El Retrato de Felipe VI: ¿Una Tapa Sosa o una Obra de Arte Contemporánea?
El arte contemporáneo siempre ha sido un campo de debate, y el nuevo retrato de nuestro monarca, el rey Felipe VI, no es una excepción. Realizado por el pintor gaditano Hernán Cortés, esta obra ha generado controversia y muchas opiniones, que analizaremos a fondo.
La Primera Impresión: ¿Una Ensaladilla Rusa del Arte?
Imagina que este cuadro fuese una tapa en un bar. ¿Qué sería? Para muchos, como una ensaladilla rusa o una tortilla de patatas: una tapa normal, que cumple su función, te llena, pero no deja una huella memorable. Es una obra que se siente «normalizada», sin grandes sobresaltos ni propuestas arriesgadas. Te la ponen, te la comes, y luego dices: «Bueno, bien, normal. Me da igual».
Composición: ¿Desencajado o Vanguardista?
Uno de los puntos más criticados del retrato es su composición. La figura del rey parece no estar bien encajada en el lienzo. Hay quienes piensan que se buscaba «sacarlo del cuadro» o que el fondo fue pintado demasiado grande y plano para darle más solemnidad y tamaño. Sin embargo, surge la pregunta: ¿es esto una propuesta novedosa y moderna, o un error de encuadre?
La figura del rey está en la parte inferior izquierda, con las piernas cortadas por debajo de las rodillas. Ni siquiera la cabeza está en el centro. Esto, en un estudiante de Bellas Artes, sería motivo de repetición. Cortar un retrato por debajo de las rodillas cuando el sujeto está sentado es antiestético. ¿Por qué no pintarlo entero, con los pies en el suelo, transmitiendo una imagen de un rey con los «pies en la tierra»? Sería mucho más simbólico y estético.
La Calidad Pictórica del Artista: Hernán Cortés
Nadie puede dudar de la calidad pictórica de Hernán Cortés. Es un artista correcto, formado en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, y ha sido alumno de profesores como Antonio Agudo. De hecho, ha pintado a Felipe VI en más de siete ocasiones, lo que sugiere un dominio técnico del sujeto.
No obstante, la crítica no se enfoca en su habilidad técnica, sino en su falta de imaginación. Sus retratos, como el de Luisa Fernanda Rudi, a menudo presentan un fondo plano y una composición descentrada. Parece seguir un patrón, casi artesanal, que le resta originalidad. Para Antonio García Villarán, un retrato no solo debe representar, sino también proponer una idea, aportar contenido. De lo contrario, se queda en una mera reproducción de lo que se tiene delante.
Si te interesa profundizar en el arte del retrato y la crítica, Antonio García Villarán imparte un curso en la Academia Crea13, donde explica estos conceptos y mucho más.
Felipe VI: ¿La Musa Oficial del Reino o un Fetiche Pop?
Últimamente, el rey se ha convertido en una figura recurrente en el arte, siendo pintado, dibujado y esculpido por doquier. Se está transformando en la «musa oficial del reino», en un auténtico fetiche pop. Esta omnipresencia levanta la pregunta de si la imagen del monarca se está trivializando o si, por el contrario, fomenta una mayor conexión con la ciudadanía.
La Polémica del Congreso y la «Democracia Silenciada»
El Congreso de los Diputados subió un video en el que Hernán Cortés explica su obra, pero curiosamente, los comentarios fueron desactivados. Esto genera una sensación de «democracia silenciada», donde no se permite al público opinar sobre una obra que representa a la jefatura de Estado y que, además, ha sido sufragada con fondos públicos. En el canal de Antonio García Villarán, sin embargo, la libertad de expresión es fundamental. Puedes dejar tus comentarios y opiniones aquí sin censura.
La Paleta de Colores: La Tristeza de la «Tradición Española»
El retrato de Felipe VI se caracteriza por una paleta de colores muy sobria y «gris»: traje gris oscuro, corbata gris, silla tapizada en gris. El fondo es de un color ocre liso. Esta elección cromática simboliza para muchos una cierta tristeza, una monotonía que el artista asocia a la «tradición española». Se confunde la tradición con la «caspa», con algo soso, gris, marroncito, en definitiva, triste.
El Simbolismo de las Manos y la Mirada
En el retrato, el rey tiene una mano en cada rodilla, sin cetro, bastón de mando o ningún objeto simbólico. Esto, según la interpretación, podría sugerir una figura que «no está haciendo nada», que observa desde una posición de absoluta tranquilidad, casi diciendo: «Haced lo que queráis, a mí no me afecta, yo soy el rey».
La mirada, por su parte, se describe como «atenta hacia el espectador» y con una «sonrisa de Mona Lisa». Sin embargo, se cuestiona si es una sonrisa sincera o falsa, si inspira confianza o, por el contrario, «penita pena». La figura del rey parece «ni pinchar ni cortar, ni querer hacerlo».
El Coste de la Inmortalidad: 88.000 Euros
Este retrato de Felipe VI, encargado por el Congreso de los Diputados, tuvo un coste de 88.000 euros (IVA incluido), después de que el primer presupuesto fuera rebajado. Una cifra que ha generado gran polémica, especialmente en tiempos de crisis. Como señaló el exdiputado Llamazares, la inmortalización de políticos a estos precios no tiene sentido. A modo de comparación:
- El retrato de José Bono costó 83.000 euros.
- Las fotografías de Manuel Marín, consideradas más económicas, ascendieron a 25.000 euros.
- La obra de Patxi López, por solo cinco meses en el cargo, costó 10.000 euros.
Hubo casos de austeridad, como los de López Aguilar y Pilar del Castillo, quienes optaron por autorretratarse, un ejercicio que Antonio García Villarán considera magnífico para el autoconocimiento y la libertad creativa. Unidas Podemos, por su parte, votó en contra del encargo, calificándolo de derroche y anacronismo, proponiendo una foto o incluso un selfie más contemporáneo.
Haciendo cuentas, si el retrato mide metro y medio de largo, el centímetro cuadrado se paga a 586 euros. ¡Y muchos de esos centímetros son de un aburrido color ocre!
¿Un Velázquez de la Corte en el Siglo XXI?
Hernán Cortés ha usado la misma paleta de colores que en los retratos de los Padres de la Constitución, lo que plantea la pregunta: ¿está este hombre contratado de fijo? ¿Es el nuevo Velázquez de la corte? ¿Tiene sentido la figura de un «pintor de la corte» en pleno siglo XXI? Los retratos de los reyes eméritos fueron retirados para hacer espacio al de Felipe VI en el Salón de los Ministros del Congreso, una estancia a la que el «populacho» no tiene acceso.
El rey posó durante tres meses para esta obra, desmintiendo la leyenda de los 20 años de espera del pintor Antonio López para sus retratos. Hernán Cortés, conocido como el «pintor de la transición», ha retratado a muchísimos políticos. Es una costumbre que los ex altos cargos elijan a su pintor y su presupuesto, generando, como vemos, no poca controversia.
Propuestas Alternativas: De lo Medieval a lo Atrevido
Si la idea es representar una institución con raíces medievales, ¿por qué no optar por un estilo que evoque esa época? Imagina al rey representado como un gigante, con la reina y las princesas a una escala inferior, vestidas como princesas Disney. Un fondo dorado con abundante pan de oro, y los políticos, presidentes y oposición, detrás, pequeños y quizás montados en animales fantásticos. Algo inspirador, divertido, que rompa con la monotonía del «traje gris y fondo plano».
O, ¿por qué no algo más audaz? Pintar al rey desnudo, al estilo de la Venus de Milo, mostrando un cuerpo apolíneo. O subido a un caballo, o incluso a un elefante volador. ¡Algo original que represente al rey!
Un Realismo Impersonal: La Tristeza del Retrato
Hernán Cortés ha explicado que buscó combinar el respeto que suscita el personaje con cierta naturalidad, huyendo de la pomposidad y el envaramiento. Sin embargo, el resultado es, para muchos, un realismo que pretende ser contemporáneo, pero que acaba siendo atemporal e impersonal, como algunas pinturas de Magritte, pero sin la imaginación del surrealista.
Su estilo se percibe como anodino, básico y correcto, pero nada más. Un retrato, para Antonio García Villarán, debe ser la visión subjetiva que el artista tiene del retratado. Si se conoce bien al modelo y se tiene imaginación, el resultado puede ser maravilloso y aportar algo nuevo. Pero este retrato, ¿qué aporta?
La periodista Ana Pastor afirmó que este trabajo de Cortés se convertirá en un «icono de referencia del jefe de Estado», y que en cierto modo, refleja perfectamente nuestra monarquía: «alguien que está ahí sentado, mirándonos, sin hacer nada».
En definitiva, para muchos, este retrato es una obra que, a pesar de la indudable calidad técnica de Hernán Cortés, carece de la imaginación y la propuesta artística que se esperarían de una pieza de esta índole y coste. Es un retrato que no gusta, que no emociona y que genera una sensación de tristeza. Y a ti, ¿qué te parece? ¿Te gusta o no te gusta? ¿Crees que se pudo haber hecho mejor? Déjanos tu opinión en los comentarios. ¡Y no olvides reventar el botón de «me gusta»! Puedes encontrar más contenido como este en el canal de Antonio García Villarán en YouTube.








