Elmyr de Hory: ¿El Mayor Troll de la Historia del Arte o el Gran Engaño del Siglo XX?
¡Hola a todos! Soy Antonio García Villarán, y hoy os traigo una historia que acaba de fliparme y que, sinceramente, no me esperaba. La historia del arte no para de sorprenderme, y esta es una de esas revelaciones que te hacen cuestionar todo lo que creías saber.
Vamos a hablar de Elmyr de Hory, el hombre que ha sido conocido como el mayor falsificador de obras de arte de la historia. Su fama se disparó gracias a una película de Orson Welles, F for Fake, y a un libro de Clifford Irving titulado Fake!.
Elmyr de Hory se hizo mundialmente famoso. Decía haber falsificado obras de Picasso, Matisse, y muchos otros impresionistas, básicamente todo lo que se vendía en las décadas de los 60 y 70. Su justificación era peculiar: «He pintado lo que a ellos no les ha dado tiempo de pintar.» Y argumentaba que, al no firmar las obras con el nombre del artista original, no se consideraba falsificación y, por tanto, no había delito.
Se convirtió en un personaje increíble, apareciendo en radio, televisión, revistas, y codeándose con celebridades en las fiestas de Ibiza. Empezó a vender obras «al estilo de» grandes maestros, pero firmadas con su propio nombre, Elmyr de Hory, ganando muchísimo dinero como un gran imitador. La gente le compraba por su fama, no por otra cosa, ya que se le consideraba un pintor múltiple, capaz de emular a cualquiera. ¡Un verdadero maestro, pensábamos!
La Verdad Oculta: Elmyr de Hory No Sabía Pintar
Esto era lo que se sabía… ¡hasta ahora! Me encontré con un libro fascinante que desmonta por completo toda la historia. El libro, de Kubín Quynn, revela una verdad impactante: Elmyr de Hory no sabía pintar. ¡Casi no sabía ni coger un lápiz! Este hombre, que usó muchos seudónimos y estuvo huido de la justicia en múltiples ocasiones, no era quien pintaba los cuadros. No había un solo «Elmyr» pintor, sino muchos.
El libro de Kubín Quynn aporta pruebas contundentes: ninguno de sus amigos lo vio pintar jamás, ni tenía un estudio en casa, a pesar de lo que afirmaba en sus entrevistas. Entonces, ¿cómo se ganó la reputación de gran falsificador del siglo XX?
La verdad es que Elmyr de Hory se dedicaba a falsificar documentos de autenticidad y firmas. Pero no actuaba solo. Esta compleja red de engaños estaba orquestada por un triángulo mafioso:
- Un marchante de arte, el más astuto de todos, que manejaba los hilos.
- Varios pintores que realmente ejecutaban las obras «al estilo de» los grandes maestros.
- El propio Elmyr de Hory, que falsificaba los documentos, sellos y colaboraba en la venta.
El Triángulo Mafioso al Descubierto: Legros, Lessard y de Hory
El marchante era Jacques Legros, un extravagante franco-egipcio que se asoció con Elmyr de Hory. Se conocieron a través de una relación personal que, con el tiempo, derivó en este entramado. El verdadero pintor detrás de muchas de estas falsificaciones era Réal Lessard, un joven canadiense con un talento asombroso para la imitación, de quien Legros se enamoró. Juntos, y con Elmyr falsificando los papeles, amasaron una inmensa fortuna.
La farsa fue descubierta cuando, en mayo de 1966, Elmyr vendió un supuesto Marc Chagall en Madrid por 6.000 dólares (una fortuna en los años 60). Este complot, en el que participaron Legros y Andrés Pacitti (quien autentificó la obra como un experto), salió a la luz cuando, tres años después, el propio Marc Chagall, que aún vivía, ¡declaró que era una burda falsificación!
Y esto no era un caso aislado. En 1989, un coleccionista pagó más de 30.000 dólares por un supuesto cuadro de Dufy, autentificado por el mismo Pacitti y su amigo Lübben Kurr. Ambos fueron condenados a pagar 32.000 dólares, pues un experto real dictaminó que el cuadro era falso.
El libro es una mina de anécdotas increíbles. Por ejemplo, el actor Fabio Testi declaró ante un tribunal que Elmyr de Hory (conocido por otro de sus seudónimos, Hoffman) estaba muy implicado en la venta de falsificaciones de cuadros realizadas por Legros y Lessard. Elmyr era el «utilizador» de sellos falsos de aduanas para importaciones y exportaciones fraudulentas. En una época sin internet, la información era escasa, y estafar a coleccionistas con documentos y sellos falsos era sorprendentemente fácil.
Las autoridades francesas buscaban a Elmyr por falsificación, acusándolo de haber vendido cuadros falsos a un empresario de Dallas por más de 600.000 dólares. Incluso llegó a confesar haber «pintado» tres de seis cuadros falsos de Legros, aunque en realidad no había tocado un pincel.
Testimonios que Desmienten al Falsificador
No solo Lessard afirmó haber pintado todos los cuadros. Otros, como el pintor Alain Northwell, también dijeron haber pintado para Legros en los años 60, imitando a Matisse, Gaughin, Toulouse-Lautrec, y Dufy.
El propio Jacques Legros, en su biografía El loco genial, describe a Elmyr de Hory como «un pobre colgado en el mundo gay de Nueva York y un pintor fracasado con delirios de grandeza, a quien ocasionalmente le daba unos dólares para que se largara y lo dejara en paz». ¡Impresionante!
Pero quizás la anécdota más reveladora es la de la escritora estadounidense Anita Loos: «Elmyr me pintó un retrato. Me preguntó si podía hacerlo y le dije que sí. Luego me lo entregó como regalo. Era tan horrible que se lo di a mi criada para que lo partiera en pedazos y lo tirara.»
El Trágico Final y el Legado del Engaño
La vida de Elmyr de Hory acabó trágicamente. El 11 de diciembre de 1976, se suicidó. Su amigo Carlos Marton relató que Elmyr se despidió de él diciendo que se iba a suicidar. Temía la extradición a Francia, donde creía que lo matarían. Dejó toda su herencia a su secretario, que supuestamente era su amante.
Lo que está claro es que este triángulo de astutos personajes consiguió revolucionar y, sobre todo, engañar al mercado del arte del siglo XX. Hoy, cuando visitamos un museo y vemos un Monet, un Chagall, un Van Gogh, un Rousseau, un Matisse, un Picasso, un Dufy, un Modigliani o un Cézanne, nos preguntamos: ¿estamos viendo una obra auténtica? ¿Realmente la pintó el artista al que se atribuye?
Se calcula que existen millares de obras falsas colgadas en museos, colecciones particulares y fundaciones. El periódico Le Figaro calculó que la facturación de las ventas de Legros y Lessard entre 1961 y 1967 ascendió a unos 60 millones de dólares de la época (1970). ¡Haz tus cuentas de lo que sería hoy!
Reflexión Final: ¿Qué Es Verdad y Qué Es Mentira en el Arte?
Esto me lleva a una pregunta profunda: ¿qué es verdad y qué es mentira en el mundo del arte? Si una obra de arte te emociona, ¿realmente importa su origen o su autenticidad? Hay algo en lo que sí estoy de acuerdo con Elmyr de Hory: «Las firmas no son importantes en pintura. Es un gran error mirar la firma.»
Espero que este vídeo y esta historia te hayan hecho pensar tanto como a mí. Para seguir descubriendo más sobre el arte y sus misterios, te invito a mi academia, Crea13, donde desvelamos los secretos del arte para que puedas disfrutarlo de una forma más profunda.
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