Fernando Botero: Mi Crítica Más Dura al Artista Colombiano
Hola, soy Antonio García Villarán. En este vídeo te vengo a hablar de Fernando Botero, el pintor, dibujante y escultor colombiano. Permítanme advertirles desde ahora: a mí, Botero no me gusta absolutamente nada. Si eres un gran defensor o defensora de su obra, si crees que Botero es lo más, quizás quieras ahorrarte este vídeo.
Para que puedas seguir el hilo de mis argumentos, aquí te dejo el vídeo completo:
¿Quién es Fernando Botero? ¿Y por qué ese nombre?
Fernando Botero Angulo, nacido en Medellín en 1932, es uno de esos pintores cuyo nombre parece anunciar su destino. Botero, con su resonancia a ‘botella’, ‘botijo’ o ‘bota’, sugiere algo voluminoso. Su segundo apellido, Angulo (que, cambiando el acento, se convierte en ángulo obtuso), parece describir la naturaleza de su obra. Y es que no me gusta absolutamente nada este pintor. Se le conoce como «el pintor de las gordas», algo que él insiste en desmentir, afirmando que no pinta señoras gordas. Botero, ¿entonces qué pintas? ¿Astronautas?
La «fórmula Botero»: Repetición y falta de expresión
A pesar de que «en el panorama mundial de las artes plásticas el nombre del pintor colombiano Fernando Botero, ocupa un primerísimo lugar sin discusión alguna», al analizar su obra se revela una simple fórmula que repite incansablemente. Sus rostros, carentes de expresión y de diferenciación, parecen hechos con una plantilla.
Botero insiste en que no es el pintor de «gordas», sino del «volumen». Sin embargo, si su objetivo es representar el volumen, el resultado no es convincente. Artistas como Jenny Saville, por ejemplo, logran capturar la belleza y potencia de los cuerpos voluminosos con una maestría y sensibilidad admirables. Sus ángulos y composiciones realzan esa ‘gordura’ de una manera fantástica.
Lo mismo ocurre con Lucian Freud, quien pinta hombres y mujeres con una gravedad palpable en sus cuerpos, transformando pechos caídos en cascadas o paisajes montañosos. Eso es bello, eso es precioso. Y, por supuesto, no podemos olvidar a Rubens, que pintó a sus ‘gordas’ de forma maravillosa. Pero tú, Botero, ¿qué pintas?
Dibujo flojo y endogamia pictórica
Botero, que se declara autodidacta salvo por algunas visitas a un profesor, se diferencia de quienes, como yo, estudiamos en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde existía un verdadero ambiente de trabajo.
Uno de los grandes problemas de Fernando Botero es que, en mi opinión, ni siquiera posee un gran nivel de dibujo. Sus trazos son flojos, torpes, como si dibujara con la mano ‘tonta’. Un dibujo débil y sin fuerza. Además, la pintura de Botero adolece de endogamia pictórica: se copia a sí mismo, se repite incansablemente, más que el gazpacho.
¿Y qué ocurre con la endogamia? Que su pintura se vuelve empalagosa. Es como tener delante una tarta de merengue de diez pisos y tener que comérsela con una cucharita de café. A Botero, simplemente, lo están metiendo en la historia del arte con calzador.
Los «monstruos» de los nuevos ricos: Una teoría sobre la fama de Botero
Si observamos a pintores que han representado cuerpos voluminosos con maestría, encontramos a Juan Carreño de Miranda. En 1680, discípulo de Velázquez, pintó a «La Niña Monstruo», una joven de seis años. En la corte de Carlos II, como en otras del siglo XVII, se valoraba la presencia de «monstruos» o «enanos» (también retratados por Velázquez), a quienes se les otorgaba una belleza particular.
Esto me lleva a reflexionar: ¿Será la popularidad actual de Botero, el deseo de muchos por poseer sus cuadros, un reflejo de esa misma mentalidad? Quizás la nueva oleada de ‘nuevos ricos’, que se creen reyes del mundo, buscan tener en sus casas a sus propios ‘monstruos’. Y al no poder tenerlos reales, ¿compran un cuadro de Botero, para tener a «su gorda, su gordo, su monstruo»?
El «Boterismo»: ¿Un estilo o una fórmula vacía?
En reportajes y entrevistas, Botero siempre recalca que lo importante de su pintura es haber creado un «estilo propio», al que a menudo se refiere como Boterismo. Sin embargo, como ya he mencionado en otros vídeos de mi canal Antonio García Villarán, crear un estilo es lo más fácil del mundo: no es más que repetir una fórmula. Y Botero, evidentemente, repite una fórmula hasta el cansancio.
El problema es que no todos los estilos son buenos; se puede crear algo vacuo, sin interés, plano. A Botero, me parece, le han dado el premio a la perseverancia: ha estado ahí, repitiéndose, repitiéndose, hasta que al final se le ha nombrado «el pintor colombiano más grande de todos los tiempos». ¡Claro que sí, el que la sigue la consigue!
Cuando uno observa su obra, la primera impresión es que es pesada. Y no solo en el sentido literal. Sus composiciones ni siquiera son pensadas; son simplonas, muchas veces frontales, con figuras que miran al espectador y nada más.
La anécdota de la mandolina: ¿Falta de estudio?
A Botero le encanta contar la historia del origen de su estilo, una anécdota que, de tanto repetirla, seguramente ya se la cree: la historieta de la mandolina. Cuenta que, al pintar una mandolina y ponerle un agujerito pequeño, se dio cuenta de que esta se volvía ‘gruesa’. ¿De verdad, Botero? ¿No conocías la Venus de Willendorf? ¿Los gatos medievales? ¿No has estudiado a Paolo Uccello o a Piero della Francesca? ¡Ya te gustaría parecerte un poquito a estos grandes pintores! Ni se acerca.
Las esculturas de Botero: Horribles figuritas de mazapán
Mucha gente defiende que, si bien la pintura no, sus esculturas sí les gustan. Y las hay por todas partes. Pero, ¿cómo pueden gustar esas esculturas? Son horripilantes. Me recuerdan a figuritas de mazapán gigantes, como si a los pájaros, caballos y personas les hubieran inyectado dosis masivas de ácido hialurónico. Son «personas globo», horteras, hieráticas, faltas de expresión, vacías.
Es cierto que, al ver una obra de Botero por primera vez, uno puede pensar «qué original». Pero esa impresión se desvanece al ver la segunda, la tercera, y así sucesivamente. Uno termina diciendo: «¡Basta, Botero, basta!». Tu obra, la verdad, es… (pausa simulada, como en el vídeo, para la censura). ¿Autocensura? ¿No puedo decir la palabra que define la obra de Botero en mi propio canal? ¿No es una palabra que esté en la RAE, que todo el mundo usa? ¡Pues no! La obra de Botero es una mierda. Así lo digo: es una mierda.
Conclusión: Evita a Botero
Podrías preguntarme: ¿Me recomiendas algún libro o catálogo de Botero? Mi recomendación es clara: no gastes tu dinero en libros de Botero, ni tu tiempo en sus exposiciones. Hay exposiciones y libros buenísimos de otros artistas.
Es hora de que dejemos de lado la idea de que estos «grandes» del siglo XX, como Botero, son verdaderamente «maestros». Simplemente no lo son.
Espero que este vídeo te haya gustado. Acepto tus críticas, porque yo también critico. Suscríbete a mi canal Antonio García Villarán para más contenido, activa la campanita y, sobre todo, comparte este vídeo para generar debate y opinión. ¡Nos vemos muy pronto! Botero, Botero… cero Botero. No me gusta nada, nada, nada, nada.








