¡Hola a todos! Antonio García Villarán aquí, y hoy quiero compartir con vosotros una teoría que he desarrollado tras años de estudio, observación y experiencia en el mundo del arte: la existencia del Amp Art y cómo este gran mercado del arte es, en última instancia, una creación de los multimillonarios.
Los verdaderos artistas no son quienes crees
Cuando hablamos del mercado del arte, no me refiero a las pequeñas galerías o a los artistas emergentes, sino a las grandes cifras, a ese mundo donde las obras alcanzan precios estratosféricos. Mi tesis es que los verdaderos creadores, los que modelan el arte contemporáneo, no son los artistas que conocemos como Jasper Johns, Damien Hirst o Jeff Koons. No, los auténticos artífices de este fenómeno son los multimillonarios.
Quizás te preguntes: ¿qué es un artista sino el que crea algo? Y aquí viene lo paradójico: ellos, los multimillonarios, crean el Amp Art. Pero no lo hacen para fomentar el arte, para que el arte contemporáneo sea más profundo o significativo. Lo hacen, como en todo lo demás, para ganar más dinero y para satisfacer una necesidad muy particular.
Bienes Posicionales: el capricho de los multimillonarios
Imaginemos a un multimillonario. Tienen todo el dinero del mundo; para ellos, el dinero en sí mismo carece de valor. Lo que necesitan son los bienes posicionales. ¿Qué son? Aquello que te distingue del resto, algo único que los demás no pueden conseguir y que solo tú puedes poseer gracias a tu inmensa fortuna.
Un yate, varias mansiones, cuentas bancarias con infinitos ceros… todo eso es accesible para muchos. Pero, ¿tener un Van Gogh en tu salón? ¿Un Velázquez en tu oficina? ¿La colección completa de grabados de Goya? Eso es otra liga. Es un bien posicional por excelencia: una obra de arte única.
El problema surge en el siglo XX: los grandes maestros del pasado ya fallecieron y no pueden producir más obras (a menos que hablemos de falsificaciones, un tema fascinante para otro día). Sus trabajos ya están en manos de coleccionistas o museos. Un ejemplo claro es El Grito de Edvard Munch, que en 2012 se vendió por casi 120 millones de dólares. La oferta de arte clásico es finita.
La explosión de multimillonarios y la necesidad de «Amp Art»
Mientras tanto, el número de multimillonarios en el mundo no ha parado de crecer. Según estudios, hay más millonarios hoy que en toda la historia, con cerca de 18 millones de hogares con más de un millón de dólares en riqueza privada. Si solo un 10% de ellos deseara comprar obras de arte, ¡se necesitarían muchísimas obras! Y no obras baratas, sino piezas muy caras, a la altura de su poder adquisitivo.
Aquí es donde entra el Amp Art. El mercado del arte necesitaba nuevos artistas, superconocidos, cuya obra generara mucho dinero y que, además, pudieran producir en masa.
Andy Warhol: el precursor del Amp Art
Para mí, uno de los padres del Amp Art fue Andy Warhol. Él generaba obras «como rosquillas» para satisfacer esa creciente demanda. Warhol no pintaba todas sus obras; tenía un equipo de personas en su famoso estudio, The Factory, que las producían en serie a partir de fotografías o recortes de periódico que él seleccionaba. Así, creaba una gran cantidad de obras, todas vendibles y demandadas.
Pero Warhol también murió. Y las grandes galerías necesitaban artistas que produjeran rápidamente. Un ejemplo es el artista conceptual japonés On Kawara, famoso por sus cuadros de fechas. Pinta la fecha del día en un lienzo, y eso es su obra. Una de sus piezas, «November 8 1989», se vendió en 2006 por más de 300.000 libras. La dificultad técnica es mínima, pero el valor de mercado es astronómico. Para el artista, poner la fecha sobre un lienzo blanco-negro y ganar tanto dinero es, sin duda, un gran negocio.
Galeristas y la creación de estrellas
La historia del arte está llena de marchantes que supieron ver el negocio. Ambroise Vollard, por ejemplo, compró 250 obras a Cézanne por 50 francos cada una cuando el artista estaba arruinado. Tras la muerte de Vollard, esas obras llegaron a manos de Leo Castelli, un galerista que las revalorizó hasta alcanzar hoy día miles de millones de dólares.
Castelli también innovó: ofrecía un sueldo mensual a artistas poco conocidos, a cambio de quedarse con sus obras o tener la primera opción de compra. Los artistas, como Frank Stella (a quien Castelli ofreció 300 dólares mensuales durante tres años para que se dedicara solo a pintar), se beneficiaban de la revalorización de su trabajo, mientras Castelli construía «estrellas» y obtenía enormes beneficios.
Damien Hirst: el exponente del Amp Art
Uno de los mayores exponentes del Amp Art es Damien Hirst. Sus obras, como vitrinas con colillas o pastillas, se venden por más de 7 millones de dólares. Los multimillonarios compran estas piezas para exhibir su estatus: «Tengo una obra de Damien Hirst en mi casa; tú no, porque no puedes pagar 7 millones por una vitrina con cigarrillos.» La verdad, conforme hablo de estas cifras y obras, todo me parece absurdamente ilógico.
Sus famosas «spot paintings» (cuadros de puntos de colores) también son un éxito de ventas. Hirst tiene un equipo de ayudantes que pintan los puntos en lienzos de fondo blanco. Incluso, llegó a demandar a una subsidiaria de British Airways por supuestamente copiar sus puntos, ¡como si él hubiera inventado los puntos de colores! Es como si no hubiera visto nunca los trajes de flamenca de la Feria de Sevilla.
Los datos son claros: el marchante de Damien Hirst ha vendido cientos de pinturas de mariposas y spot paintings por hasta 300.000 libras cada una. Reproducciones fotográficas firmadas de un spot painting, con una edición de 500 unidades, se vendieron por 250.000 dólares cada una. El Amp Art ha alcanzado cotas de surrealismo y absurdo total.
Jeff Koons y la recontextualización del objeto cotidiano
Otro ejemplo es Jeff Koons, quien compró una pulidora y la expuso en una vitrina directamente de la tienda a la galería. Los críticos de arte lo llamaron «recontextualización», lo que, por arte de magia, multiplicó su valor por miles. Esto no es nuevo; Andy Warhol ya lo hizo con las latas Campbell.
Koons también creó una horrible escultura de Michael Jackson en 1988. En una subasta, un propietario de una naviera noruega pagó 5,6 millones de dólares por ella. Y lo más impactante: ¡existían tres esculturas idénticas! El arte contemporáneo se ha convertido en una pura expresión de estatus. La calidad o el valor artístico parecen irrelevantes; lo importante es que te convenzan para pagar 200.000 dólares por, digamos, un vaso de agua medio lleno.
Conclusiones y llamado a la reflexión
Podéis encontrar más datos sobre este fenómeno en los interesantes libros de Don Thompson o en el reportaje «La burbuja del arte contemporáneo» disponible en YouTube, entre otras muchas fuentes.
El Amp Art es un invento del siglo XX que se ha magnificado en el siglo XXI. Espero que, al difundir esta idea de que muchas de estas obras de arte no tienen un valor artístico intrínseco, que son un tipo de arte sencillo y facilón que cualquiera de nosotros podría hacer, podamos empezar a combatir lo que está ocurriendo en este gran mercado del arte.
¿Qué piensas tú de esta teoría? ¿Crees que tengo razón o la realidad es diferente? ¿Piensas que los artistas del siglo XXI son realmente los que creemos? Déjame tus comentarios y abramos un debate constructivo.
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