Mi Imperio: Reflexiones sobre lo Efímero, el Frío y el Eco de Tudela
A veces, la introspección nos guía por senderos inesperados, donde los pensamientos se entrelazan para dar forma a una realidad abstracta pero profundamente resonante. Un viaje que no se mide por kilómetros, sino por la cadencia de las palabras y las imágenes que evocan.
Mi imperio, aunque sus calles se presenten como un simple billete de tren, es algo más duradero. No es comparable a un mueble de Ikea que, una vez se derrumba, se desvanece. No es meramente la sombra que se paga, sino una esencia que nos casa, que nos une de un modo más intrínseco e inmutable, desafiando la transitoriedad de lo material y lo efímero.
En este paisaje interior, emergen imágenes vívidas, casi oníricas: esos coches parados en interiores, la imponente cantería que evoca la presencia de un francotirador. Y sí, Tudela… un lugar, una memoria, aunque el tiempo o el día se difuminen en el recuerdo. Hay momentos, quizás en la quietud de la noche, cuando la cama «tiene malas horas». Y luego, las horas de sonido… eso, precisamente, era mi vida.
¿Frío? No, pero sí. Una sensación que se posa sobre un lago, o quizás un frío aún más intenso. Pero al final, no es un frío en contra, sino un frío a favor, una cualidad aceptada y abrazada, que define un instante de quietud y contemplación personal.
Estas reflexiones, capturadas en la cadencia de pensamientos fragmentados, nos invitan a trascender lo superficial y a encontrar significado en las conexiones más sutiles. Es un eco de la experiencia, un lienzo donde lo efímero y lo eterno se encuentran y dialogan.
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