Óscar Kokoschka: El Pintor Salvaje, su Amor Tumultuoso y la Muñeca de Alma Mahler
Óscar Kokoschka es, quizás, el menos conocido del tridente de pintores austriacos formado por Gustav Klimt y Egon Schiele. Pero, te digo una cosa, era el más salvaje. De hecho, sus obras fueron catalogadas como degeneradas por los nazis. Y es que la obra de Kokoschka era bestial.
Soy Antonio García Villarán y en este vídeo quiero contarte cosas muy curiosas sobre Óscar Kokoschka. Porque tú ya conocerás a Klimt con su famosa obra “El Beso” o los dibujos del magnífico Egon Schiele. Pero claro, Óscar Kokoschka, que fue contemporáneo de ellos, amigo e incluso expuso su obra, es quizás el menos conocido.
Mira, te voy a dar un dato: Kokoschka nació en 1886 y vivió hasta los 94 años. Fíjate si tuvo vida. Pero es que Klimt murió a los 56 y Schiele a los 28. La vida de Óscar Kokoschka tiene de todo: amores tumultuosos, desprecio y admiración por su obra a partes iguales, poesía y mucha pasión creativa y sentimental.
Para que conozcas cómo era su personalidad, te quiero contar un cotilleo, bueno, un cotilleo que fue muy importante en su vida. Y es una de las historias románticas más tumultuosas de toda la historia del arte. Además, te cuento que acabó mal. Bueno, spoiler, pero para que lo sepas.
El Amor Obsesivo por Alma Mahler: Un Romance Trágico que Terminó en Locura
Entre los años 1912 y 1915, Óscar se enamora de Alma Mahler, la viuda de un compositor famosísimo al que Óscar Kokoschka admiraba muchísimo, que no es otro que Gustav Mahler. Hasta ahí, de acuerdo, ¿no? Pues fue un romance apasionado y trágico que acabó en locura.
Para que te hagas una idea: tú ves a Óscar y parece un hombre muy rudo, ¿no? Con la cabeza grande, la mandíbula ancha, la mirada que parece que nada le afecta en la vida. Pero qué va, qué va. Era un romántico, pero exagerado. Las relaciones personales le afectaban muchísimo. Y claro, se enamora de Alma Mahler, e incluso iban a tener un hijo juntos. Pero Alma Mahler era una persona como muy libre. Ella no quería ataduras, estaba muy segura de sí misma y ya tuvo esa relación con el compositor. Dijo: «No, no, no, yo no quiero tener ningún hijo tuyo». Así que abortó. Fíjate, esto frustró bastante a Óscar Kokoschka.
Pero no solo eso, sino que Alma Mahler, mientras estaba con Óscar Kokoschka, también mantenía una relación sentimental con Walter Gropius, que te sonará Walter Gropius porque hace poco hice un vídeo sobre La Bauhaus y fue uno de los directores de La Bauhaus. O sea, estaba con dos a la vez.
Y Total, que Óscar Kokoschka sufría mucho por este amor, e incluso, fíjate si sufría, que hasta la madre de Óscar Kokoschka se metió por ahí por en medio y llamó a Alma Mahler y le dijo: «Oye, deja, deja a mi hijo ya, deja que lo está volviendo loco y que si no lo dejas te voy a matar directamente». O sea, la amenazó de muerte. Todo esto causó un gran dolor a Óscar Kokoschka, lo desestabilizó tanto, tanto, que tuvo que internarse en un sanatorio mental.
Pero bueno, todo esto que pasaba por su cabeza también se mostraba en su obra. Cuando ves sus cuadros, ves ese tumulto, ves esas inestabilidades, ves esa fuerza, esa pasión. Todo eso está en la obra de Kokoschka. Los personajes que pinta a veces parecen que están como desdibujados, ¿no?, como si estuviesen dentro de una pesadilla. A mí me recuerda un poco a las Pinturas Negras de Goya o las pinturas de otros expresionistas alemanes.
La Muñeca de Alma Mahler: De la Obsesión al Destrozo
La historia no acaba aquí, ¿eh? Bueno, esto no ha hecho más que empezar. Le afectó tanto que él contactó con una amiga suya que era marionetista, y atención, atención, que esto es muy fuerte. Esta chica se llamaba Hermine Moos. Y Óscar le encargó que hiciese una muñeca a tamaño natural de grandes pechos y caderas prominentes, que se pareciese lo más posible a Alma Mahler. Llegó a enviarle descripciones detalladas y hasta un dibujo hecho a tamaño natural de lo que quería que él hiciese. O sea, una muñeca como, bueno, no una muñeca hinchable ni nada de esto, pero una muñeca que se pareciese a Alma Mahler para que conviviese con él.
Y te voy a leer algo de lo que él escribió para que veas cómo era su obsesión: «Atención, por favor, permita a mi sentido del tacto disfrutar de aquellos lugares donde las capas de grasa o músculo repentinamente dan paso a una cubierta fibrosa de piel. Así quería que le hiciese la muñeca. Para la primera capa interior, por favor, use pelo de caballo fino y rizo. Debe comprar un sofá viejo o algo similar. Tenga el pelo de caballo desinfectado. Entonces, sobre eso, una capa de bolsas rellenas de plumón, algodón para el trasero y los senos. El punto de todo esto para mí es una experiencia, la cual debo ser capaz de aceptar.» O sea, estas instrucciones le dio a la marionetista para que le hiciese a su copia de Alma Mahler.
Pues bien, le hizo esta muñeca, esta marioneta gigante, bueno, gigante no, tamaño natural. Y él incluso la llevaba a la ópera, o sea, se volvió un poco tururú. Le compraba lujosos trajes parisinos. Y claro, cuando él aparecía por las fiestas con la muñeca, aquello era un poco perturbador, poquito, digo yo. Él la llamaba «la mujer silenciosa» y la trataba como una persona de carne y hueso. De hecho, llegó a contratarle hasta una doncella. Una doncella que la cuidaba, la peinaba, le ponía los trajes y, por supuesto, le servía de modelo para hacer sus cuadros. Claro, una modelo perfecta porque claro, no se movía ni un pelo.
Lo que pasa es que desde el principio a Óscar Kokoschka no le gustó mucho la muñeca porque, claro, al fin y al cabo no era Alma Mahler. ¿Y qué hizo? Esto es muy trágico lo que te voy a contar, ¿eh? Atención. Organizó una fiesta dionisíaca en honor a su muñeca Alma Mahler. Encargó a la doncella que la vistiese con sus mejores galas. Bueno, allí en la fiesta cogieron toda una cogorza increíble y, en una de estas, la destrozó e incluso le arrancó la cabeza de un botellazo. O sea, se volvió un poco… bueno, ya estaba un poco, pero bueno, así.
Pero, ¿qué pasa? Pues con toda la borrachera y todo esto, él la dejó ahí en medio del jardín decapitada. Y claro, los vecinos al día siguiente llamaron a la policía. Dijeron: «Oiga, vengan, que hay un cadáver aquí en el jardín de Óscar Kokoschka». Tal. Vino la policía, se montó allí lo más grande. Al final, cuando vieron que era una muñeca, pues bueno, no pasó nada.
¿Qué digo yo, Óscar Kokoschka, si me estás escuchando desde el más allá? Todo esto, todo esto tienes que haberlo documentado, tienes que haber hecho algún vídeo, alguna foto, algo, algo. Un cronista que te hubiese escrito algo. Porque entonces hubiese hecho una performance. Eso es una gran performance que, bueno, nos ha llegado por tus escritos, por gente que la vio, pero, mm, hay que estar un poco más fino, ¿eh?
Que, por cierto, yo performance no enseño. Ahora, si quieres aprender a dibujar y a pintar correctamente, aquí tienes mis cursos de Crea13 e incluso mi nuevo curso sobre Cómo Vender Tu Arte en Internet. Lo tienes aquí en Crea13, te lo dejo aquí en la cajetilla de descripción y en el primer comentario fijado.
Orígenes y Primeros Trazos: La Búsqueda del Alma en Viena
Pero claro, tú me preguntarás: «Bueno, ¿y Óscar Kokoschka de dónde viene? O sea, ¿quién es este tipo, de dónde ha salido?» Pues el niño Óscar viene de una familia humilde, o sea, de una familia de orfebres. Como a casi todos los niños que les gusta el arte, cuando les pica el gusanillo del arte, como yo digo, él llega a estudiar en la Escuela de Artes y Oficios de Viena. Esto ocurrió cuando él tenía 18 años. Y claro, allí aprende a dibujar y a pintar de manera clásica, como casi todos y casi todas lo hacemos.
Pero claro, eso se le quedaba corto. Él buscaba otras cosas, buscaba el alma de las personas. Y empezó a trabajar también con un arquitecto, con Josef Hoffmann. Además, como ya he dicho, estaba muy influenciado por la música de Gustav Mahler, también, por supuesto, por la pintura de Klimt y por las teorías de Sigmund Freud. Y como te he dicho, él era muy sensible, de hecho llegó a escribir poesía. Publicó un primer poemario titulado «Los Muchachos Soñadores» (Die träumenden Knaben). Esto fue en 1908 y, te digo que también lo ilustró él. Bueno, como tú sabes que yo también saqué mi primer poemario, «Conductor de Nubes: Primer Intento», y lo ilustró Johann Darco. Si no sabes quién es Johann Darco, pues busca, busca «Johann Darco Antonio de García Villarán» a ver quién es. Pero seguimos con Kokoschka.
El Estilo «Salvaje»: De la Incomprensión al Reconocimiento
Como él era muy salvaje en sus pinturas, al principio la gente no la entendía. Decía: «¿Esto qué es? Esto no está terminado», como las pinturas de Munch, ¿no? Así que no fueron muy bien recibidas porque decía que tenía trazos muy duros, los colores demasiado potentes, planos, puros, además muy cercanos al Expresionismo Alemán. Era toda una fiera en lo que respecta a lo formal. Si lo comparamos con Klimt, que era todo dorado, ¿no?, todo ternura, yo pienso que la obra de Óscar Kokoschka era la obra típica de un perro rabioso.
Pero, ¿qué ocurre? Que, igual que en todo sitio, había gente que lo odiaba pero gente que lo adoraba. Como, por ejemplo, el arquitecto Adolf Loos. Y le gustaba tanto su obra que se convirtió en su marchante. Esto le ayudó a que pudiese vender su arte y vivir de lo que pintaba. Y como ya te he dicho, aunque tenía buenas críticas por una parte, una minoría, no, tenía muy malas críticas por otra, pues él dijo: «Bueno, eh, no queréis mi pintura aquí, pues me voy, me voy, adiós, ahí os quedáis». Así que huyó frustrado hasta Berlín. Y en esa época, en 1910 más o menos, él se juntó mucho con los intelectuales de la época. De hecho, llegó a realizar muchos retratos.
Y hay una anécdota con esto: muchos músicos, pensadores, filósofos, en fin, intelectuales de la época querían que Kokoschka les hiciese un retrato. Y él lo que quería era capturar su alma. Y cuentan que a lo mejor iba al despacho de cualquiera de estos y se ponía directamente el lienzo entre las rodillas y empezaba a darle golpes, a rayarlo, a echar pintura, a quitar, vamos, al final tú ves su pintura y dice: «Efectivamente, es que era una fiera pintando». Así salían los retratos que salían, que tienen muchísima fuerza.
Un Final Romántico: Huida, Matrimonio y Legado Duradero
Kokoschka nunca dejó de pintar. Tiene obras como “La Novia del Viento”, que son espectaculares. Sus retratos son introspectivos. ¿Y esto qué quiere decir? Pues que nos muestra una cara del personaje que es imposible sacar con ninguna foto. Por ejemplo, en el cuadro que te he dicho antes, este de “Los Amantes”, ¿quiénes son? Pues Óscar Kokoschka y Alma Mahler. Están ahí en una armonía de azules con pinceladas, algunas cortas, con colores muy contrastados, todo muy vibrado y parece que es entre triste y feliz a la vez, ¿no? Al final, yo diría que es una pintura tormentosa, como su relación.
Pero la cosa no acabó tan mal. Quiero decir, después de Alma Mahler, Óscar Kokoschka conoce a una jurista, a Olda Pálkovská, que acaba siendo su esposa, Olda Kokoschka. Y su historia también es muy peculiar. Porque cuando los nazis tildaron de obra degenerada su obra y lo perseguían, pues Olda consiguió dos pasajes de avión para huir. Huyeron al Reino Unido y gracias a eso se salvó la pareja. Contrajo matrimonio en un refugio antiaéreo subterráneo. Fíjate qué romántico. Y acabaron en Londres.
Además, se cuenta que Olda estaba siempre con él, lo apoyó en todo, le ayudó muchísimo en vida. Y después de la guerra, ellos se fueron a Suiza, que allí fue donde acabaron sus días. Óscar Kokoschka murió de un infarto mientras dictaba sus memorias. Y para mí, su obra es espectacular. Siempre me ha inspirado muchísimo. Siempre miro sus cuadros y digo: «Bueno, ¿cómo es posible que haya podido pintar esto, no? ¿Cómo, cómo se puede llegar a esta calidad, a esto que solo ocurre en su cabeza haciendo pinturas figurativas?». En fin, a mí me gustaría saber qué opinas tú.
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