Concursos de Pintura: ¿Mito o Realidad para el Artista? La Crítica de Antonio García Villarán
Durante años, he observado y participado activamente en el mundo de los concursos de pintura. Si exploras mi web, www.antoniogarciavillaran.es, verás que he sido concursante, he ganado premios e incluso he organizado certámenes. Esta experiencia me ha dado una perspectiva profunda sobre qué son realmente los concursos de pintura y, más importante, para qué sirven.
La Verdad Detrás de los Concursos de Pintura: ¿Para Qué Sirven Realmente?
Es fundamental entender que los concursos de pintura no buscan, primordialmente, el arte más excelente. Responden, en esencia, a necesidades sociales o de mercado, y siempre han sido así. En los siglos XVII y XIX, si querías participar, debías pintar un cuadro historicista; cualquier otra cosa era rechazada. Esto no era más que una manipulación del gusto de la época.
Con la llegada de las vanguardias artísticas, los temas se liberalizaron, y se empezaron a premiar otras propuestas. Sin embargo, la manipulación sigue siendo idéntica, solo que ahora adopta nuevas formas. Hoy día, abundan concursos de pintura con temáticas específicas como el estilo vintage, o certámenes organizados por pueblos con el fin de crear un evento, incentivando a los artistas a pintar sus iglesias o monumentos. En muchos casos, esto no es más que una forma de conseguir que los artistas trabajen gratis.
El Negocio Redondo para los Organizadores
Para los organizadores, los concursos de pintura representan un negocio altamente rentable y con múltiples ventajas:
- Publicidad de Marca: Marcas importantes, como el Premio BMW o el Premio Focus Abengoa, utilizan estos certámenes para promocionarse y asociar su nombre al arte.
- Campaña de Publicidad Baratísima: La promoción recae en los propios artistas y en el público que asiste a las exposiciones, haciendo que la difusión sea casi gratuita.
- Desgravación Fiscal: La compra de arte es una actividad que desgrava a Hacienda, lo que añade un incentivo económico.
- Adquisición de Arte de Manera Económica: Adquieren una o varias obras de arte seleccionadas por ellos mismos, a un coste relativamente bajo, que luego pueden catalogar y exponer.
- Exposición Publicitaria: La exposición con las obras seleccionadas y premiadas sirve como una plataforma de publicidad continua durante semanas, reforzando la imagen de la marca con muy pocos medios.
Por otro lado, la promoción que un artista pueda obtener de un concurso es muy relativa y efímera. El dinero de un premio se gasta rápido, y la publicidad se diluye entre la inmensidad de otros premios y noticias. Si no ganas, habrás trabajado gratis en una obra que, probablemente, no disfrutaste haciendo, simplemente para encajar en los criterios del concurso. Es decir, habrás invertido tu tiempo y talento para el beneficio de otros.
El Auge de los Concursos de Pintura Rápida
Los concursos de pintura rápida son un ejemplo claro de esta dinámica. Son aún más cómodos para los organizadores: las bases se montan, acuden multitud de pintores a la localidad y el evento se resuelve en una sola mañana. La organización y el jurado actúan con celeridad, minimizando costes.
Además, estos certámenes generan un espectáculo vibrante en el pueblo, usando a los artistas, casi como «monos de feria», para atraer público y dar vida al lugar. La gente acude a verlos pintar al aire libre, lo que contribuye a dar a conocer la localidad. El objetivo principal no es elegir al mejor artista o la mejor obra, sino promocionar el lugar donde se celebra el evento.
Mis Experiencias Personales con los Concursos
A lo largo de mi carrera, he acumulado experiencias muy reveladoras con los concursos de pintura, algunas de ellas bastante extrañas.
Rompiendo las Reglas y la Comprobación Empírica
Aunque me decían que no debía presentarme a concursos hasta terminar Bellas Artes, yo siempre he sido un poco «a la contra». Me presenté y fui seleccionado en varias ocasiones, participando en numerosas exposiciones. Esto me llevó a una comprobación empírica muy significativa.
En un concurso de paisaje en Sevilla, presenté una obra que, según mi criterio, era de gran calidad, diferente e interesante. No fui seleccionado. Analicé los catálogos de años anteriores, estudié la estética recurrente y decidí pintar un cuadro que se ajustara a esos cánones. Pinté un paisaje al óleo con espátula, un estilo muy del gusto del jurado de ese concurso. Fui finalista. Para mí, la prueba era concluyente: no se premiaba la originalidad, sino la adaptación. Después de eso, no volví a presentarme.
Algo similar ocurrió en un concurso de la Universidad de Sevilla, donde al adaptar mi dibujo y pintura a lo que creía que eran los cánones de selección, fui premiado. En ese momento, sentí que estaba trabajando para ellos, y el aburrimiento me invadió.
La Anécdota Reveladora del Premio Focus
Tengo una anécdota aún más significativa, relacionada con uno de esos «concursos gordos», el Premio Focus. Durante una exposición de amigos artistas, vi un ambiente peculiar en una zona reservada: hombres mayores sentaban a mis amigos en sus rodillas, un ambiente que no me agradó, así que me marché.
Días después, uno de esos amigos vino a mi estudio y me preguntó por qué me había ido, explicándome que allí estaba gente muy importante. Me planteó una pregunta chocante, una que ponía a prueba mi moralidad más allá de cualquier límite profesional: «Antonio, si este hombre te ofrece el premio Focus a cambio de una degradación personal, ¿qué harías?». Mi respuesta fue clara: «Entonces, nunca tendré el premio Focus.» A lo que él replicó con asombro: «Antonio, ¿tú en qué mundo vives?» Yo le devolví la pregunta.
No quiero generalizar con esto; no es la realidad de todos los concursos. Pero esa experiencia fue real, y después he visto a muchos de esos amigos ganar premios y acceder a círculos donde otros nunca llegarán, precisamente por este tipo de dinámicas. Incluso, cuando yo mismo organicé un premio e intenté que el jurado fuera imparcial y todo el proceso transparente, comprobé que, por muy limpio que lo hagas, siempre hay intereses que hacen que la «mejor» obra, a criterio artístico, no sea la premiada. En mi concurso, el cuadro ganador era bueno, pero no el mejor para la mayoría de nosotros; fue, más bien, un premio de consenso para evitar conflictos.
Mi Decisión y Reflexión Final
Después de todas estas experiencias y de haberme presentado a numerosos concursos, decidí que no iba a gastar más mi tiempo pintando para ellos. Mi elección fue dedicar mi energía a hacer mi propia obra, a pintar lo que realmente quiero y a promocionar mi arte de forma independiente.
Esta es mi perspectiva sobre los concursos de pintura, basada en mi trayectoria. ¿Te ha ocurrido algo similar? ¿Crees que los concursos tienen un valor diferente? Me encantaría saber tu opinión y discutir sobre ello en los comentarios. Tengo varias anécdotas más que contar, si el tema te interesa.
Si esta perspectiva te ha sido útil y te animas a explorar más sobre el mundo del arte desde un punto de vista crítico y honesto, te invito a suscribirte a mi canal de YouTube. ¡Nos vemos la semana que viene!








