La Fascinación del Cristo Crucificado: Símbolos y Maestros del Arte
¿Por qué la figura de un Cristo crucificado nos cautiva y nos interpela de tal manera? Es, sin duda, una de las imágenes más icónicas y fundamentales de la cultura occidental. En este análisis profundo, Antonio García Villarán, experto en historia del arte, nos invita a explorar la simbología, la evolución y las representaciones más impactantes del Cristo crucificado a lo largo de los siglos.
¡Hola! Soy Antonio García Villarán y en este vídeo te guiaré a través de la historia del arte para desentrañar los misterios y las interpretaciones de esta imagen tan poderosa. Analizaremos obras maestras, desvelaremos símbolos ocultos y descubriremos cómo los grandes pintores han abordado la crucifixión, desde los que lo representaron «bien crucificado» hasta los que tomaron licencias artísticas y anatómicas.
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A continuación, el vídeo completo que complementa este artículo:
La Imagen Icónica: Origen y Evolución en el Arte
La imagen del hombre crucificado ha inundado la historia del arte occidental. Curiosamente, la crucifixión no fue una invención romana; sus orígenes se remontan a mucho antes. ¿Recuerdas el vídeo de Remedios Varo donde hablamos de Marsias el sátiro? Aunque no estaba literalmente crucificado, la idea del tormento y el suplicio ya estaba presente. Incluso en la época romana, se realizaban grafitis satíricos de esta imagen, a veces colocando la cabeza de un burro, muy similares a las caricaturas y memes que hoy día vemos en la red.
Pero esta imagen trascendió, convirtiéndose en el símbolo de una de las religiones más importantes a nivel mundial. Por ello, la hemos visto representada en todas las épocas: paleocristiana, bizantina, prerrománica, románica, gótica, renacentista, barroca, clasicista y hasta moderna. Su influencia ha llegado al cine, la música y, por supuesto, a plataformas como YouTube.
La imagen del sufrimiento en la cruz ha inspirado a innumerables artistas. Goya, en su famoso cuadro Los fusilamientos del 3 de mayo, se inspira claramente en la postura del Cristo crucificado para su figura principal. Otros artistas como Félicien Rops la utilizó de forma irreverente, o Picasso, quien «fusilaba» todo concepto artístico. Marc Chagall, con sus oníricas y coloridas visiones místicas, o el mismísimo Salvador Dalí, también plasmaron su versión del crucificado. Incluso artistas contemporáneos como Banksy se han unido a esta tradición.
El Greco, uno de mis pintores favoritos, se dice que en su taller pudo haber creado más de treinta crucificados, algunos íntegramente suyos, otros con sus retoques. Más adelante, hablaremos con más detalle de algunas de sus obras.
Composición y Simbología en la Representación del Crucificado
Analicemos ahora la composición y la rica simbología que los pintores emplearon en estas obras.
El Espacio Inferior y la Elevación Divina
Uno de los aciertos al pintar un crucificado es dejar un espacio significativo en la parte inferior. Esto crea la ilusión de que el personaje se eleva por encima de la tierra, sugiriendo una naturaleza divina, como si flotara o levitara. De esta manera, se subraya que, para los cristianos, Cristo es Dios o el hijo de Dios, y no pesa.
Los Fondos: Del Apocalipsis al Oro
Los fondos también son cruciales. En un cuadro de El Greco, por ejemplo, vemos un fondo apocalíptico que ya analizaremos. A lo largo de la historia, se han utilizado todo tipo de fondos: en el románico, dorados; otros, lisos; algunos ubicados en paisajes que no correspondían a la realidad histórica.
La Controversia de los Clavos
Un detalle muy debatido es el número de clavos: ¿tres o cuatro? Dos en las manos y, dependiendo de la época, uno o dos en los pies. Respecto a los clavos en las manos, a menudo se representan en la palma. Sin embargo, esto sería un error anatómico, ya que el peso del cuerpo desgarraría la carne. Lo lógico, y anatómicamente más plausible, es clavarlos en la muñeca, entre el cúbito y el radio, donde harían palanca y soportarían el peso.
Tablas y Soportes para el Cuerpo
En muchas representaciones, vemos una tabla en los pies para soportar el peso del cuerpo, algo esencial para un cuerpo ya sin fuerzas. Incluso hay teorías que sugieren otra tabla a la altura del glúteo para que la columna vertebral pudiera descansar.
Elementos Bíblicos: La Lanzada y la Esponja con Vinagre
Otros elementos simbólicos provienen directamente de la Biblia. La lanzada: cuando Cristo agonizaba, un soldado, para asegurarse de su muerte, le clavó una lanza en el costado, llegando al corazón. Y la esponja con vinagre: se le dio a beber vinagre como burla. Estos pasajes se pueden apreciar con una crudeza casi hiperrealista en la película de Mel Gibson, La Pasión de Cristo.
La Simbología de la Cruz: Dualidades y Conexiones
La cruz en sí misma es un símbolo complejo. Su composición horizontal y vertical representa la contradicción de la naturaleza humana. A menudo, se sitúa entre el sol y la luna, aludiendo al eclipse que, según la tradición, ocurrió durante la crucifixión, una dualidad de día y noche.
Otras dualidades incluyen el buen y el mal ladrón, flanqueando a Cristo. A un lado, la Virgen y al otro, San Juan: la mujer y el hombre, la familia y el amigo. La lanza y la copa (o esponja) empapada en vinagre. La cruz se erige entre la tierra y el cielo, otra vez, una contradicción o dualidad.
En la parte superior, a veces se representa al Espíritu Santo, y debajo, a los pies de la cruz, una calavera. Esta es la calavera de Adán, el primer hombre, el pecador. La cruz, hecha de madera de árbol, simboliza también la conexión entre la vida (el árbol de la vida) y la muerte. Es un símbolo elemental, presente en muchas culturas y formas: la cruz templaria, la cruz de los cuatro puntos cardinales, insignias militares, e incluso la esvástica (cuyo origen real es de la India, no hay que olvidarlo). Es un dibujo básico, lo positivo y lo negativo, quizás por eso se ha grabado tan profundamente en nuestra mente.
Sangre y Agua: El Bautismo y la Eucaristía
Otros dos símbolos importantes son la sangre y el agua. La Biblia dice que cuando el soldado clavó la lanza a Cristo, brotaron agua y sangre de su costado. Simbólicamente, la sangre representa la Eucaristía, y el agua, el Bautismo.
El Pelícano: Un Símbolo Surrrealista de Resurrección
Un símbolo que me parece muy extraño y surrealista, presente en muchas representaciones, es el pelícano. Cuenta la leyenda, a través de fisiólogos griegos, que cuando los polluelos golpean a sus padres en el rostro, estos los matan. Pero luego, la madre, afligida, se abre el costado al tercer día y deja caer su sangre sobre los cuerpos muertos de los pequeños, despertándolos a la vida. Una metáfora poderosa de la resurrección.
El Cartel del INRI: Jesús Nazareno, Rey de los Judíos
Otro símbolo es el cartel sobre la cruz. Según la Biblia, decía «Este es Jesús, el rey de los judíos». Era una tablilla, no un papel, y en tres idiomas, para que todos se enteraran. A menudo vemos la abreviatura INRI (Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum).
La Calavera de Adán y la Madera de la Cruz
Volviendo a la calavera a los pies de la cruz, su significado es fascinante. Santiago de la Vorágine, en su libro La leyenda dorada (que recomiendo encarecidamente para entender el imaginario de los santos), narra que Adán, al borde de la muerte, pidió a su hijo Set el «óleo del árbol de la misericordia» en el Paraíso. Un ángel le negó el óleo, pero le dio una ramita, diciéndole que la plantara y que, muchos años después, Jesucristo sería crucificado con la madera de ese árbol de la vida. Y no solo eso, sino que, supuestamente, la cruz de Cristo se erigió justo donde estaba la tumba de Adán. Por eso la calavera.
La Evolución del Número de Clavos y la Desnudez
Hasta el siglo XIV, se usaban cuatro clavos. Después, por estética, se empezó a utilizar tres. Francisco Pacheco, maestro de Velázquez, en su libro Arte de la Pintura, ya explicaba cómo pintar un Cristo. Velázquez, como buen discípulo, siguió sus indicaciones, y aunque Pacheco pintó algunos cristos con cuatro clavos, al final de su vida los representó con tres, argumentando que con las piernas cruzadas la anatomía se veía mejor.
Otra discrepancia es el paño que cubre las «vergüenzas» de Cristo. Las escrituras dicen que los romanos se sorteaban las prendas de los condenados a muerte, lo que implicaría que los crucificados irían desnudos, aumentando su humillación. Aunque por puritanismo esto se ha evitado en el arte, algunos artistas sí representaron a Cristo desnudo. En el Románico, incluso se le llegó a poner un faldellín, y a veces se le cubría entero. A partir del siglo XV, el paño se recorta hasta convertirse en una especie de pañuelo que llega a los muslos.
Expresiones del Rostro: De la Serenidad al Dramatismo
Las expresiones del rostro también evolucionaron. En el Románico, eran serenas, divinas, como si la crucifixión no le afectara. En el Gótico, el rostro se volvió más dramático. En el Barroco, se alcanzó un crudo realismo.
La Forma de la Cruz: ¿T o X?
¿Cómo era realmente la cruz? ¿En forma de T, con un palito arriba, o una X? Hay teorías muy interesantes que sugieren que lo más lógico es que crucificaran a Jesús, como a otros condenados a muerte, en una X y no en una cruz tradicional. Si esto fuese así, cambiaría toda la iconografía cristiana, un reto enorme.
El único vestigio científico de crucifixiones romanas es un hueso de talón encontrado con un clavo incrustado. Los romanos crucificaban a muchísima gente (más de seis mil en tiempos de Espartaco), por lo que necesitaban un método rápido y efectivo. Levantar una cruz en T es muy laborioso. Se teoriza que era más eficiente usar una X de madera en el suelo, amarrar al condenado y clavar un clavo en cada talón.
¿Por qué entonces no se ha representado a Jesús crucificado en una X? Esto se remonta al siglo IV. Antes, los cristianos eran perseguidos. Pero el emperador Constantino, tras un sueño donde vio una cruz y ganó una batalla, se convirtió al cristianismo, que se instauró como religión. Sin embargo, antes de Constantino, el símbolo cristiano más común era el Chi-Rho (una X y un palo), que es el esquema de una crucifixión.
Análisis de Obras Clave del Cristo Crucificado
Ahora, analicemos algunas de las obras más interesantes que nos muestran la evolución y la diversidad en la representación del crucificado.
El Crucificado de Francisco Pacheco (1614)
En este cuadro, observamos la composición elevada de la que hablábamos. El Cristo está en alto, con espacio debajo. Es un Cristo elegante, que parece no haber sufrido apenas. Tiene poca sangre, un rostro sereno, casi un hombre posando. Vemos cuatro clavos.
El Cristo de Velázquez
Velázquez, discípulo de Pacheco, no solo copia a su maestro, sino que lo mejora. El fondo es el mismo, un negro teatral. La pose es similar, pero el Cristo de Velázquez es anatómicamente más humano. Las manos y los pies están pintados magistralmente. Tampoco tiene mucha sangre para no «asustar». Parece un hombre bien formado y sin sufrimiento. La sombra del crucificado se proyecta en el fondo, sugiriendo un escenario teatral más que el Monte Calvario. Una curiosidad: en el pelo, Velázquez arañó con el cabo del pincel para darle textura. Parte del rostro está cubierto por el pelo, dándole un toque, diría, «instagram» en el buen sentido.
Otros Cristos Desnudos
A diferencia de Velázquez y Pacheco, otros artistas sí representaron a Cristo desnudo. Podemos ver ejemplos en Donatello en el siglo XV, el propio Miguel Ángel en su juventud, y Benvenuto Cellini.
El Greco: Expresionismo y Drama
El Greco, mi pintor favorito, ofrece una interpretación brutal, expresionista y dramática del sufrimiento en la cruz. Me interesan sus encarnaduras blanquecinas, que a menudo parecen indicar que Cristo está a punto de morir, sin sangre. Sus Cristos muestran deformaciones: cabezas, manos y pies pequeños, pero músculos muy abultados. Las poses tienen una gracia particular, en forma de «eses». Sus cielos son apocalícos, como el fin del mundo. Aunque no tienen excesiva sangre, la mirada es crucial: grandes pinceladas de blanco en los ojos crean la impresión de que está mirando a Dios, una mirada mística, casi llorando. El Greco era libre, y situaba a Jesucristo con fondos de El Escorial o Toledo. No olvidemos que El Greco fue un pintor «marginal» hasta el siglo XX.
El Crucificado de Masaccio (siglo XV)
Esta obra del Renacimiento muestra una deformación diferente. Las figuras están deformadas para corregir las alteraciones ópticas, ya que el crucificado formaba parte de un retablo muy alto. Vemos escorzos y un importante fondo dorado, muy simbólico.
El Retablo de Isenheim de Matthias Grünewald (siglo XVI)
Sin duda, uno de mis favoritos. Este pintor alemán del Renacimiento nos presenta una crispación brutal en esas manos, en ese rostro. ¡Cuánta sangre, cuánto dramatismo! Es un Cristo casi putrefacto, con muchísimas heridas. Las manos están crispadas y clavadas con las palmas hacia arriba, un simbolismo impactante. La boca desencajada, deshecha por el dolor. Aquí vemos la crueldad humana, los horrores de la agonía, incluso anatómicamente con el cuerpo deformado y los pies brutales.
El color también es significativo: verde pálido en la piel. Vemos a María desfallecida en brazos de San Juan, al Cordero de Dios echando sangre en una copa, a María Magdalena implorante, un paisaje crepuscular de muerte y a San Juan Bautista señalando a Cristo. Un verdadero drama.
Conclusión: El Mensaje del Sufrimiento
Mi reflexión final sobre todo esto es que, si bien estas imágenes no siempre se ciñen a la realidad histórica de las crucifixiones, su objetivo es mucho más profundo: mostrar el mensaje de la manera más idónea. Para mí, los mejores Cristos son aquellos más expresionistas, los más crueles, los que realmente transmiten el sufrimiento. Esto se logra a través de la composición, la elección de colores, la postura, los elementos que la conforman y, por supuesto, la luz.
Espero que te haya gustado este recorrido por la figura del Cristo crucificado en el arte. No olvides suscribirte a mi canal de YouTube y darle a la campanita para que te notifiquen cada vez que suba un nuevo vídeo. Busca mi libro en las mejores librerías y nos vemos muy pronto.








