Joan Miró: ¿Genio o el Artista más Sobrevalorado de la Historia del Arte?
Desde siempre, la obra de Joan Miró me ha resultado un enigma. Por más que me esfuerzo, en sus pinturas encuentro un vacío total, una falta de significado que me ha frustrado a lo largo de mi carrera. Soy Antonio García Villarán y, como prometí en mi vídeo sobre la obra de Miquel Barceló (¡gracias por esos 1000 «me gusta»!), hoy abordaré mi visión crítica sobre uno de los artistas que considero más sobrevalorados de la historia del arte.
Si eres un ferviente admirador de Miró y lo consideras el artista más grande del universo, quizá este artículo no sea para ti, a menos que estés dispuesto a un debate constructivo. Si, por el contrario, te interesa una perspectiva diferente y quieres aportar a la conversación, te animo a seguir leyendo y dejar tus comentarios.
La Condescendencia de la Crítica y Mi Perspectiva Académica
He notado que los críticos de arte suelen ser muy condescendientes con los artistas en general, pero con Miró, esta actitud se acentúa. Al observar su obra, hay aspectos que simplemente no consigo entender. Y no lo digo desde la ignorancia. He estudiado Bellas Artes, soy doctor en esta disciplina, y dedico mi vida al estudio y la creación artística. Por ello, a menudo me he sentido frustrado, preguntándome: «¿Por qué no entiendo la obra de este artista? ¿Por qué no me transmite nada?».
Mi conclusión es que, en el caso de Miró, no es que no transmita nada o que no haya nada que entender; es que Miró es tan simple, tan básico, que no comprendo por qué sus obras ocupan un lugar en los museos. Creo que sería necesario hacer una revisión de los artistas que forman parte de las colecciones museísticas, especialmente del arte del siglo XX. Ha pasado mucho tiempo, se han producido innumerables obras, y quizás es el momento de reconocer que algunos artistas, antes considerados cumbres, no lo son tanto, abriendo así espacio para otros que sí merecen ese reconocimiento.
Miró: ¿Un Surrealista «Quiero y No Puedo»?
Una de las cosas que más me llaman la atención de la obra de Miró es que lo percibo como un «quiero y no puedo». Intentó ser fascista, pero llegó tarde. Se autodenominaba surrealista, pero al comparar sus obras con las de auténticos maestros del surrealismo como Magritte, Giorgio de Chirico o Dalí, la obra de Miró parece de un perfil mucho más bajo. ¿Qué relación tienen sus piezas con el automatismo surrealista? Son obras, en mi opinión, con una falta de profundidad evidente.
Un Análisis de la Simplicidad Extrema
¿Por qué digo que son obras de bajo perfil? Analicémoslas un poco. ¿Cuáles son las formas que se nos ocurren por naturaleza cuando estamos aburridos, o las que dibujan los niños pequeños? Una estrella simplificada, una espiral, o un ojo. Si te fijas en la pintura de Miró, está llena de estos elementos. Parece que no se rompía la cabeza en absoluto; su pintura es simplista hasta el punto de no reflexionar ni en los colores. Sus obras a menudo usan los mismos azules, como si tomara un único tono y lo aplicara en todo. ¿Y qué decir de sus series como «Azul I», «Azul II», «Azul III»? Son cuadros que a veces se reducen a cuatro puntos negros y una raya roja, y se nos dice que representan el universo o el cosmos. La realidad es que, puestos frente a estas obras, es posible que no nos digan nada, no nos conmuevan, y no hay que buscarle tres pies al gato.
La Creación de la Fundación Miró: Un Legado Autoimpuesto
He investigado sobre la vida y obra de Miró, y la mayoría de los críticos, libros y vídeos se limitan a comentar que fue un artista que conoció a muchos otros, que fue «amiguito» de casi todos, manteniéndose al margen para no enfrentarse con nadie. Esto, quizás, le aseguró su lugar en la historia del arte.
Pero hay otro detalle importante: ¿quién fundó la Fundación Miró? El propio Miró, en 1975. Me imagino que pensó: «Si no hago algo, mi obra no se mantendrá por sí misma». Así que creó una fundación, donó un montón de sus cuadros (¿qué iba a hacer si no con ellos?), y así su nombre y su obra ascendieron. Es él mismo quien dona muchas de las obras que se pueden ver en la Fundación.
Ejemplos de una Poesía Inexistente
Dentro de la Fundación, podemos ver obras como cuadros gigantescos (dos, tres o cuatro metros), blancos, con una única línea. ¿Dónde está la poesía en esa línea? Yo no la veo. Es una línea trazada en un inmenso lienzo blanco. Se puede teorizar todo lo que se quiera, pero para mí, eso no es absolutamente nada.
Algunos dirán: «Antonio, es que tú no lo entiendes». Sí, lo entiendo. Entiendo que es tan básico, tan «tontorrón» lo que hace, que me imagino a Miró pensando: «Como ya he llegado, haga lo que haga será una maravilla». Y la gente que acude al museo, debe «comerse» estas obras. Lo mismo ocurre con cuadros como «Paisaje», un fondo blanco con un puntito azul. Y ya está.
En el catálogo razonado de la Fundación Miró encontramos otras series, como «Pintura 1» (fondo negro con una rayita blanca), «Pintura 2» (fondo negro con dos rayitas blancas) y «Pintura 3» (fondo negro con tres rayitas blancas). ¿Realmente esto merece el estatus que tiene?
Comparaciones Incómodas: Miró frente a Otros Maestros
A menudo se nos dice que no debemos comparar obras de arte, pero si lo hacemos, ¿dónde queda Miró? No lo comparemos con genios figurativos como Rembrandt o Velázquez. Comparemos sus cuadros con otros pintores abstractos.
Por ejemplo, si ponemos un Miró al lado de una pintura de Hilma af Klint (considerada por algunos la verdadera inventora de la abstracción, mucho antes que Kandinsky), la diferencia es abismal. En las obras de Hilma af Klint, se percibe un contenido específico, una intencionalidad en el color, una composición que invita a la reflexión sobre la forma, e incluso sobre el universo. Al menos, dicen algo. No están a la altura de los grandes maestros figurativos, pero sí tienen una profundidad. Con Kandinsky, sucede algo similar; en sus cuadros se ve la teoría expuesta en libros como «De lo espiritual en el arte» o «Punto y línea sobre el plano». ¿Qué vemos en los cuadros de Miró? Unas rayitas.
La Falta de Originalidad y la «Llegada Tarde»
Miró, si tiene una característica especial, es que siempre llegaba tarde. Hacía las cosas cuando otros ya las habían hecho, y a menudo, mucho mejor. Esto no le ocurría, por ejemplo, a Picasso, que hacía algo y lo perfeccionaba o lo hacía mejor que su supuesto inventor.
Tomemos la serie «Fuegos artificiales». Miró simplemente tiraba pintura, un «drip». Se ve que hizo una de estas obras y pensó: «Aquí tengo una serie, me llevará diez minutos y triunfaré». Y, efectivamente, triunfó. Pero esta idea tan básica ya la habían hecho otros mucho antes. Si comparamos sus «Fuegos artificiales» con cuadros de Jackson Pollock, aunque Pollock no sea mi artista favorito, sus obras tienen más fuerza, más contenido, más «rabia» contenida. Incluso otros artistas, con técnicas similares (fondo blanco, pintura negra), como Yves Klein, logran una poesía que no encuentro en Miró. No es que cualquiera que use estas técnicas lo haga mal, es que Miró, simplemente, no llegaba.
El Aburrimiento de lo «Experimental»
Miró también se presentaba como muy experimental. Tenía cuadros «quemados». ¿Quemar un cuadro es «arte»? Esto me lleva a otras obras que también considero aburridas, como las de Lucio Fontana. Nos enseñaron en la facultad que Fontana «traspasaba el espacio del lienzo para llegar a un universo fuera de la realidad». Pero, seamos honestos: ¿ves un cuadro de Fontana, ves otro, y otro, y no dices «ya está bien»? Un cúter, una raja en el lienzo y punto. Se puede teorizar todo lo que se quiera, pero el cuadro es lo que es, y la teoría no lo hace mejor.
Lo mismo ocurre con Miró. Puedes escribir libros y artículos, pero si nos ponemos delante del cuadro, ¿qué nos dice? Nada. Es tan básico que a veces hacía cosas que parecen de niños de guardería, como mancharse la mano y estamparla en el lienzo. «Esto me lleva a las cuevas de Altamira», dirán algunos. ¡Tonterías! Eso es lo que siempre se ha hecho para dejar una huella, es algo muy, muy básico. Creo que, si se le da categoría de arte, debería estar en los primeros peldaños, casi insignificantes.
El «Rey de los Estampados» y la Ascensión Inexplicable
Toda esta «locura» lleva a que a Miró se le encarguen murales. Recuerdo haber visto uno grandísimo en Barcelona, y me pareció sencillamente feo. Pero por ser de Miró, ¿tengo que decir que es una maravilla? No.
Sin embargo, algo bueno sí tiene Miró: se ha convertido en el rey de los estampados, de los cortinajes, de la moda. Muchos de sus diseños, a los que él llamaba cuadros, se han usado con éxito para estas aplicaciones. En unas cortinas, la verdad, quedan muy bien, siempre y cuando te guste el estilo.
En su juventud, Miró no tuvo mucho éxito. Expuso en Barcelona con 24 años, en la galería Dalmau, más de 64 cuadros, y tuvo malas críticas; no vendió nada. Lógico. Respecto a los premios, empieza a recibir reconocimiento a una edad avanzada, más de 60 años. Si investigáis un poco, veréis que estos premios estaban a menudo ligados a sus amistades con gente del gobierno. Recuerdo la anécdota de Pío Cabanillas, ministro de Cultura, que movió hilos para un homenaje y una exposición en Madrid, simplemente por la amistad.
¿Una Obra Importante? ¿Un Legado Construido?
Miró llegó a donde llegó, en parte, porque hizo algo que escuché una vez: «para ser famoso y conocido, tienes que intentar no morirte nunca». Además, se codeó con todo el mundo, incluso Man Ray le hizo una foto. La gente asumía que él era una figura más entre los grandes, pero al ver su obra, la realidad es diferente.
La crítica de arte, como he dicho, siempre ha hablado muy bien de Miró. Aún no he encontrado artículos potentes que descorran el velo y digan lo que piensan de verdad. Algunos lo sitúan entre el fauvismo y el cubismo, o entre el surrealismo. Yo, sinceramente, creo que está entre el decorativismo y la nada.
Fijaos cómo son las cosas. En sus biografías, se lee que Hemingway le compró un cuadro a Miró. Pero si investigas un poco más, la realidad fue otra: Hemingway y un amigo jugaron a los dados para ver quién compraba una obra de Miró, y Hemingway perdió. Se vio obligado a comprarlo como un castigo, y como no tenía dinero, tuvo que pedir prestado a la escritora John Dos Passos para adquirir «el cuadrito». Sin embargo, las biografías lo embellecen, diciendo que Hemingway «le compró un cuadro a Miró».
Miró ni siquiera tiene una obra «importante» o emblemática. Si miras a Picasso, tienes el Guernica o «Las señoritas de Aviñón». Con Velázquez, Las Meninas. Los grandes artistas tienen obras icónicas y reconocibles. ¿Cuál es la obra más importante de Miró? Incluso una de sus obras, que se exhibió junto al Guernica en el Pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París de 1937, está actualmente en paradero desconocido. ¿Dónde está esta obra de Miró, mientras el Guernica se exhibe en el Reina Sofía? Lo más probable es que se dijeran: «¿Qué hacemos con esto una vez al año?».
Las Contradicciones de Miró y el Precio Inexplicable
El propio Miró decía: «Sentía un asco profundo por la pintura; solo me interesa el espíritu puro». También afirmó que, a lo largo de toda su vida, había intentado huir de lo plástico para acercarse más a la poesía. Creo que no lo consiguió. Eso lo logró, por ejemplo, Fernando Zóbel. Pero Miró, ¿qué cuenta, qué enseña, qué transmite un cuadro suyo? Para mí, nada.
Sin embargo, la realidad es que sus obras valen muchísimo dinero. En 2008, uno de sus cuadros se vendió por 12.8 millones de euros. El récord, a día de hoy, lo ostenta «La estrella azul», vendido por 29.2 millones de euros en Christie’s. Me gustaría que alguien me explicara por qué este cuadro vale tanto dinero. ¿Qué tiene?
Abrir el Debate: ¿Es Hora de una Revaluación?
Me gustaría plantear algunas preguntas a mis lectores:
- ¿Veis complejidad en la obra de Miró? Si es así, me encantaría leerlo en los comentarios.
- ¿Creéis que su obra es buena o no tan buena?
- ¿Creéis que, por el mero hecho de ser «histórico», algo que ya está en los libros de historia, debemos respetarlo y valorarlo sin más?
¿No debería reflexionarse sobre esto? Y si se llega a una conclusión clara, ¿deberían los cuadros de Miró ser retirados de los museos o, al menos, recalibrar su valor económico, que pasen a valer cero? ¿Deberían, incluso, cambiar el nombre de la Fundación Miró por el de alguien que merezca más la pena?
Cada vez que voy a un museo y veo cuadros que realmente me conmueven, que me hacen sentir que algo está ocurriendo, pienso: «Esto es una maravilla». Pero después de ver un cuadro de Miró, la verdad es que me quedo igual. No sé tú, pero yo me quedo exactamente como estaba.
Tu Opinión Importa: Únete a la Conversación
Este es simplemente mi punto de vista. No te molestes si eres un amante de la obra de Miró. Al contrario, te agradecería enormemente que dejaras un comentario, tanto si te gusta como si no, y que expusieras tus argumentos. Me gustaría que esta fuese una comunidad donde se hable y se discuta de arte, porque ¿por qué no debatir sobre arte?
Por supuesto, me animaría mucho que te suscribieras al canal y le dieras «me gusta» al vídeo. ¡Nos vemos muy pronto!








