¿Es Arte lo que Hacemos en el Instituto? La Controversia de Keith Haring y Mr. Doodle
Desde que los «dibujitos» de nuestras carpetas de instituto pasaron a ser arte de primer nivel, el debate sobre qué es y qué no es arte se ha intensificado. En este artículo, abordaremos una cuestión fundamental: ¿cómo es posible que trazos sencillos, casi infantiles, alcancen cotizaciones extraordinarias en el mercado del arte? Nos centraremos en la figura de Keith Haring y su controvertido sucesor, Mr. Doodle, cuyo trabajo, en ocasiones, se valora por encima de los 40.000 o 50.000 dólares. A menudo, la historia personal de un artista parece importar más que la calidad intrínseca de su obra. ¿Es esto justo?
Keith Haring: ¿Vandalismo, Arte o Publicidad Masiva?
Keith Haring, un joven de los ochenta con apariencia inofensiva, se adentró en el metro de Nueva York para «intervenir» los anuncios y espacios vacíos con tiza. Él mismo describió este acto como una «revelación», argumentando que estos lugares eran idóneos para su arte. Pero, ¿realmente fue una revelación artística o una estrategia de publicidad masiva? Miles de personas transitaban por el metro cada día, convirtiéndolo en un escaparate perfecto para sus monigotes. Si la intención era puramente artística, ¿por qué no dibujar en los baños de bares de carretera? La respuesta es obvia: el impacto y la visibilidad. Sus creaciones, lejos de la sofisticación de muchos anuncios diseñados profesionalmente, generaban un «ruido visual» que, aunque algunos defienden, dista mucho del trabajo de diseño cuidado. Para mí, no es lo mismo.
La Simplicidad Cuestionable de su Obra
Los dibujos de Keith Haring evocan, sorprendentemente, las creaciones espontáneas que muchos de nosotros garabateábamos en las libretas del instituto: líneas sencillas y redondeadas que configuran una figura en segundos. Al observar su obra, incluso en su web oficial, la repetición es palpable. A pesar de trabajar más de una década, su estilo no mostró evolución alguna, ni siquiera en la tipografía. Haring, de hecho, afirmaba no usar bocetos previos, una carencia que se evidencia en sus creaciones.
Tomemos, por ejemplo, sus tipografías. En la escritura, existen fundamentalmente dos tipos de letras: la romana, más sofisticada con remates, y la de palo seco, más sencilla. Haring utilizaba esta última, pero sin el menor esfuerzo por estilizarla. Las ‘A’ y las ‘K’, por ejemplo, suelen ser simétricas, con la barra central perfectamente ubicada. Esto, que puede parecer una obviedad, es crucial, ya que la forma transmite ideas. Cuando no hay una idea clara que transmitir, se recurre a lo más básico y predecible.
Lo mismo ocurre con sus icónicos ‘muñecotes’. Lejos de ser simplificaciones de la figura humana, parecen hechos con una prisa asombrosa: círculos para la cabeza, rectángulos para el torso y las extremidades, y pequeños círculos para manos y pies. ¿De verdad debemos equiparar esto a las grandes obras de arte? En mi opinión, no. Carecen de conocimiento, originalidad y, lo más importante, no reflejan una personalidad artística única, ya que cualquiera puede replicarlos sin técnica alguna. Es como poner una roca de mármol del campo en una exposición y llamarla escultura, ¿tendría el mismo valor que una de Bernini?
Me recuerdan a los emojis. Me encantan los emojis, pero ¿son obras de arte? ¿Cuánto valen? Económicamente, casi nada, son dibujos comunes que todos podemos hacer. El origen del famoso *smiley*, esa cara amarilla sonriente, se remonta a 1963. Una empresa de seguros contrató a un diseñador que, en apenas diez minutos y por 45 dólares, creó ese icono para una campaña interna de ‘amistad’ que animaba a los empleados a sonreír. El *smiley* pasó rápidamente a dominio público. ¿No deberían los dibujos de Keith Haring tener un valor similar: 45 dólares? La realidad, sin embargo, es otra: algunas de sus obras han alcanzado los 90.000 euros. ¡Increíble!
La Meteórica Carrera y el Mercado del Arte
La carrera de Keith Haring fue meteórica. En 1980 comenzó sus intervenciones en el metro y, para 1982, ya exponía en una galería. En apenas diez años, incluso creó una fundación. Resulta curioso cómo los compradores justifican la adquisición de estas obras. Un argumento común es: «Sin duda, una buena inversión que requería coraje». Yo diría más bien: «Sin duda, una torpe inversión de un diseño simple».
Los datos del mercado del arte, como los de Artprice, muestran una realidad impactante. En una lista de las mayores ventas de arte de 2017, Keith Haring se posicionó como el segundo artista contemporáneo, con más de 300 lotes vendidos y un volumen de ventas que supera los 34 millones de dólares. Los críticos, incluso, proclaman una revolución, afirmando que el arte urbano lidera el mercado contemporáneo. Cuatro de los veinte artistas mejor valorados son urbanos, y Haring ocupa el segundo puesto. ¿Será el arte urbano el nuevo arte con mayúsculas?
No tengo nada en contra de Haring como persona; de hecho, me parece un personaje divertido. Sus dibujos son estupendos para camisetas de mercadillo, pero no me convencen como alta expresión artística, aunque entiendo que haya quienes disfruten de ellos, al igual que con la ropa de Benetton.
Este fenómeno no es nuevo en la historia del arte: artistas que empiezan por diversión son absorbidos y monetizados brutalmente por el mercado, generando confusión. La imagen de Haring con su tiza en el metro, siendo arrestado, se volvió épica y peligrosa, y eso, al público, le encanta. Todos quieren emular al «chico malo» que desafía el sistema. Es paradójico, pues Haring estudió Bellas Artes, aunque esto no siempre se refleje en su obra.
Sus influencias, como Andy Warhol, Jasper Johns, Roy Lichtenstein y Robert Rauschenberg, eran maestros del arte contemporáneo. Sin embargo, su obra dista mucho de la complejidad de estos artistas. Un argumento para defender a Haring es que sus imágenes son «genéricas» y, por lo tanto, «no admiten críticas». ¿Pero no es esa, precisamente, la mayor crítica? Que algo sea tan genérico que podría haberlo hecho cualquiera.
El Poder del Marketing y la Falta de Evolución
A veces se intenta vincular sus dibujos con antiguos jeroglíficos egipcios para darles un valor simbólico, pero la realidad es que cualquier narrativa puede ser inventada para justificar una obra. Como siempre he dicho, el marketing es poderoso: coge un zapato, hazle entrevistas, proclámalo el gran artista del siglo XXI, muéstralo en todos los medios y, te aseguro, se convertirá en el «nuevo Picasso». Esto ocurrió con Haring, gracias en gran parte a galeristas astutos como Leo Castelli, una figura clave en el arte de los años 60, del que un día tendré que hablar más en profundidad.
Podríamos argumentar que si mis obras o vídeos ayudan a alguien a superar una depresión o la soledad, ¿me convierte eso en psicólogo o médico? No. Soy artista plástico, para bien o para mal, y divulgador, pero no profesional de la salud. De igual forma, Haring era un artista. Si viviera hoy, probablemente sería una estrella de Instagram, ya que adoraba la imagen. Murió de SIDA en 1990, y el rumbo que su carrera habría tomado es una incógnita.
Pero, ¿por qué Keith Haring es tan conocido? Creo que hay cuatro razones fundamentales:
- Lucha social: Él mismo se encargó de comunicar que sus diseños estaban cargados de un mensaje de lucha social, algo siempre necesario y muy valorado hoy.
- Personaje épico: Sus peripecias, sus arrestos, crearon una imagen de «chico malo» o «héroe» que luchaba contra el sistema, un arquetipo que fascina en la cultura de las redes sociales.
- Estilo «Pop» e impersonal: Sus dibujos, al ser tan «pop» e impersonales, lograron una conexión masiva, aunque su simplicidad pueda rozar lo aburrido.
- Facilidad de reconocimiento y replicación: Sus imágenes son fáciles de hacer y, sobre todo, se quedan grabadas en la memoria. Ves algo similar en la calle y, al igual que con Miró, inmediatamente lo asocias a Haring.
La confusión entre popularidad y calidad es un error recurrente. Como ya he mencionado, la obra plástica de Keith Haring no evolucionó. Si exploramos su web, veremos que, a lo largo de más de diez años, sus dibujos son prácticamente idénticos. Parece más un producto artesanal que una obra de arte profunda. Para mí, como obra de arte, la considero vacía e insustancial; como diseño, normalito, tirando a malo.
Mr. Doodle: La Copia Barata
Todo lo que he comentado sobre Keith Haring, se lo podemos aplicar a Mr. Doodle, quien para mí es una copia barata del artista neoyorquino. Su personificación de la «felicidad eterna» y su estilo, que a algunos les recordará a Jota Pelirrojo, son, en mi opinión, irritantes.
Hace una semana, ante la insistencia de muchos de vosotros, investigué su cuenta. Sus dibujos eran sencillos, pero su número de seguidores y el valor creciente de sus obras me llamaron la atención. Decidí expresar mi opinión con un *hashtag*. ¿La reacción de Mr. Doodle? Nos bloqueó a mí y a todos los que opinamos críticamente. Un gesto bastante infantil. ¿De verdad cree que, si quiero ver su cuenta, un bloqueo me lo impedirá? Simplemente abriré otro perfil. Pero la verdad es que, Mr. Doodle, no tengo mucho interés en seguir perdiendo el tiempo con tu trabajo; prefiero dedicarlo a otras cosas.
Tu Opinión Importa
Como siempre, esta es mi opinión personal. Me gustaría saber qué piensas tú. ¿Te parece Mr. Doodle un artista maravilloso? ¿Disfrutas de la obra de Keith Haring? Deja tus comentarios aquí abajo, generemos un debate constructivo y aprendamos juntos.
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