Descubriendo a Vázquez Díaz: El Maestro Andaluz que Trajo la Modernidad a España
¿Quiere descubrir los secretos de las obras de uno de los maestros andaluces del siglo XX?
Hace poco, tuve la fortuna de estar en Huelva, en la Diputación, charlando con mi amigo Marco Guarda. Me comentó entusiasmado sobre una serie de actos en torno al pintor Daniel Vázquez Díaz. Inmediatamente, recordé cómo en la facultad de arte me hablaron de él como el “maestro de maestros”, instándonos a aprender de cada una de sus obras que se presentaban.
La conversación nos llevó a la posibilidad de que Huelva albergara obras suyas. Marco confirmó que no solo la Diputación y La Rábida poseen piezas, sino que ¡existe un museo dedicado a él en Nerva! Ante tal revelación, solo pude ponerme la mascarilla y emprender el viaje.
Un Encuentro Impactante con «Los Toreros»
Mi búsqueda me llevó a la sala Vázquez Díaz. ¡Y allí estaba! Un cuadro que había visto innumerables veces en la red: «Los Toreros». Pero, déjenme decirles, la pantalla no hace justicia a la realidad. Su maestría es brutal. Los planos los compone como si los esculpiera, creando auténticas esculturas con óleo.
Me impresionó la serenidad del torero caído, un contraste absoluto con las miradas intensas de los demás. Vázquez Díaz no pinta el espectáculo de la plaza, el momento de la faena. No, él cuenta la otra historia del toreo: el drama, la muerte. Una mujer vestida de rojo llora, mientras los compañeros, de negro, contemplan su propia fragilidad y lo que el destino podría depararles.
La Modernidad Inacabada: «Maternidad» y Otros Secretos
Descubrir el «truco» de Vázquez Díaz es fascinante. Parece que trabajaba casi sin dibujar. Me cautivó un cuadro inacabado, una «Maternidad» de 1912, increíblemente moderna para su época. La mano de un niño apenas esbozada, el rostro de la madre sin definir. Hoy, diríamos que es conceptual; en realidad, es una obra en proceso.
Parece que las imágenes surgían de una bruma. La mano del pintor, creando formas, y en sus ojos, el espíritu, el alma de la obra. Esta maternidad es preciosa, con el niño de ojos azules mirando a la madre. ¡Pintar así es realmente difícil!
También vi un intrigante retrato doble. Aunque no estoy seguro, se dice que eran los padres del pintor. Lo que más me fascina es la figura de un señor que se asemeja, o no, al padre. ¿Será un fantasma? Vázquez Díaz siempre fue conocido por haber traído la modernidad de París a España, y aquí se percibe claramente la influencia de Cézanne.
De Desnudos a Paisajes Abstractos: La Versatilidad de un Maestro
Ante mis ojos, paisajes que, a primera vista, podrían parecer sencillos, pero con composiciones abstractas de primer nivel. Y un desnudo, que en aquella época en España, era una provocación para la censura. Este desnudo me impresionó por su modernidad: un escorzo atrevido y la presencia de un gatito. Inevitablemente, me recordó a la «Olympia» de Manet, con su gato negro.
Después, un retrato de Pío Baroja, a quien conozco por sus escritos. Este sevillano de espíritu «alemán», pintor de paisajes y diseñador de jardines, aparece absorto. En sus obras, Vázquez Díaz logra llenar con la mirada espacios apenas pintados. Un detalle delicado: la firma en un papelito doblado, revelando la finura de su arte.
Daniel Vázquez Díaz fue un gran retratista. Capturó la esencia de personajes y personalidades, incluyendo a sus amigos intelectuales. Entre ellos, el poeta Juan Ramón Jiménez, en retratos rotundamente escultóricos, donde las mangas, la posición de los brazos y los planos del rostro parecen tallados en óleo.
Incluso, un pequeño cuadro que se cree fue uno de sus primeros, «El chico de Nerva», ya mostraba el germen de lo que sería su estilo tras empaparse de las vanguardias parisinas: impresionismo, expresionismo… todo lo que trajo consigo a España.
El Retrato de Ángel Herrera y la Geometría Cubista
La Diputación me esperaba con otra joya: el retrato de Ángel Herrera. Aquí, la maestría de Vázquez Díaz en el uso de los grises es palpable. Múltiples matices que confieren una rotundidad brutal al retrato, hasta detalles como el peinado, logrado con el cabo del pincel.
En otro paisaje, la influencia cubista es evidente. Casas que se descomponen en planos, líneas que sugieren abstracción, casi como si Kandinsky hubiera dejado su huella. Vázquez Díaz era capaz de integrar todas estas corrientes, dándole un tono único a su obra.
Los Frescos de la Rábida: Un Viaje a los Sueños de Colón
Y luego, los frescos. ¡Atención! Los había visto en la red, pero, de nuevo, la realidad es incomparable. La textura es impresionante y se percibe su técnica. Esos puntitos son el estarcido, una técnica centenaria donde el dibujo se traspasa a la pared a través de perforaciones en un cartón, usando polvo de carboncillo. Así se conseguía el calco para luego pintar.
Una ventana en forma de arco, muy simbólica, representa los sueños de Colón. Lo vemos melancólico, mirando al horizonte, mientras arriba, un hombre y una mujer, casi cubistas, sugieren el futuro. Abajo, Colón discute su visión con los monjes, utilizando a pescadores y lugareños de la zona como modelos para sus figuras. La solidez de su pintura es tal que parecen esculturas de granito, con una volumetría impresionante.
Un detalle que me recordó a la pintura medieval: el propio pintor se autorretrata con una capucha verde y un corderito al hombro. ¿Qué significará?
En otra sección, los marineros se preparan para embarcar. Sus rostros tristes y melancólicos reflejan la incertidumbre de un viaje a lo desconocido. El paisaje detrás, moderno, cubista o precubista. Prácticamente todos están de espaldas, invitándonos a sentirnos como uno de ellos, despidiendo a quienes partieron en busca de nuevas culturas.
Daniel Vázquez Díaz pintaba los momentos previos: a los toreros antes de la plaza, a Colón antes de partir, a sus amigos antes o después de trabajar. Era el pintor de la antesala de los grandes eventos. Su capacidad abstracta, en un pintor figurativo, y su atrevimiento al apurar los límites de la composición (pies al zócalo, mucho aire sobre las cabezas, casi enfoques fotográficos) son realmente sorprendentes.
Aunque técnicamente, según se cuenta, no preparó los muros para una máxima perdurabilidad, su visión artística es innegable.
El Legado en Nerva: Cartones, Dibujos y el Apoyo a Jóvenes Artistas
Con un poco de magia (y un salto en el tiempo), me teletransporté a Nerva, su lugar de nacimiento. Allí, descubrí los cartones originales, los estarcidos que Vázquez Díaz usó para los murales que acabamos de ver. Los bocetos, del mismo tamaño que los murales, revelan colores más potentes y luminosos. Se aprecia el truco de la «muñequita» y cómo dibujaba y luego rellenaba.
La modernidad de su pintura, que hoy puede parecer clásica, era vanguardista en su época. Si nos centramos en las tocas, en el movimiento de esos grises tan suyos, es pura abstracción. Una curiosidad: en el mural original, el ojo de Colón parecía blanco, pero en el boceto, da la impresión de estar cerrado. ¿Los pintó en blanco o es el párpado gris?
También vi cómo cuadrículaba sus obras para pasar al formato mayor. Su autorretrato, con un abrigo gris que parece esculpido en mármol, desmiente cualquier crítica de «pintura acartonada». La volumetría es espectacular. El marco reza: «Daniel Vázquez Díaz, Hijo Predilecto de Nerva».
Se dice que esos tonos grises no solo provienen de los paisajes rocosos de Nerva y Riotinto, sino también de sus viajes, como su estancia en Bilbao, donde el clima plomizo influyó en su paleta. En Nerva, vi sus dibujos de juventud, más «amarrados», como los de alguien que aún aprendía, incluido un autorretrato con bigote y un pastel de su hermana Rosario Vázquez Díaz.
Un cuadro costumbrista, «La Misa», ya mostraba esa composición de planos que sería tan característica de su obra posterior.
Un Legado de Apoyo y Modernidad
Una cualidad que me encanta de Vázquez Díaz, y que sus aprendices y amigos siempre destacaron, es su inquebrantable apoyo a los jóvenes. La Beca Vázquez Díaz, que lleva muchísimo tiempo ayudando a la creación de artistas emergentes de toda España, es prueba de ello. Incluso después de su muerte, sigue colaborando con la modernidad, ayudando a artistas y al arte.
Se reivindica poco su papel como vehículo de la modernidad en España. Él no solo conoció a Picasso, Juan Gris y otros vanguardistas, sino que trajo ese conocimiento de forma sutil, impregnando a los artistas españoles que empezaban. Sus alumnos incluso cuentan que, aunque no siempre entendía la abstracción, siempre decía: «Yo esto no lo entiendo, pero te apoyo.» ¡Ese era Vázquez Díaz!
Agradezco a Vázquez Díaz y a mi buen amigo Antonio García Villarán de Academa Crea13 por esta increíble experiencia. ¡Nos vemos muy pronto en el próximo viaje artístico!
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