¿Es el Arte Subjetivo? Desmontando el Mito de la Calidad en el Arte Contemporáneo
En el apasionante y a menudo polarizado mundo del arte, una de las afirmaciones más recurrentes es que «el arte es subjetivo». Esta idea, que a primera vista podría parecer una verdad irrefutable, es en realidad una falacia que ha permitido que ciertas obras, carentes de valor real, se filtren y prosperen bajo el amparo de una malentendida «libertad artística».
Como experto en la materia, y crítico de arte que busca la verdad detrás de las apariencias, he sostenido y reafirmo contundentemente que la subjetividad no es un cheque en blanco para la ausencia de calidad. Si algo es subjetivo, difícilmente puede interactuar con objetos, una contradicción inherente a la existencia del *readymade* y a cualquier obra que se manifieste en el mundo físico. Ver una obra de arte implica una experiencia objetiva, de lo contrario, estaríamos en el terreno de la metafísica, no del arte.
La Analogía de la Comida: Comestible no es sinónimo de Calidad
Para ilustrar este punto, siempre recurro a una analogía que considero infalible: la comida. Imaginemos que un chef nos presenta un plato de garbanzos crudos y secos, argumentando que es un «cocido conceptual» diseñado para hacernos sufrir, una experiencia sensorial y emocional profunda. ¿Lo consideraríamos comida de verdad? ¿Lo ingeriríamos con gusto?
Muy bien, es «comestible» en el sentido más básico de la palabra, pero su valor nutricional, su sabor, su propósito culinario son inexistentes. Es una comida inservible, de mala calidad, que no cumple con el mínimo esperado de lo que entendemos por «comer». En el contexto del arte, esta es la línea divisoria crucial.
El Peligro del «Arte VIP»: Una Batalla Retórica con Argumentos Vacíos
La trampa del «arte VIP» —ese arte que parece existir más por el concepto que por su ejecución o impacto— radica en que, filosóficamente, siempre se encontrarán argumentos a favor y en contra de su validez. La retórica puede ser tan poderosa que es fácil perder la batalla dialéctica, incluso cuando la evidencia apunta a la falta de calidad.
Así como los garbanzos crudos son «comida» porque son comestibles, muchas obras contemporáneas son «arte» simplemente porque se las etiqueta como tal. Sin embargo, su incapacidad para trascender, para generar un impacto duradero o para cumplir con las condiciones intrínsecas del arte, las convierte en obras de valor nulo. Es la única manera de entender cómo gran parte de este tipo de obra podría volverse obsoleta y sin valor.
Condiciones Esenciales que el «Arte VIP» Ignora
El arte de calidad no es meramente una cuestión de gustos. Existen condiciones fundamentales que una obra debe cumplir para ser considerada valiosa, y muchas piezas de lo que se conoce como «arte VIP» simplemente las ignoran:
- Relación con el artista: ¿Hay una intención profunda, una habilidad o una visión que se manifieste en la obra?
- Relación con el público: ¿Genera conocimiento, emoción, reflexión, o simplemente perplejidad vacía?
- Relación con el museo/legado: ¿Tiene la capacidad de integrarse en el acervo cultural, de perdurar, de generar conocimiento humano?
El argumento de que «es nuevo» o «transgresor» es una excusa recurrente. La novedad por la novedad misma no es suficiente. El arte ya ha explorado casi todas las formas posibles; lo que importa es la profundidad, la maestría y la capacidad de la obra para conectar con la condición humana, no su simple originalidad superficial. La falta de capacidad intelectual y técnica es lo que impide que muchas de estas obras lleguen a nada. Para una exploración más profunda de estos temas, te invito a visitar mi web Antonio García Villarán y mi canal de YouTube, donde desmenuzo estas ideas.
Instalaciones y Acumulaciones: La Epidemia de lo Efímero y sin Acervo
Las instalaciones, a menudo, son presentadas como obras de arte sin serlo realmente. Es común ver a escultores renombrados «etiquetar» sus conjuntos escultóricos como instalaciones para que sean aceptados en ciertos circuitos, un triste reflejo de la presión por encajar. Sin embargo, muchas de estas instalaciones son efímeras, destinadas a ser desechadas, sin generar valor alguno.
Pensemos en el «acervo», ese patrimonio de conocimiento y objetos que los museos y la humanidad atesoran. ¿Cuántas instalaciones generan acervo? Lamentablemente, muy pocas. No están generando acervo ni para los museos ni para el conocimiento humano, que es el fin último del arte. Incluso artistas con fama mundial caen en esta categoría.
Ejemplos de la Carencia de Valor Duradero
* Clara Lidén: Una de sus «instalaciones» consistía en cincuenta o más cajas de cartón apiladas, acompañadas de un monitor viejo con un vídeo anodino. ¿Esto es arte? ¿Qué valor material o intelectual aporta? Es una obra que se tirará a la basura, sin dejar rastro de su existencia más allá de la anécdota.
* Ai Weiwei: En una retrospectiva suya, se exhibían miles de varillas de construcción alineadas a mano por obreros chinos. La «virtud» era el trabajo artesanal en una sociedad industrializada. Pero, ¿cuánto costó trasladar, instalar y luego desechar esas varillas? ¿Qué queda de eso en un museo, más allá de una curiosidad efímera? Se trata de una desmesura sin contenido, un costo incalculable para algo que no genera legado.
* Acumulaciones de objetos: Otro estilo recurrente es la acumulación de objetos prefabricados. El ejemplo de los caramelos (en referencia a Felix Gonzalez-Torres, aunque no se le nombre explícitamente en el vídeo) es paradigmático: kilos de caramelos que el público puede llevarse, supuestamente representando el peso de un ser querido fallecido. Pero la elección de los caramelos es indiferente, a menudo se compran los que haya disponibles. ¿Dónde está el valor artístico cuando la idea es tan vaga y la ejecución tan genérica?
Incluso objetos cotidianos como un rollo de papel higiénico, por muy ingenioso que sea su diseño y por mucho que represente un «paso de civilización», no se convierten en arte por acumularlos o darles un sentido forzado. Cualquier objeto, si se le dedica suficiente retórica, podría ser «arte». Pero la facilidad de producción y la ausencia de una factura técnica o intelectual sólida son los verdaderos indicativos de su falta de valor. En mi academa crea13, analizamos cómo la técnica y el concepto deben ir de la mano para crear arte con verdadero impacto.
Conclusión: Reafirmando la Calidad y el Conocimiento en el Arte
El arte no es puramente subjetivo. Requiere de una base de capacidad intelectual, técnica y una intención profunda que vaya más allá de la mera provocación o la originalidad vacía. Debe generar conocimiento humano, perdurar en el tiempo y enriquecer nuestro acervo cultural. Desafiar esta premisa es abrir la puerta a la mediocridad y al engaño, disfrazados de «arte contemporáneo».
El arte, como la comida, debe nutrir; no solo ser «comestible» sino también delicioso y beneficioso. Solo así podremos distinguir el verdadero arte de la simple retórica o la acumulación sin sentido.








