Picasso y Dalí: ¿Amigos o Rivales? La Verdadera Relación entre los Genios del Siglo XX
La historia del arte del siglo XX está marcada por nombres que resuenan con la fuerza de la genialidad. Entre ellos, dos gigantes españoles destacan por su impacto y originalidad: Pablo Picasso y Salvador Dalí. Pero, ¿cuál fue la verdadera relación que unió o separó a estos titanes? ¿Eran amigos, enemigos, o existía una compleja dinámica de admiración y competencia?
Desde hace tiempo, me ha intrigado la ausencia de fotografías que muestren a Dalí y Picasso en una actitud de amistad cercana, hombro con hombro. He buscado en libros y en la red, sin éxito. Es una omisión curiosa, especialmente considerando la afición de Dalí por la imagen pública y por codearse con personalidades influyentes. En este artículo, vamos a desentrañar los hilos de esta fascinante relación, a menudo malinterpretada.
En mi libro y en mi canal de YouTube, ya he explorado la vida y obra de ambos artistas. Hoy, profundizaremos en la envidia y la admiración que Dalí sentía por Picasso, desvelando una historia llena de matices.
Orígenes y Primeras Impresiones: Dos Mundos Distintos
Aunque ambos eran españoles, las diferencias entre Picasso y Dalí eran notables desde sus orígenes. Picasso nació en Málaga, en el sur, a finales del siglo XIX (1881). Dalí, por su parte, nació en Figueres, Cataluña, en el norte, a principios del siglo XX (1904). Les separaban 23 años, una brecha generacional significativa para la época. ¿No es esta distancia geográfica y temporal una metáfora de sus caminos artísticos?
Otro aspecto que siempre me ha llamado la atención es cómo eran percibidos. Picasso era unánimemente aclamado como «genio» por la crítica de arte, galeristas, amigos y directores de museos. Dalí, en contraste, debía autoproclamarse «genio». Era él quien se definía de esta manera, en parte porque, quizás, nadie más se atrevía a hacerlo con la misma convicción.
La Admiración Temprana de Dalí por Picasso
A pesar de sus diferencias, Dalí y Picasso se conocieron. Cuando Dalí irrumpió en la escena artística, Picasso ya era una figura mundial, triunfando en París y consolidándose como un ícono global. Dalí, en sus inicios, lo adoraba y lo consideraba su maestro. Incluso lo imitaba, llegando a pintarse con una pipa, emulando la imagen bohemia que llegaba de Picasso a España.
La fijación de Dalí por Picasso era tan intensa que, durante su estancia en la Residencia de Estudiantes de Madrid, ya experimentaba con el estilo cubista. Incluso llegó a escribir en un cartel, al estilo cubista, las palabras “Vivas Picasso” (con una sola ‘s’, eso sí, un pequeño detalle de juventud).
Más adelante, Dalí abandonaría la imitación de Picasso para adoptar la estética de Velázquez, con su característico bigote, que él mismo alargaría. Esto demuestra que Dalí, en su esencia, siempre fue un imitador en busca de una identidad propia, que en un principio encontró en la figura de Picasso.
El Encuentro Clave en París (1926): Una Anécdota Reveladora
La anécdota de cómo se conocieron estos dos artistas se cuenta de muchas maneras. Yo la he relatado en varios de mis vídeos y aquí la reconstruyo como se narra en el libro Picasso y yo. Salvador Dalí de la editorial Elba.
El encuentro tuvo lugar en 1926. Picasso, con 45 años, era ya el gran artista del siglo XX. Dalí, con apenas 22, viajó a París costeado por su padre. Para conocer a Picasso, Dalí le pidió un favor a su amigo Federico García Lorca. Lorca, a su vez, conocía al pintor Manuel Ángeles Ortiz, íntimo de Picasso, y le pidió una carta de recomendación. Así, Dalí consiguió su ansiada visita.
Picasso vivía en el número 23 de la calle La Boétie. El propio Dalí narró el encuentro en su libro Obras Completas 1, describiéndose «honradamente emocionado y tan lleno de respeto como si fuese a conocer al Papa». Para congraciarse, le dijo a Picasso que había venido a verlo a él antes de ir al Louvre. La respuesta de Picasso: «Hizo usted muy bien».
Dalí llevó consigo dos de sus obras, Mujer de Figueres y Venus y un Marinero, esperando la opinión del maestro. Picasso, sin embargo, las miró en silencio. Lo invitó a pasar y comenzó a mostrarle sus propios dibujos y trabajos, abriendo cajones y estanterías, todo en un revelador silencio. Dalí se sintió abrumado. Al despedirse, en el rellano de la escalera, Dalí cuenta sutilmente que intercambiaron miradas en las que Picasso parecía decirle «¿Ve usted la idea?», a lo que Dalí, mentalmente, respondió: «La veo».
Sabemos que Dalí era un «mentirosillo», como bien documenta Ian Gibson en La vida desaforada de Dalí, donde desmonta muchas de sus invenciones biográficas. Otras versiones de la anécdota sugieren que Picasso, tras mostrar su obra, le dijo a Dalí: «Bueno, cuando usted tenga algo parecido, vuelva». Más allá de la exactitud, lo cierto es que aquel encuentro inspiró profundamente a Dalí.
El Apoyo Constante de Picasso y la Ingratitud de Dalí
A lo largo de los años, Picasso no cesó de favorecer a Dalí, a pesar de la actitud que este último mostraría.
* La oportunidad con Rosenberg: Tras su primer encuentro, Picasso recomendó a su galerista, Rosenberg, que echara un vistazo a los cuadros de Dalí. Rosenberg le escribió a Dalí, pero este nunca respondió. Aunque después se dijo que la carta se había extraviado, Picasso se mostró molesto. Dalí finalmente contactó con Rosenberg, y aunque hubo algún negocio, el incidente sentó un precedente.
* Apoyo en el cine: Picasso apoyó los proyectos cinematográficos de Dalí, como Un Perro Andaluz de Buñuel y Dalí. Asistió a su estreno, mostrando su respaldo público. También ocupó la butaca número 10 en el estreno de La Edad de Oro.
* Introducción en París: Cuando Gala y Dalí se instalaron en París, visitaban la casa de Picasso hasta dos veces por semana. Picasso les presentó a la crème de la crème de la sociedad parisina, incluyendo a Gertrude Stein, mentora de muchos artistas, que sin embargo no compró ninguna obra a Dalí.
* Ayuda económica: Picasso fue el único que prestó (o dio) dinero a Gala y Dalí para su primer viaje a Nueva York, en un momento en que se habían enemistado con gran parte de la escena parisina, incluidos los surrealistas.
¿Cómo pagó Dalí tantos favores? Denigrándolo e insultándolo. Un claro ejemplo fue durante la Guerra Civil Española y la Exposición Internacional de París de 1937, donde Picasso expuso su icónico Guernica en el Pabellón Español. La inmensa atención y protagonismo que obtuvo Picasso consumieron a Dalí de envidia. En lugar de apoyarlo, Dalí visitó a Josep Renau, uno de los responsables de la muestra, y en un ataque de celos casi pataleando, le gritó que Picasso tenía demasiado protagonismo y que «el único pintor comunista en París era él». Una afirmación absurda y surrealista, considerando que Dalí abrazó el régimen de Franco, siendo precisamente todo lo contrario a un comunista.
Las Puyas Públicas y la Hipocresía Privada de Dalí
Dalí no perdía ocasión de lanzar ataques públicos contra Picasso. En una conocida conferencia pronunciada el 11 de noviembre de 1951 en el Teatro María Guerrero de Madrid, Dalí dijo: «Picasso es español, yo también. Picasso es un genio, yo también. Picasso tiene unos 72 años, yo unos 48. Picasso conocido mundialmente, yo también. Picasso es comunista, yo tampoco». Se dice que a Picasso estas palabras le resultaron incluso graciosas.
Sin embargo, en el mismo discurso, Dalí alabó abiertamente a Franco: «Antes de Franco, muchos políticos y muchos nuevos gobiernos no tenían otra razón de ser que venir a aumentar la confusión y los desórdenes en España. Franco ha roto categóricamente con esta falsa tradición instaurando claridad, verdad y orden en el país en uno de los momentos más anárquicos del mundo».
Es difícil no ver esto como una traición. Dalí, quien siempre presumió de su estrecha relación con Lorca, se hizo amigo íntimo del régimen que lo asesinó. ¿Qué se puede esperar de alguien así?
Picasso nunca perdonó a Dalí su alineamiento con el franquismo y simplemente lo borró de su vida, ignorándolo por completo. Dalí, sin embargo, no hizo lo mismo. Sus ataques continuaron. En su libro Los Cornudos del Viejo Arte Moderno, calificó a Picasso como el «destructor del arte clásico» a través del cubismo y el arte abstracto, mientras él se erigía como el abanderado del «verdadero arte», influenciado por Vermeer o Velázquez. Una mentira, pues Picasso también adoraba el arte clásico. Dalí llegó a describir la obra de Picasso como «horripilantes extravagantes fealdades», aunque a veces reconocía que eran «sublimes».
A pesar de sus críticas, Dalí no dejaba de inspirarse en Picasso. Su obsesión era tal que lo copiaba, no solo buscando su estatus sino replicando sus elementos pictóricos, como se ve en ilustraciones de su autobiografía Vida Secreta (1948) o en sus series de tauromaquia, donde fusilaba claramente los elementos de las series de grabados de Picasso.
Dalí llegó a escribirle más de 70 cartas a Picasso, pero este rara vez las respondía. La hipocresía de Dalí era evidente: mientras lo denigraba en público, en privado le enviaba postales peloteándolo. En una de 1949, escribía: «Buenos días, el abrazo y vendré a enseñarles otra vez mis cuadros. Se volverán locos de alegría. Vuestro Salvador Dalí». Otra, de 1952, comenzaba con una de sus locuras surrealistas y terminaba con un «Créame que aquí en España todos le queremos mucho. Un beso en la mejilla de Dalí y Gala».
Quizás la anécdota que mejor ilustra su veneración oculta es la que Dalí mismo escribió en la revista Cahiers d’Art en 1935: en un día lluvioso, Picasso, con pantuflas, dudaba en saltar un charco. Dalí apareció inmediatamente, extendió su caro abrigo de alpaca (comprado en la Quinta Avenida de Nueva York) para que Picasso lo pisara y no se mojara los pies. Si eso no es veneración…
Una Rivalidad Unilateral: El Legado Comparado
La gente podría calificar a Dalí de chaquetero, interesado, desagradecido o falso. Entendemos que su infancia, marcada por la temprana muerte de su hermano y una familia sobreprotectora, le hizo un «genio» en el sentido de que, al querer algo, pataleaba y gritaba hasta conseguirlo.
Desde mi punto de vista, Dalí no ha alcanzado la misma trascendencia que Picasso, a pesar de sus denodados intentos por enterrar su legado y erigirse como el verdadero genio. Mi sensación es que la rivalidad existió, sí, pero fue unilateral: de Dalí hacia Picasso, no al revés.
Picasso, un artista seguro de sí mismo y de su obra, ya posicionado, ayudó a este joven pintor. Cuando vio la ingratitud, simplemente dejó de ayudarlo y lo borró de su vida. Dalí, sin embargo, siempre intentó aprovecharse de él. Su meta era «enterrar metafóricamente» a Picasso en cada manifestación pública, pero al mismo tiempo, el vínculo le interesaba demasiado como para romperlo. Picasso era el famoso, y Dalí quería ser como Picasso.
La historia de su compleja relación culmina con la muerte de Picasso el 8 de abril de 1973. Dalí sintió el deseo de asistir al funeral, pero no lo hizo para evitar el «rol mediático» que se generaría (¡como si a Dalí no le gustaran los shows mediáticos!). Envió, en cambio, una gran corona de flores. Jacqueline Roque, la viuda de Picasso, la tiró por la ventana. Un gesto que simboliza a la perfección la relación tan complicada y llena de contradicciones que tuvieron estos dos genios.
Me gustaría saber qué opinas tú. ¿Cuál es tu percepción de la historia entre Dalí y Picasso? Déjamelo todo en los comentarios para enriquecer este análisis.
Y no olvides suscribirte al canal, darle a «me gusta» y, si no lo has hecho ya, ¡hacerte con mi libro! Nos vemos muy pronto.








