40 Años de Creación: El Draw My Life de Antonio García Villarán
Al cumplir 40 años, he decidido abrir el libro de mi vida y compartir este particular «Draw My Life». Una trayectoria marcada por la pasión por el arte, la palabra y la enseñanza, que me ha llevado desde un pequeño pueblo sevillano hasta los rincones más insospechados de la creación. Te invito a este viaje a través de mis recuerdos, mis proyectos y mi constante búsqueda de la felicidad a través del arte.
Mis Raíces: Infancia entre Aznalcázar y Sevilla
Todo comenzó en Aznalcázar, el pueblo donde mis padres se conocieron. Un pequeño y apacible rincón cerca de Sevilla, aunque próximo a Huelva, situado en el extremo sur de España. Allí nací yo, y poco después mi hermano Paco, siendo yo el mayor. Pasé los primeros cuatro o cinco años de mi vida en este lugar tranquilo, aunque mis recuerdos son difusos debido a mi corta edad.
Nací pequeño, regordete y muy blanco de piel, con un distintivo cabello pelirrojo de punta, algo que siempre me acompañaba en las fotos de mi infancia, junto a unos eternos pantalones de pana, ¡a pesar del calor sevillano!
Por motivos de trabajo de mi padre, mi familia se mudó del pueblo a la gran ciudad: Sevilla. Nos instalamos en un barrio que se convertiría en el escenario de casi toda mi infancia. Allí, con mis amigos, mis juegos, mi monopatín y mi yoyó, descubrí mi primera gran pasión: el dibujo.
Siempre fui el niño creativo. Los profesores del colegio solían pedirme que decorara las pizarras en Navidad, dibujando puertas de Belén y todo tipo de adornos. Ingenuamente, pensaba que así me libraría de hacer los deberes, ¡pero no había forma! Tenía que dibujar y, además, cumplir con mis obligaciones escolares.
Desde pequeño, mi amor por los animales fue inmenso. He tenido de todo: perros, gatos, tortugas. Incluso amaestraba gorriones, logrando que se subieran a mi hombro y comieran de mi mano. Todavía recuerdo con cariño a una de ellas.
Los Primeros Trazos: El Despertar del Artista
Mi primer contacto formal con la pintura fue casi una serendipia. Mi tía Ambrosia, durante una visita navideña, me preguntó si quería pintar un cuadro. Así, a los ocho años, pinté un crisma de Navidad. Ese mismo año pedí un maletín de pintura, un lienzo y pinceles, marcando el inicio de mi camino como artista.
Dado mi entusiasmo por la pintura y el fuerte olor a óleo que impregnaba la casa, mis padres decidieron apuntarme a clases particulares. Con 13 años, me encontré en el estudio de Roberto Reina, rodeado de personas mayores que dibujaban bodegones y estatuas, aprendiendo las técnicas clásicas.
Fue un profesor de instituto quien me animó a cursar el Bachillerato de Arte Experimental. A pesar de que la escuela estaba a más de una hora de mi casa, y de tener que coger dos autobuses de ida y dos de vuelta cada día, mi deseo de convertirme en un gran artista y entrar en Bellas Artes era imparable. Dibujaba y pintaba sin descanso, sobre cualquier superficie, acumulando una gran cantidad de obras.
La Universidad y la Saturación Creativa
Finalmente, conseguí entrar en la Facultad de Bellas Artes. Fue una etapa de concursos, premios y numerosas exposiciones. Mis cuadros fueron seleccionados, gané certámenes… Pero llegó un momento en que la saturación se hizo palpable. Desde hace mucho tiempo, he dejado de participar en exposiciones o concursos, buscando una forma de expresión más libre y personal.
Durante mi tiempo en la universidad, los largos trayectos en autobús se convirtieron en una oportunidad para leer. La poesía me fascinaba por encima de cualquier otro género, aunque devoraba todo tipo de libros.
Un Camino Académico y Docente Inesperado
En la facultad, mi pasión por el arte era tal que pintaba incluso los fines de semana. Decidí ir más allá, cursando especialidad y media por año. Así, en cinco años, obtuve las especialidades de Pintura y Escultura, y no contento con eso, realicé el doctorado, convirtiéndome en Doctor en Bellas Artes.
Aunque mi vida giraba en torno al arte, también encontraba tiempo para otras cosas, como ir al cine o salir con amigos. Fue en tercero de carrera donde conocí a quien considero mi maestro, Manuel Álvarez Fijo. Él vio mi inmensa pasión por el dibujo y me otorgó matrícula de honor. Me propuso que, al terminar la carrera, trabajara con él como profesor colaborador.
Al principio, mi respuesta fue un rotundo «no», convencido de que mi destino era ser artista, no profesor. Sin embargo, Manuel cumplió su promesa. Al acabar la carrera, me llamó y, sin darme cuenta, me encontré dando clases ante más de 70 personas. Él me enseñó las bases de la docencia, un camino que me ha llevado a dar clases en lugares tan dispares como la cárcel y diversas localidades de España, en situaciones casi insospechadas.
El Nacimiento del Cangrejo Pistolero y la Poesía Surrealista
Fue precisamente en tercero de Bellas Artes, mientras impartía clases, donde conocí a dos alumnos muy particulares: Arturo y Miguel Ángel. Con ellos formé el grupo Absurdo y Diestro, con el que realizábamos recitales de poesía surrealista. Durante un año y medio, nuestras actuaciones en La Carbonería de Sevilla eran un rotundo éxito, llenando el local de gente que disfrutaba de nuestra propuesta. De aquella época guardo un excelente recuerdo, inmortalizado en vídeos y dos libros.
Toda esta experiencia me llevó a convertirme en El Cangrejo Pistolero, una especie de alter ego poético. Cansado de los recitales de poesía aburridos, decidí presentar mi segundo libro, Sois Estúpidos Poesía Cénica, de una manera diferente. Con chistera, bastón y vestido de negro, junto a unos amigos, creamos una presentación teatral y divertida, tal como a mí me hubiera gustado ver una vez.
Lo que empezó como una broma creció hasta convertirse en Caroline Van, una banda de poesía. Con Nuria Mezquita, Jesús Vega, Rafa Maíz y muchos otros amigos, llevamos nuestros recitales a todas partes. Gracias al apoyo de muchísima gente, incluso organizamos «Las Noches del Cangrejo», una serie de recitales que me tuvieron durante casi seis años, uno o dos días a la semana, invitando a poetas de España y del extranjero a recitar en Sevilla.
Este proyecto se expandió con Cangrejo Pistolero Ediciones, mi editorial, fundada también con Nuria. Ya contamos con más de 40 títulos, y ha sido una oportunidad maravillosa para conocer a jóvenes poetas, vivir experiencias estupendas y publicar las obras que a mí me hubiera gustado leer y no encontraba. La iniciativa ha evolucionado hasta la creación de numerosos libros de artista y la organización de ferias dedicadas a ellos.
Una de las cosas que más orgullo me produce es el Festival de PerfoPoesía de Sevilla. Recuerdo un recital en el que, por primera vez, se formó una cola de gente esperando para escuchar poesía. Era un sueño hecho realidad. Conseguimos llenar carpas enteras con personas deseosas de sumergirse en la palabra.
Colaboraciones y el Proyecto Estrella: Crea13
Esta trayectoria me ha brindado la oportunidad de conocer y colaborar con artistas a quienes admiraba profundamente, como Luis Eduardo Aute, con quien realicé varios recitales de poemario, y artistas como Santiago Auserón (Juan Perro). Con este último, tenemos un espectáculo llamado «De perros y cangrejos», que fusiona poesía y música. Gracias al Cangrejo Pistolero, la poesía ha llegado a un público que, quizás, antes nunca se habría detenido a escuchar un poema.
Sin embargo, mi proyecto estrella es Crea13. Anteriormente conocida como Crea, es una academia de arte diferente, donde experimento con los alumnos, les enseño a dibujar y pintar, pero, sobre todo, a expresarse. Es el proyecto con el que más a gusto me siento, y al que llevo dedicado desde el año 2000. Ha sufrido muchas transformaciones y, sin duda, es una proyección de mí mismo. Me encantaría que todo el mundo supiera o aprendiera a dibujar, porque creo firmemente que es algo que hace feliz a la gente.
Para hacer llegar mis conocimientos a más personas, empecé a trabajar con la plataforma de enseñanza online Udemy. Hoy, cuento con miles de alumnos en más de 80 países de todo el mundo. Y así, una cosa lleva a la otra, y aquí estoy en YouTube, compartiendo mis ideas y conocimientos con gente como tú.
El Propósito de Crear: Ser Feliz
¿Por qué hago todo esto? Simplemente, para ser feliz. Mi gran anhelo es viajar por todo el mundo con mi pareja, descubrir nuevas culturas, y embarcarme en proyectos que ni siquiera soy capaz de imaginar ahora mismo.
Por todo ello, quiero dar las gracias a todos los que habéis estado conmigo en algún momento, los que habéis participado en alguno de mis proyectos y los que me habéis acompañado en algún tramo de mi vida. Os dedico esta sonrisa, porque, pase lo que pase, no debemos perder el sentido del humor y siempre tenemos que sonreír a la vida. Gracias.








