El Enigma de la Manzana con Antifaz: Un Viaje a Través del Surrealismo de Magritte
Hola, soy Antonio García Villarán, y hoy quiero hablarte de un descubrimiento fascinante que me ha llevado a reflexionar sobre la influencia, la inspiración y la originalidad en el arte, a través de la figura de uno de mis artistas preferidos: René Magritte.
Todo comenzó con una invitación a los prestigiosos Premios Max de teatro. Siempre me ha gustado mucho su logotipo: una manzana con un antifaz. Durante mucho tiempo, creí que esta enigmática imagen era obra de Joan Brossa, el célebre poeta visual catalán, de quien incluso tengo libros en mi estantería. Sin embargo, algo me reconcomía, una intuición, una voz en mi subconsciente que me empujaba a revisar los libros de Magritte.
La Revelación Surrealista: La Manzana de Magritte
Fue como un ataque surrealista; de repente, tuve una epifanía. La manzana con el antifaz, lejos de ser una obra original de Brossa, era una imagen concebida por el gran René Magritte. Para mí, esta revelación fue doblemente significativa, ya que Magritte es un artista que me ha fascinado desde siempre. Su influencia es tal que en la puerta de mi academia, Crea13, tengo pintada una de sus obras: «La Paloma» con ese fondo celeste tan característico.
Sus obras son un pozo de imaginación, con lecturas infinitas que nunca se agotan. Me encanta compartirlas porque, dependiendo de quién las vea, siempre ofrecen un significado distinto. Son cuadros infinitos.
Brossa y el Símbolo del Teatro vs. la Preexistencia de Magritte
Según leí en la web de los Premios Max, Brossa describía el trofeo (la manzana con el antifaz) diciendo que «la manzana parece una cabeza que tuviese un antifaz» y que simbolizaba el fruto pecaminoso a la vez que frívolo, un emblema del teatro. Sin embargo, Magritte ya había creado esta imagen a mediados del siglo XX, alrededor del año 1950. No solo la pintó en diversos cuadros, sino que llegó a realizar una escultura que es prácticamente idéntica al trofeo de los Premios Max.
No juzgo la copia o la inspiración. Es algo habitual en el arte, como la forma en que mi amigo Luis Eduardo Aute siempre hizo homenaje a Magritte con su «Sirena Varada», esa sirena invertida tan interesante que aparece en las portadas de sus libros y animaciones. Pero Aute siempre le dio crédito a Magritte. No he encontrado ninguna referencia que indique que Brossa reconociera a Magritte como el creador original de la manzana con antifaz.
Los Motivos Recurrentes de Magritte: La Manzana y la Percepción
La manzana era un motivo muy habitual en la obra de Magritte. Tenemos ejemplos como el cuadro de una manzana gigante en una habitación, que genera una sensación de agobio descomunal al cambiar la dimensión de un objeto cotidiano. Este recurso, el de alterar la escala de los objetos, lo utilizó en otras obras, como en una habitación con una rosa gigante. Sus elecciones no eran aleatorias; cada objeto gigante significaba algo concreto.
Una de mis imágenes favoritas en esta serie es la que muestra la ventana de una casa y, dentro de esa ventana, otra casa. Para mí, esta obra nos habla de los secretos, la intimidad y ese instinto humano de querer saber qué ocurre detrás de cada ventana, revelando a menudo otro universo.
También usó la manzana en su icónico cuadro «El hijo del hombre», donde la fruta borra la identidad de una persona, dejando la incógnita de quién se esconde detrás. Esto es una profunda reflexión filosófica sobre el ser humano y lo que hay detrás de las apariencias. Percibimos a las personas de manera distinta, y Magritte exploró este recurso de velar la identidad en varias ocasiones, como en la obra donde coloca flores en la cabeza de una señora con paraguas y vestido. Las flores, bellas y evocadoras de primavera y juventud, nos hablan de la persona sin mostrarla directamente.
En 1964, Magritte creó «Ceci n’est pas une pomme» (Esto no es una manzana), que nos recuerda a su famoso cuadro de 1928-29, «La traición de las imágenes» (Esto no es una pipa). Estas obras nos dicen que lo que vemos pintado es una representación, no el objeto real. Como explicaba Magritte, no puedes rellenar la pipa pintada. ¿Cuál es la verdadera pipa: la real, la pintada, o la definición? Esta idea fue retomada por Joseph Kosuth en 1965 con su obra «Una y Tres Sillas», que presenta la imagen de una silla, la silla objeto, y la definición de silla del diccionario, invitándonos a cuestionar la naturaleza de la realidad y la representación.
El Imperio de las Luces y el Estilo Singular de Magritte
Sin duda, una de mis obras favoritas de Magritte es «El imperio de las luces». A primera vista, parece un paisaje normal, una casa con una luz en la ventana. Pero su magia reside en la fantasía: la casa se sitúa en un paisaje nocturno, mientras que el cielo es diurno. Día y noche coexistiendo en la misma pintura, algo imposible en la realidad, pero posible en el arte. De hecho, Magritte dejó una versión inacabada de este cuadro antes de morir.
Muchos se preguntan por qué Magritte pintaba de una manera tan «plana», con una paleta reducida. Al principio me chocaba, pero luego lo comprendí. Su trabajo en publicidad y cartelería influyó en su estilo. Además, si hubiese pintado de forma hiperrealista, el mensaje se habría perdido. La fuerza no radicaba en la pincelada o el color, sino en el concepto. Magritte no se consideraba un artista, sino «un hombre que piensa y que muestra sus pensamientos ilustrándolos». Su manera de pintar, casi anodina, es similar a lo que ocurre en la imaginería sevillana, donde la representación no busca el hiperrealismo para evitar la repulsión o el espanto, sino la comunicación de una idea.
Reflexiones sobre la Percepción, la Creación y la Existencia
Dependiendo de lo que quieras comunicar, puedes usar una forma de pintar o modelar. Esto se ve en «El asesino amenazado», donde un hombre, tras asesinar a una mujer, cree estar tranquilo, ajeno a los hombres que lo rodean y están a punto de capturarlo. Es una obra que invita a reflexionar sobre cómo cada uno percibe la realidad.
También me gusta «La bella niña», donde una niña come un pájaro tropical en un gesto parsimonioso, desafiando la visión tradicional de la inocencia infantil. Un hiperrealismo aquí quizás hubiese sido demasiado explícito.
La idea de «La reproducción prohibida» me remite a las pesadillas, a la imposibilidad de verte en un espejo, y Magritte nuevamente explora la identidad, usando espejos en muchas de sus obras. Otra que me encanta es «Clarividencia», donde un pintor mira un huevo pero pinta un ave. Es una reflexión sobre la creación misma: los artistas ven más allá, su cabeza transforma lo que miran en algo nuevo. El pájaro, además, símbolo de libertad. Curiosamente, existe una foto de Magritte pintando esta misma obra, creando una imagen doble.
En «El mal de ausencia» (1940), vemos a un hombre con alas negras mirando un puente, y a un león descansando tranquilamente. Esta imagen, un tanto surrealista, me recuerda a «El Grito» de Munch, donde un personaje se enfrenta al abismo de la locura. El león, símbolo de furia y fuerza, y el hombre alado, un ángel oscuro, parecen meditar sobre la libertad.
Un detalle curioso es que Magritte solía pintar en el salón de su casa, a menudo en esmoquin, y sin mancharse. Decía que la pintura estaba hecha para el lienzo, no para la alfombra, y sus amigos confirmaban que su casa siempre estaba impecable.
Magritte tuvo una relación compleja con la muerte, marcada por el suicidio de su madre cuando él era adolescente. Aunque no creo que sea una causa directa, sus obras incluyen guiños a tumbas y reinterpretaciones de clásicos.
Su arte también guarda una estrecha relación con la publicidad, como se ve en el cuadro de un paraguas abierto con un vaso de agua encima, una imagen cargada de significado, aunque a él no le gustaba que se buscaran interpretaciones.
Finalmente, «Los Amantes», con esas dos cabezas veladas besándose, es una imagen que ha sido reproducida e inspirada innumerables veces. Ese velo que oculta el amor, o sin el cual el amor no existiría, es un misterio fascinante.
Podría pasarme días hablando de la riqueza de Magritte. Si te ha gustado este viaje por su universo, te invito a darle un ‘me gusta’ y, por supuesto, a suscribirte a mi canal de YouTube para no perderte futuros vídeos sobre arte y creatividad. ¡Gracias por acompañarme en esta reflexión!








