Leonora Carrington: La Rebelde Surrealista que Marcó su Propio Camino en la Historia del Arte
¿Crees que no hay mujeres artistas en la historia? Hoy, en Antonio García Villarán, desmentimos esa idea para hablar de la gran Leonora Carrington, una figura que nos cautiva por su vida y su obra.
Nacida en el seno de una familia adinerada, esta joven inglesa se rebeló desde muy temprano contra la vida que se esperaba de ella. Desde su colegio de monjas, donde se saltaba todas las normas y era expulsada, hasta la alta sociedad de su época, a la que su familia aspiraba que perteneciera como una «mujer florero». Leonora no quería esa vida preestablecida de casarse, tener hijos, vivir en una mansión o ser una mera figura decorativa. Su espíritu indomable la llevó a desafiar todas las expectativas y a buscar su propio camino.
La Rebelión en el Corazón del Surrealismo
La rebeldía de Leonora no se detuvo en su familia o la sociedad. También se manifestó dentro del mismísimo grupo de los surrealistas. Llegó a París con solo 20 años y, al ser tan joven, figuras como André Breton, Dalí o Miró la trataban como una «musa», una «mujer niña». Sin embargo, Leonora nunca se dejó intimidar. Se cuenta una anécdota en la que Miró le pidió que fuera a comprar tabaco, dándole dinero. Leonora se lo devolvió y le dijo: «Voy a comprar tabaco tú mismo». Este simple gesto reflejaba su carácter: nunca se dejó someter, ni por los surrealistas, ni por nadie.
Su Obra, Reflejo de su Vida: El Autorretrato
La obra de Leonora Carrington es un espejo de su vida interior. Aunque se ha dicho que tuvo una «infancia dorada» rodeada de lujo, ¿cómo podría ser dorada una infancia para alguien que se sentía fuera de lugar, torturada por no pertenecer a un ámbito que no era el suyo?
Un claro ejemplo de esto es su famoso Autorretrato. En él, Leonora se representa con un pelaje alborotado, sentada en una silla, vestida para montar a caballo, una de sus grandes pasiones. En el cuadro, vemos dos caballos: uno blanco, libre, corriendo en el exterior a través de una ventana con cortinas doradas —¿acaso la jaula dorada donde se sentía atrapada?—; y otro de madera, colgado en la pared, que simbolizaría lo que ella sentía. Sus pantalones blancos, al igual que el caballo libre, refuerzan esa añoranza de libertad. Además, está acompañada por una hiena, su parte más salvaje, una representación de su propio espíritu indomable. La casa, lujosa pero vacía, podría ser un símbolo de la vacuidad que sentía en esa alta sociedad.
Un Camino Artístico Inusual y una Vida Laberíntica
Leonora Carrington no era la artista convencional. No le gustaban los galeristas ni los periodistas, evitaba las ferias de arte, y por ello, vivió de forma humilde. Tuvo una libertad creativa total, haciendo lo que quería, aunque a costa de una falta de reconocimiento monetario. No era una ermitaña; expuso con los surrealistas, tuvo marido e hijos, y una vida ajetreada.
En 1938, expuso con el grupo surrealista y se enamoró de Max Ernst, con quien convivió durante tres años. Aunque se ha dicho que se «fugó» con él a los 20 años, la realidad es que ella se escapó sola a París y allí se reunió con Ernst, uno de los pintores surrealistas más cotizados de la época.
Su obra, con un universo interior único, a menudo nos recuerda al Bosco, aunque con su personalidad inconfundible. Su pintura Las Tentaciones de San Antonio, que aborda una temática también tratada por el Bosco, muestra a un San Antonio cubierto por un velo de pureza, rodeado de mujeres de colores que representan la tentación, con un cerdo a sus pies simbolizando lo impuro. Esta obra se subastó en 2014 por más de 2.6 millones de euros, aunque Leonora, años antes de morir, se tomó a broma la noticia de que una de sus obras se había vendido por un millón y medio.
La vida de Leonora fue un laberinto, una fuente constante de inspiración para sus cuadros, llenos de figuras blancas y negras, animales rojos, híbridos entre insectos y mamíferos que nacían de su imaginación.
La Sombra de la Guerra, el Manicomio y la Fuga
La historia de amor con Max Ernst fue truncada por la guerra. Max fue internado en un campo de concentración, y Leonora, intentando salvarlo, viajó a España. La situación se complicó cuando su padre, pensando que se había vuelto loca, la ingresó en un manicomio en Santander. Allí, Leonora vivió seis meses de infierno: atada, desnuda, medicada con fármacos experimentales que la dejaron en un estado lamentable. En su libro, de corte fantástico pero con crudos pasajes, relata esta traumática experiencia, incluyendo un episodio de violación en Madrid.
Finalmente, su padre decidió trasladarla a un sanatorio en Sudáfrica. Durante el viaje a Lisboa, Leonora se escapó. Con la ayuda de un amigo, se casó con él para conseguir un visado a Estados Unidos y no volvió a ver a su padre. Pero no solo se escapó de él; también, en cierto modo, de Max Ernst, cuya influencia sobre ella era inmensa. Su cuadro donde representa a Max como un caballo petrificado, con el pelo blanco como el hielo y su cuerpo cubierto de pelo rojo, llevando un caballo pequeño (ella misma) en una linterna, simboliza esa etapa en la que se sentía atrapada en su mundo.
México: El Renacer de Leonora Carrington
En México, Leonora se separó de su amigo y se casó en 1946 con el fotógrafo húngaro Emérico «Chiki» Weisz. Fue en este país donde finalmente desarrolló todo su potencial, liberándose de influencias externas y consolidando su identidad como Leonora Carrington. Su pintura Chiki con País (1947) refleja este nuevo estado de ánimo, una nueva etapa de plenitud artística.
A pesar de la supuesta gran influencia de Max Ernst en su obra, una anécdota con Peggy Guggenheim desmiente en parte esta idea. Guggenheim, visitando a Max en su estudio para comprar una de sus obras, acabó interesándose por un cuadro de Leonora, que fue su primera venta. Esto nos hace preguntarnos: ¿quién influenciaba a quién? Quizás ambos crearon un mundo imaginario mutuo, y luego cada uno siguió su propio camino.
Un Estilo Inconfundible: Diferencias con Otros Surrealistas
La obra de Leonora Carrington se distingue de la de otros artistas surrealistas. A diferencia de Dalí, cuya obra es más sexual y escatológica, en Leonora el sexo, si lo hay, es cósmico, nunca explícito. No se parece tampoco a Dorothea Tanning, la cuarta mujer de Max Ernst, quien, aunque influenciada por él, evolucionó hacia otros temas. Leonora, sin embargo, se mantuvo fiel al surrealismo toda su vida, demostrando que la evolución puede estar dentro de la propia obra sin llegar a aburrir.
Sus obras, cargadas de significados oníricos, se diferencian de los conceptos sencillos de René Magritte o la abstracción de Miró. Aunque a menudo se confunde con Remedios Varo, existen diferencias notables. A diferencia del Bosco, con sus escenas bíblicas y desnudos, Leonora crea un mundo de sueños y seres extraordinarios más personal y, en cierto modo, más «infantil» en su pureza. Y frente al colorido y comercialismo de Max Ernst, Leonora opta por cuadros oscuros, marrones y negros, que parecen surgir de las profundidades del subconsciente. Curiosamente, a pesar de vivir casi 70 años en México, su obra no es «mexicana»; ella vivía dentro de sí misma, dentro de su fantasía, sin importar su ubicación geográfica.
Leonora Carrington: Una Feminista Tímida y Necesaria
Quienes la conocieron la describían como tímida y humilde, siempre dispuesta a ayudar a otros artistas, a pesar de sus propias dificultades económicas. No conoció el éxito masivo en vida, y aún hoy, su obra merece ser mucho más valorada. El Museo Leonora Carrington en San Luis Potosí, inaugurado recientemente, es un paso en la dirección correcta, pero queda mucho por hacer.
¿Era Leonora Carrington feminista? ¡Por supuesto! Para ella, la igualdad entre hombres y mujeres era un hecho dado. En 1942, Peggy Guggenheim organizó una exposición de 30 mujeres artistas en su galería, incluyendo a Frida Kahlo, Leonor Fini, Meret Oppenheim y, por supuesto, Leonora Carrington.
Sus obras tempranas, como aquella en la que se ven reyes comiendo niños, son una feroz crítica a la burguesía, simbolizando quizás cómo devoraban la infancia o la inocencia. Sus dibujos, llenos de seres voladores y rostros imaginativos, son la génesis de sus cuadros, invitándonos a volar con la mente.
Aunque sus esculturas, que evocan dioses ancestrales y animales extraordinarios con máscaras, son interesantes, su dibujo, pintura y cuentos son, para muchos, su faceta más cautivadora.
¿Qué te atrae de Leonora Carrington?
Desde su espíritu indomable hasta su universo onírico, Leonora Carrington es una artista que sigue inspirando. ¿Te gusta su obra? ¿Hay algún cuadro suyo que te fascine particularmente?
Es fundamental que la obra de Leonora Carrington sea más conocida y valorada. Te invitamos a compartir este vídeo para que su legado llegue a más personas. ¡Suscríbete al canal de Antonio García Villarán y explora el fascinante mundo del arte con nosotros!








