Este vídeo es perturbador. Sí, porque hoy vamos a adentrarnos de nuevo en la figura de Salvador Dalí, un artista que despierta tanto fascinación como controversia. Soy Antonio García Villarán y en este artículo te desvelaré muchas de las facetas más oscuras y menos conocidas de la vida de Dalí, para que comprendas realmente quién fue y por qué pintaba las obras y realizaba las performances que hacía.
Pero antes de sumergirnos en la figura de Dalí, quiero contarte que he lanzado el proyecto más emocionante y ambicioso de mi canal: Arco 2020. Visitaremos las 8 ferias de Madrid y se publicarán 15 vídeos. Todo esto será posible con tu ayuda. Te dejo el enlace para que tengas toda la información.
Ya en un primer vídeo exploré la vida y obra de Salvador Dalí, y un segundo abordó su relación con Picasso. Sin embargo, al indagar más a fondo, me di cuenta de que Dalí era, en muchos aspectos, un personaje profundamente falso. Era «el señor fake«.
Dalí: El Maestro de la Falsedad
Un claro ejemplo de esta falsedad lo encontramos en su famoso bigote. Ayongera, el peluquero que se hizo célebre en los 80 y 90, fue el estilista de Dalí y ha contado una anécdota reveladora. En una entrevista, Dalí, para hacer gracia o algo «surrealista», se cortó el bigote. Inmediatamente llamó a Ayongera, angustiado, diciéndole: «Oye, que yo no me veo sin bigote. ¡Haz algo!».
Ayongera, con ingenio, pegó trozos de pelo a pajitas y se los adhirió al bigote de Dalí. Así, Dalí recuperó su icónico bigote, aunque este era completamente falso. Este bigote postizo, que Dalí llegó a comparar con «alas de mariposas llevando antenas extraordinarias», se convirtió en otra constante de su personalidad. En cada entrevista, repetía la misma broma: se cortaba los bigotes, sembrando el desconcierto entre los periodistas, para al día siguiente aparecer con otro bigote falso. Ayongera asegura que Dalí siempre llevaba un repuesto en una cajita de plata, porque «nunca se sabe dónde tiene uno que hacer el circo».
El Lado Polémico: Relaciones, Ideologías y Decepciones
Otro aspecto de Dalí que genera profunda aversión es su relación con Federico García Lorca. Aunque al principio fueron amigos, Dalí, ya mayor, siempre afirmó que Lorca estaba enamorado de él. Pero lo más perturbador fue su acercamiento a Franco, el dictador, y su indiferencia ante el asesinato de Lorca.
El crítico Fernando Castro Flores, en uno de sus vídeos, recordó unas declaraciones de Dalí en la revista Arts de Paris en 1958. Cuando le preguntaron qué había pensado al conocer el asesinato de Lorca, Dalí contestó: «Ole», añadiendo más o menos lo siguiente: «Como estaba enamorado de mí, así se parase el cielo». Castro Flores concluye: «Ni aunque fuera como una boutade, puedo admitir esta réplica. Mi escala de valores no me permite divertirme con eso. El amor, de donde venga, es verdad que Lorca quería a Dalí, razón de más, por parte de este para tenerle respeto.» ¿Qué te parece? La verdad es que Dalí vendía, o mejor dicho, vendía muchísimo.
Dalí: El Imán Comercial y sus Controversiales Admiraciones
En el libro «Dalí y yo, una historia surreal» de Stan Lauryssens, se cuenta cómo el propio Dalí investigaba qué portadas de revista vendían más. Si las de actores o las de actrices. Evidentemente, las actrices de Hollywood rubias vendían más. Pero había alguien que, si aparecía en portada, disparaba las ventas: Salvador Dalí. Él mismo se describía como «el alopécico, bigotudo y granujiento». El régimen de Franco lo promocionó enormemente, y Dalí sigue generando noticias hoy en día, con grandes retrospectivas en capitales como Moscú.
Pero las ideas que tenía este «genio» eran a veces escalofriantes. Dalí admiraba a Hitler, diciendo que Hitler «sí estaba loco de verdad, no como él y no como los surrealistas». Aunque admirar a Hitler es algo que debería hacernos reflexionar, también se sabe que admiraba mucho a Franco, de quien dijo: «No digamos que yo admiraba poco o mucho a Franco, digamos que lo admiraba bastante». También afirmó que Franco «tuvo una sangre fría extraordinaria, fue un ser imposible y único en la historia contemporánea». Recordamos su famosa frase: «Picasso es un genio, yo también. Picasso es comunista, yo tampoco».
El Perturbador Proyecto para el Valle de los Caídos
Dalí propuso un monumento para la Falange que era perturbador y extravagante. Consistía en recoger todos los huesos de todas las víctimas de la guerra y disponerlos en una cincuentena de pedestales desde Madrid hasta el Valle de los Caídos. Se irían montando «esqueletos, que serían una especie de francs-squelette con forma». A medida que se acercaban al Valle de los Caídos, los esqueletos serían de mayor tamaño, y el último, al llegar al Escorial, debería medir unos tres o cuatro metros. Dalí demostró así una total indiferencia por las víctimas de ambos bandos. Argumentaba que era algo «surrealista». Pero ser surrealista en una cosa y tener cierta moral es otra. Por supuesto, el proyecto no gustó a los amigos de Franco y no se llevó a cabo. Sin embargo, Dalí fue posteriormente condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica.
Crueldad Animal: Un Lado Oscuro Inesperado
Otra de las cosas que le «encantaban» a Dalí era maltratar animales. Sí, sí, maltratar animales. Por ejemplo, en la icónica foto «Dalí Atómico», en la que colaboró con Philippe Halsman (quien también hizo un libro sobre el bigote de Dalí, lo que nos da una idea de su importancia), se realizaron hasta 28 intentos. Cada uno de estos intentos implicaba lanzar tres gatos por los aires y también cubos de agua. Pobre de los gatos, ¿verdad?
Otra anécdota con animales ocurrió tras un incendio en el Cabo de Creus. Dalí y Gala pasaban por allí para ver el paisaje quemado y se encontraron un conejito muy pequeño acurrucado. Lo recogieron, se lo llevaron a casa, le dieron de comer, leche, lo cuidaron. El conejito estuvo con ellos y con los sirvientes de la casa durante muchos meses. Pero un día, como hacían todos los años, tenían que irse a Nueva York. Pensaron: «¿Ahora qué hacemos con el conejo?». En ese momento, Gala llamó al mayordomo y le dijo: «Arturo, mañana, estofado de conejo». Y efectivamente, se lo comieron. El pobre Arturo cuenta que mientras servía el conejo, sus lágrimas caían sobre la fuente. También relataba que Gala le dio buena cuenta al estofado, es decir, se lo comió con ganas.
Estas acciones, las consideraba Dalí parte de sus performances. Pero hay más. En una de las corridas de toros que él organizaba, se ponía pan en la cabeza. Los Tingel-Tangeles, una pareja de artistas, le regalaron un toro de cartón. En la barriga de este «toro fuego» (como se dice en mi pueblo, en Alcaudete), metió gatos y bolsas de agua con peces. Todo esto, animales vivos. La «gracia surrealista» consistía en activar un mecanismo pirotécnico para que todo estallara por los aires. Así quería Dalí «dar a los animales un amor explosivo». Una «gracia» que, a decir verdad, no hace ninguna gracia.
La Autenticidad de la Obra de Dalí: Un Mar de Falsificaciones
Respecto a la obra de Dalí, la realidad es que no sabemos si muchas de sus piezas fueron pintadas por él, si son falsas o verdaderas. Ya mencioné en un vídeo anterior que llegó a tener hasta tres ayudantes. Pero, además, el propio Dalí declaró en una entrevista a El País que había firmado papeles en blanco antes de que se imprimieran los grabados. Stan Lauryssens también afirma en su libro que, cuando Dalí tenía 70 años y apenas podía coger un lápiz para firmar, le preguntó a su abogado qué haría si le fallaba la mano para firmar. El abogado le dijo: «No hay problema, porque hay una cláusula de contratos con solo tener un sello con la golla de Dalí, ya supuestamente la obra es auténtica».
Esta «triquiñuela» de la Hacienda y la falsificación de la firma de Dalí es gravísima. ¿Sabes por qué? Porque Dalí llegó a estampar hasta 678 firmas distintas. ¡Cualquiera podría falsificar una de sus firmas! (Aunque, por supuesto, no lo haré).
Todo esto nos lleva al famoso Capitán Moore, su secretario durante 20 años. En el libro se rumorea que Dalí firmaba papeles preimpresos durante horas. El Capitán Moore estaba allí, partiendo el hábito por la mitad, sacándole punta por un lado y por otro, y dándole ceros para que firmara más rápido. Cada firma era dinero, era money, era dinerito. Cuando el Capitán Moore y Dalí se conocieron, Dalí ya era conocido, pero no rico. Cuando se separaron, 20 años después, la fortuna de cada uno ascendía, según los rumores, a 32 millones de dólares de la época, ¡muchísimo dinero! Firmita a firmita.
¿Y todo para qué? Para hacer cosas como la que te contaré ahora. En el mismo libro, el Capitán Moore le cuenta a Stan que Dalí era muy tacaño y creía que le robaban los bolígrafos de metal. Los metía en un cajón y, cuando había muchos, se orinaba en ellos. Decía que así «le salían hasta las citas». Es una guarrada, pero esta la cita, esta la mitad, no tiene nada que ver. Guarda relación con lo que hizo Andy Warhol al vender un cuadro que no era otra cosa que una «meada sobre un lienzo» por 93.000 dólares. Hay gente para todo, y eso que esa parte debería costar. Ya ves.
Al Capitán Moore lo llamaban «el Capitán del Dinero». Hay noticias de la época que hablan de su detención por esto mismo: la falsificación de obras de Dalí. Se llegaron a incautar hasta 10.000 falsificaciones de litografías de Dalí. Así que, ¿cómo podemos hablar de la «obra de Dalí» si no sabemos si esa obra la hizo él o no?
En los años 70, todo el mundo sacaba tajada de Dalí, eso es cierto. Pero, ¿sabes quién sacaba más tajada? El propio Dalí. ¿A qué jugaba el señor Dalí en la vida en general? A nada. Le ofrecieron medio millón de dólares por retocar unos aguafuertes de Goya; una intervención que le llevó 10 minutos. ¡Medio millón de dólares por 10 minutos! Y los quería en metálico y por adelantado.
El mismo Stan Lauryssens dice en su libro que Dalí era un fraude y un ladrón, e incluso que la idea del surrealismo no solo la copió, sino que se la robó a un pintor de Cadaqués llamado Ángel Planells. Y que luego Dalí hizo todo lo posible por hacerle la vida imposible a ese chico, inventándose historias como que había sacado su inspiración de una tal Lida, una mujer que estaba «un poco enloquecida con los estragos de la Tramontana». En fin, las historias que se inventaba Dalí.
Violencia y Perversiones Sexuales: Los Abismos de Dalí
Y si todavía te gusta Dalí, pensando «no, Dalí era buena gente, tenía una obra muy buena, era bueno con las personas», la verdad es que no. Ni siquiera era bueno con las personas, porque Dalí era muy violento. Él mismo cuenta en su autobiografía que de pequeño empujó a un niño desde lo alto de un puente colgante. Además, a su hermana, que tenía tres añitos, le pegó una patada terrible en la cabeza de forma premeditada. Él dice que «trató la cabeza en sus manos como si fuese una pelota».
Con 29 años, se ensañó con una chica que le dijo que sus pies eran una belleza. A Dalí eso le molestó, y empezó a pegarle puñetazos. Tuvieron que separarlo y la chica estaba ensangrentada. Otra de las cosas que se dice es que, ya de mayores, en una discusión con Gala, le partió varias costillas. En fin.
Y por si fuera poco, sexualmente no es que fuera raro, es que era de cuento. Stan Lauryssens narra la anécdota de que, paseando por Cadaqués, se encuentra con un señor gordito, un tal «Francico», que le dice que conocía a Dalí. Y lo conocía muy bien, porque él, con 12 años, fue su juguete sexual. Resulta que era el hijo de la madellada, la criada de Dalí. Y de hecho, si lees la autobiografía de Dalí, te darás cuenta de que Dalí también habla de este niño, de que le parecía «un angelito en la cama», de que se acostaba en su cuarto, todo bastante, bastante sospechoso. También se dice que Gala le ayudaba con esas cosas.
Pero esto te lo voy a leer, porque Dalí también organizaba ciertas orgías, unas orgías que… bueno, ¿qué pensaba Dalí de la mujer? Que es una «dos prosopopella», que es uno de los procedimientos más fáciles para poder ser creativo. Según ordenó Dalí, para una de estas fiestas, reunieron a «seres horribles»: enanos deformes, veteranos de Vietnam lisiados, borrachos irredentos, gemelos travestis, jugadores de billar y hippies melenudos. Los circuncidados quedaron fuera; Dalí no aprobaba la circuncisión.
Dalí los condujo a su suite e impartió órdenes como un cacique. «Las modelos tenían que arrastrarse por el suelo a gatas, llevando en la falda un nivel de burbuja y bengalas encendidas en el culo. Mientras una conejita de Playboy se desnudaba (luego se casaría con un actor muy famoso y ella misma acabaría siendo una estrella de cine), Dalí le mordisqueaba las uñas de los pies y le lamía los dedos. Los más bellos efebos de Nueva York se bajaron los pantalones y se sentaron con el culo al aire sobre bloques de arcilla húmeda, mientras Dalí firmaba y marcaba las huellas de su perfecto trasero. Para picar, trajeron bandejas con ojos de animales: vaca, oveja, cabra. Dalí había buscado un nombre para sus sex parties: las llamaba el ‘Circo del Sexo’ o bien ‘Ballet de Pasión’. Aparte de la camisa de cowboy y las alpargatas catalanas, iba de Papá Noel con una nariz roja de payaso, agitando una banderita de las barras y estrellas. Entre rayas de cocaína, los enanos, los borrachos y los veteranos de Vietnam copulaban con las modelos de pasarela. Cada vez que alguien tenía un orgasmo, Dalí gritaba encantado: ‘¡Bravo! ¡Se Magnifique!’, alargando las vocales francesas, mientras las chicas gritaban. ¡Augurios por el Divino Solo por el Divino Dalí!».
Ya es suficiente. Pero este otro libro de Antonio Pichot también habla de esas orgías que hacía Dalí. Cuenta que estaba enfadado con Fernando Arrabal, que es otro que tal baila, por algo que le hizo en el Ballet de Chiebres, que dicen en el libro que era un prostíbulo de París. También cuenta Pichot en este libro que, en la visita que hizo por el lugar, Gala y Dalí, cuando estaban casados, a Lorca en Cadaqués, pues el poeta sufría de ataques respiratorios. Y claro, estaba por allí. Un ataque de tos fuerte, parecía que se iba a morir, y claro, una criada fue buscando por allí a Dalí y a Gala, gritando el nombre de Gala: «¡Gala, Gala, ¿dónde está?!». Tras una roca estaba su hermano tumbado y Gala le estaba haciendo «trabajos especiales» de ese libro. «Trabajos especiales» que no sé yo qué trabajos especiales le estaría haciendo Gala a Dalí. ¡Vamos a ver, corrigiéndole un texto o algo, ¿no?!
La criada de Dalí decía que Gala era un ser horroroso, que era «absolutamente perversa». Dice que mientras su marido estaba allí muriéndose, Gala estaba «traginando a su hermano». Si quieres saber todos los datos falsos de la vida de Dalí, te recomiendo el libro de Ian Gibson «La vida desaforada de Salvador Dalí«, que es muy grueso y te cuenta todas las anécdotas y datos falsos que Dalí decía que él había hecho o protagonizado, y que Gibson ha investigado y se da cuenta de que, bueno, prácticamente muchas de las cosas que decía Dalí de sí mismo se las inventó. No sabemos nunca qué hizo Dalí realmente y qué no hizo. «Haciendo que no había, que no veía algo, que pensaba por el fiel de mérito con mis pasos», su propio padre decía que Dalí era como «el niño de Tonya». ¿Y quién era el niño de Tonya? Pues el tonto legendario del pueblo. Su padre llegó a decir que «hasta las operaciones mecánicas más sencillas, no sabía cómo hacerlas».
Conclusión: ¿Qué hay de la Obra de Dalí?
Y tú me dirás: «Bueno, Antonio, pero no nos has hablado de la obra de Dalí. Queríamos que nos hablases de la obra de Dalí». Y yo te pregunto: ¿crees que la obra de Dalí no incluye todas estas cosas? ¿Acaso no son performances? Y si son performances, ¿te gustan estas performances con los animales, con los gatitos, con los peces, con las personas?
Aún se puede hablar mucho de Dalí. Si de verdad quieres que haga otro vídeo hablando más sobre él, sobre su obra, sobre todo lo que investigué, déjamelo en los comentarios. Revienta el botón de «me gusta» y suscríbete a mi canal de YouTube si no lo has hecho. Y participa en el proyecto Arco 2020. ¡Vamos a conseguirlo!
Espero que te haya gustado este vídeo. Nos vemos muy pronto.








