Antonio López: Más Allá del Realismo. Una Crítica Necesaria
En el vasto universo del arte, ciertas figuras se erigen como pilares inamovibles, mientras otras generan un debate constante. Hoy, por fin, vamos a abordar una de esas figuras que ha marcado el panorama artístico español: **Antonio López**.
La decisión de hablar de Antonio López surge de un reciente correo electrónico. Hace poco, una seguidora de su obra me envió un mensaje bastante crítico, casi reprochándome un artículo que escribí en 2014. Aquel texto analizaba el polémico cuadro de la Familia Real, y si bien mi crítica estaba fundamentada, el correo en cuestión carecía de argumentos, limitándose a una curiosa pregunta: si yo soy artista, ¿por qué no he recibido el Premio Príncipe de Asturias? Es importante aclarar que en ningún momento de mi artículo me autoproclamo más artista que él. La confrontación, a menudo, eclipsa el debate.
Aquel artículo, que podéis encontrar en la sección de mi blog, junto con la carta de esta señora (que, por supuesto, no es ofensiva), exponía las razones por las cuales, a mí, personalmente, no me agrada la obra de Antonio López.
La Mirada Estática frente a la Realidad Vibrante
Una de las ideas que suelo compartir en mis clases, cuando surge el tema, es que la película de Víctor Erice sobre Antonio López, «El Sol del Membrillo», puede ser vista como una lección de cómo no pintar. Para mí, representa una total ausencia de emoción y de búsqueda intelectual. ¿Qué vemos? A un artista pintando un membrillero, documentando cada cambio, cada descenso de un fruto. Pero detengámonos y reflexionemos: la realidad cambia con cada parpadeo. El mundo es un torbellino de transformaciones constantes; un segundo miras algo, y al siguiente ya ha adquirido otro color, otra forma, otra esencia. Además, la percepción es subjetiva: cada observador ve cosas distintas. En definitiva, la pintura, nos guste o no, es interpretación.
Para mí, el arte debe transmitir, debe conmover, debe provocar una reacción interna. Cuando observo, por ejemplo, los cuadros de cuartos de baño de Antonio López, que realizó en una época específica, debo confesar que no me transmiten nada. ¿Qué pensó el artista? «¿Voy a pintar el lavabo de mi estudio, con mis objetos personales, y esto generará una profunda emoción?». La realidad es que no.
¿Qué Nos Dicen Sus Obras Más Famosas?
Tomemos otro ejemplo, el conocido cuadro de la Gran Vía sin gente. ¿Qué mensaje busca transmitir al pintar una calle céntrica de Madrid, ya retratada de mil millones de formas distintas? Sin embargo, Antonio López la pinta, y los medios de comunicación parecen unánimes en calificarla como obra maestra.
Creo que Antonio López se repite. Pinta el mismo cuadro una y otra vez. Como decía André Lhote en su tratado sobre el paisaje, hay dos géneros de artistas: los que pintan para hacer cuadros y los más honestos, que pintan para aprender a pintar. Me inclino a pensar que Antonio López pertenece a los primeros.
¿Realismo o Fotografía? Desmontando un Título
Cuando uno revisa los artículos sobre él, se le describe como el «gran maestro del realismo español». Este es un calificativo muy potente. Si es un «gran maestro», la comparación debe ser con los verdaderos maestros de la pintura española. ¿Qué significa «realismo»? Una fotografía no es inherentemente realista, porque la realidad capturada cambia drásticamente según el punto de vista. Para mí, obras de Lucian Freud o incluso de Saura son mucho más realistas, pues muestran su visión de la realidad, su propia realidad.
El Mito de la Obra Inacabada: ¿Arte o Estrategia?
Otro punto que siempre se destaca, casi como una frase lapidaria, es una de sus citas más célebres: «Una obra nunca se acaba, sino que llega al límite de las propias posibilidades». Por supuesto que las obras se acaban; la clave está en saber cuándo. Si observamos las Pinturas Negras de Goya, ¿diríamos que están inacabadas? ¿O poco pintadas? ¡Claro que están terminadas! Si Goya hubiera añadido más, es probable que las hubiera estropeado. O qué decir de las obras de Sorolla, ¿acaso no están terminadas?
Creo que Antonio López emplea una estrategia, una especie de táctica comercial. Por ejemplo, la idea de que tarda 20 años en pintar el retrato de la Familia Real es algo que, para quien conoce el mundo del arte, resulta inverosímil. Tengo amigos hiperrealistas que no tardan ni un año ni dos meses en un cuadro de ese tipo. Un dato interesante es que Antonio López cobró por el cuadro de la Familia Real 50 millones de pesetas de la época, y en entrevistas que se pueden encontrar en internet, se insinúa que ese pago se realizó mucho antes de la entrega final del cuadro. ¿No parece esto una estrategia clara? A él le encargan obras, no las termina, pero las cobra.
Precios Millonarios y la Percepción del Éxito
Con razón se publicó en un artículo reciente que está pintando 70 cuadros a la vez. No sé si será verdad, pero de ser así, es probable que ya haya cobrado por muchos de ellos, aunque sigan «en proceso». Esto no lo invento; hay artículos que hablan de ello, como uno muy curioso que menciona la venta de un cuadro a un multimillonario mexicano, que, por supuesto, no ha terminado, pero ya ha cobrado y expuesto en varios lugares. En otro artículo reciente, él «pide humildemente» que le dejen trabajar y vender «un cuadrito de vez en cuando». Sin embargo, en 2004, una de sus obras se vendió por 344 mil euros, y en 2008, uno de sus cuadros alcanzó los 1,74 millones de euros en una subasta. Parece que «tirar» con «un cuadrito de vez en cuando» le permite vivir holgadamente.
Composición y Color: Una Comparativa Indispensable
Volvamos a comparar la obra de este «gran maestro» del realismo español con la de auténticos maestros. En cuestión de composición, ¿qué vemos en el cuadro de la Familia Real? Los personajes están de pie, mirándote de frente, como si les hubieran dicho: «Poneos para la foto, que tengo prisa, que tardaré 20 años en acabar el cuadro». No veo un estudio profundo de la composición.
Por el contrario, en Las Meninas de Velázquez, hay una investigación exhaustiva sobre la luz, el espacio, la disposición de las figuras, la perspectiva de los personajes. Eso es un estudio de composición. Lo mismo ocurre en Los Fusilamientos del Dos de Mayo de Goya, o en obras más contemporáneas como «La Danza» de Ressendi, compositivamente genial. En el cuadro de Antonio López, tampoco percibo un estudio profundo del color. Son tonalidades pastel, carentes de emoción. Uno ve un cuadro de Chagall y el uso del color ya transmite muchísimo, o de Van Gogh. Eso sí es estudiar el color.
¿El Tiempo Determina la Calidad? Y la Vida en el Retrato
Se podría argumentar que Antonio López vende mucho, y muy caro, lo que podría implicar una gran calidad. Pero no siempre es así. Sabemos que Van Gogh no vendió un solo cuadro en vida, y ahora sus obras adornan los mejores museos. O el «Mar de Hielo» de Friedrich, una obra magistral que, paradójicamente, no se vendió en vida del artista. El tiempo invertido no justifica la calidad.
Tengo tres teorías sobre por qué tarda tanto en pintar un cuadro:
- Quizás es un poco perezoso y no trabaja con mucha intensidad.
- Podría ser algo torpe al pintar, y la torpeza, naturalmente, alarga los procesos.
- La tercera teoría, y la que considero más probable, es que se trata de una estrategia de marketing. Si le dices a alguien que tardas 20 años en hacer un cuadro, automáticamente su mente pensará: «¡Guau, debe ser una obra maestra!». Pero la realidad no tiene por qué ser esa.
Volviendo al cuadro de la Familia Real, ¿no os parece que los personajes son casi maniquíes? No les veo vida. Sus rostros parecen los de cinco muñecos. Sin embargo, miras la cara de Doña Juana la Loca de Pradilla y esa mirada transmite una profundidad inmensa. O uno de los retratos de Adele de Klimt, donde prácticamente puedes sentir la personalidad de Adele. O en un maestro español como Picasso, al observar el retrato de su tía, ¿no tenéis la sensación de poder percibir cómo era esa señora? ¡Está viva! Y si hablamos de personalidad, los autorretratos de León Spilliaert son verdaderos autorretratos psicológicos que logran conmoverme profundamente.
Considero que a la obra de Antonio López le sobra tiempo, pero le falta mucha poesía y también le falta mucho jazz.
La Enseñanza del Arte: Un Debate Crucial
Antonio López, en un artículo reciente, también aborda la enseñanza, otra de las cosas con las que disiento. Afirma algo así como que ni Picasso, ni Dalí, ni Miró pasaron por la enseñanza formal, y que los mejores artistas no están en el sistema educativo. Sin embargo, creo que olvida a grandes maestros que sí fueron profesores. Kandinsky, por ejemplo, dio clases en la Bauhaus durante mucho tiempo y, sin duda, es un gran artista que cambió el rumbo de la historia del arte. Lo mismo ocurre con Paul Klee, también profesor de la Bauhaus. Incluso Frida Kahlo tuvo alumnos, y Marc Chagall también impartió clases.
Dar clase enriquece al artista. Es cierto que muchos profesores universitarios o de escuela no son los mejores, pero hay otros excelentes. Es curioso que alguien como él, que no deja de dar cursos, esté, en cierto modo, contradiciendo su propia afirmación sobre la relación entre ser profesor y ser un buen artista.
Únete al Debate: Tu Visión sobre Antonio López e Hiperrealismo
En definitiva, si deseáis debatir esta opinión, estoy abierto. Incluso si me hacéis cambiar de parecer, no tengo problema en reconocerlo, siempre y cuando vuestros argumentos sean convincentes. Si este tema os interesa, os propongo un juego: usad el hashtag #ATOPECONANTONIOLOPEZ en redes sociales. Podréis dejar vuestras preguntas u opiniones, y si veo mucho interés, intentaré responder a todas.
Hay que hablar de arte sin miedo. Lo que no se conoce, no se valora. Si se os ocurre algo, por muy transgresora que parezca la idea, compartidla, porque es así como generamos un diálogo. No olvidéis suscribiros al canal y compartir este video para que estas ideas lleguen a más personas y se cree un debate interesante. Dejadme un comentario con vuestra visión sobre Antonio López, sobre el hiperrealismo (que es muy amplio, y hay tipos de hiperrealismo que sí me gustan).
Nos vemos muy pronto, ¡pintor de oficio! Eso dice, pero es mucho más. Me quedo con su mirada, ¡maestro! ¿Qué te parece eso?








