El Latido del Núcleo: Porque lo Somos
Desde lo más profundo de nuestra existencia, una voz nos interpela, una verdad que resuena más allá de lo tangible. A menudo, buscamos respuestas en lo externo, en lo visible, sin darnos cuenta de que la verdad más potente reside en nuestro interior.
«No estamos en el centro de la tierra, pero sentimos latir su núcleo cuando rompe el abrazo. No estamos en el centro de la tierra porque lo somos.»
Esta es la poderosa reflexión que nos comparte Antonio García Villarán en este breve, pero intenso momento:
Sentir el Núcleo: Una Conexión Íntima
La idea de no estar físicamente en el centro de la tierra, sino de sentir latir su núcleo, es una metáfora de una conexión profunda e intuitiva. Es la percepción de una esencia vital que nos trasciende y, a la vez, nos define. No necesitamos excavar miles de kilómetros para encontrarla; su eco resuena en nuestra propia conciencia.
Este «latir» es una vibración, una energía primigenia que a menudo está oculta o silenciada. Pero llega un momento, un punto de inflexión, cuando rompe el abrazo. ¿Qué abrazo es este? Quizás el abrazo de la inercia, de las expectativas externas, de las limitaciones autoimpuestas. Es el momento en que lo esencial emerge, liberándose de aquello que lo constreñía.
La Verdad Que Somos: Identidad y Esencia
La culminación de esta revelación llega con la afirmación definitiva: «No estamos en el centro de la tierra porque lo somos.» Esta frase es una declaración de identidad radical. No somos meros observadores o visitantes de la esencia; somos la esencia misma. El núcleo que buscamos fuera, la verdad profunda, reside intrínsecamente en nosotros.
Es un llamado a la autoconciencia, a reconocer esa chispa interior que nos conecta con algo mucho más grande, pero que al mismo tiempo es inseparable de nuestro ser. Esta comprensión nos invita a vivir desde esa verdad, desde ese «centro» que no es un lugar, sino un estado del ser. ¡Oh, la maravilla de esa revelación!
En última instancia, estas palabras nos guían hacia una introspección. Nos invitan a dejar de buscar el centro en lo ajeno y a reconocerlo como parte intrínseca de lo que somos.








