Hokusai: La Trágica Vida Detrás de la Ola Más Famosa del Mundo
Ya en un vídeo anterior, exploramos las razones de la inmensa fama de la Gran Ola de Kanagawa. Pero, ¿quién fue realmente el hombre detrás de esta obra icónica? ¿Qué secretos escondía su vida y qué vicisitudes lo moldearon? En este artículo y en el vídeo que lo acompaña, Antonio García Villarán te invita a adentrarte en la fascinante y a menudo trágica vida de Katsushika Hokusai, el genio del Ukiyo-e, para comprender mejor su arte y su legado.
El Alma de Hokusai: Un Viaje por el Ukiyo-e y el Periodo Edo
La Gran Ola, esa imagen que hoy encuentras en todos los rincones del planeta, es mucho más que un dibujo; es la expresión de un espíritu inquieto y una vida singularmente dramática. Hokusai fue un maestro del estilo Ukiyo-e, un tipo de grabado y pintura que floreció en Japón durante el Periodo Edo.
Este periodo, que abarca desde 1615 hasta 1868, se desarrolló en Edo, la antigua Tokio, capital de Japón y hogar del venerado Monte Fuji. La esencia del Ukiyo-e, y por ende de gran parte de la obra de Hokusai, radica en una concepción del dibujo muy particular, propia del arte oriental. A diferencia de Occidente, donde la luz y la sombra son herramientas plásticas fundamentales, en el Ukiyo-e las figuras se construyen exclusivamente con líneas. Todo es plano. ¿La razón? Los artistas creían que la luz era artificial, algo que ocultaba la verdadera esencia de las cosas. Su búsqueda era la pureza, la esencia universal, plasmada en una línea limpia y, a la vez, increíblemente expresiva. Una proeza artística de inmensa dificultad.
La calidad excepcional de los dibujos de Hokusai no se debió a una única escuela o maestro. A lo largo de su vida, su curiosidad insaciable le llevó a aprender de diversas fuentes, fusionando estilos y conocimientos hasta alcanzar una excelencia inigualable. Esta riqueza se manifiesta en obras donde la línea es capaz de expresar «lo uno y lo múltiple», diciendo muchísimo con muy poco. Un ejemplo magnífico de esto es otra de sus olas, que a Antonio le parece pura poesía, donde las olas se transforman en pájaros, o quizá sean pájaros de agua, demostrando la profunda conexión del artista con la naturaleza y su capacidad de transfiguración.
La Enigmática Vida de Katsushika Hokusai
La vida de Hokusai es una paradoja: tan popular en su obra como oscura en sus detalles biográficos. A pesar de que hoy su figura es objeto de estudio e incluso ha sido llevada al cómic para un público más amplio, muchos aspectos de su existencia siguen siendo un misterio.
Antonio García Villarán, en su incansable labor de divulgación, os recomienda dos cómics muy interesantes para profundizar en su historia: uno que narra la vida completa de Hokusai y otros dos tomos dedicados a la vida de su hija, Oei, quien también fue una talentosa artista, aunque opacada por la figura de su padre. Se rumorea que muchas de sus obras aún esperan ser descubiertas.
Hokusai se hacía llamar a sí mismo «el viejo loco de la pintura», una etiqueta que refleja su obsesión por pintar, dibujar y alcanzar la excelencia hasta el último de sus días. Nació en el siglo XVIII, en 1760, y su nombre de nacimiento no fue Hokusai, sino Tokitarō. Poco se sabe de sus padres biológicos; la historia cuenta que fue adoptado por un tal Nakajima, propietario de un negocio de espejos. Algunos mitos sugieren que Nakajima era su verdadero padre, fruto de una relación extramatrimonial, pero esto forma parte de la leyenda que rodea al artista.
Desde niño, Tokitarō trabajó en la empresa de espejos de su padre adoptivo, una labor que no le satisfacía. Él no quería reflejar la realidad; quería crear la suya propia, plasmarla en papel. Esta aspiración, en aquella época, era un desafío. También trabajó en una librería de préstamo de libros, una práctica común entonces ya que no todos podían permitirse comprar. Fue allí, copiando las ilustraciones de los libros que manejaba, donde el joven Tokitarō comenzó a formarse de manera autodidacta, una práctica habitual en la historia del arte, desde el Renacimiento hasta hoy, como se enseña en la Academia Crea13, donde el propio Antonio tiene cursos alojados.
Entre los 15 y los 18 años, su padre adoptivo le inscribió en un taller de grabados, un punto de inflexión fundamental. Aquí aprendió todas las técnicas del grabado, un proceso complejo que Antonio ya explicó en otro vídeo sobre cómo se hacían las estampas Ukiyo-e: dibujar, tallar la plancha de xilografía y, finalmente, imprimir. Este conocimiento técnico le permitió a Hokusai ser extremadamente exigente con sus grabadores, trabajando solo con los mejores.
Una de sus obras, donde unos papeles vuelan al viento, es un ejemplo magistral de su capacidad de observación e investigación. Hokusai no solo dibujaba; analizaba la realidad minuciosamente, capturando el movimiento, la forma y el ritmo de cada elemento.
A pesar de que hoy Hokusai es reconocido como un gigante del arte (sus estampas se han vendido por medio millón de dólares), durante el Periodo Edo, las estampas Ukiyo-e eran consideradas «arte popular», incluso vulgares, destinadas al consumo masivo y usadas en todo tipo de contextos. Con su primer maestro, Katsukawa Shunshō, realizó numerosas estampas de actores de teatro kabuki, los héroes populares de su tiempo.
Una Vida de Drama y Renacimientos Artísticos
La vida personal de Hokusai estuvo marcada por el drama. Tras la muerte de su maestro, también perdió a su primera esposa. Su primogénito fue, al parecer, un «bala perdida». A estas tragedias se sumaron las muertes de varias de sus hijas y de su segunda esposa. Finalmente, acabó sus días acompañado por Oei, su hija artista, que permaneció a su lado hasta el final. Un auténtico cúmulo de infortunios.
Curiosamente, Hokusai no tenía apego a la fama. Cada vez que alcanzaba un nuevo nivel de conocimiento o cambiaba su estilo, se cambiaba el nombre. Firmó sus obras con numerosos pseudónimos, como Shunrō, Sōri, Kakō, Taito, Gakyō Rōjin Manji («el viejo loco de la pintura»), y, finalmente, el que le dio mayor reconocimiento: Hokusai.
Su genio, sin embargo, brilló con luz propia, destacando entre sus contemporáneos. Basta observar la composición de una de sus estampas, como la del pájaro boca abajo, con sus patas perfectamente agarradas a las ramas, las flores en todos sus estados de floración y un escorzo imposible. Una maravilla que deja sin aliento.
También es famosa su costumbre de mudarse constantemente, se dice que más de 90 veces, afirmando que «cuando la casa se ensuciaba, era hora de cambiar».
Hitos de un Genio Incansable
La fama de Hokusai se cimentó en una serie de «hitos» que lo diferenciaron de otros pintores.
1. Trabajo Incansable: Su dedicación fue legendaria. Siguió dibujando incansablemente hasta los 89 o 90 años, algo excepcional para su época.
2. Pinturas Gigantescas: Realizó obras de dimensiones colosales. Una de las más famosas, que llegó a los periódicos españoles de la época, fue su pintura del fundador del budismo zen, Daruma, con la ayuda de sus discípulos, ocupando un espacio de unos 150 metros cuadrados. Se llegó a decir que fue la pintura más grande del mundo.
3. Maestría en Miniatura: En contraste, también demostró su virtuosismo pintando dos gorriones en un grano de arroz, probando que su excelencia no tenía límites de escala.
4. El Hokusai Manga: Ante la creciente demanda de alumnos, y para poder compartir su conocimiento, Hokusai creó lo que se conoce como el Hokusai Manga. Quince volúmenes que contienen más de 4000 dibujos, una especie de cartillas de dibujo que sirvieron a miles de personas para aprender de su arte. Estos libros son auténticas joyas que, si te gusta dibujar, Antonio te recomienda encarecidamente. En ellos, impresos en negro, gris y un peculiar rosa cetrino, puedes encontrar maravillas que van desde animales y plantas hasta fantasmas (Yokai) y escenas cotidianas.
En definitiva, Hokusai no solo nos dejó la magnífica Gran Ola. También fue autor de numerosos dibujos eróticos, los shunga, que alcanzaron gran fama en su tiempo y continúan siendo reconocidos hoy. ¿Te suena el famoso dibujo del pulpo? Sí, «El sueño de la mujer del pescador» también es obra suya. Además, realizó las impresionantes Cien Vistas del Monte Fuji, una serie de cien dibujos diferentes y brutales de la icónica montaña triangular, un hito que, si apoyas este vídeo con un «me gusta» y lo compartes, Antonio promete desglosar en un futuro vídeo.
Y al final de su vida, una de sus grandes pasiones fueron los Yokai, los fantasmas y seres sobrenaturales, que también exploró con su inconfundible estilo.
Esperamos que hayas disfrutado de este viaje por la vida de Hokusai. Si te ha gustado, no olvides compartir este vídeo, darle a «me gusta» y suscribirte al canal de Antonio García Villarán si aún no lo has hecho. Tu apoyo es fundamental para seguir explorando las vidas y obras de los grandes artistas. ¡Muchas gracias por verlo y nos vemos muy pronto!








