Marina Abramović: ¿Genialidad Performativa o Engaño Teatral? Un Análisis Crítico
La figura de Marina Abramović, aclamada por muchos como la «abuela del performance» y cuestionada por otros, genera un debate profundo en el mundo del arte contemporáneo. Sus obras, como la icónica performance del arco y la flecha con Ulay o su retrospectiva en el MoMA, han capturado la atención global. Sin embargo, ¿qué hay detrás de la grandilocuencia de estas exhibiciones? Este artículo desvela una perspectiva crítica sobre la autenticidad, el riesgo y la disciplina en la obra de la autodenominada «gran performance del siglo».
La Controversia de Marina Abramović: ¿Performance o Espectáculo Replicado?
Desde sus inicios, el trabajo de Abramović ha oscilado entre la provocación y la polémica. Analizamos los puntos clave de la crítica a su obra.
La Repetición, un Sacrilegio en la Performance
Uno de los preceptos fundamentales del performance es su carácter de acción única e irrepetible. La exposición de Abramović en el MoMA, donde replicó performances pasadas con intérpretes, desafía directamente esta esencia. La idea de que una acción artística concebida para un momento irrepetible pueda ser ‘re-interpretada’ por otros, convierte la performance en un espectáculo teatral con actores, despojándola de su originalidad y riesgo inherente.
El Control y la Farsa en el MoMA: «The Artist Is Present»
Durante la retrospectiva en el MoMA de Nueva York, la experiencia se tornó casi ridícula. Se respiraba un ambiente incómodo, donde la desnudez de los «performanceros» parecía más un intento de choque que de profundidad, creando una atmósfera de artificio más que de arte genuino.
En la obra donde ella y Ulay se posicionaban desnudos en el umbral de una puerta, había guardias que controlaban la interacción del público, llegando a acusar de acoso a quienes observaban demasiado tiempo. Esta actitud choca frontalmente con la noción de riesgo y espontaneidad que debería caracterizar al performance, donde el público y su reacción son parte integral de la obra.
La famosa historia de su capacidad para permanecer sentada durante horas en «The Artist Is Present» fue desmentida por «insiders» del museo, quienes revelaron que utilizaba pañales para adultos, desvirtuando la narrativa de meditación budista y resistencia física que se construyó alrededor de ella.
La Gran Muralla China: Un Relato Fabricado
La obra de «The Great Wall Walk», donde Abramović y Ulay supuestamente caminaron la Gran Muralla China para un encuentro final y una separación definitiva, se reveló como una farsa. La propia Abramović admite en sus memorias que la pareja ya estaba separada antes del encuentro y que el relato romántico y performático fue una invención. Este tipo de engaño socava la credibilidad del artista y del arte que propone, transformando la verdad performativa en un mero culebrón.
Del Performance al Teatro: Una Cuestión de Subsistencia
La propia artista confiesa en sus memorias que, ante la falta de rentabilidad económica del performance, incursionó en el teatro. Si bien es legítimo explorar nuevas vías artísticas, la crítica surge cuando estas obras teatrales, aunque basadas en su vida, se presentan bajo la etiqueta de performance sin reconocer su verdadera naturaleza escénica. Un buen teatro exige no solo una historia, sino una cuidada interpretación y una conexión emocional que la narrativa de Abramović a menudo carece.
El Verdadero Riesgo y Compromiso en el Performance: El Contraste con Velásquez
En contraste con las narrativas controladas, el performance español cuenta con figuras como Velásquez.
¿Arte o Espectáculo de Autolesión? El Caso del Boxeador
Una de sus obras más impactantes, vista en las Ramblas de Barcelona, consistió en dejarse golpear por un boxeador profesional sin ofrecer resistencia, una metáfora cruda de los golpes que uno recibe en la vida. Este acto, que lo llevó al hospital, destaca un nivel de compromiso físico y riesgo que, si bien cuestionable como arte en sí mismo por su simplicidad y la falta de «habilidad artística», conmueve por su crudeza y autenticidad. La línea entre la metáfora y el masoquismo, entre el arte y la realidad cruda, se vuelve aquí extraordinariamente difusa.
Sin embargo, esta obra abre un debate crucial: ¿es arte una acción que no requiere una habilidad artística específica, que se asemeja a prácticas existentes en otros contextos y que busca la conmoción a través del sufrimiento físico? La crítica argumenta que un acto de tal índole, sin una profundidad que trascienda la experiencia puramente física, se acerca más al espectáculo o incluso a la autolesión, que a una expresión artística madura. Se compara con la disciplina y el arte de un combate de boxeo profesional, donde la habilidad y la estrategia son innegables.
La Disciplina Perdida: Performance Art y la Educación Artística
El performance, como disciplina, enfrenta desafíos significativos en su formación y conceptualización.
Actores vs. Performers: Una Brecha Abismal
La formación de un actor, con años de estudio en manejo corporal, vocalización, interpretación y la complejidad de la repetición disciplinada de una función, contrasta fuertemente con la preparación de muchos artistas del performance. Estudiado a menudo en escuelas de Bellas Artes o artes visuales, el «performer» a veces carece de la técnica y la disciplina necesarias para dominar la presencia escénica, el diálogo o la interacción con el espacio. Esto lleva a cuestionar si se debería estudiar performance como una rama del teatro, dada su intrínseca relación con el cuerpo y la interpretación.
Esta situación se asemeja a la de muchos videoartistas que, tras cursos breves, se autoproclaman como tales sin la disciplina y el conocimiento técnico de un cineasta o un publicista. La falta de una formación rigurosa diluye la calidad y el impacto de estas expresiones artísticas.
La Fotografía como Producto: ¿Quién es el Artista Real?
Una realidad innegable es que gran parte de los ingresos de los artistas del performance provienen de la venta de fotografías o videos que documentan sus acciones, no de la performance en sí misma. Estas imágenes son a menudo capturadas por fotógrafos profesionales, planteando la pregunta: ¿es el performer el artista principal o es el fotógrafo que inmortaliza la acción?
El caso de Cindy Sherman es ejemplar: sus célebres autorretratos, donde se disfraza de diversos personajes, son en realidad fotografías de puestas en escena, no actuaciones dramáticas. Su fama, en parte, se consolidó a través de su matrimonio con Richard Prince, un reconocido artista, lo que añade otra capa de complejidad a la valoración de su trabajo.
Conclusión
La crítica al trabajo de Marina Abramović y a gran parte del performance contemporáneo no busca desmerecer la exploración artística, sino invitar a una reflexión profunda sobre la autenticidad, la honestidad y la disciplina. El arte, en todas sus formas, demanda un compromiso genuino y una verdad que no siempre se encuentra en las narrativas grandilocuentes o en las acciones superficiales. Es fundamental que la audiencia, y el propio circuito artístico, exijan más que el simple choque o la controversia, buscando obras que trasciendan el artificio y ofrezcan una verdadera contribución al diálogo cultural.
Te invitamos a compartir tu opinión en los comentarios o a explorar más análisis críticos en nuestro canal de YouTube y en la web de Antonio García Villarán.








