Yayoi Kusama: ¿Genialidad o el Gran Fraude del Arte Contemporáneo?
¡Hola! Soy Antonio García Villarán, y en este artículo quiero que hablemos de una de las artistas más cotizadas y, a mi parecer, más enigmáticas del mundo: Yayoi Kusama. Prepárate, porque lo que tengo que decirte quizás no sea lo que esperas.
El mercado del arte y sus fenómenos me sorprenden cada día más. Es increíble que Yayoi Kusama sea hoy una de las artistas más valoradas a nivel mundial. Escuchamos frases grandilocuentes como «la experiencia de ver de cerca el universo de Yayoi Kusama es inigualable«. ¿Inigualable? A ver, seamos sinceros, lo que hace Kusama son lunares, círculos. Una figura geométrica básica que hemos visto siempre y que se sigue usando.
Un lunar no es más que un círculo. Estamos rodeados de ellos. Decir que es «inigualable» cuando la Feria de Abril está llena de lunares por todas partes, o que su obra es «inimitable» cuando, precisamente, es de las más sencillas de copiar, me parece una afirmación, cuanto menos, exagerada.
La Verdadera Ambición: Fama por Encima del Arte
Muchos atribuyen el éxito de Yayoi Kusama a la historia de su vida, o más bien, a la historia que ella misma ha construido. Nacida en una familia burguesa japonesa, se trasladó a Nueva York en 1957. ¿Su sueño? No era ser simplemente una artista, sino ser famosísima. Ella nunca lo ha negado; al contrario, persiguió la fama con una determinación inquebrantable.
Para lograrlo, se acercó al «rey Midas» del arte: Andy Warhol. Rápidamente se integró en el efervescente espíritu de los años 50 y 60 en Nueva York. ¿Qué hacía una artista en aquel entonces para ser reconocida? Quemar banderas de Estados Unidos, realizar *performance* con gente desnuda… y sí, Kusama hizo todo eso. Dirigía estas «fiestas de color y locura», utilizando los cuerpos de sus participantes como lienzos.
El «Personaje» y el Marketing: Del Psiquiátrico al Selfie
La narrativa en torno a Kusama se alimenta de sus supuestas visiones y alucinaciones desde temprana edad, y su internamiento en un psiquiátrico. Sin embargo, no nos engañemos: ella está internada voluntariamente y, curiosamente, su estudio está justo al lado, donde trabaja a diario con sus ayudantes. Su «locura» parece más una decisión de estilo de vida que contribuye a forjar el personaje de Yayoi Kusama.
Otra clave de su triunfo es el fenómeno del *selfie*. Sus exposiciones son un imán para quienes buscan la foto perfecta para Instagram. Sus instalaciones no son obras en el sentido tradicional, sino más bien escenarios y fondos muy resultones para autorretratos. ¿Alguien siente una verdadera conexión profunda o una epifanía al ver una de sus obras, o es más bien el impacto visual y la oportunidad de una foto viral?
Más Allá de los Lunares: ¿Arte Sencillo o Infantil?
Aunque los lunares son su sello, Kusama también pinta flores, ojos y autorretratos de perfil. Pero, si observamos estas obras con detenimiento, nos daremos cuenta de que son dibujos increíblemente sencillos. Parecen casi infantiles, «de parque infantil», con una estética que recuerda a los Teletubbies o a los castillos hinchables de cumpleaños.
¿Cómo es posible que obras tan básicas se coticen por millones? Artistas como Damien Hirst o Joan Miró también han usado lunares o puntos, pero el impacto y la recepción son muy diferentes. Los lunares siempre han estado en la moda; pensemos en Agatha Ruiz de la Prada, con un estilo que incluso podría evocar el de Kusama. Esto nos lleva a cuestionar: ¿es arte o es un producto?
La Persistencia como Clave del Éxito (y la Rentabilidad Económica)
Creo que Yayoi Kusama no se ha esforzado en hacer «arte» en el sentido más profundo, sino que ha apostado por la perseverancia. Ha mantenido una línea, repitiéndose y repitiéndose a lo largo de su vida. El resultado es un éxito económico evidente, basta con ver las cifras que se pagan por sus obras.
Su «obsesión esquizofrénica por los lunares» no le impide escribir su autobiografía, poesía y novelas, lo que sugiere que su «locura» no es tan severa. Además, cuenta con un administrador, Isao Takakura, que lleva más de 25 años a su lado, manejando su obra como un producto. Y con un «producto» como Yayoi Kusama, es muy fácil generar muchísimo dinero.
Sus «espacios infinitos» con espejos, ¿no son acaso los mismos «castillos de espejos» que veíamos en las ferias de nuestra infancia? Sus formas fálicas, ¿son divertidos sillones o «artesanía cutre» como lo considero yo? Si bien las obras de Louise Bourgeois exploran de manera sólida la psique y el cuerpo, lo de Kusama, para mí, se queda en la superficie. No en vano, ya ha colaborado con marcas de lujo como Louis Vuitton.
Kusama y Yoko Ono: ¿Misterios Compartidos?
Hay algo en Kusama que me recuerda a Yoko Ono. Ambas son de estatura similar, ambas han triunfado, y ambas generan debate. Mis teorías al respecto son las siguientes:
1. Son la misma persona. Efectivamente, una sola identidad intentando inundar el mundo de *happenings* y lunares.
2. Son gemelas separadas al nacer. Se buscan sin encontrarse, y en su búsqueda, crean arte.
3. Son extraterrestres. Han venido a la Tierra a mostrarnos su «arte» para destruir a la humanidad entera. (Y esta última, creo, es la buena).
Mi Homenaje y el Debate Abierto
Como homenaje a esta mujer, me he permitido crear mi propia obra. La primera se llama «Dame tu dinero», una alfombrita negra con lunares, copiando, a mi manera, su estilo. La segunda, apropiacionista, es «El sarampión de Yayoi Kusama», también con lunares naturales. Y la tercera, de *happening* puro, la he titulado «Los lunares naturales».
He escuchado de todo sobre la obra de Kusama: gente que la adora, gente que no la entiende. Pero, dejando a un lado su fascinante vida, ¿qué opinión te merece realmente su obra? Quiero saber tu punto de vista.
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