El Fascinante Viaje al Corazón del Azul: De Picasso a mis Sueños
Últimamente, el color azul me tiene completamente cautivado. No solo se ha apoderado de mis lienzos, sino que también me ha llevado a investigar en profundidad la enigmática Etapa Azul de Picasso y la rica historia de este color que nos rodea. Todo lo que he descubierto, te lo voy a contar aquí.
Soy Antonio García Villarán, y para desentrañar los secretos del azul, cuento con la inestimable colaboración de Sara, una auténtica experta en color que te sorprenderá con sus conocimientos.
¡Hola, Sara! ¿Cómo estás?
Hola, Antonio, muy bien, ¡entusiasmada por tu invitación!
Y una pequeña aclaración: al final de este artículo, te revelaré por qué pinto todo en azul, una razón que, curiosamente, difiere por completo de los motivos de Picasso.
La Dualidad del Azul: ¿Tristeza o Riqueza?
Siempre me ha intrigado la profunda conexión entre el color azul y sentimientos como la tristeza, la melancolía o incluso la pobreza. Después de mucho reflexionar, mi conclusión es que esta asociación se consolidó durante el Romanticismo. Poetas y pintores de la época recurrieron al azul de los vastos cielos, los mares infinitos y las noches estrelladas para simbolizar la melancolía, fijando así esta simbología en el imaginario colectivo.
La historia se afianzó con la Etapa Azul de Picasso, que duró tres años (de 1901 a 1904). Este periodo consolidó la idea de que el azul era el color por excelencia para expresar la desolación y la precariedad. Sin embargo, esta percepción es relativamente contemporánea, surgida prácticamente en el siglo XX.
Antes de esta época, los pigmentos azules como el lapislázuli, la azurita o el añil, eran raros y extremadamente difíciles de conseguir, especialmente en la Edad Media y el Renacimiento. El lapislázuli, por ejemplo, se extraía de minas en Afganistán. Imagina el esfuerzo necesario para obtenerlo. Por ello, en lugar de simbolizar pobreza o tristeza, su uso en una obra de arte evocaba todo lo contrario: **belleza, exclusividad y una riqueza inmensa.**
¿No es así, Sara?
Totalmente, Antonio. El azul posee una amplitud de significados verdaderamente vasta. En sus tonalidades más claras, puede invocar paz y tranquilidad; pero en sus versiones más oscuras, se torna sombrío. A diferencia del gris, que difícilmente imaginamos alegre, o del amarillo, que, aunque tiene matices oscuros, lo asociamos más a la luz, el azul abarca un espectro emocional y simbólico enorme. Es el color de la constancia porque, sin importar dónde estemos en el mundo, todos podemos ver y reconocer el azul.
Los Antiguos Pigmentos Azules: Un Viaje a Través del Tiempo y el Mar
Antiguamente, obtener el azul era una odisea. Como bien mencionas, había que viajar hasta Afganistán para conseguir la piedra de lapislázuli, molerla hasta obtener un grano fino apto para pigmento, y de ahí, transformar la pasta en pintura, lo cual era otra hazaña. Su exclusividad era tal que incluso estaba prohibido mezclar el lapislázuli con otros colores, pues si resultaba un tono turbio, era como desperdiciar una fortuna.
Mucha gente cree que al lapislázuli se le decía ultramar por ser un azul muy marino, pero la verdad es que se le conocía como ultramar porque venía «del otro lado del mar», desde Afganistán. Era una joya de Oriente traída a Europa.
También existía la azurita, un color igualmente precioso y maravilloso, pero menos costoso y, lamentablemente, menos estable que el lapislázuli, tendiendo a oscurecerse con el tiempo.
¿Qué nos puedes contar sobre la azurita, Sara?
La azurita era también conocida como citramar, es decir, «de este lado del mar», pues no había que cruzar océanos para conseguirla. Era más accesible, pero de menor calidad. Por eso, muchos artistas la fusionaban con lapislázuli para obtener un azul de estabilidad media y un resultado aceptable.
El Añil: El Azul de la Naturaleza y los Conflictos
Uno de mis azules preferidos es el añil, de origen vegetal, derivado del índigo. Se utilizó mucho en textiles para teñir telas, pero menos en pintura debido a su menor estabilidad.
El añil es un color fascinante. Se obtenía en muchísimas partes del mundo, y cada lugar le otorgaba su propia personalidad. En Asia, se utilizaba para teñir sedas y crear obras de arte espectaculares.
En Europa, sin embargo, el añil fue motivo de innumerables disputas. Allí existía la Isatis tinctoria, una planta de la que se extraía un azul muy hermoso, conocido como azul añil o azul glasto, e incluso azul pastel, porque se hacía un «pastel» de hojas para extraer el pigmento. Este pigmento, al ser de origen vegetal, era más bien una tinta y, a diferencia de los pigmentos minerales más estables, se desvanecía con relativa facilidad. A pesar de esto, fue muy exitoso.
Hay registros de que en Alemania, específicamente en Turingia, los productores de granza (una planta para teñir de rojo) pedían a los maestros vidrieros que pintaran a los diablos en los vitrales de las iglesias de azul, y cualquier escena relacionada con la muerte o el dolor, con la esperanza de que el azul perdiera popularidad. Pero el fervor por el azul no disminuyó; de hecho, evolucionó.
Hacia el siglo XV, llegó a Europa otra versión de la planta de las Indias, la Indigofera tinctoria, que era una mejora del añil europeo: ofrecía un color muy parecido, pero mucho más estable, no se desvanecía con facilidad. Además, para comercializarla, la planta se prensaba en una especie de piedra, que muchas personas asociaban al lapislázuli. En años posteriores, otra versión de la planta, proveniente del Nuevo Mundo (México y las regiones andinas), desplazó a la Indigofera tinctoria, siendo mucho más económica porque era producida por mano de obra esclava.
Siempre hubo conflicto de intereses: en Europa se cultivaba el glasto, que no era mejor, pero sí el más económico. Así, en lugares como Francia o Núremberg, se levantaron edictos reales que establecían la pena de muerte por el uso de cualquier añil que no fuese el europeo.
La «Guerra» por el Azul Ultramar y los Azules Modernos
Más tarde, en el Renacimiento, apareció el azul ultramarino, un derivado del lapislázuli que se asociaba también a la riqueza, la belleza y la pureza. Los pintores renacentistas lo utilizaban en los mantos de las vírgenes y en todo aquello que querían que simbolizase la divinidad, la belleza y la maternidad. Encargar un cuadro con el manto de la Virgen en azul ultramarino o lapislázuli encarecía significativamente la obra.
Y hablando del azul ultramarino, ¿qué más nos puedes contar, Sara?
El azul ultramar fue el detonante de una «guerra» entre alemanes y franceses que tuvo un desenlace inesperado. Dado lo costoso del lapislázuli y la inestabilidad del añil, a principios del siglo XIX, la Sociedad de Fomento Francesa convocó un concurso para encontrar una fórmula sintética de laboratorio para el azul ultramar, con un premio de 6.000 francos.
Se presentaron dos grandes químicos: Jean-Baptiste Guimet (francés) y Christian Gmelin (alemán). Ambos habían logrado una fórmula que no solo era mucho más económica de producir que el lapislázuli, sino que además generaba un azul mucho más intenso. La disputa sobre quién lo había creado primero fue intensa, pero finalmente, la Sociedad de Fomento Francesa otorgó el premio a Guimet. Sin embargo, Gmelin, el alemán, llevó su fórmula a Alemania y la hizo pública, sepultando de alguna manera la fortuna que Guimet podría haber amasado.
Por eso, hoy en muchas tiendas de arte encontramos el color «azul ultramar» y «azul ultramar francés», que no responden a la misma fórmula; el francés suele ser ligeramente más granulado. Según el teórico Philip Ball, el ultramar es un color de transición histórico, no solo por representar el paso del lapislázuli al ultramar sintético, sino porque, en términos simbólicos, deja de ser ese azul costosísimo, destinado a personajes de importancia o litúrgicos, y se convierte en el azul democrático que los artistas podían utilizar libremente.
El Azul de Prusia y el Azul Cobalto: La Ciencia al Servicio del Arte
En la Edad Moderna, el acceso a los azules se democratizó, haciéndolos más económicos. En 1704, se creó el primer azul sintético, descubierto accidentalmente en Alemania: el azul de Prusia. Este color se popularizó rápidamente y fue utilizado por pintores de la talla de Goya o Hokusai, artistas sobre los que he compartido vídeos en mi canal de YouTube Antonio García Villarán.
Posteriormente, en 1802, nació otro azul muy hermoso, el azul cobalto, que se convirtió en el favorito de muchos impresionistas de finales del siglo XIX y principios del XX, y por supuesto, también de Pablo Ruiz Picasso.
Sobre esto, ¿qué nos puedes contar, Sara?
El azul de Prusia tiene una historia más bien siniestra. Su creador, Diesbach, intentaba encontrar la fórmula del color rojo, pero mezcló accidentalmente un compuesto que contenía elementos de hierro, específicamente sangre. Esto es muy interesante porque Diesbach compartía laboratorio con Johann Konrad Dippel, un personaje enigmático que buscaba la cura a todos los males con su famoso (o infame) «aceite de Dippel», que contenía, entre otras cosas, huesos, sangre y carne descompuesta. Dippel, por cierto, inspiró la historia de Frankenstein, pero esa es otra historia.
El punto es que gracias a los aceites de Dippel, que se mezclaron con la fórmula de Diesbach en su intento de hacer rojo, surgió un azul intensísimo y tan hermoso que el ejército prusiano lo solicitó para estandarizar sus uniformes. Por eso lo conocemos hoy como azul de Prusia.
Este fue un momento crucial en la historia, porque al descubrirse que se podían crear colores y estandarizar sus fórmulas, también se abrió la puerta a su comercialización. Probablemente, la ciencia no habría prestado tanta atención a Isaac Newton con sus experimentos sobre el color y la óptica de no ser por el azul de Prusia. Y, por cierto, en años posteriores, el azul de Prusia fue utilizado como componente en el Zyklon B, un pesticida a base de cianuro que utilizaron los nazis. El término «cian» en cianuro, de hecho, proviene de cyan, que significa azul.
En cuanto al azul cobalto, su historia también es singular. Lo llamamos así porque su origen etimológico viene de la palabra cobold, que, según el folclore alemán, es un duende que habita en las cuevas donde los mineros extraían plata. Los mineros que buscaban el preciado metal comenzaron a toparse con unas grandes piedras que parecían plata, pero al fundirlas, no solo no eran plata, sino que se veían de un intenso color azul y liberaban importantes cantidades de arsénico, enfermándolos. Los mineros creían que los cobolds ponían estas piedras en las minas para molestarlos. Cuando finalmente se aisló el cobalto en 1730, se mantuvo el nombre en honor a esta historia. En mi canal de YouTube tengo un vídeo entero dedicado al azul cobalto, que de verdad está interesantísimo porque hay mucho que contar.
Picasso y su Etapa Azul: Pobreza, Trauma y Melancolía
Aquí encontramos una de las claves de la Etapa Azul de Picasso. Historiadores y críticos han debatido si se debió a que eran colores muy económicos o si estaba intrínsecamente ligada a la melancolía. Sinceramente, como pintor, te puedo decir que fueron ambas cosas. En aquella época, Picasso no tenía mucho dinero y, además, estaba sumido en una profunda depresión. Como decimos aquí en Andalucía, «cuando se juntan el hambre y las ganas de comer», ocurre lo que ocurrió: la etapa azul de Picasso.
Te pongo en contexto: entre 1900 y 1901, Pablo Ruiz Picasso vivía entre Barcelona y París. Su ambición era ser el artista reconocido mundialmente que es hoy, y París era el epicentro artístico. En el París bohemio de 1900-1901, donde impresionistas como Toulouse-Lautrec, Cézanne o Van Gogh disfrutaban de la vida nocturna, el joven Picasso, con solo 19 años, se juntó con dos amigos pintores de familias acomodadas: Pallarés y Casagemas. Él, sin embargo, provenía de una familia humilde; de hecho, tuvieron que emigrar a Barcelona en busca de un mejor trabajo para su padre.
Fue en Barcelona donde Picasso experimentó un trauma temprano que marcó su vida: la muerte de su hermana Conchita a los siete años, cuando él tenía trece. Este dolor lo acompañó toda su vida. Ya en la adolescencia, junto a sus amigos bohemios, se trasladó a París, buscando convertirse en artistas. Alquilaron un apartamento en un barrio modesto, incluso compartiéndolo con tres chicas que posaban para otros artistas.
En este contexto, Picasso, a pesar de su juventud, ya empezaba a triunfar gracias a su talento. Consiguió un marchante, Pere Mañach, un catalán que le ofrecía 150 francos mensuales a cambio de toda su producción. Además, su obra empezó a ser comprada por Vollard, uno de los galeristas más importantes de la historia. No le iba mal económicamente.
Pero el ambiente de juerga, desfase y bohemia de París se convirtió en el detonante de su Etapa Azul. Su amigo Casagemas, quien era impotente, se enamoró obsesivamente de una de las chicas con las que compartían piso, una tal Germaine. Ella no correspondía a sus sentimientos. Picasso intentó ayudarlo, llevándolo a Málaga, pero Casagemas seguía obsesionado.
De vuelta en París, Casagemas se citó con Germaine en un café. Le propuso matrimonio, pero Germaine se negó, recordándole que ya estaba casada y que él era impotente. Casagemas, abrumado, sacó una pistola, disparó a Germaine (sin alcanzarla) y luego se suicidó.
Este suceso, sumado al trauma de la muerte de su hermana y la vida bohemia en París, atormentó profundamente a Picasso. Fue entonces cuando decidió pintar todo en azul.
Los Cuadros Azules de Picasso: Un Reflejo de la Desolación
En su Etapa Azul, Picasso retrató a personajes de los bajos fondos: figuras estilizadas al modo de El Greco, con cabezas inclinadas, muchos ciegos, representando el escalafón más bajo de la sociedad. Destacan obras como La Celestina o El guitarrista ciego. Incluso visitó cárceles de mujeres, como la prisión de Saint-Lazare en París, donde internaban a prostitutas con enfermedades venéreas, usándolas como modelos para capturar la tristeza y desolación. Gracias a su amistad con el director, podía acceder a estos lugares.
Sin embargo, los cuadros más importantes, que marcaron el inicio de su Etapa Azul, fueron los retratos de su amigo Casagemas muerto. Uno de los más emblemáticos es El Entierro de Casagemas, inspirado en El entierro del Conde de Orgaz de El Greco, uno de los artistas favoritos de Picasso y también mío.
Este cuadro nos muestra un plano terrenal y otro celestial. Abajo, yace Casagemas muerto, con una puerta misteriosa que no sabemos si es la del cielo, el infierno o la muerte. Arriba, aparece una especie de «prostíbulo celestial». Este cuadro, lleno de simbolismo, merecería un análisis aparte.
A pesar de la belleza y el profundo significado que hoy atribuimos a estos cuadros azules, en su época no tuvieron éxito. ¿Quién querría un cuadro de una prostituta desolada en tonos azules en su casa? Prácticamente nadie. Sus marchantes, Mañach y Vollard, amenazaron con rescindir sus contratos si seguía presentando obras así, y de hecho, lo hicieron.
Así, un Picasso adolescente, atormentado y sin dinero, pero con una fuerte pulsión artística, se encontró en una encrucijada. ¿Las consecuencias? Por un lado, tuvo que comprar colores baratos, lo que pudo influir en su uso extensivo del azul. Por otro, las radiografías de muchos de sus cuadros azules revelan que debajo hay otras pinturas, pues, al no venderlos, los repintaba, usando los mismos lienzos una y otra vez. A pesar de su esfuerzo y la intensidad de su obra, no tuvo éxito comercial en ese momento. A mí, personalmente, me encantan. ¿A ti qué te parecen? Déjamelo en los comentarios.
Respecto a los colores azules que usaba Picasso en aquella época, ¿qué nos puedes contar, Sara?
Picasso utilizaba azul de Prusia, ese color descubierto accidentalmente por residuos de sangre. Es curioso cómo este color, en su versión posterior de laboratorio, fue también el elegido para su trágica Etapa Azul. Picasso lo empleó para exorcizar sus guerras, tanto internas como externas. De hecho, el Guernica, su famosa pintura en escalas de blancos, negros y grises, también tiene mezcladas porciones de azul de Prusia.
Mi Propia Obsesión Azul: Sueños y Ensoñaciones
Y ahora te contaré por qué pinto yo mis cuadros en azul. Por supuesto, no tiene nada que ver con tristeza o melancolía; al contrario, estoy muy feliz.
Hace unos meses, realicé un viaje a Portugal, donde me impresionó la omnipresencia de la azulejería, el azul cobalto en todas partes, iglesias repletas de azulejos con esos tonos azules. Aunque he visitado Portugal muchísimas veces y me encanta, esta vez fue diferente. El color azul caló hondo en mí, y comencé a reflexionar sobre lo que significaba para mí. Para mí, el azul trasciende la tristeza o la melancolía; para mí, el azul son los sueños, las ensoñaciones.
Esos rostros expresivos azules que pinto parecen o los pinto porque se me aparecen en sueños. Son sensaciones, sentimientos. Por otra parte, en cuadros de gran tamaño como el que ves aquí, con mis gatos Sphynx en posiciones desafiantes a la gravedad, mi padre o yo de espaldas, o mi perrita Indra, todo lo que ocurre en mi día a día lo paso por este filtro artístico. Como artistas, transformamos estas experiencias en cuadros que son, para mí, ensoñaciones. ¿Por qué? Porque mientras soñamos, ocurren muchas cosas a la vez, a menudo surrealistas. Es esto lo que intento expresar con mis cuadros azules, como estos bodegones que pinto ahora, que me recuerdan a mi infancia, al juego, a todos esos recuerdos que emergen cuando dormimos, porque el mundo de los sueños, al que dedicamos 7 u 8 horas al día, es otro mundo que quiero explorar.
Esto no tiene nada que ver, por ejemplo, con cómo Yves Klein, en el siglo XX, inventó su propio color azul, el azul Klein, y lo usaba como motivo principal de sus obras. Él creaba monocromos, donde el color azul era la obra en sí. Para mí, esos monocromos, un cuadro con un solo color, resultan un tanto aburridos. Prefiero utilizar el color con todos sus matices para dar forma a mis ideas y expresar estas ensoñaciones. A mí, las performances o pintar esculturas clásicas de ese color, me aburre. Prefiero dar forma a mis propias ideas y sentimientos.
El Azul en la Cerámica: Un Universo Diferente
Quizá te preguntes: «Antonio, si viste tanta cerámica en Portugal, ¿por qué pintas al óleo en tonos azules? ¿Y la cerámica qué?» Pues la cerámica también. Cada vez pinto más cerámica en tonos azules. Llevo 20 años pintando cerámica, he realizado muchos encargos y ahora he retomado este arte, pero esta vez en tonos azules, para seguir investigando no solo sobre este color, sino también sobre las posibilidades de la ensoñación en la pintura cerámica.
En cerámica, el cobalto es muy utilizado, y los pigmentos son muy diferentes a los de óleo. ¿Sobre el cobalto, Sara, qué me puedes contar en este ámbito?
Esto es tanto un misterio como una revelación. Mi padre es ceramista y me contó datos interesantísimos, porque la cerámica y el color pertenecen simplemente a otro universo. Pero, en esencia, hay dos tipos principales de pigmentos de cobalto, y ninguno de los dos revela su verdadera intensidad de azul hasta entrar en contacto con el fuego.
Uno es el óxido de cobalto, que tiñe muchísimo; de hecho, se usa a menos del 1%, y es un polvillo negro finísimo que da un azul precioso tras pasar por el calor. El otro es el carbonato de calcio, que da un lila precioso y, cuando se cuece, tiñe la cerámica de azul.
Además, existe otro pigmento como el esmalte, que es la mezcla de óxido de cobalto con vidrio fundido. El vidrio, que es un material cerámico, se utilizó mucho en Europa hacia el siglo XV cuando escaseaba el lapislázuli o las azuritas, sobre todo para pintar cielos o áreas muy grandes que no eran relevantes como otros personajes.
El cobalto es, por cierto, uno de los materiales más tóxicos. Inhalarlo puede ser super perjudicial, así que cuidado.
Aprende y Crea con Antonio García Villarán
Hemos hecho un recorrido bastante profundo sobre el color azul. Quiero agradecer enormemente a Sara por prestarse a colaborar en este vídeo. Su experiencia es increíble y puedes conocer más sobre su trabajo en color visitando su canal o redes sociales, que dejo en la descripción del vídeo en mi canal.
¡Gracias a ti, Antonio, ha sido un honor!
Y por supuesto, si quieres aprender a dibujar, a pintar o a vivir de tu arte vendiéndolo en internet, como hago yo, ya sabes que tienes mi academia Crea 13. Tienes cursos fantásticos y puedes realizarlos desde cualquier lugar del mundo.
Finalmente, si te ha gustado mucho este vídeo y quieres que hable, al igual que aquí lo he hecho de la Etapa Azul de Picasso, de su posterior Etapa Rosa, revienta el botón de «me gusta», suscríbete a mi canal de YouTube y comparte el vídeo para que tenga mucho alcance. Si veo que realmente te interesa, lo haré y te lo mostraré aquí.
¡Gracias por verme y nos vemos muy pronto!








