Lucian Freud: El Pintor Realista Que Marcó el Siglo XX
Hola, soy Antonio García Villarán, y en este artículo te desvelaré la fascinante obra de uno de los artistas del siglo XX que más me apasionan: Lucian Freud. No nos centraremos en los datos biográficos que ya son ampliamente conocidos –su origen judío en Berlín, su emigración a Gran Bretaña a los 11 años, su parentesco con el famoso psicoanalista Sigmund Freud, o sus legendarias bancarrotas jugando a las carreras de caballos o perros–, datos que puedes encontrar en muchos libros.
Lo que realmente me interesa contarte es el fenómeno de Lucian Freud, un artista célebre por sus impactantes pinturas de desnudos. De hecho, en 2008, una de sus obras, como la que ves aquí, estableció un récord mundial al convertirse en la pintura más cara vendida de un artista vivo, alcanzando la asombrosa cifra de 36 millones de dólares.
Pero, ¿cómo llegó Lucian Freud a tal maestría? ¿Cuáles fueron sus secretos? ¿Cómo se inició en el mundo del arte? ¿Vendía mucho o poco? ¿Por qué se mantuvo fiel al realismo en un siglo dominado por el vanguardismo abstracto, surrealista, impresionista o expresionista? ¿Cuántas etapas tuvo su trayectoria como pintor? Todo esto y mucho más te lo cuento a continuación.
El Mito del Artista Autodidacta y Sus Primeros Pasos
Empecemos por el principio. A menudo se ha dicho que Lucian Freud era un artista autodidacta, pero la realidad es que el autodidactismo, en su sentido más estricto, no existe. Freud asistió a varias escuelas de arte, siendo la más influyente la de su maestro Cedric Morris. Ingresó allí en 1939, a la temprana edad de 16 años, marcando el inicio de su primera etapa pictórica.
Una peculiaridad de esta fase es que, al igual que su maestro, pintó muchos retratos, pero no de manera realista. Sus obras de entonces podían describirse como expresionistas, caricaturescas o incluso grotescas. ¿Qué buscaba Freud con esto? No se limitaba a representar lo que veía; iba más allá. Quizás intentaba capturar la parte más psicológica del personaje, o incluso, como se ha dicho y él mismo persiguió a lo largo de su carrera, retratar su alma. No en vano, Lucian Freud es considerado uno de los mejores retratistas del siglo XX.
En esta primera etapa, una de sus «rarezas» era que pintaba sin borrar ni repintar. Cada pincelada quedaba fijada, contribuyendo a ese aspecto grotesco y expresionista de sus cuadros. Personalmente, me recuerdan un poco a la obra de artistas como Otto Dix o George Grosz, por ejemplo, en su obra «Sala de hospital». En ella, un niño con la cara aplastada y ojos desproporcionados resulta inquietante, casi hipnótico. En «Refugiados», un grupo de personas presenta rostros siniestros, especialmente el de la niña de abajo con la lengua fuera, una imagen tremenda.
Es cierto que, en un sentido clásico, sus personajes carecen de un dibujo «correcto» o «perfecto», pero con esta estética cercana al «arte infantil», lograba una pintura mucho más expresiva, algo que resuena con los principios de los expresionistas alemanes, aunque no fuera su corriente directa.
Influencia Surrealista y la Mirada Animal
De esta primera etapa de aprendizaje, que ya mostraba una personalidad única, pasamos a una segunda fase donde Freud se dejó influir por el surrealismo. Durante este periodo, pintó cuadros que evocan a figuras como René Magritte, con cabezas de cebra asomando por ventanas o combinaciones inusuales de objetos, mostrando una cercanía con la pintura metafísica.
En esta etapa también retrató intensamente a Kitty Garman, su primera esposa. Sus retratos son espectaculares; el dibujo de los rostros está deliberadamente exagerado, con ojos enormes, cráneos algo aplastados y otras deformidades, todo en pos de una mayor expresividad. Al ver estos retratos, uno siente la intensidad de la mirada, la fuerza que emana. En ese momento, Freud pintaba sentado y con pinceles diminutos, casi de un solo pelo. De hecho, el artista y crítico de arte Herbert Read lo describió como «el inglés del existencialismo». Creo que estos retratos, con sus ojos grandes y sus imágenes a la vez «cookies» y siniestras, anticipan el movimiento Lowbrow y posiblemente se inspiraron en maestros como Otto Dix o Alberto Durero. Si te acercas a ver los detalles, te darás cuenta de que pintaba cada pelo, cada bigote del gato, con una precisión asombrosa.
Freud sentía una gran fascinación por los animales, que aparecen recurrentemente en su obra: galgos, otros perros, caballos, pájaros e incluso conejos. ¿Por qué? Porque buscaba pintar la parte animal del ser humano. Si observas bien sus cuadros, verás cómo la mirada de sus sujetos parece más la de un animal que la de una persona, rara vez el personaje mira al espectador; suelen estar inmersos en sus pensamientos o mirando a otro lado. Le gustaba especialmente pintar a los personajes cuando descansaban, pues creía que es en esos momentos cuando emerge su lado más salvaje, el que los diferencia de los humanos. Por eso, rara vez encontrarás un personaje de Freud realizando una acción; la mayoría están tumbados, durmiendo, pensando o leyendo.
Otra característica que admiro de Lucian Freud es su visión revisionista. Se inspiraba en composiciones de grandes maestros, pero siempre les imprimía su toque personal, su propia personalidad. Por ejemplo, su cuadro del padre con la niña guarda un parecido asombroso con el retrato que Balthus hizo de Miró con su hija. Es increíble que un pintor del siglo XX, reconocido mundialmente, lograra aportar algo nuevo basándose en la pintura de los artistas clásicos.
El Giro Hacia el Realismo Crudo y Psicológico
Freud se cansó de pintar sentado y se levantó de su asiento. Dejó a un lado los pinceles de un solo pelo y empezó a trabajar con brochas más gruesas. Sus retratos, que para mí son una de sus mayores contribuciones, se volvieron implacables, explícitos. Para él, lo exterior era el reflejo de lo interior. No pintaba la superficie, la piel; pintaba el alma que se manifestaba a través de rostros, manos, pies, abdómenes y muslos, todo con una gama de color impresionante y una gran cantidad de empaste.
Aquí, algunos críticos han encontrado una conexión con su abuelo, Sigmund Freud, viendo en su pintura una forma de psicoanalizar a las personas que tenía delante. Sus retratos suelen mostrar miradas introspectivas; sus sujetos parecen absortos en pensamientos, conocedores de algo que nosotros ignoramos.
Manuela Mena, una gran estudiosa de Goya a quien admiro, comentó en una conferencia (referida en el vídeo y con más información sobre su trabajo en el Museo del Prado) que Freud nunca pintó por encargo. Si bien algunos libros sugieren que sí aceptó alguno, lo cierto es que pintaba a quienes deseaba: un boxeador con cicatrices, alguien que le llamaba la atención en la calle, un amigo que le caía muy bien o muy mal. Le atraía la gente que no lo dejaba indiferente.
Con o sin encargo, Freud gozó de total libertad al crear estos retratos, que son verdaderamente crudos. Observa los retratos que hizo al Barón Thyssen; son espectaculares. Es difícil imaginar a alguien pidiendo que le pinten el rostro con esa dureza, pareciendo más mayor o más «vieja». Freud pintaba tal y como veía, y sus modelos simplemente se callaban. No es de extrañar que aceptara algún encargo ocasional, pues sabemos que se arruinó varias veces apostando en carreras. Quizás necesitaba el dinero para seguir «gastando», aunque, irónicamente, perdió interés en el juego cuando empezó a ganar grandes sumas. Según sus biografías, lo que le fascinaba era la posibilidad de perderlo todo, de quedarse sin nada y seguir pintando, buscando el lado más salvaje de la vida.
Entre sus retratos más espectaculares se encuentran el de la famosa modelo Kate Moss, e incluso el de la Reina Isabel II. Este último tiene su historia: se dice que no fue la Reina quien se lo pidió, sino que fue Lucian Freud quien solicitó pintarla, y ella tuvo que acudir a su estudio, pues él no se desplazaba. El retrato generó controversia; muchos críticos lo lapidaron, considerándolo el peor retrato real de la historia, mientras que otros lo elogiaron. A mí, personalmente, me encanta.
También retrató a su amigo Francis Bacon, de quien prometo hablar en otro vídeo si apoyáis este contenido. Retrató a sus amigos, parientes, hijos, hijas y esposas, porque su pintura, como él mismo decía, era profundamente autobiográfica; pintaba sobre sí mismo, sobre su vida.
Autobiografía en el Lienzo: La Mirada Dura Consigo Mismo
Lucian Freud era un hombre de extremos, algo evidente en todos los aspectos de su existencia. En sus retratos, no se permitía ni una sola licencia, incluso en sus autorretratos. No era duro solo con las personas que posaban para él, sino también consigo mismo. Decía que para pintarse uno mismo, debía pensar que la persona en el espejo no era él. Sinceramente, junto a los autorretratos de Van Gogh, Rembrandt y algunos de Frida Kahlo, considero a Freud uno de los mejores pintores de autorretratos de la historia. Si no estás de acuerdo, ¡déjalo en los comentarios!
Si hay retratos que me cautivan por su calidad psicológica, son los que hizo de su madre. Tras la muerte de su padre, su madre intentó suicidarse. Freud, buscando ayudarla, decidió pintarla. Ella acudía a su estudio cinco o seis días a la semana, posando para él, y así logró crear esta maravilla. La madre parece ausente, en otro mundo, casi como una «muerta viviente». La pintó durante cinco o seis años, tiempo en el que ella leía o simplemente permanecía quieta. Su capacidad psicológica al retratar este estado es, sin duda, fuera de serie. Lo que hace su madre es mirar hacia adentro, inmersa en sus propios pensamientos. Freud confesó que le gustaba pintar a su madre cuando ella ya no se interesaba tanto por él, pues en vida estuvo algo obsesionada, y él pasó toda su existencia intentando separarse de ella.
Los Desnudos: Cuerpos en Descanso sin Erotismo
¿Y qué decir de sus desnudos? Creo que son sus grandes obras, magníficas tanto los femeninos, por los que es más conocido, como los masculinos, igualmente brillantes. La pintura de desnudos de Freud podría requerir otro vídeo aparte, pero te invito a descubrirlos, a buscar en libros o internet. Fíjate en las composiciones que utiliza, en las deformidades que a veces crea, al estilo de El Greco, alargando cabezas.
A mi parecer, sus desnudos no tienen nada de erótico. Nos presenta cuerpos en descanso, explorando sus virtudes, defectos, deformaciones, manchas en la piel, o la suavidad y transparencia de esta. Los pinta como si fuesen animales durmiendo a su lado.
Algunos de mis cuadros favoritos son los que hizo del performer Leigh Bowery, un artista australiano corpulento y con una personalidad desbordante. Bowery posaba en posturas extrañas e incómodas, sabiendo que pasaría a la posteridad a través del arte de Freud. A Freud no le importaba pintar a gente mayor, joven e incluso a niños, a quienes a veces representaba como si fuesen viejos, intentando captar «el alma vieja del niño».
Por cierto, el primer desnudo que pintó Freud fue el de una de sus hijas, una obra que, en esencia, se asemeja a uno de Munch, demostrando cómo se inspiraba en los grandes maestros.
El Estudio como Universo y la Etapa Final
Aunque célebre por sus figuras, Freud también trabajó el paisaje. Pintaba plantas con un detalle excepcional, pero siempre desde su estudio. Esta es otra de sus peculiaridades: prácticamente no salía de allí, a diferencia de los impresionistas. Si pintaba una planta, la tenía en el estudio; si era un paisaje urbano, era lo que veía a través de su ventana, como unos escombros donde se cuenta que pagaba a mendigos para que no se llevaran los colchones, y así poder seguir pintándolos.
De esta etapa pasamos a la que, desde mi punto de vista y tras una observación exhaustiva de su obra, es su cuarta y última fase. En ella, utiliza la misma técnica que en la tercera, pero se vuelve más ambicioso. Aborda formatos más grandes, composiciones con varias figuras y, en definitiva, se «complica la vida». No es que deje de hacer retratos pequeños, sino que se aventura en obras más complejas.
Fíjate en este retrato que hizo al Barón Thyssen, con un pequeño cuadro detrás de su colección: «El Pierrot Alegre» de Jean-Antoine Watteau (1972). Freud se inspiró en esta obra para crear otra composición en la que utilizó a parte de su familia, disfrazándolos y colocándolos en una posición algo extraña, muy apretados, a diferencia del cuadro original. Y es que a Lucian Freud también le gustaba el «cachondeo», el humor y la crítica en sus obras.
Un claro ejemplo es su retrato de Andrew Parker Bowles, sentado de forma despatarrada, con el abdomen expuesto y la ropa desabrochada. Esto es una reinterpretación de uno de los retratos que se encuentran en la Tate Modern Gallery, concretamente el de James Tissot, realizado por Frederick Gustavus Burnaby. Esta desmitificación de personajes ilustres también la vemos en otros artistas, como Reséndiz con los toreros andaluces. Es una perspectiva que me interesa mucho, un nuevo punto de vista a la historia del arte.
Excentricidades y Legado de un Mito
Se podría hablar muchísimo más de Freud, pero te contaré algunas de sus extravagancias y rarezas. Fue un «niño bien», con dinero, niñera, y sin necesidad de los bajos fondos. A los 10 u 11 años, ganó el Premio Guggenheim de pintura. Aunque recibió clases, también fue profesor durante varios años en una importante escuela de arte. Ya he mencionado que siempre pintaba en su estudio y del natural; si bien alguna biografía señala que ocasionalmente se basó en fotos, eran las menos. La persona siempre tenía que estar allí, horas y horas, días y meses.
Se dice que tuvo muchísimas amantes, e incluso que llegó a tener entre 30 y 40 hijos, aunque los reconocidos son 14, que no son pocos. Lucian Freud siguió pintando cada día hasta sus 88 años, de hecho, el día antes de morir, estaba pintando. Se vio envuelto en peleas físicas, a pesar de ser un hombre reservado, y acumuló accidentes y conducciones temerarias. Fue perseguido por deudas de juego y llegó a pagar algunas con cuadros al no tener dinero.
Su figura se ha convertido en un mito. Recientemente, parte de sus cartas se vendieron por una fortuna. Hacia el final de su vida, acumuló una gran cantidad de dinero y poseía una impresionante colección de arte, con obras de John Constable, Edgar Degas, una escultura de Rodin y pinturas de Camille Corot, entre otros. Este artista llegó a pintar más de 500 obras y, según algunos escritos, las vendió absolutamente todas. Falleció en 2011.
Ahora te pregunto yo a ti: ¿Te gusta la obra de Lucian Freud? Déjamelo en los comentarios. Y si no te gusta, también, ¡quiero enterarme para generar debate! Sobre todo, comparte este vídeo, revienta el botón de «me gusta» y suscríbete a mi canal, porque nos vemos muy pronto.








