Abel Azcona: Arte, Provocación y la Lucha por el Sentido
En el vibrante panorama del arte contemporáneo, pocos nombres generan tanta polarización y debate como el de Abel Azcona. Autodenominado «más hijo de prostituta o enfermo mental que artista», sus obras no solo buscan conmover, sino también horrorizar y confrontar. Su figura, constantemente bajo el escrutinio público y legal, es el centro de este primer episodio de «Siete por Siete» con el experto en arte, Antonio García Villarán, una nueva sección en su canal de YouTube que promete análisis profundos y sin filtros.
¿Teatro o Experiencia Vital? La Esencia de la Performance de Azcona
La conversación arranca con una pregunta fundamental de Villarán: ¿es lo que hace Azcona teatro de improvisación? El artista lo niega rotundamente. Para Azcona, su arte no es una puesta en escena de una idea preconcebida, sino la apertura de una «experiencia vital». «Yo vivo mi propia experiencia, lo que hago es abrir una experiencia vital a la gente, pero yo no la pongo en escena, yo vivo la vida», afirma. Esta distinción es crucial para entender su proceso creativo y la visceralidad de sus obras.
Villarán, reconociendo la historia personal de Azcona (hijo de una prostituta, con una vida marcada por el abandono y el abuso), destaca que esa biografía le otorga una profundidad que muchos otros performers no tienen. Obras como «Pederastia», donde Azcona recolectó hostias consagradas de diversas eucaristías, o la impactante pieza de la instalación del arte en el ano, no son meras provocaciones, sino manifestaciones de una vida en carne viva.
De «Pederastia» a «Make America Great Again»: El Arte como Crítica Política
La discusión profundiza en la obra «Pederastia», que le valió denuncias del Obispado de Tudela y la Asociación de Abogados Cristianos, llevándolo a juicio. Azcona elige la cifra de 242 hostias para su polémica obra porque es el número de superávits eucarísticos en las diócesis donde se produjo la eucaristía. Esta obra, según Azcona, no solo denuncia la pederastia, sino que se convierte en una pieza «mucho más conceptual, mucho más amplia», que confronta el fundamentalismo y la hipocresía institucional, como la declaración del arzobispo de Pamplona-Tudela sobre el aborto.
Un ejemplo de su arte político es la performance del tatuaje «Make America Great Again» en el ano. Azcona explica que la frase, originada con Reagan y popularizada por Trump, tiene connotaciones «raciales» y «hitlerianas». Realizar esta pieza en Estados Unidos, donde aún se persigue la sodomía en varios estados, y ser detenido por sus proyectos de penetración anal, añadió una capa de crítica directa y audaz. La obra buscaba ser «verdaderamente política», y su aparición en la portada del Huffington Post como «artista heroico» subraya su impacto.
El Valor del Arte: ¿Académico o Vivencial?
Azcona cuestiona la defensa de un arte puramente «artístico académico», sugiriendo que a menudo carece de recursos teóricos. Antonio García Villarán, por su parte, critica ciertas performances que percibe como «lánguidas» o carentes de valor real, como una persona paseándose con una manzana en la cabeza, catalogándolas de «poca relevancia». Villarán sostiene que el arte «es económico» en el sentido de que su valor se mide en su capacidad de generar un impacto cultural o de mercado. Azcona lo refuta: «para mí, lo de poca relevancia es lo económico».
El artista navarro detalla una de sus performances en Colombia, en un barrio de bajos recursos, donde las personas pagaban 100 pesos colombianos (diez céntimos de euro) por interactuar con él en una cama. Este pago, aparentemente simbólico, creaba una «conexión directa» con la noche de gestación de Azcona y las experiencias de su madre, haciendo que la interacción fuera diferente a una gratuita. Este acto, profundamente personal, resalta cómo Azcona entrelaza su historia con su obra.
El Arte se Vende, el Dolor se Documenta
La conversación deriva hacia el mercado del arte. La pieza de «Las hostias» de Azcona se vendió por 242.000 euros inicialmente y luego a otro coleccionista por una cifra superior, lo que demuestra que su obra, pese a la controversia, tiene un valor significativo. Azcona aclara que no vende la performance en sí, sino la «documentación» de la misma: fotografías, vídeos, informes de detención, e incluso las persecuciones y manifestaciones. Para él, esta documentación es la que convierte la experiencia en una pieza conceptual y amplifica su mensaje.
Antonio García Villarán establece paralelismos entre el arte clásico, donde el sufrimiento humano era tema recurrente (como en la obra de Ribera), y el arte de Azcona. «Lo que tú haces para mí es muy clásico. La gente siempre buscamos lo mismo: el drama, el sufrimiento, el ver al cuerpo humano sufrir, porque ellos se sienten así interiormente», reflexiona Villarán.
Azcona comparte que su decisión de usar la desnudez y el cuerpo en sus obras proviene de una búsqueda personal de sus orígenes. Hace seis años, al enterarse de que su madre, una prostituta, no podía tener empatía con él, creó una pieza llamada «Prostitución» en la que estaba sexualmente explícito en una cama, permitiendo la interacción física con el público a cambio de una conexión con su historia. En la primera ocasión en Colombia, fue abusado por 142 personas, sufriendo penetraciones y quemaduras.
Compromiso y Precio: La Verdad Detrás de la Provocación
Villarán elogia el «compromiso» de Azcona, comparándolo con la radicalidad de Yoko Ono, especialmente al recordar una acción donde Azcona puso una pistola cargada a disposición del público. Sus piezas más «baratas» oscilan entre 30.000 y 60.000 euros, mientras que una instalación completa puede alcanzar los 225.000 euros. Estos precios reflejan el valor que el mercado le otorga a un artista que se expone de manera tan extrema.
El abandono de su madre es, para Azcona, la herida más profunda, una que «persigue» su obra. Relata cómo su madre intentó abortarlo en múltiples ocasiones, un acto que él considera el «mayor acto de amor» que ella pudo hacer dada su situación. Esta historia de origen define su arte y su percepción del mundo.
Arte y Política: Un Terreno Peligroso
Azcona no escapa a la instrumentalización política. Confirma tener «siete querellas criminales» de diversas entidades como Vox, la Fundación Francisco Franco, el Partido Popular, Abogados Cristianos, el Arzobispado de Pamplona-Tudela y HazteOír. Estas denuncias, a menudo utilizadas en programas electorales, son para Azcona parte de un sistema que lo ha «establecido» como un blanco.
Villarán plantea si convertirse en youtuber, teórico o escritor significa un fracaso como artista. Azcona, citando a Kandinsky, defiende que muchos artistas han escrito y teorizado, enriqueciendo su obra. También crítica la facilidad con la que se puede «alquilar una sala» en museos prestigiosos, como el MoMA, por 12.000 euros, lo que para él no valida el arte, sino que expone la corrupción del mercado y las instituciones. Un ejemplo de ello, que menciona, es la directora del IVAM, que impulsó a un grafitero cuyo trabajo Azcona considera de poca validez, con dinero público.
El encuentro entre Abel Azcona y Antonio García Villarán es un recordatorio de que el arte, en su forma más cruda y desafiante, sigue siendo un espejo de la sociedad y una herramienta para la reflexión y la crítica. Azcona, con su cuerpo y su historia, no solo crea obras, sino que vive su arte, generando un debate ineludible sobre los límites, la ética y el propósito de la expresión artística en el siglo XXI.
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