La Peligrosa Odisea de una Escultura Pública: Arte, Peligro y Derroche Municipal
En el ámbito del arte público, a veces las intenciones no se alinean con la realidad, y menos aún con la seguridad ciudadana. Este es el caso de una escultura en particular, emplazada en un paseo, que desde su instalación generó controversia. No hablamos de una obra vanguardista ni de una pieza meticulosamente acabada; se trataba, en esencia, de cuatro vigas de metal sin tratar, ni siquiera pintadas, que mostraban ya signos evidentes de oxidación. Una visión que, lejos de embellecer el entorno, invitaba a la pregunta sobre su propósito y mantenimiento.
Cuando el Arte se Convierte en Peligro Público
La ubicación de la escultura, a pie de suelo en una zona de tránsito, la convirtió rápidamente en un riesgo inminente. Por ese paseo circulaban habitualmente niños en bicicleta, así como turistas que, quizás con alguna copa de más, no siempre estaban atentos a su alrededor. El resultado: colisiones y, lo más alarmante, tropezones que estuvieron a punto de causar graves accidentes, con personas llegando a rozar lesiones serias en la cabeza. No es exagerado calificarla, por tanto, de una «escultura asesina»; un monumento al peligro en lugar de a la expresión artística.
El Costo de la Incoherencia: Miles de Euros por una Mala Gestión
Ante el evidente riesgo para la seguridad pública, el ayuntamiento decidió que la escultura debía ser retirada. Se contrató a una empresa especializada para desmantelar y trasladar la obra. La operación de retirada supuso un gasto considerable para las arcas municipales: más de 5.000 euros, concretamente 5.600 y pico, una cifra que, como es verificable, está documentada y puede ser consultada por cualquiera en la red. Este es solo un ejemplo más de cómo la mala planificación en proyectos de arte público puede terminar costando muy caro a los contribuyentes. Para una visión más profunda sobre la gestión del arte y sus implicaciones, recomiendo visitar el canal de YouTube de Antonio García Villarán, donde se abordan casos similares.
Pero el gasto no se detiene ahí. Si consideramos los costos acumulados, la factura se eleva de manera preocupante. A los más de 5.600 euros por la retirada, hay que sumar los más de 3.000 euros que ya se invirtieron inicialmente para su colocación, y otros más de 6.000 euros que se destinarán a su reubicación en un nuevo emplazamiento. Estamos hablando de una suma que supera holgadamente los 14.000 euros para una escultura que, además de polémica, resultó ser un peligro y, por el momento, un generador de gastos continuos. Es una situación que nos obliga a reflexionar sobre la responsabilidad en la gestión cultural y artística en nuestras ciudades.
Un Destino Temporal: Del Paseo al Almacén
La escultura, lejos de encontrar un hogar definitivo, fue trasladada inicialmente a los almacenes de la misma empresa que la retiró. Un paradero provisional que, lejos de cerrar el capítulo, lo mantiene abierto y añade una capa más de incertidumbre a la ya de por sí enrevesada historia de esta obra. Este caso subraya la importancia de una evaluación rigurosa y un estudio de viabilidad antes de la instalación de cualquier obra de arte en espacios públicos, tanto desde una perspectiva estética como, fundamentalmente, de seguridad y eficiencia económica. Los errores en esta materia no solo comprometen la imagen de una ciudad, sino que también representan un desperdicio significativo de recursos públicos.








