ARCOmadrid 2024: Crónica de un Viaje al Corazón del Arte Contemporáneo y sus Sorpresas
ARCOmadrid nos esperaba con muchas sorpresas, algunas gratas y otras no tanto. Al llegar al pabellón 9, su estructura resquebrajada parecía una metáfora premonitoria de lo que nos aguardaba.
Aunque no soy prensa ni un medio especializado, la espera fue tensa. No nos permitían el acceso hasta las 12, una regla que parecía contradecir la flexibilidad que se espera en estos eventos. Con un amigo reportero de Perú, aguardábamos impacientes. Antes de entrar, un señor se me acercó diciendo: «Te conozco, eres un payaso». A lo que respondí: «Sí, como usted». Se marchó rápidamente.
La Pieza Central: El Ninot de los 200.000 Euros
Al entrar, la cantidad de arte superaba con creces mis expectativas, quizás incluso más de lo esperado. ¡Es impactante! Entre la multitud de obras, una pieza acaparaba todos los focos y la atención de los medios de comunicación oficiales: un famoso ninot, valorado en 200.000 euros, cuyo comprador debe comprometerse a quemarlo en el plazo de un año. Esta única pieza, convertida en un auténtico fenómeno mediático, era el centro de todas las narrativas.
A pesar de su estatus mediático, la obra en sí consistía en cajas apiladas, mal pintadas. ¡Enhorabuena!
Arte Minimalista y la Búsqueda de la Originalidad
Entre tanta propuesta, encontramos una pieza que catalogué como «oro puro»: se titulaba Sin Título. Jarrita. Consistía en una pequeña jarra con un imán que hacía girar un tornillo. El precio: 2.200 euros. Incluso bromeé diciendo: «¡Dame 10, y me los llevo!».
La feria parecía dominada por una tónica general: el minimalismo, o quizás, el «minimalismo» con mayúsculas. Esculturas de palos de billar, pantalones vaqueros (un recurrente que parece estar de moda en el arte), y cuadrados de colores, directamente sobre el lienzo, sin más. La sensación es que se busca hacer lo mínimo. Hemos visto carteles callejeros pegados, convertidos en bloques de pared. Incluso una mancha presentada como obra. ¿Es arte? A veces, ver estas cosas me produce un sentimiento de vacío interior, de soledad.
Encuentros con Artistas y Grandes Nombres
Mientras observaba una pieza, el joven artista se acercó a conversar. Fue un momento enriquecedor: él expuso su visión, y yo la mía. Un diálogo constructivo que valoro. En la divulgación del arte, como hacemos en mi canal de YouTube o en mi web, no siempre tenemos que estar de acuerdo, y eso es lo hermoso.
Otra pieza que me llamó la atención fue una piedra de cartón piedra, obra de un artista de los años 60 que realizaba bocetos para que operarios las fabricaran. Su precio: 110.000 dólares. Luego, pudimos ver varias obras de Miró.
A mitad del recorrido, agotados, decidimos tomar un refrigerio. Tuve el gran privilegio de ver un libro de Botero, un momento especial en la jornada.
También encontramos «Arcokids», un espacio para que los niños jugaran, y sorprendentemente, un montón de obras hechas con tubos de papel higiénico, una idea que ya había visto en un vídeo anterior. Detrás, una montaña de libros. ¿Cuánta originalidad hay aquí? Muchas obras, al final, parecen servir más para que la gente se tome selfies que para ser realmente contempladas o analizadas.
Un Paseo por las Galerías Más Relevantes
El pabellón 9 se sentía muy occidentalizado. Vimos pequeñas fotos oscuras que requerían leer extensos textos explicativos para entenderlas. Obras de Manolo Valdés, quizás piezas menores para una venta rápida. Juan Genovés, con sus figuritas corriendo, manteniendo una línea que lleva años repitiendo. Antonio López, con una obra en colaboración, que perfectamente podría ser un cuadro expresionista, y que me pareció muy bien.
La galería Marlborough exhibía a Luis Gordillo, un artista muy posicionado en el mundillo del arte. No toda su obra, pero muchas de sus piezas me interesan, y la que vimos concretamente, estaba muy bien. También obras de Antonio Saura.
Al comparar a Miró con Guerreros, mis preferencias se hicieron evidentes. Mientras que en Miró percibo una paleta más suave, casi sin fuerza ni narrativa, en Guerreros encuentro una intencionalidad en el color, una fuerza en la pincelada y una composición rica. Aunque la abstracción no siempre me cautiva de forma espectacular, la propuesta de Guerreros con su riqueza cromática y composición sí me parece una verdadera pintura con poder. ¡Esto es pintura!
También me gustó un cuadro que, aunque no es de mis preferidos, mostraba una «poesía» innegable, con un juego formal interesante en el uso de las telas que casi parecía un paisaje. Las galerías con más peso en ARCOmadrid suelen apostar por artistas ya consolidados y que no implican riesgos. Vimos obras de Tàpies, algunas maravillosas, y un dibujo de Picasso. Un dibujo de Picasso costaba 110.000 euros, y uno de Miró 85.000 euros. Me pregunto si el contrato también exigirá quemar estas obras. ¡Las vanguardias, Villarán!
La Repetición como Norma y el Valor de la Propuesta
Muchas obras eran simplemente cuadros blancos, una constante. Una señora se me acercó para decirme que la mayoría de las obras son «súper decorativas», y efectivamente, así es. Por fin, encontramos algo de interés: Renato Costa explicando su obra. Pictóricamente, su trabajo es excelente, con un estudio del color notable. Su abstracción, con siluetas de perros o figuras humanas, se basa en la figuración. Muy bien.
Volvimos a ver a Tàpies, con obras como Materia Nº4, ¡cuánta poesía! Pero también otras que consideré «lo más feo que he visto en días», incluso dudando de su autenticidad.
Una obra de Miquel Barceló, aunque quizás no «para tirar cohetes», mostraba una plasticidad y una calidad pictórica innegables. Es obra de alguien con un indudable dominio técnico. También vimos unas cabezas muy inquietantes, hechas en serie, que poblaban ARCOmadrid. Mompó, otro clásico, con obras coloridas que, si bien una puede ser divertida, al ver noventa y cinco, el encanto se desvanece.
Es curioso ver a gente paseando tranquilamente con copas de champán, que aparentemente reparten gratuitamente, mientras observan cuadros. Es el ambiente de ARCOmadrid: comprar tu cuadro de 200.000 euros con una copa en la mano. Guillermo Pérez Villalta, también muy posicionado, ofrecía más de lo mismo. Aunque se trate de más de lo mismo, resulta más interesante que las recurrentes telas apiladas y colgadas de colores, una moda que, al igual que los pantalones vaqueros, parece repetirse hasta la saciedad en diversas galerías y con distintos artistas. No es una pregunta; es una afirmación: ¡hay modas en el arte! Otra tendencia son las «tiras colganderas», telas o trozos de pintura seca suspendidos de una puntilla.
Había mucha cultura africana, más que clásica, a menudo de difícil lectura. La cantidad de obras similares, con ideas comunes y repeticiones, era abrumadora. Diría que un 70% de lo que vimos era «parte» y un 30% «arte». Pero al final, el interés de las obras parecía aumentar. Vimos una virgen con un niño, a simple vista de Albino.
Reflexiones Finales y el Valor del Debate
Un admirador se me acercó para compartir su aprecio por la forma en que abordo el arte. Es difícil encontrar a alguien que, además de entretener, te haga entender el arte, incluso la escultura. Hablamos de una escultura sobre la que se podía subir, diseñada para desgastarse con el tiempo. Y, por supuesto, el sentido del humor nunca falta, como con nuestros reyes Melchor y Gaspar, representados entre patatas.
Salimos de la feria agotados. Intentar pensar en estas obras, cuando a veces no hay mucho en qué pensar, es extenuante. Un dato revelador: el equipo de Antonio García Villarán, tras visitar Jazz Madrid, supo que los organizadores esperaban recaudar 200.000 euros entre todas las galerías. Esa misma cifra es el precio de una sola obra en ARCOmadrid: el Ninot del Rey, destinado a ser quemado. Con tanta publicidad, sería sorprendente si no se vendiera.
La feria se caracterizó por la acumulación de objetos, piedras, e incluso frutas de plástico. Muchas obras estaban hechas con telas de pantalones vaqueros, y una preocupante falta de compromiso. Observé muchos lienzos con un solo color, obras generalistas donde uno puede imaginar cualquier cosa que el galerista sugiera. Muchas piezas parecían fondos para selfies, donde la gente solo buscaba la foto perfecta para Instagram sin detenerse a analizar la obra. Y, de nuevo, las telas apiladas, colgadas de la pared, con innumerables variantes.
Me resultó lamentable que los medios de comunicación clásicos se centraran exclusivamente en la noticia del ninot del Rey, publicado el día anterior, sin apenas explorar las demás obras de la feria. Espero que este vídeo te haya gustado. Este es solo el primero de cinco vídeos en cinco días. Mañana nos vamos a Art Madrid.
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