El Cartel de Luis Gordillo y La Macarena: Una Crítica Necesaria
La figura del cartel en la Semana Santa de Sevilla es, por tradición, un espejo del sentir y la iconografía cofrade. Sin embargo, en ocasiones, estas representaciones artísticas pueden generar un intenso debate. Un claro ejemplo lo encontramos en el cartel de Luis Gordillo dedicado a La Macarena, un trabajo que, según la crítica, dista de capturar la esencia de la venerada imagen.
El análisis de Antonio García Villarán, disponible en su canal de YouTube y en su web oficial, ahonda en esta perspectiva, señalando puntos clave que definen la controversia. Te invitamos a verlo a continuación para una comprensión más profunda de la crítica:
¿Representa el Cartel a La Macarena?
La discusión sobre el cartel de Luis Gordillo para La Macarena es clara: la representación no captura la esencia de la imagen. Para ser francos, la Macarena que conocemos, la que habita en el imaginario colectivo y en la fe de miles, no posee esa fisonomía.
Quizás algunos puedan considerar esta una crítica superficial, pero no es así. Es crucial entender que estamos evaluando un cartel, no una obra de arte o un cuadro en el sentido tradicional. Un cuadro es una cosa, y un cartel es otra. Mientras que una obra de arte puede permitirse una mayor abstracción y distancia de la realidad, un cartel, especialmente en un contexto tan arraigado como la Semana Santa, tiene la función de identificar, invitar y, de alguna manera, reflejar una realidad concreta para el público general. Su propósito y su lenguaje visual difieren significativamente.
La Fisonomía de la Dulzura: Líneas y Rostro
Si nos detenemos a observar la auténtica cara de la Macarena, por ningún lado vamos a encontrar estas líneas temblorosas que propone el cartel. Su rostro es, por el contrario, más ancho, más redondo y de una suavidad inconfundible. La crítica no se centra en la elección de un lenguaje esquemático o minimalista para representarla, es decir, el hecho de usar «cuatro líneas» para esbozarla.
El punto fundamental es que esas líneas, tal y como han sido tratadas por Gordillo en el cartel, no consiguen transmitir la dulzura intrínseca de la cara de la Macarena. Esta dulzura es una de sus características más definitorias y una parte fundamental de su iconografía, algo que todo cartel que aspire a representarla debería, al menos, evocar.
La perspectiva de Antonio García Villarán subraya la importancia de la fidelidad a la iconografía cuando se trata de figuras tan emblemáticas, marcando una distinción clave entre la libertad artística de un cuadro y la función comunicativa y representativa de un cartel. Para más análisis profundos sobre arte y cultura, visita su sitio web y explora sus videos en YouTube.








