La Poesía Desnuda: Entre Escorpiones y el Corazón de un Hogar
En el universo de las palabras, existen concepciones que se desmoronan ante la mirada incisiva de la realidad. La poesía, lejos de ser la dulce brisa o el agua fresca que muchos imaginan, se revela en la voz de Antonio García Villarán como una fuerza mucho más cruda y visceral. No es una plumita que se agita suavemente, ni un idílico refugio de corazones puros.
La poesía es, para él, «fritanga cargada de escorpiones», un montón de «piedras ásperas listas para lanzar a las frentes de los blandos poetas de medio sueño». Es un ungüento que se rompe al aplicarse, una verdad que las «chiquillas locas por echar un polvo» se tragan sin remilgos. No es la melodía etérea de Jacques Brel; es, de una vez por todas, una mano que te atrapa, se incrusta en tu pecho, traspasa tu espalda, humilla tu alter ego y explota en tu cara. Es la muerte visible en flores que hacen inútil la belleza, flores para el adiós que nadie escucha, marchitándose solas en un rincón del velatorio.
Ecos de Memorias y Belleza Efímera
En contraste con esta visión punzante de la poesía, el recuerdo evoca imágenes más melancólicas pero igualmente profundas. Dos rosas blancas, testigos mudos, se cuentan historias. ¿Te acuerdas del vestido de aquel día de estreno, drapeado, que dejaba un hombro libre y caía lentamente por la escalera, haciendo que pareciera una diosa? ¿Y recordáis vosotras las risas que se quedaron en el parque, la tormenta que era una unión de costureras al balcón, entre suspiros, telas y palabras en desuso?
Entre las rosas abandonadas en el cementerio, algo evocaba el organdí; eran muchachas de otro tiempo, que anhelaban seducir como las flores. Cuando quedaban huérfanas, iban a la estación con su maleta, como recién cortadas de su tallo. Era preciso amar. Permitidme invertir el sentido del tiempo, como hacen los poetas, y alterar el lugar de la palabra en cada flor. Saludo a una muchacha, la llamo por su nombre, luego me alejo. Su fragancia va detrás de mí. No era organdí, no era muselina.
La Poesía Según Manuel Macía: Lo Incomprensible es Bueno
Volviendo a la poesía, Antonio García Villarán comparte una curiosa anécdota con su amigo, Manuel Macía. Macía, a quien Antonio dice querer mucho a pesar de que «no es un tío muy desagradable», tiene una teoría particular. Según él, cuando escuchas canciones de Santiago, o temas antiguos como «Escuela de Calor», si no se entienden, «esto tiene que ser súper bueno». Es decir, para Macía, lo que no se entiende, es muy bueno. Una máxima que, como bien apunta Antonio, no siempre se cumple, pero que le ha enseñado su «maestro Macía».
Inspiración en lo Cotidiano: El Poema del Hogar
Antonio no solo reflexiona sobre la poesía de forma abstracta, sino que la vive y la crea desde las experiencias más inesperadas. Él mismo confiesa que hace poemas a objetos de su día a día. «Por qué voy a hacer poemas a las mariposas y esas cosas», se pregunta, cuando el protagonista puede ser su propio piso, un «piso muy pequeñito» que, a su parecer, lo quiere bastante.
Y es que su piso le ha brindado momentos dignos de inspiración. Una noche, tras salir con amigos artistas y poetas, y quizás con algo más en la bebida, llegó a casa a las cinco de la mañana, hambriento y deseando abrazar su piso. Decidió hacer una paella. Mientras cocinaba, y para ahorrar tiempo, pensó en ir al baño y cambiarse al pijama a la vez. El cansancio era tal que se sentó y se quedó dormido. Al despertar, un denso humo negro invadía la casa: la paella se había quemado. Al intentar levantarse, las piernas se le habían dormido, y cayó en el cuarto de baño, a punto de golpearse la cabeza con el lavabo. Un incidente que lo llevó a una reflexión sobre los peligros del alcohol y a una medida drástica: quitar el lavabo. Su piso, que le «cuida hasta en esas cosas», se merecía un poema.
El Poema: Solo Yo Seré Tu Casa
Y así, sin título, nace este poema dedicado a su humilde morada:
Mi casa se llama piso y es humilde porque es un bajo
Destruí con una maza sus paredes para abrirla a los visitantes
Y estuve un mes entero tirando bolsa a bolsa sus escombros
Para no alarmar a los vecinos
Mi piso sabe latín y sabe esperarme cuando llego a horas borrosas
Y con un simple gesto de llave en su matemático agujero se me abre
Nunca me puso un pelo
Mi cueva tiene paredes que arden cuando se me encienden las dudas
Posee una especial capacidad para hacerme llegar la vida de los vecinos
Mi casa es tan pequeña que a veces solo quepo yo
Y otras veces cabemos dos
Sus techos son desiguales, nunca lo entendí
Ocurrieron en mi piso muchos partos y también abortos antinaturales
También arropo culebras y mujeres sin alma
Mi casa a veces no sabe lo que se hace
Mi casa a veces se piensa que no es mi casa
Y yo la limpio, la pinto, le pongo nuevos muebles si la economía lo permite
Le pongo música de Satie y canciones de Juan Perro
También le pongo Soul y Tango
Y es entonces cuando me duerme entre sus cálidas esquinas
Y me dice al oído: «Solo yo seré tu casa».
La poesía, en las manos de Antonio García Villarán, se revela como un arte que no teme a la aspereza ni a la cotidianidad. Desde la confrontación con las ideas preconcebidas hasta la ternura de un hogar que cuida, sus palabras nos invitan a ver el mundo con una nueva perspectiva, una donde lo más íntimo se convierte en el más profundo de los versos. Explora más reflexiones y obras de Antonio en su sitio web oficial y en su canal de YouTube.








