José Guadalupe Posada: El Maestro de la Calavera y el Inventor de la Catrina Mexicana
Hola, soy Antonio García Villarán, y quiero compartir contigo una historia fascinante que conecta mi pasión por el arte macabro con uno de los artistas más influyentes de México. Un día, mientras visitaba una de mis librerías favoritas en Sevilla, mi librero, conociendo mi gusto por las calaveras, me recomendó un libro. Al abrirlo, me encontré con un sinfín de grabados de calaveras que inmediatamente me recordaron la historia del arte occidental: desde Goya y sus grabados, hasta los dibujos de Toulouse-Lautrec, las imágenes de Käthe Kollwitz, el expresionismo alemán, y el oscuro mundo de Alfred Kubin. También sentí la resonancia de la pintura romántica y, sobre todo, la profunda influencia de Hans Holbein, creador de la Danza Macabra que inspiró mi propia Danza Macabra contemporánea.
Movido por esta conexión, decidí investigar y así descubrí a José Guadalupe Posada. Nacido en Aguascalientes, México, entre 1852 y 1853, y fallecido en 1913, Posada fue una figura excepcional. Pero lo que más me cautivó fue que Posada fue el inventor de la Catrina mexicana, una imagen que se convertiría en un símbolo fundamental de la identidad cultural de México.
La Catrina: De la Crítica Social al Ícono Mundial
La Catrina que hoy conocemos fue popularizada por Diego Rivera, transformándose en uno de los emblemas más importantes de México a nivel global. De hecho, en su célebre mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, Rivera inmortalizó a la Catrina con un elegante plumaje y sombrero, flanqueada por el propio Guadalupe Posada y Frida Kahlo, con un joven Diego Rivera a sus pies.
Pero, ¿qué es la Catrina? Es, en esencia, un personaje crítico: una calavera que simboliza a una persona rica con un elaborado tocado del siglo XIX. Estos grabados se publicaban en los llamados «periódicos de combate», publicaciones populares que ejercían una fuerte crítica social. La palabra «Catrina» proviene de «catrín», que significa «hombre elegante y bien vestido». Las calaveras de Posada, ataviadas con galas o cabalgando en fiestas de la alta sociedad, eran una mordaz crítica a la miseria, los errores políticos y, sobre todo, la hipocresía de una nueva élite mexicana que anhelaba ser como los europeos (españoles o franceses), renegando incluso de su propia herencia indígena.
Originalmente, a este esqueleto se le conocía como «La Calavera Garbancera», en alusión a las personas que vendían garbanzos y, aunque sin carne, pretendían tener una vida de alta alcurnia. Hoy, las Catrinas son omnipresentes en todo México, convertidas en el símbolo por excelencia del Día de Muertos. Han calado en el subconsciente colectivo mundial, apareciendo en películas como Coco (2017), La Liga de los 5 (2020) o Catalina La Catrina: Especial Día de Muertos (2021). Posada logró crear un legado que trasciende el tiempo.
La Vida y Obra de un Genio Incomprendido
Poco se sabe de la vida personal de Posada, pero su final fue trágico. Murió a los 61 años, sumido en el alcoholismo, tan pobre como nació. A pesar de una vida intensa y de trabajo incansable, llegó un momento en que su fama era tal que no podía satisfacer todos los encargos. Aunque crítico socialmente, Posada trabajaba bajo demanda para imprentas y periódicos, ilustrando desde crímenes y apariciones marianas hasta sátiras políticas, incluyendo caricaturas tanto a favor como en contra de Porfirio Díaz.
Lo que realmente admiraba de Posada era su incansable espíritu de investigación en las técnicas de grabado. Incluso llegó a ganar la lotería y utilizó el premio para profundizar en su dominio de la litografía, los grabados en plomo, zinc y xilografía. Era un virtuoso en todas estas técnicas.
¿Y dónde aprendió a dibujar este genio? De niño, ayudaba a su hermano mayor, quien era profesor, entreteniendo a los niños con sus dibujos. Más tarde, su padre lo envió con su tío Manuel, alfarero, donde Posada perfeccionó sus habilidades pintando vasijas. Se formó en la Academia Municipal de Dibujo de Aguascalientes y fue aprendiz en el taller de Trinidad Pedroza. ¡Con solo 15 años, Posada ya era un artista reconocido y muy productivo! Abrió su propio taller en León y llegó a ser profesor de litografía en una escuela secundaria.
Su vida familiar también estuvo marcada por la tragedia. Se casó con María de Jesús Vela y tuvo un hijo, Juan Sabino Posada Vela, quien estudió fotografía aplicada a la industria en la Escuela Nacional de Artes y Oficios para Varones. Sin embargo, a los 17 años, su hijo falleció de tifo, una enfermedad de la pobreza. Este suceso marcó el inicio del declive de Posada, quien comenzó a beber en exceso. No se sabe si su esposa lo abandonó o murió antes que él, pero al momento de su fallecimiento, nadie reclamó su cuerpo, terminando en una fosa común.
Posada colaboró con al menos 32 periódicos e ilustró innumerables libros y programas de mano. Aunque circulan mitos sobre su encarcelamiento por sus caricaturas, parece que nunca fue el caso, dado que trabajaba por encargo.
La Inspiración Detrás de las Calaveras: Arte Universal
Las calaveras de Posada son, sin duda, su legado más impactante. ¿De dónde surgió esta fascinación? Algunos sugieren que era un estudioso del arte prehispánico, mientras que otros apuntan a la influencia de la peste que asoló la Ciudad de México a finales del siglo XIX y principios del XX, dejando una gran cantidad de cadáveres que él pudo haber presenciado de niño. Su primera calavera publicada fue en la revista El Jicote en 1871, donde dibujó una calavera con una guadaña.
Yo mismo me siento profundamente identificado con su imaginería. Aunque uso las calaveras con un propósito diferente, los cráneos y los huesos me fascinan desde niño. Creo que Posada también tenía una conexión personal con este motivo.
Es común escuchar que la obra de Posada era «arte popular», en ocasiones, con un matiz despectivo. Si bien es cierto que era arte para el pueblo, ¿no lo eran también los grabados de Goya? Creo que esta categorización a menudo busca restarle valor a unas imágenes potentísimas, de un expresionismo brutal. Sus obras se plasmaban en cajetillas de cerillas, cajas de puros, etiquetas de vino, medicamentos, recetas de cocina, carteles taurinos, de teatro, de circo, grabados esotéricos, juegos de mesa y cancioneros.
Crear estas imágenes no era tarea fácil. Muchas se realizaban con una sola tinta –el negro–, utilizando el blanco del papel. Estos dibujos puros y fuertes requieren un dominio excepcional de la composición, el dibujo y la narrativa, especialmente en sus versiones en miniatura, que aumentaban la dificultad. A menudo, utilizaba el buril, arañando una plancha de zinc para crear las líneas que luego se imprimían en papel.
En 1892, a los 40 años, Posada, ya plenamente reconocido, comenzó a colaborar con la imprenta de Antonio Vanegas Arroyo, la cual conserva la mayor colección de sus grabados. Sus temáticas abarcaban desde catástrofes naturales y milagros hasta crímenes, escándalos, peregrinaciones y sucesos sensacionalistas. También ilustró cuentos de amor y retratos patrióticos.
Para mí, Posada retrató la condición humana en su esencia más pura. Sus imágenes son universales, capturando la miseria, el amor, la tragedia, lo cotidiano, lo marginal, el placer, el odio y la fe. Supo plasmar el alma humana como pocos.
El Legado Imperecedero de un Arte Efímero
Lo paradójico del arte de Posada es que muchas de sus obras nacieron con un fin efímero: panfletos, papel de periódico, cajetillas. Sin embargo, estas imágenes han pervivido hasta hoy, y su valor no hace más que crecer.
Recientemente, buscando más inspiración, encontré otro libro que inicialmente pensé que era de Posada. La portada decía «Manilla, grabador mexicano». Investigando, descubrí que Manuel Manilla fue un artista anterior a Posada, quien se inspiró en su obra. ¡Esto me voló la cabeza! Me propuse investigar a fondo sobre Manilla, y te lo contaré en un próximo vídeo en mi canal de YouTube.
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¡Nos vemos muy pronto!








