Los Secretos Oscuros de Goya: Un Viaje a las Brujas del Parque del Capricho
Adéntrate en el misterioso y perturbador mundo de las brujas que Goya pintó para el Parque del Capricho. Esta fascinante historia está rodeada de misterio, ya que dos de estas seis obras se encuentran en paradero desconocido. Descubre con nosotros los detalles y el profundo significado de cada una de ellas.
La mente detrás de este encargo fue una auténtica «influencer» de su época: la novena Duquesa de Osuna, María Josefa Pimentel y Téllez Girón. Una gran intelectual, poseedora de una biblioteca con más de 60.000 libros en el siglo XVIII, estaba obsesionada con la brujería. Fue ella quien encargó a Goya estas seis maravillas para sus estancias personales. Aunque la vida de la Duquesa estuvo llena de drama personal, lo que nos interesa aquí son estas seis obras maestras.
1. El Aquelarre: El Germen de la Oscuridad
Esta es una de las obras más cautivadoras de la serie. De tamaño pequeño (aproximadamente A3, unos 43×30 cm), se exhibe en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, un lugar que te recomiendo visitar. Es importante destacar que Goya pintó estas obras antes de sus famosas Pinturas Negras, por lo que en ellas ya podemos apreciar el germen de su posterior oscuridad.
En la pintura, un aquelarre se celebra en medio del campo, presidido por un macho cabrío con una corona de hojas de vid, un guiño al dios Baco. Murciélagos, conocidos por chupar la sangre de sus víctimas, vuelan alrededor de su cabeza, simbolizando la acción del demonio con los niños que le ofrecen las brujas. La escena es perturbadora: las brujas entregan bebés a este demonio para que les chupe la sangre. En el fondo, se distinguen tres niños colgados, uno de ellos ya un esqueleto. En aquella época, se creía que las brujas se alimentaban de la sangre de los niños para obtener poderes sobrenaturales y salud, un pacto con el demonio.
Goya, a través de estas pinturas, realizaba una crítica social a la ignorancia y superstición de la época. Creencias populares afirmaban que las brujas volaban en escobas, atacaban al ganado y se bebían la sangre de los niños. Documentos de la época describen cómo se creía que «por las noches se introducían en las chimeneas, entraban en las casas, robaban a los recién nacidos, los mataban y les sacaban los órganos y la grasa para fabricar ungüentos». Goya ya exploraba estos temas en sus Caprichos, como el número 47 y el 60, que también presentan niños o fetos humanos y el macho cabrío, demostrando su recurrente fascinación por estas historias. Un detalle final perturbador: la figura en primer plano ofrece otro niño al macho cabrío, oculto de tal forma que solo se ven sus pequeñas piernas.
2. El Conjuro: La Magia de la Noche
Esta obra también se encuentra en el Museo Lázaro Galdiano de Madrid. En ella, una figura humana en primer plano, cuyo género es incierto, está rodeada de brujas que le ofrecen más niños. Una de ellas manipula un muñeco de cera, clavándole agujas. La escena está poblada de búhos, símbolos de la nocturnidad y la sabiduría, con un toque curioso: dos de ellos levantan la túnica de una bruja. Las figuras centrales son la que está en el suelo, con una túnica amarilla, y la «bruja reina» o «bruja mayor», que flota de forma extraña y borrosa por encima, sugiriendo ser la reencarnación del demonio mismo.
El dramatismo en las pinturas de Goya se lograba mediante una base oscura, sobre la cual iba añadiendo luces con diferentes colores. Esto creaba una atmósfera densa, casi irrespirable, oscura y de Noche Negra, tan característica de su obra.
3. El Hechizado: La Ignorancia y la Superstición
Esta obra se exhibe en la prestigiosa National Gallery de Londres. Está basada en una escena del segundo acto de la comedia El hechizado por fuerza de Antonio de Zamora, una obra popular en los teatros de la época.
La pintura muestra a Don Claudio, un clérigo asturiano, echando aceite a una vela para que no se apague, mientras el demonio, nuevamente el macho cabrío, la sostiene. La superstición es el tema central. En el fondo, tres burros pintados de manera muy suelta, símbolos de la ignorancia del pueblo, danzan despreocupadamente. Goya nos advierte que una mente perturbada puede transformar la realidad en fantasía, con un final potencialmente fatal.
4. Vuelo de Brujas: Realidad y Fantasía
Una obra fascinante que contrasta dos planos: la realidad en la parte inferior y la fantasía en la superior, con brujos y brujas volando. En la parte inferior, una persona se cubre la cabeza, como si huyera del viento o del miedo, rehusando enterarse de lo que sucede. Otra figura yace aterrada en el suelo. Un burro, símbolo de la ignorancia, se ve al fondo. En la parte superior, en el reino de la fantasía, un grupo de brujos y brujas con mitras (las que usan obispos y papas) soplan, insuflando aire o magia al cuerpo flotante de un hombre, quien parece agonizar. La técnica de Goya, con líneas que generan movimiento en piernas, brazos, torso y gorro, acentúa la sensación de sufrimiento. Goya se inspiró aquí en la novela El Domine Lucas de José de Cañizares.
Obras Desaparecidas: Un Misterio por Resolver
Las siguientes dos obras están en paradero desconocido. Solo se han conservado fotografías en blanco y negro, pero intentaremos desentrañar lo que representan.
5. La Cocina de las Brujas
Goya se inspiró en un pasaje de una obra de Cervantes, Venganza y Cañizares, que también trata sobre brujería. La pintura muestra a dos personajes: el perro Berganza y la bruja Cañizares. La bruja le explica cómo preparar ungüentos para volar, y de hecho, un personaje se ve saliendo volando por una chimenea. En el centro, la bruja apoya una pierna en el suelo, mientras que su otra pierna es una pata de cabra. Berganza observa al macho cabrío que vuela por la chimenea. Al fondo, dos seres extraños, conjurados por la bruja, completan la escena. El mensaje de esta obra, al igual que el de Cervantes, es que la imaginación exagerada puede distorsionar nuestro concepto de la realidad.
6. Don Juan y el Comendador
Esta obra también se encuentra en paradero desconocido. Si alguna vez la ves en alguna colección privada, ¡hazlo saber! Es una pieza que debe ser recuperada. Goya aquí se inspira de nuevo en una obra de teatro de Antonio de Zamora, específicamente el Acto III, para ilustrar las consecuencias morales del pecado.
La historia es bien conocida: Don Juan mata al Comendador y, sin arrepentimiento, invita a cenar a la estatua del Comendador. Esta, a su vez, lo invita al panteón de los Ulloa. Allí, Don Juan se encuentra con la estatua, que parece un fantasma (lo que vemos en la imagen). Por sus pecados, Don Juan es llevado al infierno, representado por las llamas de fuego que aparecen detrás de él. Esta obra nos muestra el fatal destino que aguarda a quienes no se arrepienten de sus malas acciones.
Explora Más sobre Goya y el Arte
Estos temas esotéricos y perturbadores de Goya nos invitan a reflexionar profundamente sobre la sociedad, la moral y la psique humana. Si te apasiona el arte, la historia y la crítica social a través de la pintura, te animo a seguir explorando la obra de este genio.
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