El Greco y la Expulsión de los Mercaderes: ¿Cuadros Peligrosos para la Iglesia?
¡Hola a todos, soy Antonio García Villarán! En esta ocasión, vamos a adentrarnos en la obra de El Greco, un artista que me fascina, y en particular, en una serie de cuadros que considero profundamente interesantes y, quizás, algo “peligrosos” para la institución eclesiástica: las cinco versiones de la Expulsión de los Mercaderes del Templo.
¿Por qué digo que son cuadros peligrosos? Porque muestran una faceta de Cristo que no suele ser la más difundida por la Iglesia. Hablamos de Jesús, el hombre de paz, el que obró milagros, el hijo de Dios, bondadoso y perdonador… pero en este pasaje bíblico, Jesús se enfurece. Y no solo se enfurece, sino que, según el relato, se lanza a latigazos contra los mercaderes en el templo.
El Significado de la Ira de Cristo y la Voz de la Teología
Pero este vídeo no solo trata del significado profundo de estos cuadros, sino que también he contado con la valiosa opinión de mi amigo S.M. Dani, un cura real, el «cura de YouTube», para que nos ofrezca una perspectiva teológica. Además, desglosaremos cada una de las cinco obras, analizando su composición, color, y las diferencias entre ellas. ¡Un vídeo realmente apasionante!
Por cierto, os recomiendo encarecidamente un libro sobre El Greco del célebre director de cine Sergei Eisenstein (sí, el de El Acorazado Potemkin y Iván el Terrible). A él le encantaba El Greco y escribió un libro entero sobre su obra. Es fascinante conocer su opinión, ya que algunas versiones le gustaban mucho, mientras que otras las criticaba. Curiosamente, yo discrepo con él en la versión de 1600, que considero una de las más interesantes, especialmente por sus figuras alargadas y deformaciones únicas. Eisenstein la tachaba de «horrible» por sus pantorrillas «de campana».
La Verosimilitud del Pasaje Bíblico
Lo primero que debemos entender es que este pasaje de la Biblia es verosímil. Está recogido en los evangelios de los cuatro apóstoles, y por ello la Iglesia lo reconoce como un hecho histórico. Es decir, parece ser que si Jesucristo hubiera existido, realmente se habría aliado a latigazos con los mercaderes del templo.
Una de las cosas que más me intriga, y que no termino de entender en la Iglesia actual, es que si a Jesús le molestaba el negocio dentro del templo, ¿por qué hoy lugares como el Vaticano o muchas iglesias que visito tienen tiendas de souvenirs, postales de santos o pañuelos pintados? Yo mismo a veces compro alguno por gusto o para regalar, pero ¿no es eso hacer negocio en un templo? Si Jesucristo viviese hoy (y estoy convencido de que sería un youtuber para hacer llegar su mensaje a todo el mundo, como yo en mi canal de YouTube), ¿le gustaría, por ejemplo, lo de las máquinas de monedas que destruyen una moneda para grabarle la imagen de la virgen o de una iglesia?
Cristo Enojado vs. Cristo Mártir: ¿Qué Imagen Vende Más?
Cuando afirmo que estos cuadros son peligrosos, no lo digo a la ligera. He investigado y, que yo sepa, no he visto muchas procesiones de Semana Santa que muestren esta visión de Cristo: liándose a latigazos con los mercaderes. Sin embargo, sí abundan las representaciones de Cristo crucificado, azotado, o en el descendimiento de la cruz.
Estas son imágenes de un Cristo que sufre, sangrando, martirizado. Parece que esta imagen «vende» más. Ser mártir atrae, pero ¿quién quiere estar al lado de un «tirano»? Tampoco abundan las imágenes de Cristo resucitado, y me pregunto: para los creyentes, si Jesús no resucita, ¿realmente todo lo que hizo anteriormente tiene sentido? Las imágenes son cruciales. En el Renacimiento, la gente no sabía leer ni escribir, pero sí interpretar una imagen. Se enseñaba a través de ellas. Por eso, estas obras de El Greco son fundamentales y, quizás, por eso mismo, molestan tanto.
Las Cinco Versiones de la Expulsión de los Mercaderes
Vamos a analizar estas cinco versiones que pintó El Greco a lo largo de su carrera.
1. La Primera Versión: C. 1568 (Washington)
Esta obra, fechada aproximadamente en 1568, puede verse hoy en la National Gallery of Art de Washington. Es uno de sus primeros cuadros, de su época veneciana, y está muy influenciado por artistas como Tintoretto, Rafael Sanzio o Veronese, así como por la pintura de iconos, tradición de la que El Greco procedía.
Este cuadro es fascinante por su complejidad. Si lo dividimos por la mitad, vemos dos grupos de figuras: las que ataca Jesús y otras que parecen ser viejos sabios, e incluso dos niños que podrían ser querubines. Una de las características que más me gusta de toda esta serie es el movimiento que El Greco logra con la posición de las figuras. Cristo forma dos arcos que se rompen, similares a una cruz, pero una cruz en movimiento que impacta a los mercaderes. Las líneas compositivas de estos últimos generan una agitación en la escena, una complejidad que me encanta.
Si dividimos el cuadro en dos, una zona está más vacía que otra, y es la del templo. Al fondo, El Greco ha colocado una lámpara que, en mi opinión, simboliza la luz de la verdad, el alma del ser humano. Algunos en la Iglesia interpretan que el templo es el propio cuerpo, y hay que liberarse de los pecados para recibir a Dios. También se percibe una gran influencia de Miguel Ángel en este cuadro; algunas figuras recuerdan a las de la Capilla Sixtina. Las columnas corintias tienen un doble significado: Jesús está azotando a los mercaderes, pero según las escrituras, él mismo será azotado en una columna poco después. ¿Será que El Greco insinúa que si te portas mal, los demás también lo harán contigo? En una esquina, vemos el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo, un elemento recurrente en otras obras del artista como la Adoración de los Pastores.
Otro detalle que me llama la atención son los pájaros. Aunque las escrituras mencionan palomas y bueyes, El Greco incluye un pájaro exótico posado en lo alto de una columna. ¿Simbolizará el paraíso o, más bien, la expulsión de él? En una de las versiones posteriores, El Greco es más explícito y coloca directamente la Expulsión del Paraíso en una parte superior del cuadro. También vemos palomas, una perdiz e incluso una gallina. Se aprecian esculturas de la cultura clásica, que evocan al pueblo romano. La calidad pictórica es asombrosa: pequeñas pinceladas muy libres que añaden movimiento a la escena, nada de detalles relamidos. Incluso hay empastes, mostrando el interés de El Greco por la pintura en sí misma. Resolvía detalles con pocos trazos, un verdadero maestro. Algunos rostros tienen un expresionismo brutal, ¿no recuerdan un poco a las Pinturas Negras de Goya? Esos desnudos, aunque no con el mismo color óptico, también podrían ser otra influencia de Miguel Ángel. Sabemos que a El Greco le gustaba la provocación.
2. La Segunda Versión: Época Romana (Mineápolis)
Esta segunda versión, de su época romana, es muy similar a la primera y se encuentra hoy en el Minneapolis Institute of Art. Presenta algunas diferencias, como la ausencia de las dos esculturas en la parte alta y de ciertos pájaros.
Sin embargo, en la esquina inferior derecha, encontramos un grupo de artistas de la época: Miguel Ángel, Rafael Sanzio y Giulio Clovio. A través de esta pintura, El Greco se introduce directamente en el Renacimiento, viniendo de su tradición de iconos bizantinos. Algo muy interesante de esta versión es que El Greco repite una fórmula que le funcionaba, algo que hará a lo largo de su vida. Por ejemplo, la composición de colocar figuras en una esquina inferior del cuadro la repite en El Expolio, una obra posterior de su época toledana.
3. La Tercera Versión: 1595-1600 (Frick Collection)
Esta tercera versión, fechada entre 1595 y 1600, es la más conocida y se halla en la Frick Collection de Nueva York. Aquí ya observamos diferencias significativas, empezando por el punto de vista. En las versiones anteriores, la línea del horizonte estaba muy alta, situando al espectador como si estuviera elevado, como un gigante o un dios. En esta, el punto de vista baja, colocando al espectador a nivel de la escena. ¡Nosotros formamos parte de ella, podríamos ser mercaderes y llevarnos un latigazo de Jesús!
Otro cambio sustancial es que la escena se acorta, con menos espacio superior, y Cristo se sitúa justo en el centro. La composición se divide en dos partes muy claras: en una, los mercaderes muestran un gran movimiento, con líneas compositivas ondulantes, personajes contorsionados y esfuerzos radicales; en la otra, las figuras son más estáticas, con líneas menos curvas. ¡Es maravilloso! La figura del hombre que os he comentado en El Expolio es prácticamente calcada a una de este cuadro. El Greco utilizaba plantillas para sus dibujos previos. Tenía un taller con colaboradores y un cuartito con miniaturas de sus obras para mostrar a los compradores.
Esta tercera versión es una de mis favoritas, no solo por la composición o el movimiento de los personajes, sino por sus detalles. En la parte superior, El Greco pintó a modo de relieve otras dos escenas bíblicas que explican la principal: la Expulsión del Paraíso (cuando Adán y Eva pecan y son expulsados) y el Sacrificio de Abraham e Isaac. Esta última historia, del Antiguo Testamento, cuenta cómo Dios le pide a Abraham que sacrifique a su hijo Isaac para demostrar su fe. Cuando Abraham está a punto de hacerlo, un ángel interviene, diciendo que su fe ya ha sido probada. Simbólicamente, esto significa que solo Dios puede salvar la vida de los pecadores. Y como Cristo es el hijo de Dios, y Dios y Cristo son la misma persona junto al Espíritu Santo… bueno, ya me entendéis. ¡Mejor preguntemos a un cura!
Entrevista con S.M. Dani: Reflexiones de un Teólogo
Le planteé a mi amigo Dani, el «cura de YouTube», algunas preguntas clave sobre la Expulsión de los Mercaderes y su significado para la Iglesia actual.
¿Molesta este tipo de obras a la Iglesia?
Dani reformula la pregunta: «Yo creo que la pregunta habría que reformularla: ¿Pintó El Greco estos cuadros con la intención de molestar, incomodar o denunciar algunas situaciones y actitudes de la institución religiosa o eclesial de su época? Yo no lo sé, pero claramente esta escena recoge el conflicto histórico que tuvo Jesús con la institución religiosa judía, y la Iglesia de todos los tiempos se la puede aplicar».
Continúa: «¿En qué medida nuestros intereses egoístas, económicos y de poder corrompen la esencia del mensaje de Jesús? Visto de esta manera, yo creo que puede incomodar a más de uno. Lo que sí puedo decirte es que en sí mismo ningún pasaje ni del Nuevo Testamento, en general de la Biblia, debería molestarnos a ningún cristiano, ya que los cristianos creemos que a través de la Biblia Dios se da a conocer y nosotros lo que queremos es eso: conocer a Dios».
¿Por qué hay tan pocas representaciones de la Expulsión de los Mercaderes en la historia del arte?
Dani explica: «Pues mira, es un pasaje que muestra una imagen extraña de Jesús, rompe con el molde de un Jesús 100% ternura y perdón. Cuando algo no nos encaja en el conjunto, se sale de la foto, y tendemos a obviarlo, a quitarlo simplemente. Sin embargo, este pasaje yo creo que es muy importante. Verás, hay pasajes bíblicos que tienen carácter histórico y otros que no. Sobre este hay un gran consenso en que tuvo que ser histórico, lo recogen los cuatro evangelios. Tres de ellos coinciden en ver este suceso como la gota que colma el vaso y hace que apresen a Jesús y lo lleven a la cruz».
«Además, el hecho de que muestre a un Jesús muy distinto al que estamos acostumbrados a ver es una discontinuidad que, según los expertos, apoya la hipótesis de que no pudo ser insertado a posteriori, ya que el hecho de que se recoja genere en sí un problema para el redactor, ya que rompe con la imagen aceptable de Jesús. Creo que en vez de obviar este pasaje, deberíamos profundizar más en lo que nos aporta sobre el Jesús histórico y a partir de ahí sacar consecuencias para la vida de la Iglesia de hoy».
¿Es un cuadro peligroso?
«Pues a ver, si entendemos por peligroso algo que pone en cuestión nuestra forma de entender a Jesús y de vivir nuestra fe, sí, es peligroso. Yo creo que esta escena enseña fundamentalmente tres cosas:
1. Primero, que Jesús era 100% humano. Los cristianos creemos que es 100% humano y 100% Dios. Su humanidad hace que tengas sentimientos reales y entre ellos también la ira. La ira no es mala en sí misma, depende cómo la canalices. En Jesús no usa la violencia contra la persona, pero sí canaliza su ira y denuncia con gestos proféticos la mezquindad de aquellas personas. Puede que no nos guste ver a un Jesús así, que mete el dedo en la llaga en nuestros negocios.
2. Lo segundo es que a Jesús le sale la ira cuando le tocan al Padre, cuando manipulan la imagen de Dios y lo utilizan para servir a los intereses del comercio y el lucro. A ver, comerciar no tiene por qué ser nada malo en sí, pero aprovecharse de la imagen de Dios para establecer rituales con sus estipendios y forzar así a los fieles a pasar por caja, eso es pisotear la imagen del Padre, la esencia de la fe que en sí misma es una relación gratuita y amorosa entre Dios y su criatura. Yo creo que en la Iglesia nos lo tenemos que mirar una y otra vez, la tentación de crear un mercado en torno a las cosas de la fe es muy grande y en muchas ocasiones hay que reconocer que lo hemos hecho.
3. Y lo tercero es que Jesús se sentía con autoridad para hacer algo así en el lugar más importante de la fe judía, en la entrada del templo. Se sentía revestido con autoridad que solo podían tener los sumos sacerdotes. Y yo creo que esto es muy serio, porque quiere decir que la autoridad de Jesús está por encima de cualquier autoridad eclesiástica. Ningún cura, ningún obispo o papa puede decir una palabra que tenga más peso que las de Cristo, ni puede forzar a hacer o creer nada que sea contrario a Jesús. Y esto puede incomodar a algunas mentalidades autoritarias dentro de la Iglesia».
¿Cristo no tenía sentido del humor?
«Es cierto, es cierto, yo también me lo pregunto. Lo que sí encuentro en Jesús es mucha ironía fina, sobre todo en el Evangelio de Juan. A menudo ahí hace juegos de palabras o permite dos niveles de interpretación de los hechos y de las conversaciones. Él se mueve en un nivel más elevado, mientras que el resto de los personajes andan como perdidos en el nivel más básico. Aquí yo creo que hay mucha ironía fina. También en las parábolas aparece esta ironía, donde parece incluso hacer chistes, mostrando situaciones irreales como, por ejemplo, cuando cuenta que un pastor dejó solas a las 99 ovejas para buscar a la perdida y cuando le encuentra, la carga a sus hombros con amor y la lleva al redil. Él no cuenta como la cosa más normal que haría todo el mundo, cuando en realidad todos los oyentes saben que un pastor no deja las 99 ovejas solas porque pasan peligro y se va a buscar a la díscola; a la díscola que le den. Y si por lo que sea, manda a alguien para encontrarla, cuando vuelva le va a pegar una somanta de palos para que no vuelva a repetir eso. Pero Jesús no dice eso, da por hecho con cierta ironía que todo buen pastor debería salir a buscar a la oveja perdida y traerla con amor y no darle una somanta de palos, que es como Dios se comportaría con nosotros. Yo a Jesús me lo imagino más en un partido de risa con las bravuconadas de Pedro o tomando unos vinos con Marta, María y Lázaro, ya que son sus grandes amigos, contando anécdotas divertidas o jugando a veces con los niños, los juegos de su tiempo, haciendo el payaso y el huevo para hacerle reír».
¡Muchísimas gracias a Dani por su testimonio! Os animo a seguirlo en su canal de YouTube (S.M. Dani), que os dejo enlazado. ¡Interesantísimo!
4. La Cuarta Versión: 1600 (National Gallery, Londres)
Las dos versiones restantes de la Expulsión de los Mercaderes del Templo son: la cuarta, de 1600, muy similar a la anterior y conservada en la National Gallery de Londres. Es un poco más grande, pero en general, todo lo explicado para la tercera versión es aplicable a esta. No son idénticas, porque El Greco nunca hacía dos cuadros iguales, pero mantienen una gran similitud compositiva y temática.
5. La Quinta Versión: Época Toledana (Iglesia de San Ginés, Madrid)
La última versión, y esta sí es diferente, se encuentra en la Iglesia de San Ginés de Madrid. Pertenece a su última época, su época toledana. De nuevo, vemos figuras que ya había utilizado en otros cuadros. Por ejemplo, el joven con la mano en el pecho y el hombre mayor arrodillado me recuerdan mucho a los de la Adoración de los Pastores, donde se supone que el hombre mayor era El Greco y el joven, su hijo. Podría estar ocurriendo lo mismo aquí.
En este cuadro se aprecia una mayor deformación, con un alargamiento de las figuras mucho más pronunciado. En esta última versión de la Expulsión de los Mercaderes, El Greco vuelve a utilizar las columnas, una imagen de la Expulsión de Adán y Eva del Paraíso y una escultura clásica en relieve que resulta enigmática y que, en principio, podría parecer que desequilibra la composición al estar en un solo lado. Otro aspecto que me gusta de esta obra es su esencia espiritual. Podría dividirse en dos, no vertical, sino horizontalmente: la parte superior con únicamente arquitectura, y la inferior donde se desarrollan todas las escenas. Los personajes, a la vista del espectador, aparecen más pequeños, no en un primer plano como en cuadros anteriores. Además, la verticalidad de las columnas contribuye a una atmósfera más espiritual y mística. Como dato histórico, esta obra llegó a San Ginés mediante una donación de un miembro de la Real Congregación del Santísimo Cristo de la Redención, en pago por «la herencia de su alma», lo que antiguamente se refería a misas de calidad y de difuntos.
El Legado Inigualable de El Greco
Si comparamos estas versiones con otras obras que abordan el mismo tema, como la de Giovanni Paolo Panini (compleja, pero sin la fuerza de El Greco), el relieve de la Catedral de Astorga, la litografía de Alexander Vida (donde Cristo aparece por encima de los mercaderes, como un dios), la versión de Kyoto (con un Cristo que parece dar un puñetazo), o cuadros de seguidores de Caravaggio o de Giambattista Tiepolo, para mí, ninguna tiene la fuerza, la potencia de las pinturas de El Greco.
Es mi opinión personal, claro. Una característica distintiva de los cuadros de El Greco son sus colores, tan potentes que recuerdan un poco al arte pop. La túnica roja y azul de Cristo se repite en todas las obras. El rojo suele simbolizar la sangre y el azul, el cielo. Aunque la historia dice que Cristo en aquel momento podría haber llevado una túnica de ese color, como os explicaré más a fondo cuando hablemos de su obra El Expolio.
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