Louise Bourgeois es, sin duda, una de las artistas más influyentes y relevantes del siglo XX. Hoy no te contaré su biografía –esa información abunda en Wikipedia y otros sitios–, sino que te sumergiré en mi experiencia personal con su obra, un encuentro que marcó profundamente mi visión del arte.
Mi primer encuentro con Louise Bourgeois: La araña gigante en Sevilla
Mi primer encuentro con Louise Bourgeois ocurrió en 1996, en Sevilla, en una sala de exposiciones llamada El Arenal. Entré sin saber qué me esperaba y me encontré con una especie de hierro mal soldado. Al mirar hacia arriba, descubrí una araña gigante que ocupaba toda la habitación. Aquella imagen me dejó sin palabras. Recuerdo que, como estudiante de Bellas Artes, donde nos enseñaban a soldar a la perfección, me llamó la atención que las soldaduras de la araña parecían cicatrices, confiriendo a la imponente escultura un aire inquietante y aterrador.
Continué explorando la exposición y me topé con una obra que evocaba el interior de un estómago, repleto de protuberancias y bañado en una luz roja. Al leer el título, un escalofrío me recorrió la espalda. Me preguntaba qué escultor, con una fuerza y brutalidad tan evidentes en sus piezas, podría haber creado algo así. Mi sorpresa fue mayúscula cuando, al final de la muestra, un televisor proyectaba imágenes de una mujer mayor, pequeña y arrugada. Al principio, pensé que era un cortometraje o una videocreación. Sin embargo, al darme cuenta de que aquella frágil figura era Louise Bourgeois, la artista detrás de esas monumentales y poderosas obras, mi fascinación por ella, su trabajo y sus escritos se disparó.
A partir de ese momento, devoré todo lo relacionado con ella. Recomiendo encarecidamente sus escritos; aunque decía no ser muy dada a las entrevistas, su prolífica producción escrita es un testimonio de su pensamiento. También los estudios sobre su obra, como los que yo mismo consulto, te serán de gran ayuda para comprenderla mejor.
Si quieres profundizar en esta fascinante introducción, mira el siguiente extracto de mi video:
La lucha de una mujer artista en un mundo de hombres
En 1971, le preguntaron a Louise Bourgeois sobre la posición de la mujer en el mundo del arte, y su respuesta fue contundente: «Una mujer no tiene un lugar como artista hasta que prueba una y otra vez que no será eliminada». A pesar de trabajar incansablemente toda su vida, a Louise le costó muchísimo salir a flote y conseguir el reconocimiento de su obra. De hecho, no fue hasta los 71 años cuando se le dedicó una gran exposición individual.
¿Por qué esta demora en el reconocimiento? Simplemente, el mundo del arte de entonces estaba dominado por hombres, y a ella le hicieron el vacío. Y eso que se movía en los círculos más selectos, conociendo a figuras como Willem de Kooning, Mark Rothko, Jackson Pollock e incluso Andy Warhol. Pero, al ser una mujer francesa, era ignorada.
Obra autobiográfica: Trauma, dolor y la madre araña
Toda la obra de Louise Bourgeois es profundamente autobiográfica, pero no en el sentido de narrar su vida completa, sino de explorar ciertos traumas y experiencias de su infancia. Al igual que Frida Kahlo, ella utilizaba el arte para contar sus historias, convirtiéndolo en una especie de arte terapia. Siempre he defendido que «arte y terapia» es una redundancia; el arte, por su propia naturaleza, es siempre una forma de terapia.
El dolor y el miedo son temas recurrentes en su trabajo, y como ella misma decía, «el miedo es dolor». Pero, ¿a qué le tenía miedo Louise Bourgeois? A muchas cosas. Para comprender su obra, es esencial conocer el profundo trauma que sufrió con su padre, quien mantuvo una relación de diez años con su niñera mientras su madre lo soportaba todo, y ella era testigo de ello. Este sufrimiento la llevó a intentar suicidarse en dos ocasiones: una tras la muerte de su madre y otra cuando su padre intentó casarla con un amigo suyo.
¿Y quién crees que es la araña, uno de sus símbolos más icónicos? Por una parte, representa a su madre, quien se dedicaba a la restauración de alfombras antiguas, era una tejedora. Esta conexión con el tejido se refleja en muchas de sus esculturas, seres que parecen peluches, pero con un toque terrorífico y una simbología potentemente feminista. Aunque ella misma negaba ser feminista, su obra emite un mensaje claro y rotundo en esa dirección, abordando temas como el poliamor o el sufrimiento de la mujer a través de las mutilaciones presentes en muchas de sus esculturas.
Descubre más sobre la compleja simbología y las experiencias personales que forjaron su arte en este segmento:
Sonrisa en el dolor: Un ejemplo de superación y atemporalidad
Una de las cosas que más me fascinan de Louise Bourgeois es su constante sonrisa en las fotografías. A pesar de que su obra explora el dolor y el miedo, su rostro siempre aparece apacible, como el de una niña traviesa. Además, es un ejemplo de que la edad no importa en el arte. Triunfó en la vejez, murió a los 99 años y, una semana antes de fallecer, seguía trabajando en su taller.
Las «Celdas»: Intimidad, histeria y el vibrador
Entre sus obras más impactantes se encuentran sus «Celdas». Hay una en particular que muestra el Arco de la Histeria, representado por un cuerpo masculino sin cabeza ni brazos, mutilado, sobre una cama. En las mantas, tejida miles de veces, se lee la palabra «Te quiero». Este hombre mutilado se enfrenta a una sierra eléctrica, y todo está rodeado por paneles de hierro. Es una representación íntima; no podemos entrar en su espacio, pero sí observarlo desde fuera, percibiendo el dolor.
Louise Bourgeois era una maestra en el uso de materiales, como los cubistas que incorporaron periódicos a sus cuadros. Ella empleaba mármol, tela, madera, granito, en fin, todo tipo de materiales, porque cada uno transmite una emoción distinta, y ella sabía manejarlas a la perfección. No le interesaba el concepto abstracto, sino el trabajo con las emociones.
El concepto del «Arco de la Histeria» es especialmente interesante. La histeria fue una enfermedad que, hasta hace poco, se creía exclusiva de las mujeres. Una locura tan grande que, en el siglo XIX, a un médico se le ocurrió inventar un vibrador para «curar» a las mujeres histéricas. Sí, en aquella época, los médicos estimulaban el clítoris de las mujeres en sus formas más graves para «tranquilizarlas», un procedimiento tedioso pero lucrativo.
Fue así como un médico francés dijo: «Voy a inventar un artilugio para quitarme trabajo», creando el primer vibrador. Un aparato grande y tosco que, sin embargo, «alivió» a muchas mujeres. Pero, ¿qué pasó en el siglo XX cuando se descubrió que la histeria no era exclusiva de las mujeres y que, de hecho, no era una enfermedad? El vibrador se convirtió en un tabú, dejando de ser un «cura» para ser un objeto de placer. Y claro, ¿qué pasa con el placer? ¿Por qué no podemos simplemente tener placer?
Esculturas colgantes, falos arrugados y la mujer-casa
Me gusta mucho que Louise Bourgeois colgara muchas de sus esculturas. Primero, para que mantuvieran el movimiento, y segundo, lo interpreto como una forma de «ahorcar recuerdos». Por ejemplo, tiene una obra que parece un falo gigante, un motivo recurrente en la historia del arte desde la antigua India hasta otras culturas, pero el suyo es un falo arrugado, feo, si fuera el retrato de un hombre, sería la imagen de la tristeza misma.
En sus obras, también reflexiona sobre la intimidad, con dibujos, grabados y esculturas de la «mujer-casa». Estéticamente, me atrae mucho esta figura, que a menudo muestra la casa como la cabeza de la mujer, o a la mujer atrapada en su hogar, intentando desesperadamente salir. Son obras profundamente potentes.
La riqueza de la obra de Louise Bourgeois es inmensa. Aquí solo he ofrecido unas pinceladas, porque podría dedicarle dos, tres, cuatro o cinco videos, y lo haría con gusto. Gracias a Rafo, su asistente personal durante los últimos treinta años de su vida, su legado se teje ahora como una gran tela de araña por el mundo entero.
Incluso a los 70 u 80 años, siempre estuvo rodeada de jóvenes. Además de impartir clases en varias instituciones, se dice que en su casa siempre había artistas jóvenes con los que conversaba. Si viviera hoy, Louise Bourgeois sería una YouTuber, o por supuesto, una influencer en Instagram.
Para la parte final de este fascinante recorrido por su obra, no te pierdas el último segmento del video:
Explora y descubre más
Espero que este recorrido te haya gustado y te anime a investigar más sobre Louise Bourgeois, su obra y el potente mensaje que nos dejó. Un mensaje que, la verdad, me parece muy millennial, tanto por sus obras como por su estética.
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¡Nos vemos muy pronto!
(El video finaliza con una serie de frases poéticas y evocadoras sobre Louise Bourgeois, que refuerzan su multifacética personalidad y su legado artístico: «Me voy a la actitud de… Me voy a muchas cosas y voy a la mujer sin secretos. Voy a la mujer que canta muy bien. Voy a la mujer araña. Voy a la mujer que contribuye. Voy a la mujer que rompe cosas. Louise Bourgeois, la bestia parda.»)








