Paul Cézanne: El Genio Incomprendido que Transformó la Historia del Arte
¿Alguna vez te has preguntado por qué Paul Cézanne es considerado uno de los artistas más importantes de la historia del arte reciente? No es solo un impresionista más; su legado va mucho más allá, estableciendo las bases que conectarían el arte del siglo XIX con las vanguardias del siglo XX. Sin Cézanne, movimientos como el Cubismo o el Fauvismo, tal como los conocemos, posiblemente no habrían existido.
Grandes maestros como Picasso y Matisse lo reconocieron como «el padre de todos nosotros» artísticamente hablando. Sin embargo, a pesar de su inmensa influencia, la vida de Cézanne estuvo lejos de ser un camino de éxito y reconocimiento inmediato. Todo lo contrario.
El revolucionario del pincel: Pintar lo que se siente
La pintura de Cézanne fue una auténtica provocación. Dio «patadas» a la perspectiva tradicional, al uso convencional del color y a las formas académicas. Su objetivo no era simplemente reproducir lo que veían sus ojos, sino expresar lo que sentía, lo que habitaba en su mundo interior.
Orígenes y la lucha por su vocación
Nacido en 1839 en Aix-en-Provence, Francia, Cézanne provenía de una familia de banqueros. Su padre, un banquero acaudalado, deseaba que su hijo siguiera sus pasos. Imagina la tortura para un espíritu artístico como el suyo, obligado a estudiar derecho para satisfacer las expectativas familiares. Pero la llamada del arte era demasiado fuerte. Finalmente, Cézanne decidió abandonar el derecho y trasladarse a París, el epicentro artístico de finales del siglo XIX y principios del XX, buscando su lugar entre los grandes.
El «outsider» entre los impresionistas
En París, Cézanne se codeó con figuras clave como Renoir y Monet. Sin embargo, nunca encajó del todo. Era el eterno «outsider». Un chico de provincias, de carácter difícil, propenso a enfadarse y con un lenguaje a veces burdo, lo que no le granjeó muchas simpatías en los círculos refinados. A pesar de su personalidad, era un entusiasta inquebrantable del arte, visitando museos constantemente para aprender de los clásicos, siempre con la mirada puesta en la modernidad. Era, sin duda, un alma rara, como tú y como yo.
Una vida privada compleja y obsesiva
La vida personal de Cézanne también estuvo marcada por su particular temperamento. Aunque reservado, hay quienes aseguran que disfrutaba de las juergas y la risa, e incluso cantaba. Pero sobre todo, era increíblemente terco. Una vez que algo se le metía en la cabeza, no había quien lo detuviera. Cuando era criticado, él criticaba con más fuerza, completamente seguro de su visión.
Su terquedad se manifestó en su relación con Hortense Fiquet, una de sus modelos. Proveniente de una familia humilde, sus padres desaprobaban la unión. Lejos de ceder, Cézanne mantuvo la relación en secreto durante años, llegando a tener un hijo, Paul, antes de revelar la verdad a su familia.
La pintura era su gran obsesión, a tal punto que a veces relegaba a su mujer e incluso a su hijo a un segundo plano, inmerso por completo en el acto creativo. Las anécdotas nos revelan mucho de su personalidad. En una ocasión, Manet le preguntó qué había preparado para el Salón de Otoño (una exposición donde los académicos seleccionaban las mejores obras, a las que Cézanne nunca era aceptado). La respuesta de Cézanne, firme y seria, fue: «Un bote de mierda». Un visionario, adelantándose a Manzoni sin saberlo.
El minucioso proceso creativo y la crítica
Cézanne pintaba con extrema lentitud, meditando cada detalle. Podía pasar meses colocando las manzanas en un bodegón, buscando el matiz perfecto de un rojo o la posición exacta. Su indecisión no era falta de habilidad, sino una profunda reflexión sobre cómo representar su visión interna, más allá de la mera apariencia externa.
A pesar de su modernidad, Cézanne se mantenía en temas clásicos: bodegones, paisajes, retratos y figuras humanas. Pero lo revolucionario no era qué pintaba, sino cómo lo hacía. Fue el precursor del Cubismo de manera inconsciente, recibiendo durante años un torrente de críticas y «hate» por parte de la prensa. Sus obras eran calificadas de «visión de pesadilla» o «atrocidades al óleo», y se decía que «daban náuseas». Una crítica llegó a afirmar: «Si la naturaleza fuese así, sería para no ir al campo en la vida». Cézanne, con su piel dura, simplemente los «mandaría a la Provenza».
El triunfo tardío y sus obsesiones pictóricas
A pesar de todo, el tiempo pone a cada uno en su sitio. Una de sus obras, Los jugadores de cartas, alcanzó un récord en subasta en 2011, vendiéndose por 191 millones de euros. Si quieres saber más sobre esta increíble venta, te invito a ver este vídeo en mi canal: Antonio García Villarán en YouTube.
Entre sus obsesiones recurrentes estaba la montaña Sainte-Victoire, que pintó innumerables veces, inspirándose en maestros como Hokusai y sus Cien vistas del monte Fuji. La influencia del arte japonés fue una fuente inagotable de inspiración para Cézanne.
Sus bodegones, lejos de ser aburridos, son composiciones arriesgadas con manzanas que parecen volar, trapos casi cubistas y fondos espectaculares. Lo que los académicos de su época consideraban errores, Cézanne transformaba en una armonía única. Sus colores también lo señalan como un precursor del Fauvismo, aunque él no buscaba esa etiqueta. La soledad y el carácter neurótico de Cézanne se reflejan en sus paisajes, donde rara vez encontramos figuras humanas.
Reconocimiento y legado póstumo
Fue a la tardía edad de 56 años, en 1895, cuando el marchante Ambroise Vollard le organizó su primera exposición individual. Comercialemente, no fue un gran éxito, pero esta exposición fue crucial. Artistas como Picasso y Matisse vieron en Cézanne al maestro que era, y a partir de entonces, las críticas comenzaron a suavizarse, y su obra empezó a ser aceptada. Lamentablemente, este reconocimiento llegó pocos años antes de su muerte en 1906. Cézanne falleció a los 67 años, tras contraer una pulmonía al negarse a dejar de pintar al aire libre bajo un chaparrón, fiel a su obstinación.
Su funeral fue modesto, pero con el tiempo, críticos y artistas de todo el mundo han sabido reconocer la inmensa importancia y el legado transformador de Paul Cézanne en la historia del arte.
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