Desde que los dibujos que hacíamos en las carpetas del instituto se han convertido en arte de primer nivel, el mundo del arte no deja de sorprendernos. En este artículo, Antonio García Villarán explora la obra de artistas como Keith Haring y Mr. Doodle, cuestionando el valor y el significado de su producción artística en el contexto actual.
Keith Haring: ¿Vandalismo o Arte de Primer Nivel?
Nos adentramos en el fascinante caso de Keith Haring, un joven de los ochenta que, con su imagen de «no haber roto un plato nunca», muchos se sienten identificados. Sin embargo, su incursión en el arte comenzó con actos que podrían calificarse de vandalismo. Haring intervino en el metro con tizas, dibujando en espacios vacíos o sobre anuncios ya existentes. Su justificación, según sus propias palabras, era que aquellos espacios públicos eran los «idóneos» para su arte, ya que miles de personas pasaban cada día, garantizando una publicidad «bestial» para sus obras.
Pero, ¿por qué no se le ocurrió hacer esos dibujos en los pomos de las puertas de los baños de carretera como actividad artística? ¿Acaso esto no se califica como arte? Los «monigotes» de Haring, que para muchos son «ruido visual», se comparan con anuncios realizados por diseñadores profesionales, a menudo bellos, pero el caso de Haring es diferente.
La Sencillez que Confunde: El Estilo de Keith Haring
Los diseños de Haring, con sus líneas redondeadas y formas sencillas, recuerdan poderosamente a esos dibujos que todos hacíamos en el instituto: un tipo duro con frente, nariz, boca y un punto para el ojo. Keith Haring hacía exactamente lo mismo.
Al revisar su obra, es evidente una notable repetitividad. A pesar de trabajar más de diez años, su estilo no evolucionó en absoluto, ni siquiera en la tipografía. Antonio García Villarán sugiere que Haring no se esmeraba en los bocetos previos, una teoría que el propio artista habría confirmado. Esta falta de premeditación se refleja en la simplicidad de sus letras, que son siempre de palo seco, sin la sofisticación de la letra romana. No solo usaba un tipo de letra básico, sino que tampoco se esforzaba en trabajar su forma o simetría, como se observa en la «A» o la «K», que carecen de estilismo y profundidad para transmitir ideas.
La misma pereza se percibe en sus icónicos «muñecotes». Lejos de ser simplificaciones de figuras humanas, parecen hechos sin el menor esfuerzo: un círculo para la cabeza, círculos para los dedos (si los hay), rectángulos para brazos, torso y piernas. ¿Debemos realmente equiparar esto a las grandes obras de arte? Para el autor, la respuesta es un rotundo «no», pues no se percibe ni conocimiento, ni una idea original, ni la personalidad del artista. Son dibujos que cualquiera puede hacer sin técnica alguna, como poner una roca de mármol del campo en una exposición y llamarla escultura, comparándola con una obra de Bernini.
El Origen del Smiley: Un Icono Comercial, No Artístico
Los dibujos de Haring guardan un paralelismo con los emojis. Si bien Antonio García Villarán se declara un entusiasta de los emojis, ¿son estos una obra de arte? Su valor económico es casi nulo, son dibujos comunes al alcance de todos.
El origen del smiley, el icónico círculo amarillo con dos ojos y una sonrisa, no se remonta a Forrest Gump. En 1963, una empresa de seguros encargó a un diseñador, por 45 dólares y en apenas diez minutos, crear este símbolo para una «campaña de la amistad» interna que obligaba a los empleados a sonreír ante la incertidumbre laboral. Aunque registrado inicialmente, el smiley pasó rápidamente a dominio público, siendo utilizado y reinterpretado por innumerables artistas. Antonio García Villarán sugiere que los dibujos de Keith Haring deberían costar lo mismo: 45 dólares. Sin embargo, la realidad es muy diferente: obras de Keith Haring han llegado a costar hasta 90.000 euros.
El Ascenso Meteórico y el Mercado del Arte Urbano
La carrera de Keith Haring fue meteórica. Empezó con sus intervenciones en el metro en 1980, lo que le valió arrestos y una creciente fama. Para 1982, ya exponía en galerías de arte. En apenas diez años, logró establecer incluso una fundación. Curiosamente, los argumentos de quienes compran sus obras para justificar su valor a menudo resultan irónicos. Frases como «sin duda una buena inversión, requería coraje» podrían transformarse en «sin duda una torpe inversión, requería un diseño simple».
Los datos de Artprice de 2017 son reveladores: Keith Haring se sitúa como el segundo artista con más ventas, superando los 300 lotes y un volumen de más de 34 millones de dólares. Los críticos hablan de una «revolución» en el arte contemporáneo, liderada por el arte urbano. Antonio García Villarán, aunque no tiene nada en contra de Haring como persona y encuentra sus dibujos divertidos para camisetas (aunque prefiere no usarlas), cuestiona la calidad artística real frente a la popularidad.
La Confusión entre Popularidad y Calidad
Un patrón recurrente en la historia del arte es cómo los artistas, que inicialmente crean por diversión, son absorbidos por el mercado, que monetiza brutalmente su obra y confunde al público. La imagen de Haring como un «chico malo» que se enfrentaba al sistema, con sus tizas en el metro, siendo esposado por la policía, contribuyó a construir un personaje épico que atrae y confunde, haciendo que muchos deseen emular su «vida al límite». A pesar de haber estudiado Bellas Artes, sus influencias (Andy Warhol, Jasper Johns, Roy Lichtenstein, Robert Rauschenberg) no se reflejan en una complejidad técnica o conceptual notable.
La defensa de que sus imágenes son «genéricas» y, por tanto, «no admiten críticas» es, en sí misma, una gran crítica. Si algo es tan genérico que parece hecho por cualquiera, ¿qué mayor crítica puede haber? La idea de que sus dibujos provienen de antiguos jeroglíficos egipcios se desestima como una simple invención narrativa. Antonio García Villarán lo ilustra con una analogía clara: si se coge un zapato, se le hacen entrevistas y se le proclama «el gran artista del siglo XXI» en todos los medios, ese zapato se convierte en el «nuevo Picasso». Esto es precisamente lo que, en su opinión, sucedió con Keith Haring, impulsado por galeristas astutos como Leo Castelli.
¿Por Qué Keith Haring es Tan Conocido?
Antonio García Villarán desglosa las razones de la enorme popularidad de Keith Haring:
- Lucha Social: Sus diseños se vinculaban a menudo con la lucha social, un tema siempre relevante y muy valorado hoy día.
- Personaje Épico: Sus «peripecias» y arrestos crearon una narrativa de héroe, un «chico malo» que luchaba contra el sistema, muy atractiva para la sociedad y las redes sociales.
- Estilo Pop e Impersonal: Su estética pop, que muchos encuentran atractiva, es para el autor «aburridísima» y vacía.
- Facilidad y Retención: Sus dibujos son fáciles de hacer y de recordar, lo que permite que el público identifique rápidamente su estilo, como ocurre con Miró, aunque esto confunda popularidad con calidad.
Haring es un artista sin evolución plástica. A lo largo de sus más de diez años de carrera, sus dibujos se mantienen prácticamente iguales. No hay desarrollo, no hay nuevos estilos; su obra parece más un producto artesanal. Para Antonio García Villarán, como obra de arte, es «vacía e insustancial», y como diseño, «normalito tirando para malo».
Mr. Doodle: La Copia Barata y el Bloqueo Digital
Todo lo dicho sobre Keith Haring se aplica, en opinión del autor, a Mr. Doodle, a quien considera una «copia barata» de Haring. Antonio García Villarán expresa su frustración con la personificación de la «felicidad eterna» de Mr. Doodle, bromeando con que su música o risitas son insoportables en bucle.
Tras analizar la obra de Mr. Doodle, que a pesar de sus dibujos «facilones» ha ganado seguidores y vende obras cada vez más caras, Antonio García Villarán le dedicó algunas publicaciones con hashtags críticos. La respuesta de Mr. Doodle fue bloquearle, impidiendo el acceso a su cuenta. Sin embargo, como bien señala el autor, en la era digital, bloquear a alguien es un gesto inútil, pues siempre se puede acceder a la información desde otro perfil.
Conclusión y Debate
Esta es una opinión personal, pero nos gustaría saber lo que piensas. ¿Consideras a Mr. Doodle una obra maravillosa? ¿Te encanta la obra de Keith Haring? Déjanos tu comentario. Generar debate nos ayuda a aprender y a enriquecer nuestra visión del arte.
Como siempre, puedes encontrar más análisis y vídeos en mi canal de YouTube, donde como artista plástico y divulgador, me esfuerzo por cuestionar y explorar el fascinante mundo del arte.








