El polémico juicio de Maurizio Cattelan y Daniel Druet: ¿Quién es el verdadero autor en el arte conceptual?
En un nuevo encuentro, esta vez con la experta Avelina Alex Pérez, nos adentramos en un tema candente que ha sacudido los cimientos del mundo del arte contemporáneo: el controvertido juicio que enfrenta al famoso artista Maurizio Cattelan con el talentoso escultor Daniel Druet. Un caso que reabre el debate sobre la autoría, la idea y la ejecución en el arte.
Un litigio millonario en el corazón del arte conceptual
El origen del conflicto se remonta a 2016. La prestigiosa galería Perrotin, en el museo de la Moneda de París, exhibió una muestra antológica de Cattelan. En ella, se presentaron esculturas emblemáticas sin otorgar el debido crédito a Daniel Druet, el escultor que las había realizado de principio a fin.
Druet, un escultor francés de gran trayectoria, reconocido por su realismo e hiperrealismo, demandó para ser reconocido como el autor de las obras. Sin embargo, el juez determinó que Maurizio Cattelan era el autor porque «las había pensado».
Aquí puedes ver nuestra conversación completa sobre este caso:
Este tema ya lo habíamos comentado en mi canal secundario de YouTube y en Twitch, a la espera de un veredicto que muchos anticipaban favorable para Druet, dado su impecable currículum y su papel crucial en la materialización de estas piezas.
La línea difusa entre idea y ejecución: ¿Artista o artesano?
El punto central de la disputa reside en la distinción entre la concepción de una idea y su ejecución. Cattelan, a través de la galería, encargó a Druet la realización de esculturas icónicas, como la del Papa impactado por un meteorito. Cattelan supuestamente proporcionó «ideas vagas», mientras que Druet llevó a cabo toda la obra, desde la postura del Papa hasta el más mínimo detalle.
La complejidad y el realismo de estas obras son innegables. Como pintor y escultor, afirmo que hacer una escultura de este tipo es complicadísimo. La resolución artística de Druet fue clave para el impacto y el éxito rotundo de la exposición. Si no se hubieran realizado de una manera tan magistral y realista, las esculturas no habrían tenido el mismo efecto, ni habrían consolidado a Cattelan como el artista que es hoy.
Es fundamental diferenciar entre un artesano, que a menudo produce en serie, y un artista que concibe y ejecuta una obra única con maestría. Daniel Druet es un artista con mayúsculas. ¿Hubieran alcanzado estas obras la misma fama si hubieran sido encargadas a un «mal escultor» o a un simple artesano? Lo dudo. El éxito se debe a la elección de un escultor de la talla de Druet.
El papel de la galería Perrotin y la importancia de un contrato claro
La decisión de la galería Perrotin de elegir a Daniel Druet, un escultor «top», no fue casualidad. Buscaban el éxito para la exposición y la venta de piezas a precios elevados. Sin embargo, esta elección conllevaba un riesgo: que un artista de tal calibre reclamara la autoría de su trabajo.
Aquí reside una de las mayores lecciones del caso: la ausencia de un contrato claro y específico. Si Druet hubiera establecido por escrito que él era el realizador de todas las piezas, o si se hubieran detallado las regalías por su autoría, la situación sería muy diferente. Es un correctivo para todos los artistas: si trabajas para otros, un contrato es fundamental.
El juez, además, argumentó que no solo importaba la obra en sí, sino también el contexto de la exposición, la elección del parque o la luz. Un sinsentido, pues estas obras se han exhibido en múltiples lugares, manteniendo su impacto original.
Contradicciones en el arte conceptual y casos similares
Cattelan se define como un artista conceptual, afirmando que no sabe dibujar ni modelar, y que por eso se dedica a este tipo de arte. Sin embargo, en alguna ocasión ha declarado haber entregado bocetos a Druet. ¿Cómo puede ser esto posible si no sabe dibujar?
Esto nos lleva a reflexionar sobre la lógica del arte conceptual actual. Si una obra puede ser «cualquier cosa» —un plátano pegado a la pared, un teléfono celular—, ¿por qué encargar esculturas tan complejas y costosas como las que realiza Jeff Koons, quien también emplea a un equipo de creativos y operarios porque no sabe «hacer nada»? ¿No sería más directo y lógico pagar directamente al creador de la obra en lugar de a intermediarios que solo aportan una «idea»?
Casos similares han ocurrido en el pasado. En España, el artista pop Antonio de Felipe perdió un juicio contra una de sus ayudantes, a quien se le reconoció la autoría de las pinturas. En Francia, Orlan, una artista performática conocida por usar su cuerpo como obra, demandó a Lady Gaga por «copia», pero perdió el juicio, teniendo que pagar una considerable suma.
Este juicio nos deja una enseñanza crucial: la importancia de los contratos en el ámbito artístico. La autoría intelectual y los derechos sobre una obra deben estar blindados legalmente.
Si quieres profundizar en otro controvertido juicio de Cattelan, esta vez por su famoso plátano pegado con cinta, te invitamos a ver la segunda parte de esta conversación en el canal de Avelina Alex Pérez.








