el debate sobre el «jampart», no te pierdas el final de la entrevista:
Conclusión: El Corazón de las Ferias de Arte
Esta conversación nos ofrece una visión privilegiada del compromiso, la pasión y la visión estratégica detrás de las ferias de arte. Desde la democratización y el apoyo a artistas emergentes hasta la creación de espacios accesibles para todo tipo de coleccionistas, estas directoras demuestran que el arte es un motor de cambio, de reflexión y de conexión humana. Su trabajo anual es un testimonio de que el valor del arte va mucho más allá de lo económico, centrándose en la irradiación de las obras y la voz de los artistas.
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