Tamara de Lempicka: La Rock Star del Art Déco y la Mujer Emancipada
Pintó a la alta sociedad, vivió con el desenfreno de una estrella de rock antes de que existieran las estrellas de rock, y fue, sin duda, una figura escandalosa pero fascinante, elegante pero rompedora. ¿Sabes de qué artista te hablamos? Efectivamente, de Tamara de Lempicka.
Hola, soy Antonio García Villarán y en este artículo te presento a una artista que surgió en una época donde las mujeres debían pedir permiso hasta para respirar, pero que ella, en cambio, conducía deportivos y coleccionaba amantes. Perteneciente a la alta sociedad, Lempicka no escatimaba en gastos, porque, claro, no todo el mundo iba a ser un bohemio al estilo Van Gogh, tirado por los bares.
Esta artista es muy diferente, aunque te adelanto que no todo en su vida fue glamour. Escapó de la Revolución Rusa, se reinventó en París como artista, y su final… te lo contaré al final del artículo. Pero, ¿por qué es tan importante Tamara de Lempicka?
Aquí tienes el video completo para acompañar la lectura y profundizar en su fascinante historia:
Cuatro Razones Clave para Entender la Grandeza de Tamara de Lempicka
- Referente del Art Déco: Es una figura esencial del Art Déco, el estilo artístico que dominó los años 20 y 30. Sus obras se caracterizan por líneas geométricas, limpieza en los planos y una indiscutible sensación de lujo. Si te interesa el Art Déco, déjamelo en comentarios y puedo dedicarle otro vídeo.
- Pionera en un Mundo de Hombres: En una escena artística mayoritariamente masculina, Lempicka destacó como pintora de la élite, rompiendo moldes con su estilo sutilmente moderno y sensual.
- Símbolo de la Mujer Emancipada: Representa a la mujer poderosa, segura de sí misma, bella e independiente, no como un objeto pasivo, sino como una protagonista activa de su propia vida y obra.
- Técnica Espectacular y Atemporal: Su técnica, dibujo y composiciones son espectaculares. Su pintura podría considerarse atemporal, y las figuras en sus lienzos parecen más talladas que pintadas, dotándolas de una solidez casi escultórica.
Los Misterios y Orígenes de una Vida Fascinante
Te preguntarás, ¿cómo era esta mujer tan enigmática? ¿Cómo llegó tan lejos? Te lo cuento ahora. Tamara nació en Varsovia, y su nombre real era Tamara Rosalia Gurvich Gorska. Su padre, un abogado judío de origen ruso, aseguraba una vida acomodada para la familia, lo que le permitió viajar, visitar museos, aprender idiomas y adquirir una vasta cultura general desde niña.
Fíjate si el arte la cautivó desde temprana edad que existe una anécdota reveladora: a los 12 años, su madre encargó a una pintora famosa de la época que retratara a su hermanita de dos años. Al ver el resultado, Tamara exclamó: «¡Esto no se parece en nada a mi querida hermanita! ¡La voy a pintar yo!». Y así lo hizo. Mucho tiempo después, reconoció que su cuadro de niña no poseía la técnica o la destreza que adquiriría con los años, pero aseguraba que su retrato se parecía mucho más a su hermana que el de la pintora célebre.
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Volviendo a Tamara de Lempicka, su vida es realmente un enigma. Aunque escribió su propia autobiografía, se dice que «mintió más que una bellaca» para embellecer su historia. De pequeña, tenía mucho carácter, siendo descrita como autoritaria, lo que muchos interpretaban como estar muy mimada. Sin embargo, su formación fue excepcional.
En 1911, viajó a Italia con su abuela, visitando Roma, Florencia, Venecia y numerosos museos. Quedó prendada del Renacimiento italiano, y ahí comenzó a forjar su historia artística. Pero no todo fue de color de rosa: en 1912, sus padres se separaron, y ella decidió irse a vivir con su tía. Esto no duró mucho, ya que Tamara, decidida a mantener su estilo de vida, se casó con un abogado polaco con fortuna. Tuvieron una vida lujosa y sin problemas… hasta que la historia intervino.
La Revolución Rusa y el Renacimiento en París
En 1917, estalló la Revolución Rusa, cambiándolo todo. Su marido fue encarcelado, pero Tamara logró sacarlo y juntos escaparon a París. La capital francesa era la cuna de la modernidad, un hervidero de artistas bohemios. Ella no solo los conoció a todos, sino que también asistió a las academias más famosas de la ciudad, como la de Maurice Denis, la de Ranson y la de la Grande Chaumière con André Lhote. Se empapó de todas las corrientes, incluso en algunas de ellas las mujeres podían dibujar modelos desnudos, algo escandaloso en aquella época (¡y aún hoy!).
Entre tanta modernidad, lo que más le atrajo fue el Cubismo. Pero, ojo, no el Cubismo de Picasso, Braque o Juan Gris. Ella se definía como una «cubista suave», modelando las figuras con un sabor cubista pero a la vez realista. ¿Cómo le fue? ¡Muy bien! Tuvo un éxito tremendo. En 1925, expuso en la Exposición Nacional de Artes Decorativas e Industrias Modernas, recibiendo encargos de amigos empresarios, artistas y la alta sociedad, y ganando mucho dinero. Tamara de Lempicka fue una de las pocas artistas del siglo XX que disfrutó tanto de éxito social como económico.
Libertad, Glamour y la «Mujer de Oro»
Lo que más amaba, por encima de todo, era la libertad. No solo amaba la libertad, sino también a hombres y mujeres. Tuvo amantes de todo tipo, iba de fiesta en fiesta, de exceso en exceso, en un ambiente muy de Belle Époque. La apodaban «la mujer de oro» porque todo en ella era glamour, lujo y fiestas. Se casó con el barón Kuffner, convirtiéndose en la baronesa Kuffner, aunque años después también enviudó.
¿Qué pintaba ella? Pues lo que vivía. Su estilo es clásico y contemporáneo a la vez. Sus figuras, como ya te mencioné, parecen más esculpidas que pintadas. Quizás te recuerden un poco a las obras de Botticelli o Ingres, y eso es normal, porque ella adoraba a esos dos pintores.
Por ejemplo, su obra Cuatro Desnudos evoca el Baño Turco de Ingres. Observa cómo los rostros de las mujeres son algo andróginos, con expresiones de éxtasis. Todo en el cuadro es lujoso y elegante; no hay rastro de suciedad o mal rollo. Una de sus amigas, Laura Clarich, contaba que Lempicka organizaba fiestas y cenas en su casa donde los cuerpos de sus amigas servían de platos. Aunque sus cuadros respiran sexo, nunca son vulgares ni sucios. Ella misma decía que «el sexo puede ser muy elegante si se muestra correctamente».
Otro ejemplo es La Bella Rafaëla. Este cuadro, que muestra su amor por la belleza, tiene una historia curiosa: Tamara, paseando por París, vio a una mujer de enormes ojos y boca muy sensual. Se acercó a ella y le dijo: «Hola, querida amiga. Soy pintora, ¿vienes a mi estudio a que te pinte?». La mujer accedió, y no solo fue su modelo, sino también su amante.
Pero, sin duda, la obra más famosa de Tamara de Lempicka es su Autorretrato en el Bugatti verde. A mí me genera una cierta tristeza. Aunque la elevó a lo más alto de la fama, fue un cuadro que tuvo que repetir varias veces debido a su popularidad. Representa a la mujer segura, emancipada; una mujer que, al conducir un Bugatti en aquella época, era como si hoy condujera un Ferrari.
El Declive y el Reconocimiento Tardío
¿Por qué digo que me produce tristeza este cuadro? Porque todo lo que sube, baja. Su fama, especialmente con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, fue decayendo. El Art Déco pasó de moda, y la gente comenzó a olvidarla. Las galerías que tanto la admiraban la dejaron de lado. Algunos clientes todavía le pedían: «Oye, ¿por qué no me pintas ese cuadro tan bonito que tú hacías? Repítelo, píntamelo para mí». Y claro, ella tenía que repetirlo una y otra vez para conseguir algo de dinero, porque después de la Segunda Guerra Mundial, su carrera entró en declive.
Se empezó a decir que su obra era demasiado superficial, demasiado comercial, que sus cuadros parecían anuncios de perfumes de lujo, y que su estilo ya no se llevaba. A todo esto se sumó la muerte de su marido, y finalmente, ella acabó viajando a Estados Unidos. Estuvo una temporada en Los Ángeles, pero acabó sus días en México, en Cuernavaca. Se sabe que su hija Kiz la cuidó cuando estuvo enferma, y se habla de que en esos momentos tuvo un amante, aunque eso no está del todo claro.
Como último acto de divismo, porque ella fue una diva hasta el final, Tamara de Lempicka pidió que sus cenizas fueran esparcidas en el volcán Popocatépetl. Hoy en día, su obra es más que reconocida. De hecho, en 2019, una de sus obras, La Túnica Rosa, fue vendida por 13,4 millones de dólares.
Ahora me gustaría saber qué te parece a ti. ¿Te gusta la obra de Tamara de Lempicka? ¿Te sientes identificado o identificada con ella? Si quieres que haga más vídeos como este, ya sabes, apóyame desde aquí, comparte este vídeo, revienta el botón de ‘me gusta’, suscríbete y nos vemos muy pronto en mi canal de YouTube.








